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La cruzada anti-MDMA de Ron Siegel

In document Extasis - Historia Del MDMA - Buce Eisner (página 100-106)

Además del tema cuestionable del daño cerebral, buena par­ te del resto de las pruebas negativas presentadas por la DEA se basan en el estudio de los consumidores recreativos, llevado a cabo por Ronald Siegel, de la facultad de Medicina de la Uni­ versidad de California, Los Ángeles. Siegel ha aparecido con frecuencia en los informes de los medios de comunicación re­ lativos al MDMA. En un artículo de Joe Klien, titulado «La nueva droga llamada Éxtasis, ¿es demasiado?», publicado en el

New York, algunos extractos de las afirmaciones de Siegel su­

gieren la naturaleza de su ataque contra el MDMA.

«Mi reacción es: “Allá vamos de nuevo”, dice el doctor Ro­ nald Siegel, de la facultad de Medicina de la Universidad de Ca­ lifornia, Los Ángeles. A cada pocos años se descubre una de I esas drogas milagrosas que va a salvar al mundo y hacer que

todo el mundo se sienta bien. Mi favorita era el PCR ¿Recuerda como solían llamarla? La píldora de la paz. Tomada en dosis ba­ jas, se decía que la gente tenía experiencias serenas, tranquilas y

pacíficas. Entonces llegó a la calle y se le cambió el nombre, para convertirse en polvo de ángel; aumentaron las dosis y fue cortada con sólo Dios sabe qué otras cosas, hasta que empezaron a llegar informes sobre toda clase de comportamientos extraños y violentos. Ahora tenemos el Éxtasis. Si se toma, se puede con­ vertir uno en una persona afable y empática, o en una persona con náuseas, o se puede experimentar una grave reacción psicò­ tica. Estamos viendo que sucede todo eso entre los consumido­ res de la calle...»

Según Siegel, los efectos de la droga parecen muy similares a los de la mescalina. «Pertenecen a la misma familia farmacoló­ gica. Ya sabe, las vueltas y revueltas moleculares con las que juegan los químicos, el MDA, el MMDA, el MDMA, plantean cuestiones académicas muy interesantes, pero ahí fuera, en la ca­ lle, la experiencia es la misma: alucinaciones, desorientación, episodios psicóticos.»

Es posible que, debido a los efectos más suaves y sutiles del MDMA, los consumidores inexpertos estén duplicando y hasta triplicando la dosis. También es probable que, después de la re­ ciente atención recibida por parte de los medios de comunica­ ción, los traficantes emprendedores se dediquen a llamar Éxtasis a todo, desde lo que acelera hasta el azúcar energizante. «Nos hemos encontrado con gente que afirma haber tomado esta dro­ ga y que se siente desorientada durante días interminables. He­ mos tenido a gente acurrucada en posiciones fetales durante 72 horas. Se dio el caso de un psicoterapeuta que la tomó, desapare­ ció y reapareció una semana más tarde dirigiendo el tráfico», dice Siegel.

En sus afirmaciones, Siegel compara el MDM A con dos drogas alucinógenas. El PCP, que tiene una merecida mala re­ putación, no es nada parecido al MDMA, ni en su estructura química ni en sus efectos psicológicos. Al vincular esas dos sustancias, la justa fama negativa del PCP se traspasa al MDMA, y se induce al lector a pensar: «Otro PCP, ¿no? Sa­ quemos esa bazofia de la calle».

Siegel también alega que el MDMA y la mescalina son casi idénticas en cuanto a sus efectos, y que las diferencias quími­ cas son superfluas. Y, sin embargo, no es ese el caso. Tal como hemos visto antes, el MDMA no es un alucinógeno, como la mescalina, ni siquiera tomado en dosis dobles o triples, en cuyo caso sólo produce una agradable sobrestimulación; norm al­ mente, los consumidores evitan tomar dosis tan altas.

Luego están las repetidas alegaciones de Siegel, según las cuales el MDMA puede conducir a reacciones psicóticas y que, a veces, esos síntomas psicóticos no desaparecen. Según hemos visto antes, en este mismo capítulo, el récord del MDMA es de una notable seguridad. El porcentaje de graves reacciones ne­ gativas es m uy bajo. Los casos mencionados por Siegel sobre reacciones prolongadas, tienen que ser todavía más raros. Pro­ bablemente, Siegel menciona cada historia de horror que ha oído contar sobre la droga.

Cuando cientos de miles de personas toman una droga psi- coactiva, es inevitable que haya unos pocos psicóticos o presi- cóticos que la tomen, y en algunos de ellos se producirá una psicosis como consecuencia de ello. Con el MDMA, a diferen­ cia del LSD o de la mescalina, se ha demostrado que el número real de esas reacciones es bastante bajo. Ronald Siegel emplea aquí un truco retórico. Al mencionar cada caso extremo que se pueda haber producido, induce al lector casual a creer que el MDMA produce psicóticos a montones, y que todos pueden term inar locos si experimentan con el compuesto.

Cuando Siegel comenta que se va a distribuir el MDMA «cortado» y adulterado, en dosis demasiado grandes, debería reconocer que ese es el efecto habitual causado por el hecho de incluir cualquier droga en una legislación rígida que induzca la aparición del mercado negro. Eso fue lo que sucedió con la he­ roína y el LSD y, desde el 1 de julio de 1985, la penalización del MDM A ha hecho que también se cuenten las mismas histo­ rias de adulteración, sustitución y «corte» de la droga. Hasta ese momento, casi todo lo que se presentaba como MDM A era la sustancia real.

El resultado de incluir el MDM A en el Inventario I ha sido detener efectivamente la experimentación con la droga, y el he­ cho de que las personas interesadas en tomarla se hayan visto obligadas a dirigirse a delincuentes potenciales. Si en lugar de eso se la hubiera colocado en el Inventario III, podría haberse continuado con la experimentación médica y sólo se habría pe­ nalizado su uso callejero, aunque no en la misma medida que

incluyéndola en el Inventario I, donde se encuentran drogas que exigen protocolos de investigación prohibitivos para inves­ tigadores que no dispongan de enormes subvenciones.

Un último ejemplo de las distorsiones de Siegel procede de un artículo titulado «Éxtasis químicos», publicado en Omni:

Un traficante ofrece «instrucciones de vuelo» por escrito, prometiendo que el XTC [Éxtasis, o MDMA] es como «un beso en las venas» durante el viaje que suele durar una hora, en el que se experimentará felicidad, seguridad, paz y libertad. Eso debería terminar con todas las guerras, pero las pruebas secretas llevadas a cabo por el ejército de Estados Unidos en los años cincuenta descubrieron que también acababa con las vidas de los animales experimentales. Las dosis bajas reducen la toxicidad, pero dejan a los sujetos con las mandíbulas apretadas, los ojos moviéndose rápidamente y elevada presión sanguínea...

Tom Riedlinger, en un artículo publicado en el Journal o f

Psychoactive Drugs, comenta lo siguiente sobre lo anterior:

En lo precedente son evidentes la trivialización y las distor­ siones deliberadas. Siegel es un especialista en psicofarmacolo- gía. En consecuencia, sabe perfectamente bien que todas las sus­ tancias son tóxicas para los seres humanos si se alcanza un cierto nivel de dosificación. Típicamente, los experimentos con drogas realizados con animales incluyen una prueba en la que las dosis se aumentan paulatinamente hasta que ocurre la muer­ te, con objeto de establecer dónde se encuentra el umbral de to­ xicidad. Siegel prefiere no indicarlo así y, en lugar de eso, da la impresión de que el MDMA es tóxico administrado a dosis ba­ jas, algo que, sencillamente, no es cierto, al menos para los hu­ manos. No obstante, reconoce implícitamente su duplicidad al escribir que «las dosis bajas [léase: terapéuticas] reducen [léase: evitan los peligros de] la toxicidad». Se admite que los efectos secundarios que menciona se presentan en muchos pacientes y en diferentes combinaciones, pero virtualmente en casi todos los casos no son más que contrariedades, es decir, riesgos aceptables.

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La clase de atención que recibió el MDMA por parte de los medios de comunicación continuó durante varios meses des­ pués de la penalización de la droga, lo que hace recordar un poco la clase de histeria y de hipérboles de la cruzada anti- LSD entre 1966 y 1969.

Quizá un ejemplo extremo de ello sea el artículo de Shari Roan, titulado «Peligros de la droga de diseño», publicado el 2 de julio de 1985 en el Sun Sentinel de Dallas, del que se inclu­ ye una síntesis:

Ayer mismo fue declarada ilegal una droga elogiada por un pequeño grupo de psicólogos como una ayuda para aumentar la conciencia. Pero los funcionarios del Departamento Estadouni­ dense Antidroga, y los asesores sobre el abuso de las drogas te­ men que no hayan visto con ello el final de la controversia que rodea el «Extasis».

Después de años de uso terapéutico entre un pequeño grupo de psicólogos, el Éxtasis (MDMA) se ha popularizado reciente­ mente entre algunos estudiantes universitarios y gays. La droga alucinógena tiene efectos menos graves que el LSD, y algunos terapeutas dicen que reduce la ansiedad y promueve la empatia en los pacientes.

Los funcionarios de la DEA, sin embargo, afirman que la droga es peligrosa y que se trata de una sustancia que no ha sido comprobada científicamente. La DEA emitió una prohibición de emergencia sobre el Éxtasis después de que los investigadores de la Universidad de Chicago descubrieran que actúa destruyen­ do un gran número de vitales células cerebrales, y que puede acelerar el proceso de envejecimiento de una forma similar a la degeneración muscular producida por la enfermedad de Parkin- son. La DEA también informó sobre 31 muertes causadas por la droga, la mayoría de ellas en la zona de la bahía de San Fran­ cisco, 26 de las cuales se produjeron después del 1 de agosto de 1984.

Cuando leí este recorte, que me envió un amigo, llamé inme­ diatamente a Alexander y Ann Shulgin para preguntarles por qué no había leído nada sobre esto con anterioridad. Ann Shul­ gin contestó al teléfono. Al oír el informe, replicó: «Esa gente lo mezcla absolutamente todo. Todas esas estadísticas, así como la parte en la que se habla de la enfermedad de Parkinson se re­ fieren al MPTP, un inesperado producto secundario del MPPP». Se me ocurrió pensar en seguida que esa periodista, en su fervor por conseguir una noticia antidroga, había tomado infor­ mación procedente de dos fuentes y la había entremezclado de una forma ciertamente curiosa. Un retorcimiento bastante ex­ traño, porque la ley que se utilizó para prohibir el MDM A fue el resultado del escándalo que rodeó a la heroína sintética.

En plena campaña de los medios de comunicación una re­ vista nacional, la revista Life, publicó un artículo en su número de agosto de 1985. En general, se trataba de una visión equili­ brada de la controversia. Sin embargo, no era eso lo que se des­ prendía de los titulares que aparecían en la prim era página del artículo, que decían: «El problema con Éxtasis». Bajo este títu­ lo, en letras mayúsculas y negritas, se decía: «La droga es se­ ductora, controvertida, peligrosa... y ahora ilegal». Está claro cuál podría haber sido el mensaje que recibiera el lector casual a partir de este tratamiento sensacionalista del MDMA.

In document Extasis - Historia Del MDMA - Buce Eisner (página 100-106)