Hombre de 37 años, hombre de negocios.
Decorado: intensificar la comunicación y la relación.
Decorado: en casa, con la pareja. Catalizador: 150 mg de MDMA.
¿Cómo es la experiencia? Abordo este tema describiendo lo que hicimos yo y mi compañera. Nos pasamos la mayor parte del tiempo sentados en el suelo, uno frente a otro, y m irándo nos a los ojos; el M DM A es la droga del contacto visual. Tam bién mantuvimos contacto físico; así pues, nos miramos a los ojos, nos tomamos de la mano y nos acariciamos con suavidad el rostro y el cabello. Las superficies de la piel se notan increí blemente suaves (una sensación que persiste hasta bastante des pués de las cuatro horas). Uno queda impresionado por la be lleza preternatural del otro. Nadie ha sido nunca tan hermosa, delicada, exquisita o plena; la sensación es que ella lo es todo. «Te he estado buscando durante toda mi vida.»
Estoy convencido de que la experiencia amorosa con el MDMA es el amor divino del que hablan los santos. Se experi menta repentinamente una apertura hacia el dar y recibir cuida do y adoración incondicional, se siente uno privilegiado y ben decido, y los miedos y defensas habituales no aparecen para aplastar estas poderosas sensaciones positivas. No cabe la m e nor duda de que la experiencia es poderosamente intensa; po derosa, pero muy diferente a las abrumadoras experiencias que se tienen con el LSD o la mescalina.
El amor intenso por el otro conduce de modo natural y casi inmediato a las zonas sexuales. Deseo desnudarme y que mi compañera haga lo mismo. Disfruto tocándome mis propios genitales y cuando ella me los toca, y también disfruto tocán doselos a ella. Pero todo esto parece ser únicamente un aspecto de un amor mayor, y el contacto genital tiene una carga algo distinta en cuanto a carácter y grado, con respecto al intercam bio de miradas o a las caricias del rostro. El mundo también se observa como algo clara y profundamente presente, aquí y aho ra, con una actitud propia de la Gestalt. Una diapositiva de una pared cuya pintura está descascarillada aparece asombrosamen te hermosa, como si se la viera por primera vez.
Una noche, mi compañera y yo permanecimos la una en brazos del otro, contemplando la luna llena que se levantaba sobre el océano y cuya luz se reflejaba sobre las olas. Experi mentamos intim idad al mismo tiempo que la maravilla del mundo. Según mi experiencia, es imposible la consumación se xual, es decir, el orgasmo, hasta el final o ligeramente después de la experiencia con el MDMA. Si puede establecerse una dis tinción entre el amor y el sexo, diría que el MDM A es una dro ga del amor, y no del sexo. Este hecho, aceptado en todo su po der desnudo, sugiere que uno no querría tener esta experiencia con cualquier persona y tampoco cada día. Las experiencias de esta importancia exigen tiempo para digerirlas, así que parece apropiado dejar transcurrir intervalos de dos semanas o más entre una experiencia y otra, sin resistirse a la naturaleza positi va de la misma. Como quiera que esta droga se siente como algo sagrado, no se desea profanarlo con un uso mundano.
También hay que hacer comentarios sobre las cualidades in teractivas del MDMA, particularmente a nivel verbal. La con versación surge con espontaneidad y comodidad a partir del contacto y la intimidad. Mi compañera y yo pudimos expresar un amor total del uno por el otro, y el nivel de articulación re cuerda la clásica poesía amorosa: «Una hogaza de pan, una ja rra de vino y tú...». Los agravios acumulados durante una tor mentosa relación de cinco años parecieron palidecer y perder importancia. No los olvidamos, pero hablamos libremente acer ca de ellos: Y, sin embargo, no había acusación en los recuer dos desagradables, en la sucia lista de heridas; era, simplemen te, demasiada información, como si se tratara del tiempo atmosférico correspondiente a tiempos pasados. Y lo más en teroecedor de todo son las expresiones de gratitud por el regalo de esta vida tan hermosa y por la presencia del otro. Es esa re ceptividad y aprecio que los místicos católicos suelen llamar gracia.
Una serie de experiencias con el MDMA han salvado mi re lación. En realidad, mi compañera y yo habíamos roto, tanto de cara al otro como ante el resto del mundo (ya se había hecho
un anuncio en este sentido). Habíamos empezado ya a desmo ronarnos, a pesar del amor que nos profesábamos, de una rica vida familiar y de un hijo adorado. Bajo los efectos del MDMA volvimos a conectar con nuestro cuidado y amor mutuos, con lo que era realmente importante para nosotros, y con el lugar que ocupa nuestro amor en la más amplia naturaleza religiosa y espiritual de las cosas. Las lecciones que aprendimos se mantu vieron hasta mucho más allá de la sesión con la droga. Nos di rigimos miradas que nos permitieron regresar instantáneamente al lugar ocupado antes, cuando nos cuidábamos el uno al otro. Las experiencias con el MDM A son aspectos fundamentales de nuestra mitología común. Son experiencias cumbre comparti das. Ahora, el sexo es mucho mejor que antes.