• No se han encontrado resultados

Pregunta: ¿cuáles son tus impresiones sobre el MDM?

In document Extasis - Historia Del MDMA - Buce Eisner (página 172-177)

Bueno, en prim er lugar, me sentí extrañado. La primera vez que lo tomé fue, en realidad, la primera vez que pude experi­ mentar una verdadera sensación de esperanza con respecto a todas las malas situaciones que sucedían por todas partes. Siempre había pensado: «Necesitamos paz...», etc., pero nunca había imaginado que eso fuera realmente una posibilidad. La primera vez que lo tomé pensé: «Oh, Dios, esto puede ser pre­ cisamente la pequeña herramienta que necesitamos». Creo que es tan bueno que probablemente habrá mucha gente que lo to­ mará, y probablemente también causará un gran efecto sobre las cosas durante los próximos cinco años o así.

Lo deja a uno como suspendido, aleja todas las estupideces que nos hacemos a nosotros mismos, y nos permite actuar li­ bremente y amarnos a nosotros mismos. Y, al hacerlo así, ama­ mos a todos los demás y todo lo que existe.

Otra cosa interesante es que durante mucho tiempo pensé que debía tomarlo de forma inteligente, tener una gran infor­ mación antes y pensar con verdadera intensidad sobre eso, ¿sa­ bes'/ Luego me puse en contacto con un montón de gente que acababa de tomarlo sin ningún conocimiento previo de las co­ sas filosóficas. Les pregunté por lo que habían sentido y me di­ jeron las mismas cosas intelectuales sobre esa sustancia que yo mismo habría podido decirles. Las descubrieron por sí mismos, algo que a mí me pareció bastante interesante. Hablaban sobre comunicación más fácil.

N o sé, es algo bastante maravilloso. Es algo que permite a la gente ser lo mejor que puede ser.

Lo que más m e ayudó fue a encontrar mi autoestima. Por­ que mientras estaba bajo sus efectos me daba cuenta de cosas que hacía habitualmente y que ahora no hacía. Luego, más tar­ de, me limité a pensar: «¿Por qué seguir haciendo eso?». La verdad es que me mejoró bastante. Creo que me hizo ser más extravertido.

Creo que, en general, va a hacer que la gente sea un poco más afable con los demás. Hace que la gente desee ser más afable con los demás.

Otra cosa fascinante: lo mejor es que eso es algo a lo que se puede acceder perfectamente más tarde. Quiero decir que se puede recordar todo y, en ese sentido, constituye una m uy bue­ na herramienta para aprender. Se toma lo que se ha aprendido, se mejora la forma de utilizarlo y se convierte uno en una m e­ jo r persona.

En cuanto a todos aquellos a los que he visto utilizarlo, he sido testigo de algunas cosas extraordinarias. Hace dos años conocí a un tipo llamado Bill que siempre estaba decaído. Era alguien extremadamente divertido, con un gran sentido del hu­ mor, aunque bastante cínico y siempre decaído. No disfrutaba de nada. Luego lo volví a ver dos años más tarde, unos tres meses después de que hubiera tomado MDM por primera vez, y había cambiado por completo. Era todo sonrisas y alegrías; resultó realmente extraño. Fue por esta época cuando regresé a la universidad y todo el mundo decía: «¿Has visto a Bill? ¿Has visto a Bill? Pues ve a verlo y te quedarás atónito».

De todos aquellos con quienes he hablado al respecto he re­ cibido una información positiva. La gente no deja de contar historias asombrosas sobre su uso.

En cuanto a los padres, conozco a unos pocos que lo han to­ mado con sus padres y que se han sentido increíblemente bien por ello. Mi amiga Andrea, por ejemplo. La situación con sus padres..., supongo que son como una especie de gentes de la alta sociedad de Nueva York. Su padre es conservador de m u­

seo y Andrea siempre ha sido sometida a muchas presiones. A ella nunca le gustaron sus padres. Quiero decir que, básicamen­ te, no existía comunicación alguna entre ellos. Pero les conven­ ció para que lo tomaran con ella. Yo estuve presente, y todo fue bastante extraordinario.

Al principio, empezaron a hablar de cosas que se habían he­ cho los unos a los otros y que no eran buenas. Entonces, muy pronto, no sé, creo que fue su padre el que lo dijo. Simplemen­ te, dijo: «Bueno, espera un momento. Todos sabemos que esas cosas sucedieron, pero ahora somos completamente conscien­ tes de ellas, así que podemos avanzar a partir de aquí». Y des­ de ese momento todos se sintieron mucho mejor. Ella se ha he­ cho buena amiga de sus padres; eso es lo que me ha dicho.

La razón por la que ellos lo tomaron fue porque había un buen grupo de nosotros, amigos de Andrea, y porque la toma­ mos allí, en su casa. Ellos estaban en casa, pero no lo sabían. Entonces, al día siguiente, le preguntaron: «¿Cómo es que todo el mundo se comportó de una forma tan agradable? ¿Y por qué se abrazaban tanto? ¿Por qué estaba sucediendo todo eso?». Y ella se lo contó todo. Supongo que sus padres se sintieron lo bastante impresionados, después de habernos observado la no­ che anterior, como para decidir tomarlo. Eso fue algo realmen­ te grandioso porque resulta verdaderamente difícil convencer a los propios padres para que lo tomen.

En cuanto a dificultades, lo único contra lo que yo adverti­ ría es tom ar un montón de decisiones con respecto a uno m is­ mo mientras se está bajo los efectos. Creo que hay que tom ar­ lo, y experimentar por uno mismo para ver lo que sucede, y luego pensar sobre lo que ha sucedido. Porque conozco a una persona que lo tomó y luego planteó toda una serie de ultimá­ tums basándose en lo que sentía en esos momentos, y luego, cuando desaparecieron los efectos se sintió realmente mal por­ que no llevó a cabo ninguno de sus propósitos. Así que creo que lo mejor que se puede hacer es dejar que pasen los efectos e integrar más tarde todo lo sucedido.

ser tan grande como creía que podía llegar a ser, o algo así. Pero entonces, al segundo o tercer día después de eso, las cosas empezaron a recuperarse y ella acabó siendo mucho más feliz de lo que se había sentido antes. Estuvo bastante triste durante un tiempo.

Nunca he visto realmente una historia de fracaso, ni a nadie que se sintiera desilusionado. Bueno, en realidad, conozco a dos tipos que lo tom aron pensando que se trataba de un aluci- nógeno, así que se sintieron desilusionados al principio, pero luego, al cabo de unos pocos minutos, decidieron que de todos modos les gustaba más de lo que habían imaginado. No, nunca he visto nada realmente negativo.

Con el LSD se consigue un decorado realmente bueno para empezar un viaje. Aleja la paranoia y toda esa clase de cosas.

Las veces que lo he tomado, lo primero que pienso es: «Uau, eso ha sido muy importante. Voy a pensar en eso durante un largo tiempo». Creo que a mucha gente le pasa lo mismo, lo cual es bueno, porque lo mantiene allí donde hay realmente un potencial de abuso muy bajo. Porque la primera reacción no consiste en tomar más y volverlo a tomar, sino que se trata más bien de esperar, y de pensar. Parece como si cuanto más tiempo se esperara entre una toma y otra, tanto más increíble fuera y tanto más pudiera aprenderse. Eso forma parte de mi actitud al respecto.

Generalmente, utilizo unos 150 miligramos, sólo una dosis. No sé, tom ar demasiado, simplemente, no me atrae.

Aquella primera experiencia fue una enorme liberación. Aquella esperanza era realmente posible. La guerra ha term ina­ do y me siento verdaderamente como una parte dim inuta de lo que sería si hubiera terminado. Fue una sensación increíble.

En realidad, cuando lo tomé por primera vez, pensé: «Oh, Dios mío, esta droga es tan increíble». Pero desde entonces, tras haberla tomado unas pocas veces más, he visto que lo ver­ daderamente increíble es la gente con la que se está. Quiero de­ cir que casi siempre me lo he pasado bien, pero que la profun­ didad de la experiencia depende de con quién se esté.

Puedo ser realmente estrafalario con una o dos personas, o con varios grupos pequeños, compuestos por buenos amigos. Pero la primera vez que lo tomé fue en una fiesta bastante grande, donde estaba rodeado por mucha gente a la que no co­ nocía. Y supongo que esa fue la razón por la que me centré tanto en la autoestima, porque me pasé toda la noche deambu­ lando de un lado a otro y hablando con la gente, conociéndola a un nivel realmente profundo, sin que nadie fuera superficial. Me mostré realmente como soy. Y eso me produjo una sensa­ ción increíble, sentirme lo bastante liberado como para hacerlo así, sin participar en ninguna clase de juegos. Y, hasta este día, ni siquiera sé gran cosa de toda esa gente, ni quiénes son, dón­ de trabajan o qué hacen, pero tengo la sensación de saber qué se llevan entre manos. Cosas del corazón, o de lo que sea.

Si se consigue un gran grupo de gente que están dispuestos a pasar por una experiencia de grupo y sentarse formando un círculo o algo así, y contar historias o sostenerse de las manos, bueno, elaboramos esa especie de extraña teoría de que formá­ bamos un remanso de amor, de que los humanos somos con­ ductores y de que nuestro trabajo consiste en traerlo aquí abajo, al mundo físico. Así que tuvimos una sesión con esa clase de idea en la mente.

La idea consistía en traer aquí abajo todo el amor desde allá fuera que pudiéramos traer al mundo físico. Fuimos aproxima­ damente unas veinte personas, y todas centradas alrededor de la misma idea. Y todos se animaron mucho más de lo que les habría sucedido normalmente gracias al grupo y al hecho de que todos pensábamos en lo mismo. No cambia realmente a la persona, sino que permite que la gente sea realmente como es y que actúe de la misma forma que vive.

Otra cosa buena del MDM es que no es nada salvaje, o que permite a la gente acceder a ámbitos místicos que hay dentro de ella misma, porque no asusta tanto como los grandes psico- délicos, como el LSD. Creo que esa es la razón por la que cada vez habrá más gente que la tome, porque es mucho más accesi­ ble de lo normal y porque ayuda a la gente a superar sus temo­

res, a explorar el misticismo que hay dentro de cada uno de no­ sotros.

Peter, de la Universidad Wesleyana, citado en Potencialidades del MDM, de Peter Stafford

Todas las narraciones que siguen aparecen en A través de la

puerta del corazón, compilado por Sophia Adamson y disponi­

ble a través de Four Trees Publications, Box 31220, San Fran­ cisco, CA 94131, con un precio de 14,50 dólares más un dólar por gastos de envío.

In document Extasis - Historia Del MDMA - Buce Eisner (página 172-177)