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La búsqueda de la autorrealización

In document Extasis - Historia Del MDMA - Buce Eisner (página 161-168)

Aunque el tratamiento de los problemas mentales es uno de los usos más importantes del MDMA, Maslow y otros psicólo­ gos humanistas afirm an que la ausencia de problemas mentales acuciantes no es todo lo que se necesita para estar sano. La sa­ lud mental también tiene otra dimensión, que va en dirección de un aumento del bienestar y de la autorrealización. Eso indi­ ca el uso del MDMA para el resto de nosotros.

El empleo del MDMA para este propósito no es simplemen­ te recreativo. La búsqueda del autodescubrimiento, o de un ca­ mino espiritual, es una opción válida para muchos que intentan ir más allá del consumismo superficial y las apariencias vacías de la vida moderna. Estos individuos son, en general, personas mentalmente sanas interesadas por ser más creativas, más cari­ ñosas y más eficaces. Estas personas emprenden una búsqueda de respuestas a las preguntas básicas de la vida, de dónde veni­ mos, por qué estamos aquí, adonde vamos.

Desde el comienzo de nuestra especie, muchas culturas hu­ manas de todo el mundo han utilizado plantas sagradas para curar y obtener comprensión espiritual. Los chamanes fueron los especialistas de sus tribus, y cumplían el papel de usar y administrar estas sustancias psicoactivas indígenas. Al utilizar

estas plantas, el objetivo consiste en permitir la transformación de la conciencia, una trascendencia de las formas ordinarias de ver la realidad.

Cuando nos alejamos de la conciencia ordinaria, descubri­ mos que cada uno de nosotros lleva consigo su propio infierno y su propio cielo. Los estados alternativos de conciencia pue­ den ser lugares difíciles, temerosos y dolorosos, así como re­ giones agradables, hermosas y extáticas de experimentar. En el prefacio a El viaje curativo, Claudio Naranjo afirm a que esos dos ámbitos de conciencia pueden ser útiles: «El poder curativo de la agonía y del éxtasis». Naranjo defiende un método equili­ brado que vea ambos tipos de experiencias como «materiales», que se pueden utilizar para beneficiar al individuo si se tratan de una forma adecuada y se ven dentro del contexto apropiado.

Con el MDMA, la mayoría de experiencias son agradables, especialmente para personas mentalmente sanas que utilicen la sustancia para la autorrealización.

Abraham Maslow, que planteó el concepto de autorrealiza­ ción de las personas, también sugirió que esas personas evolu­ cionan a través del logro de lo que él denominó «experiencias cumbre». Esos episodios de la vida proporcionan visiones fu­ gaces de lo que podemos llegar a ser y de aquello hacia lo que podemos crecer. El modelo de experiencia del que procede el término «experiencia cumbre» es el del que asciende la monta­ ña y se esfuerza por llegar hasta su cumbre. Cuando el monta­ ñero llega hasta lo alto, después de días de sudor, frío y avance precario, mira a su alrededor, respira profundamente y tiene una «experiencia cumbre».

Otras clases de experiencias como ésta incluyen el estado alternativo de conciencia logrado por el corredor de larga dis­ tancia que se encuentra en plena forma, el orgasmo sexual tras­ cendente que hace añicos las barreras existentes entre la pareja, la sensación de descubrimiento que experimentamos a veces cuando todo parece estar en armonía y funcionar a la perfec­ ción, y muchas otras ocasiones en la vida, cuando llegamos a un lugar óptimo de conciencia y buen funcionamiento.

Estas experiencias cumbre son vistas por aquellos que las tienen como autoconfirmadoras y autojustificadoras. Llevan consigo su propio valor intrínseco y son un fin apropiado en sí mismas. Pero, además, tienen efectos posteriores que pueden ser terapéuticos para el enfermo (como vimos antes), así como ayudar a la persona mentalmente sana a alcanzar la autorreali- zación. Maslow, en su obra Hacia una psicología del ser, pu­ blicada en 1962, dice acerca de estos efectos posteriores de las experiencias cumbre:

1. Las experiencias cumbre pueden y tienen algunos efectos terapéuticos en el sentido estricto de eliminar los síntomas. Dis­ pongo al menos de dos informes, uno de ellos de un psicólogo, y otro de un antropólogo, relativos a experiencias místicas u oceá­ nicas tan profundas que, después de ocurridas, han eliminado para siempre ciertos síntomas neuróticos...

2. Pueden cambiar la visión que tiene la persona sobre sí mis­ ma en una dirección saludable.

3. Pueden cambiar de muchas formas diferentes su visión de otras personas y sus relaciones con ellas.

4. Pueden cambiar de forma más o menos permanente su vi­ sión del mundo, o de aspectos o partes del mismo.

5. Pueden liberarlo para una mayor creatividad espontanei­ dad expresividad e idiosincrasia.

6. La persona recuerda la experiencia como un acontecimien­ to muy importante y deseable y buscar repetirlo.

7. La persona tiende más a sentir que la vida, en general, es algo que vale la pena, aunque sea habitualmente monótona, pe­ destre, dolorosa o no gratificante, puesto que se ha demostrado que existen la belleza, la excitación, la honestidad el juego, la bondad la verdad y el significado.

Según Maslow, el objetivo último de estas experiencias cumbre consiste en convertirse en una persona autorrealizada. La autorrealización, según explica Maslow en su último libro,

Los ámbitos más lejanos de la naturaleza humana, «significa

experimentar plena, vivida, desprendidamente y con plena con­

centración y total absorción... En ese momento, la persona es total y plenamente humana». Maslow pasa a explicar que la au- torrealización es un proceso continuo y que exige el uso de la propia inteligencia. Significa trabajar para hacer bien aquello que se desea hacer, esforzándose siempre por alcanzar la exce­ lencia.

Según estas teorías, las personas autorrealizadas tienen más experiencias cumbre que las demás. Y cada experiencia cum­ bre que se tiene es una visión transitoria de lo que significa ser autorrealizado.

Como hemos visto con anterioridad en este mismo capítulo, diferentes clases de experiencias cumbre son comunes a clases específicas de empatógenos. El MDA tiene la suya característi­ ca, y el MDM A tiene otra. Los empatógenos, como clase, tie­ nen una experiencia cumbre característica que es única de los empatógenos. Claudio Naranjo, en una correspondencia perso­ nal, caracterizó esta cumbre como un «paraíso terrenal en com­ paración con el paraíso celestial del LSD y de los alucinógenos de esa categoría».

Cada una de las experiencias cumbre es una comprensión singular del sí mismo y de la realidad. Quizá cuando hayamos determinado de una forma metódica las experiencias cumbre de sustancias diferentes, descubramos la utilidad particular de cada una de las tareas terapéuticas o autorrealizaciones.

Dentro del contexto de una búsqueda de la autorrealización cabe pensar en estas sustancias como parte de un camino parti­ cular que conduce hacia el crecimiento. Ciertamente, la droga, por sí misma, no constituye todo el camino. Cualquier sustan­ cia química no podrá hacer más que incrementar lo que noso­ tros aportemos a la situación, la estructura que usemos desde dentro. En el capítulo 5, «Una guía para consumidores del MDMA», veremos cómo el curso de una sesión con el MDMA se ve configurado con ayuda de nuestra historia vital, nuestra orientación, expectativas, objetivos de la sesión, personalidad, las personas con las que nos asociamos y el ambiente que nos rodea. Para resaltar este punto, cabe añadir que la experiencia

ocurre dentro de los seres humanos y la sustancia psicoactiva no es más que el catalizador de esa experiencia.

¿Cómo actúa el MDM A como tal catalizador para la auto- rrealización? Al ofrecernos un sabor de lo que es una experien­ cia cumbre, un pequeño modelo de lo que es la autorrealiza- ción, nos da algo hacia lo que poder trabajar. Del mismo modo que un artista puede ver un cuadro en un vistazo visionario y luego dedicarse a expresarlo en sus óleos, aquellos que experi­ mentan una experiencia cumbre inducida por el MDM A pue­ den trabajar hacia la autorrealización en su vida.

Un ejemplo particularmente bueno de ello es la meditación. Al principio de este capítulo mencioné que en muchas sesiones con el MDMA aparece un período de profunda calma que se extiende sobre el cuerpo y la mente, y que es percibido como una viva quietud.

Muchos meditadores se pasan años antes de alcanzar este nivel de experiencia. En un artículo de Mark Corwin, autor del equipo Times, publicado el 27 de mayo de 1985 en Los Angeles

Times, se afirma:

«El hermano David Steindl-Rast, un monje benedictino del monasterio del Corazón Inmaculado, en Big Sur, probó la droga en una conferencia sobre los usos médicos del MDMA. Steindl- Rast, que era psicólogo antes de ingresar en el monasterio, dijo que la droga facilita la búsqueda de la “actitud despierta” que tratan de alcanzar todos los monjes.»

«Es como ascender durante todo el día en medio de la niebla y, de repente, ver por primera vez y por un breve instante la cumbre de la montaña», dijo. «No hay atajos para llegar a la ac­ titud despierta, y se necesita trabajo y esfuerzo diarios. Pero la droga proporciona una visión, un vistazo de lo que se anda bus­ cando.»

Ralph Metzner y Sophia Adamson, en su ensayo no inédito, titulado «La naturaleza y el papel de la experiencia con el MDMA», comentan:

Un maestro de meditación ha sugerido que la experiencia con Adán facilita la disolución de las barreras entre cuerpo, mente y espíritu, la misma separación que existe dentro del individuo y que puede observarse en la sociedad...

La mente y el cuerpo se pueden coordinar: la mente, al in­ cluir los sentimientos, tiene una actitud empática positiva hacia el cuerpo, que se siente a su vez aceptado y protegido. Así, la conciencia instintiva, así como mental, la conciencia emocional y sensorial pueden funcionar juntas, en lugar de ser una el centro a expensas de las otras. De modo similar, el Espíritu o el sí mis­ mo dejan de sentirse como un concepto remoto y abstracto situa­ do «arriba», en alguna parte, y se percibe la presencia del espíri­ tu que impregna las estructuras del cuerpo y las imágenes y actitudes de la mente.

La conciencia se expande para incluir todas las partes del cuerpo, todos los aspectos de la mente y los ámbitos más eleva­ dos del Espíritu. Eso permite una especie de reconexión, de nue­ vo recuerdo de la totalidad de nuestra experiencia, de un acceso a las verdades olvidadas.

Un grupo compuesto por dos parejas casadas que viven ju n ­ tas ha escrito una narración de una serie de experiencias con el MDMA que compartieron colectivamente y como parejas sepa­ radas entre julio de 1984 y enero de 1985. Lo siguiente es la evaluación que hacen del valor de esas sesiones en términos de trabajo a través de los temas psicológicos encontrados en su ca­ mino hacia la autorrealización.

Cuando empezamos a convivir, mantuvimos aproximadamen­ te cinco sesiones de grupo de dos horas, además de numerosas sesiones individuales con una terapeuta a la que consideramos extremadamente competente, miembro colegiado de California. Disponemos de esta línea base para comparar la terapia sin MDMA con nuestra experiencia del MDMA.

Nuestra distinción fundamental es que el MDMA siempre nos ha movido inmediatamente hacia una claridad y profundidad

psicológicas sin precedentes en nuestra vida cotidiana. Sabemos inmediatamente, con una total claridad y exactitud, qué es lo que deseamos, qué necesitamos, y qué estamos dispuestos y prepara­ dos a dejar. Sólo desearíamos que la terapia sin el MDMA tuvie­ ra tanto poder. Otra diferencia fundamental es que hemos inte­ grado cambios radicales después de cada viaje con el MDMA. En la terapia, sentimos los cambios positivos, pero el progreso era incomparablemente más lento, menos espectacular y a menu­ do más superficial, o bien se hallaba sujeto a retrocesos. Con el MDMA, cada acontecimiento ocurre a un nivel profundo que va mucho más allá del nivel en el que previamente habíamos perci­ bido el «tema», y así, los temas se disuelven y desaparecen cuando estamos preparados para eso. Sin el MDMA, eso ocurre sólo lentamente y depende de que el diálogo, la bioenergética u otras formas de terapia, sean «adecuadas» en términos de pro­ fundidad...

El MDMA parece operar sin necesidad de que un terapeuta valore los temas y de que los otros tengan una mayor necesidad de trabajar con un terapeuta, o que tengan planteados temas a los que el MDMA no puede llegar... Hemos resaltado nuestra inten­ cionalidad y preparación. Las personas con las que hemos habla­ do y que han utilizado el MDMA (doce personas, incluidos no­ sotros mismos) han evidenciado intencionalidad y una cierta preparación; ninguno de nosotros considera el MDMA como una droga «recreativa». Tres de esas personas trabajan como terapeu­ tas y otras nueve no.

No abordamos tratamiento de estados psicóticos o equivalen­ tes. Hemos descubierto que el MDMA es una ayuda muy valiosa para pasar de una buena salud mental a nuestro pleno potencial emocional, mental y espiritual. El MDMA es la herramienta más apropiada y poderosa que hemos encontrado para el propósito de ser plenamente humanos y espirituales, tal como busca la psico­ logía transpersonal y humanista.

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