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Difusión del MDMA en la sociedad

La naturaleza benigna de la experiencia con el MDMA, ju n ­ to con los esfuerzos conscientes de quienes lo utilizaban para mantener las cosas tranquilas, contribuyeron a que el MDMA fuera poco conocido desde su introducción, en 1977, hasta 1984.

Durante ese tiempo, el MDMA se extendió a través de cana­ les clandestinos en los que había psicoterapeutas, psiquiatras, exploradores de drogas psicodélicas desde hacía mucho tiem ­ po, yuppies, y una notable variedad de individualistas de todo tipo. Los usos principales del MDM A fueron como sustancia que facilitaba la exploración interpersonal y la comunicación entre amantes y amigos y, entre los profesionales, como una herram ienta para la psicoterapia. El MDMA resultó ser bastan­ te fiable para esos propósitos. Muchos de los que lo utilizaron en esta época lo llamaron «Adán» o «Éxtasis».

Ralph Metzner, doctor en Filosofía, que llamó «empatóge- nos» a esta clase de compuestos, ha comentado en un trabajo no publicado, titulado «La naturaleza de la experiencia con el MDMA, su papel en la curación, la psicoterapia y la práctica espiritual»:

Alexander T. Shulgin, doctor en Farmacia, fue el primero en informar sobre los efectos del MDMA.

Quizá el nombre en código más interesante para designar al MDMA, que parece tuvo su origen en un grupo de terapeutas de la Costa Oeste, es el término «Adán», por lo que se refiere no a Adán, el hombre, sino más bien a Adán y Eva, como antepasado andrógino.

Adán es una importante figura simbólica en los escritos gnósticos y herméticos, y C. G. Jung escribió extensamente so­ bre ello. Presenta al «hombre primordial», al «ser original», al «hombre de la Tierra», la condición de inocencia primigenia y de unidad con toda la vida, tal como se describe en la narración bíbjica sobre el Jardín del Edén. En estos éxtasis adámicos son comunes los sentimientos de haber regresado al estado natural de inocencia, antes de que aparecieran la culpabilidad la ver­ güenza y la sensación de ser indigno; lo mismo sucede con los sentimientos de conexión y enlace con nuestros seres huma­ nos semejantes, animales y todas las formas y energías del mundo natural.

El otro nombre popular para designar al MDMA, «Éxtasis», fue elegido por razones evidentes. El hombre que lo llamó «Éxtasis» por primera vez me dijo que había elegido ese nom ­ bre «porque se vendería mejor que llamarlo “empatia”». El nombre de «Empatia» sería más apropiado, pero ¿cuántos son los que saben qué significa eso? A mediados de 1984, en las tranquilas aguas del uso del MDMA empezaron a aparecer al­ gunas ondulaciones, predecesoras de las olas tormentosas que iban a seguir. Apenas se había escrito una sola palabra sobre Adán cuando, el 10 de julio de 1984 se publicó el superficial artículo de Bill Mandel en la edición del San Francisco Chro-

nicle, titulado «El psicodélico de los yuppies»:

¡Las sombras de Timothy Leary! Hace pocos meses, en el circuito de la intelligentsia del condado de Marín, apareció un profesor de Harvard sin levita predicando maravillas sobre una nueva droga psicodélica.

Llamado «Adán», ha aparecido recientemente en círculos im­

probables. Adán se extiende con mucha mayor rapidez que un consejo sobre un restaurante secreto entre profesionales educa­ dos de treinta y cuarenta años, que experimentaron con psicodé- licos hace quince años y que luego los dejaron a cambio de su carrera profesional y su familia.

¿Podría ser esto el último grito de los años sesenta, un re­ cuerdo nostálgico final de una era dorada, cuando la calvicie ya empieza a extenderse sobre las cabezas? En aquel entonces, Leary y Richard Alpert (que más tarde se convirtió en Ram Dass), abandonaron sus cátedras de psicología en Harvard para convertirse en los guías de la excursión mágica y misteriosa del LSD.

No. Adán es definitivamente algo propio de los años ochenta. Según asegura la gente que lo ha tomado, este nuevo psicodélico no debe enseñarle nada a uno, ni llevarlo a ninguna parte. Fue diseñado, simplemente, para estimular los centros de placer del córtex cerebral...

Muchos de los que usaban Adán se sintieron aliviados al sa­ ber que se le había dado un nombre químico incorrecto en la mezcla de hechos ciertos y de falacias publicadas en este artí­ culo, una combinación que caracterizaría buena parte de todo lo que se publicó en los medios de comunicación a continua­ ción. M andel escribió: «El nombre “Adán” se derivó probable­ mente del nombre químico, la metiloxi-metilene-dioxi-anfeta- mina (MMDA)». La MMDA es una de las primas hermanas químicas de Adán, y había sido incluida en la Ley de Sustan­ cias Controladas de 1970, que contiene una lista de drogas prohibidas por el gobierno federal, junto con el MDA. Al espe­ cificar el nombre incorrecto en el artículo, se desvió la aten­ ción del MDMA.

Pero este respiro duraría poco tiempo. Al mes siguiente, la Organización Mundial de la Salud solicitó información a los gobiernos sobre el uso de más de veinte sustancias psicoactivas conocidas, pertenecientes a la clase química llamada fenetila- minas. El MDMA estaba en esa lista. Al comprobar los datos

de que disponía sobre apresamiento de drogas, la OMS identi­ ficó el MDMA como la única droga de la lista que se había descubierto un número significativo de veces.

Después de un año de reunir información y de planificar, en colaboración con la Administración para la Alimentación y las Drogas, la Administración Estadounidense Antidroga (DEA), publicó una nota en el Registro Federal, con fecha 27 de julio de 1984, en la que anunciaba su intención de incluir el MDMA en la Ley de Sustancias Controladas, como una droga del In­ ventario I, equivalente a un narcótico y condenada, por tanto, como una sustancia sin uso médico.

La DEA no pudo haber previsto lo que sucedió a continua­ ción. Se estableció un grupo de personas, que se autodescribie- ron como «médicos, investigadores, terapeutas y abogados», bajo el nombre de una corporación no lucrativa con base en Florida, formada anteriormente por defensores de Buckminster Fuller, Earth Metabolic Design Laboratory. Al mismo tiempo, cuatro individuos, el profesor Thomas B. Roberts, el doctor George Greer, el profesor Lester Grinspoon y el profesor James Bakalar, contrataron a Richard Cotton, un abogado de Was­ hington, D. C. El 10 de septiembre de 1984 Cotton envió una carta a Francis Mullen, administrador de la DEA, en la que se le solicitaba formalmente que se creara una comisión de inves­ tigación para determinar si el MDM A debía ser prohibido y, en tal caso, en qué lista debía ser incluido.

La sesión inicial de la comisión de investigación se celebró el 1 de febrero de 1985, en una sala del piso doce de las ofici­ nas de la DEA en Washington, D. C. Presidió la reunión el juez administrativo Francis Young. También estuvieron presentes dos abogados de la DEA, Richard Cotton, y el abogado de una compañía farmacéutica no interesada por el MDMA, pero sí por una cuestión de procedimiento discutida en el Registro Fe­

deral en relación con sesiones anteriores sobre si una droga po­

día ser incluida en una categoría distinta al Inventario I de la Ley de Sustancias Controladas en el caso de que no fuera acep­ tada para su uso médico.

Durante la sesión se decidió que se celebrarían otras tres se­ siones en el futuro, una en Washington, D. C., otra en Kansas City, M issouri, y la tercera en Los Angeles. En esas sesiones se intentaría abordar cinco cuestiones decididas de común acuer­ do entre las partes litigantes: 1) ¿Existe un uso médico acepta­ do del MDMA? 2) ¿Hay una falta de seguridad aceptada para el MDMA cuando se utiliza bajo supervisión médica? 3) ¿Cuál es el potencial de abuso relativo del MDMA? 4) Si no hay un uso médico aceptado del MDMA, ¿puede ser incluido en una categoría distinta al Inventario I? 5) Si el MDMA puede ser in­ cluido en cualquier otra categoría distinta al Inventario I, ¿dón­ de debería ser incluido?

El juez Young comentó que el proceso de decisión podría llegar a durar un año. Quienes estaban interesados en utilizar la droga terapéuticamente confiaban en que durante ese período pudiera llevarse a cabo mucha más investigación con seres hu­ manos para demostrar la eficacia del MDMA para la psicotera­ pia. Pero los acontecimientos que ocurrieron durante los meses siguientes hicieron aparecer una nube negra sobre esas expec­ tativas.