Hablar como Obama
Shel Leanne
Referencias Sobre la autora
Shel Leanne, es Presidenta de Wishel Corporation, una firma de desarrollo de la capacidad de liderazgo, entre cuyos clientes se encuentran varias empresas de la lista Fortune 500 de todo el mundo. Anteriormente trabajó para McKinsey & Company y para Morgan Stanley en Nueva York y Londres. Ha sido profesora de la Harvard University, donde ha impartido clases de empresariado social y diseño organizacional. Asimismo, es autora de otros libros de comunicación.
Sobre el libro
En esta obra se encuentran las técnicas de oratoria utilizadas por Obama y que han conseguido provocar entusiastas aplausos e inspirar un auténtico cambio en los oyentes. Estas técnicas son vitales, no sólo en el área política, sino también para los ejecutivos de empresas, directivos y líderes de todos los campos. Hablar como Obama proporciona las herramientas necesarias para infundir cambios positivos en todos los niveles de su organización.
Reconocimientos
Debido al extenso ámbito de mi trabajo en Sudáfrica, he tenido la oportunidad de conocer a lo largo de los años a una serie de líderes de este país que se encuentran entre los más considerados del mundo, como Nelson Mandela, el arzobispo Desmond Tutu y los fallecidos Walter Sisulu y Govan Mbeki. Me he beneficiado enormemente de su ejemplo y de las conversaciones sostenidas con ellos, y desde entonces he disfrutado compartiendo las lecciones aprendidas a través de mi trabajo de desarrollo de la capacidad de liderazgo. Fue un honor para mí llegar a conocer la visión del mundo que aspiraban ayudar a crear. La mayoría de sus ideales se parecían a los que yo había aprendido cuando crecí, cuando estudiaba a fondo a Martin Luther King, Jr. En aquella época de adolescente había tenido el honor de conocer a Coretta Scott King, que había examinado uno de mis primeros trabajos y quería verme para animarme como escritora. Tanto en Estados Unidos como fuera del país, he observado que algunos de los líderes más importantes del mundo han estado persiguiendo el mismo objetivo: un mundo en el que, como decía Martin Luther King, Jr., la gente no fuera juzgada «por el color de su piel sino por su forma de ser o personalidad». En vista de estos antecedentes, para mí ha sido fascinante escribir este libro, en el que se evalúan algunos de los factores que han contribuido a hacer de Barack Obama uno de los líderes y comunicadores más eminentes de los últimos tiempos. Es evidente que Obama— que va más allá del tema racial y pronuncia palabras de unidad—representa en muchos aspectos lo que muchos líderes influyentes de generaciones anteriores habían esperado ver.
Me gustaría mostrar aquí mi agradecimiento a las muchas personas que me han apoyado a lo largo de los años. Gracias a mi hijo Joshua, por ser la luz de mi vida. Un agradecimiento especial para mis padres, Barbara Geiger y el difunto Dr. David N. Geiger y mis hermanos y sus cónyuges: Stacia Geiger-Alston y Thomas Alston, David Geiger, Jr. y Kim Geiger, y Sandra Geiger. Gracias a Christine Baker y a la tía Mildred Geiger, por sus consejos, cariño y apoyo. Gracias también a mis amigos y miembros de la familia que tan cariñosa y lealmente se han portado en los momentos difíciles que recientemente he vivido, entre ellos Ted Small, Audrey Gross-Stratford, Yvonne Chang, Ruby Lue Holloway, Reginald Brown, Jane Tanner, David White, Susan Watanabe y Julie Taylor Vaz.
Es obligado también un caluroso agradecimiento para mis tías y tíos, que incluye a William Geiger, Ann Lewis, Edward Geiger, Sr., Joyce y Joe Montgomery,
Thomas y Eunice Holloway, Thelma Geiger y familia, Sandra y Sam Cook, Andrew Geiger y familia, Johnnie Scott y familia, y Geraldine Roby y familia. Gracias a mis maravillosos primos, que incluyen a Butch y Tonya Geiger, Derek Geiger, Marty Geiger, Alpha Lavergne, Nat y Veritta Holloway, Pat y Kish Holloway, Carolyn Holloway, Thelma Geiger y familia, Jackie Coleman, Yolanda Stevens y familia, Luwanda Gandy y familia, Andrea Montgomery y familia, y los Geiger de Atlanta.
Agradezco el apoyo de Margarita Rodríquez y Cynthia Haines. Gracias a Ochoro Otunnu por sus ánimos. Gracias en especial a mis amigos Helen-Claire Sievers, Byron Auguste y Emily Boomfield, la difunta Ursula Guidry y su familia, Laurie Claus, Kweku Ampiah, Paul Rudatsikira, Lorelee Dodge, Andrea Chipman, Julie Catterson, la hermana Helen McCulloch, Carolyn Kramer y Averill Pritchett. Quiero expresar mi gratitud a los clérigos que han alimentado mi mente a lo largo de los años, entre ellos el reverendo Dr. H. Beecher Hicks, Jr., el reverendo Nolan Williams, Jr., y el reverendo Raymond Webb y su esposa Janet. Mi agradecimiento también a los clérigos y miembros de la iglesia Presbiteriana de Irvine.
Quisiera expresar mi reconocimiento a mis antiguos colegas de la Universidad de Harvard y de la Universidad de Oxford, y a mis colegas actuales del consejo de WorldTeach, una institución educativa de carácter no lucrativo. ¿Cómo podré llegar a agradecer a los Wanyangus, una hermosa familia que vive en la zona rural del oeste de Kenia, que me abrieran su hogar y que compartieran su sabiduría conmigo, convirtiéndose en mi «familia keniana»? A las numerosas personas con las que sigo trabajando en el programa de sida mientras finalizo un próximo libro iniciado en Crossroads, Sudáfrica: ¡Gracias! Esto incluye a Toby y Aukje Brouwer de Beautiful Gate, que ofrecen un ejemplo magnífico con su forma de vivir y su labor; a Khaya Dyantyi de Beautiful Gate, cuya tremenda fe en un mañana optimista es fuente de inspiración para mí; y al Dr. Lesley Szabo de Muchachos con sida, cuyo entusiasmo me hace soñar en el modo de seguir llevando un cambio positivo al mundo. Gracias a los numerosos doctores, a los líderes de los grupos de apoyo para los enfermos de sida, a los responsables de orfanatos y miembros de grupos de apoyo para los enfermos de sida con los que he trabajado. Todos vosotros habéis enriquecido mi vida. Espero que mis escritos y mi trabajo de desarrollo de la capacidad de liderazgo influyan en vuestra vida de una forma igualmente positiva.
Es muy importante que dé un millón de gracias a Mary Glenn por su maravillosa guía y a Alice Peck por sus aportaciones. El respaldo ofrecido por Peter McCurdy y Tania Loghmani también lo he apreciado extraordinariamente.
Introducción
«Absolutamente magistral. Es un maestro del oficio.»
Con estas palabras se describía la fuerza oratoria de Barack Obama, que atrajo la atención hacia su persona en la Convención Nacional del Partido Demócrata en 2004 y electrizó a América con un conmovedor discurso inaugural. Su discurso de veinte minutos—menos de 2.300 palabras—atrapó el interés de los americanos y recogió elogios de todas partes del mundo. Obama aclaró y subrayó los diversos puntos con eficacia, fundió la mejor retórica con la mejor enjundia, se centró en un mensaje potente y lo transmitió con una gran efectividad. Sus palabras y su visión fueron fuente de inspiración para millones de telespectadores. Los medios de comunicación calificaron inmediatamente a Obama de «político estrella del futuro» y su emocionante discurso inaugural aceleró enormemente la trayectoria de su carrera política, transformándole de la noche a la mañana en figura eminente de la política nacional. Obama empezó a construir uno de los movimientos más heterogéneos de la historia de América, haciendo añicos barreras históricas y convirtiéndose en el presunto candidato del Partido Demócrata para las elecciones presidenciales de 2008. Pocas cosas han ayudado tanto a catapultar la rápida ascensión política de Obama como sus excepcionales dotes comunicadoras.
Hablar como Obama se concentra en la fuerza comunicadora de Barack Obama y en las prácticas y técnicas que le han permitido llegar a ser uno de los oradores más destacados de los últimos tiempos. Los éxitos políticos de Obama subrayan un hecho perfectamente establecido: los líderes de cualquier campo obtienen provecho del desarrollo de unas habilidades de comunicación destacadas, porque la capacidad de transmitir una visión, inspirar confianza, persuadir y motivar a los demás son elementos clave de un liderazgo eficaz.
Las palabras utilizadas para describir el estilo de Obama—carismático, magnético, vigorizante—hablan de su fuerza como comunicador. Por tanto, también lo hacen los adjetivos que se invocan para calificar sus discursos: elocuente, inspirador, convincente. Muchos observadores consideran a Obama un orador tan consumado que lo comparan con los grandes comunicadores de nuestra era: Martin Luther King, Jr., John F. Kennedy, Robert Kennedy, Bill Clinton y Ronald Reagan. También en el extranjero, el talento y la visión de Obama han generado entusiasmo. En junio de 2008, The Times informaba que los europeos se sienten profundamente atraídos por «la mezcla de Martin Luther King y John F. Kennedy» que representa Obama. Observaba que, «olas de euforia se extendían al otro lado del Atlántico [...] después de la victoria de Mr. Obama en las primarias del Partido
Demócrata».i Este entusiasmo fue tremendamente patente en julio de 2008, cuando
Obama atrajo a una audiencia de 200.000 personas en un discurso pronunciado en Berlín.
¿Qué hace Barack Obama? ¿Qué prácticas de comunicación le han permitido salir tan rápidamente de la oscuridad, superando retos que podían haber frustrado a otro candidato—su raza, su juventud, su «exótico» nombre—y le han convertido en una de las figuras más importantes del Partido Demócrata? ¿Qué habilidades oratorias explican su capacidad para reunir a segmentos de la sociedad tan dispares, rebasando los límites de la raza, transmitiendo energía a los votantes de la generación Y o del milenio, y motivando a recién llegados—jóvenes y viejos—a participar en el proceso electoral? ¿Cómo se las arregla Obama para derribar tantas barreras? ¿Qué hace para conectar tan bien con sus audiencias, motivándolas tanto a nivel emocional como intelectual, cuando traduce su visión en impulso para actuar? ¿Qué pueden aprender de él líderes de todos los campos—negocios, política, justicia, beneficencia y académico?
Independientemente de lo que usted piense del mundo de la política, lo que ha conseguido Obama desde la Convención Nacional del Partido Demócrata en 2004 es asombroso. Cuatro breves años después de su discurso de apertura, el senador junior que cumplía su primer período y que estaba entre los menos veteranos del Senado, se levantó frente a la «máquina Clinton» en una carrera imposible para la nominación presidencial por el Partido Demócrata. Obama pasó a ocupar un lugar importante en la historia cuando superó el umbral crítico de 2.118 delegados y se convirtió en el presunto candidato presidencial por el Partido Demócrata, el primer afroamericano candidato de un gran partido a presidente de Estados Unidos. Fue una victoria histórica, un momento decisivo que muchas personas creyeron impensable que pudiera suceder mientras vivieran. Lo importante es que Obama aceptó la candidatura presidencial por el Partido Demócrata el 28 de agosto de 2008, cuarenta y cinco años después del mismo día en que Martin Luther King, Jr. estuvo en el Lincoln Memorial y pronunció su simbólico discurso «Tengo un Sueño». Tal como observaba acertadamente el recientemente fallecido Tim Russert el 3 de junio de 2008: «Cuando te paras y reflexionas sólo un segundo acerca de lo que estamos presenciando, este joven afroamericano de 46 años, actual candidato por el Partido Demócrata—pongan esto en el contexto de América y de todo el tema racial—es impresionante».
Sustentando estos notables logros se encuentra la capacidad de comunicación de Obama. Sus extraordinarios discursos han contribuido a poner en marcha el llamado «fenómeno Obama», que ha sido capaz de atraer a sus mítines a
audiencias de hasta 75.000 personas.ii Los observadores—advirtiendo la capacidad
de expandir la base electoral de un modo que no tiene precedentes—han calificado sus esfuerzos como algo más que una campaña, lo consideran un «movimiento». Su base de donantes de dos millones de personas se considera la mayor que haya obtenido nunca cualquier otro candidato presidencial en la historia de Estados Unidos. Consecuencia de la influencia e impulso de Obama, una serie de pesos pesados del establishment del Partido Demócrata—Bill Richardson, Edward Kennedy, John Kerry y John Edwards—se sintieron movidos a desviarse de sus fidelidades a largo plazo y han respaldado a Obama para el cargo de presidente por encima de Hillary Clinton. Dada su popularidad, Obama ha llegado a influir en el lenguaje de la calle con palabras y frases recién acuñadas: Obama Mamas, Obamacans, Obamacize, Obamanomics, Obamamentum, Obamamania.
Muchas personas atribuyen el asombroso éxito de Obama a sus potentes mensajes de esperanza que rebasan las divisiones tradicionales de partido, situación económica, género, religión, región y raza. En efecto, los temas de sus discursos apelan a un gran número de personas. Veamos algunos de los temas: El cambio que te favorece, Forjando un nuevo futuro para América, Una unión más perfecta, Manteniendo la promesa de América, Recuperando el sueño americano, Ahora es nuestro momento, El cambio en el que podemos creer, Un nuevo comienzo, Nuestra apuesta común por la prosperidad de América, Una confianza sagrada, Un gobierno honrado, Un futuro optimista, Retomar América.
Dada la fuerza del mensaje de Obama, el gobernador Bill Richardson denominó la candidatura de Obama «una oportunidad para nuestro país que se da una vez en la vida» y se refirió a Obama como «un líder que surge una vez en la vida». Caroline Kennedy coincidía con ello en su artículo del New York Times del 27 de enero de 2008 titulado «Un presidente como mi padre»:
A lo largo de los años me he sentido profundamente conmovida por las personas que me decían que les gustaría sentirse tan motivados y esperanzados por América como lo estaba la gente en la época en que mi padre fue presidente [...]. Durante toda mi vida, la gente me ha dicho que mi padre cambió sus vidas, que entraron en política o se dedicaron al servicio público porque él se lo pidió. Y esta generación a la que él inspiró ha transmitido el espíritu a sus hijos. Conozco a jóvenes que nacieron mucho después de que John F. Kennedy fuera presidente, pero que todavía me preguntan cómo vivir de acuerdo con sus ideales.
A veces hace falta un cierto tiempo para reconocer que alguien tiene una capacidad especial para hacernos creer en nosotros mismos, para unir esa creencia
con nuestros ideales más elevados y para hacernos imaginar que juntos podemos lograr grandes cosas. En esas contadas ocasiones, cuando esa persona aparece, tenemos que dejar a un lado nuestros planes e intentar alcanzar lo que sabemos que es posible.
Con el senador Obama, tenemos esta oportunidad.
Sin embargo, ya han existido otros defensores de la clase media y de los pobres. Han existido otros líderes con historias personales impresionantes. También han existido otros líderes que han pronunciado palabras de unidad, buena voluntad y esperanza. ¿Qué es lo que hace a Obama tan irresistible? ¿Por qué su mensaje tiene un eco tan intenso? Es algo más que el mensaje: es también la forma en que se transmite el mensaje. Esto es reconocido incluso desde el otro lado del arco político. Como comentaba el gobernador republicano de Luisiana, Bobby Jindal, el 10 de agosto de 2008, «El senador Obama es uno de nuestros mejores oradores, uno de los que más inspiran a la gente, que he visto en una generación política. Hay que remontarse al presidente Ronald Reagan para encontrar a alguien que se exprese tan bien». Jindal advertía que a través de su excelente capacidad de comunicación, Obama inspira y motiva muchísimo a la gente.iii
Las fuentes de la fuerza oratoria de Obama son múltiples. La resonancia natural del tono de voz de barítono bajo de Obama es uno de sus activos. Para reforzarla, está su impresionante capacidad para dominar su voz, que él maneja como un instrumento musical perfectamente afinado. Ha demostrado que puede modificar la textura de su tono de voz para sonar melancólico, indignado, o para latir de optimismo y determinación, según requiera la ocasión. Ha demostrado habilidad para acelerar o reducir el ritmo, para amplificar el aliento que hay por encima de sus palabras y para dejar arrastrar la voz cuando conviene a sus necesidades. Posee un agudo sentido de cuándo tiene que utilizar pausas elocuentes, perfectamente medidas, con intervalos suficientemente largos para que el mensaje llegue claro a la audiencia. Es un orador excelente para crear imágenes en movimiento y para motivar a la gente con una gestualidad eficaz, a veces con tan sólo un dedo. Sabe cómo servirse de una impresionante gama de recursos retóricos y utiliza técnicas como la repetición, bucles retrospectivos y simbolismos para lograr que sus manifestaciones tengan influencia y sean duraderas.
Obama sabe que no es suficiente con crear una visión o establecer unos objetivos, el éxito requiere la capacidad de expresar una visión y unos objetivos de modo extraordinariamente convincente. Para explicar la fuerza oratoria de Obama, no se puede separar el contenido del estilo de comunicación, es decir, el fondo de
la forma. Hablar como Obama analiza las lecciones que hay que aprender de las excelentes prácticas de comunicación que tanto han contribuido a los éxitos logrados por Obama. Arroja luz sobre el modo en que líderes de todos los campos —negocios, política, justicia, actividades no lucrativas y académicos—pueden hacer uso de estas mejores prácticas para poder desarrollar una excelente capacidad de comunicación.
En el capítulo 1 se expone y se comenta el texto íntegro del discurso de apertura de Barack Obama en la Convención Nacional del Partido Demócrata en 2004, el discurso que lo desencadenó todo. El análisis de este discurso deja al descubierto muchas de las prácticas clave que Obama emplea y que le confieren este poder comunicador tan excepcional. En los siguientes capítulos se profundiza más en las lecciones de comunicación y liderazgo que podemos aprender, explorando una serie de declaraciones públicas efectuadas por Obama.
En el capítulo 2, «Obtener credibilidad y confianza», se examinan las prácticas que han permitido a Obama inspirar y motivar a tantas personas con tanta rapidez, y ganarse a muchos escépticos con su carisma. Su éxito demuestra la importancia de una intensa primera impresión y cómo la potenciación de una segunda excelente impresión ayuda a reforzar la credibilidad y la confianza. Observaremos cómo este uso ejemplar del lenguaje no verbal así como su capacidad de añadir significado más allá de las palabras trabajan juntos para conseguir resultados asombrosos.
En el capítulo 3, «Derribar barreras», se estudia la excepcional habilidad de Obama en el empleo de la oratoria para unificar grupos muy distintos. Su franqueza para reconocer sus antecedentes poco o nada convencionales, combinada con su habilidad para proyectar estos antecedentes como la «quintaesencia del americanismo» y su capacidad para establecer terrenos comunes, son algunos de sus puntos fuertes. Como refuerzo, está la capacidad de Obama para emplear palabras que tengan eco, que le ha ayudado a crear vínculos, recurriendo a lo que une a las personas en lugar de a lo que las separa.
En el capítulo 4, «Ganar corazones y mentes», se analizan las mejores prácticas que han ayudado a Barack Obama a provocar reacciones del tipo, «Sus palabras me han emocionado» y «Él comprende». Sus discursos están lejos de ser meros recitados—ha mostrado una notable capacidad para conectar con sus oyentes—. Su talento para conocer a sus audiencias y para identificar los temas que más les importaban ha sido clave. Comentaremos cómo ha sido capaz de hablar de estos asuntos y cómo ha tenido éxito en la comunicación de su empatía y la
personalización de sus mensajes. ¿Cuáles son las técnicas que hay detrás de su estilo que hacen desaparecer el podio y el atril, creando la sensación de una charla de sobremesa, como si usted estuviera dirigiéndose a él cara a cara? Lo averiguaremos.
En el capítulo 5, «Comunicar una visión», se exploran las prácticas que han hecho posible que Barack Obama haga entender su mensaje de forma tan eficaz. Se estudian las lecciones que hay que aprender de su habilidad para utilizar palabras descriptivas y multidimensionales, llenas de significado deductivo. Su capacidad para humanizar ideas, temas y emociones, para emplear bucles retrospectivos y para relatar anécdotas eficaces le distinguen como orador, como también lo hacen el modo en que concreta los puntos de sus discursos para que éstos sean recordados mucho después de que los haya pronunciado.
En el capítulo 6, «Aclarar y subrayar el mensaje», se ahonda en las técnicas que emplea Obama para destilar sus temas principales y que queden bien grabados en la mente de los oyentes. A pesar de las importantes restricciones de tiempo a las que se enfrenta—muchos de sus discursos duran tan sólo veinte minutos—Obama habla de forma muy efectiva, empleando una gama impresionante de técnicas retóricas para transmitir potentes mensajes. Entre estas técnicas se encuentran la concatenación, la anáfora, la epístrofe, la mesodiplosis, la aliteración, y el tricolon. Palabras complicadas, pero un impacto notable. Mostraremos cómo estas técnicas permiten a Obama perfeccionar ideas temáticas esenciales. También analizaremos cómo transmite eslóganes y estribillos con tanta eficacia que mucha gente es capaz de recitarlos con gran facilidad.
En el capítulo 7, «Persuadir», se exploran las lecciones que hay que aprender de las prácticas que Obama utiliza para incorporar a los demás a su forma de pensar. Cuando persigue no sólo transmitir información, sino también causar impacto en la opinión y fomentar la acción, Obama hace hincapié especialmente en un gran sentido lógico, poniendo las ideas por orden y formulando a la audiencia preguntas no retóricas. Especialmente notable es el uso que hace de la yuxtaposición y de la estructura de antítesis como atributos distintivos de su estilo de persuasión, comparando y contrastando ideas de forma excelente. Combinadas, estas técnicas le ayudan a suscitar una respuesta afirmativa: la inclinación de cabeza en señal de asentimiento del oyente persuadido.
En el capítulo 8, «Enfrentarse y superar la polémica», se echa un vistazo al modo en que Barack Obama utiliza sus potentes habilidades de comunicación para capear la controversia y sobrevivir a ella, a menudo apaciguándola y mitigando
cualquier consecuencia dañina. Ya sea cuando se refiere a unas palabras mal escogidas o cuando apaga el fuego provocado por los comentarios incendiarios del reverendo Jeremiah Wright, observamos que las prácticas de comunicación de Obama le han ayudado a enfrentarse a las controversias y a superarlas. Su sinceridad, así como su tendencia a tratar los errores cara a cara y a aceptar la responsabilidad, a la vez que se mantiene firme en sus convicciones, ofrece muchas lecciones.
Por último, en el capítulo 9, «Motivar a los demás para que actúen y dejar una profunda última impresión», se investigan las prácticas de comunicación que han ayudado a Obama a motivar a la gente para que actúe. Se profundiza en las herramientas que emplea para transmitir una sensación de ímpetu y crear una sensación de urgencia, a la vez que adopta un estilo de comunicación que le hace parecer más accesible a los ojos de la audiencia, como si estuviera hablando cara a cara. Se investiga también el modo en que el estilo de comunicación de Obama le permite aumentar gradualmente la intensidad, subrayando estribillos memorables y finalizando con fuerza.
Tenemos mucho que aprender de estas prácticas que, combinadas, han ayudado a hacer de Barack Obama uno de los comunicadores más destacados de los últimos tiempos.
(N. del T.) Donde dice América debe entenderse Estados Unidos de América y donde dice americano/s debe entenderse estadounidense/s.
i The Times, «Europe Shows Love for Barack Obama-Unfortunately it Has No
Vote», 7 de junio de 2008.
ii Mitin en Portland, Oregón, mayo de 2008.
iii Entrevista en ABC News, «This Week with George Stephanopoulos», 8 de
1
El discurso que lo desencadenó todo
Una noche de la Convención Nacional del Partido Demócrata de 2004 Barack Obama subió al estrado y electrizó a América con su discurso de apertura. Ampliamente aclamado por inspirador y elocuente, ofrece una foto instantánea de las excelentes prácticas de comunicación que Obama emplea cuando aprovecha la fuerza de hablar con un propósito y una visión. A través de sus palabras, aprendemos cómo la forma y el fondo pueden trabajar en paralelo para aumentar la efectividad y el impacto de la comunicación.
En este capítulo se transcribe íntegro el discurso de apertura o keynote addressi de 2004. Las palabras de Obama puestas por escrito son comentadas con
referencias a algunas de las técnicas gestuales, de tono y de ritmo de voz que empleó en el discurso que hizo dar un paso de gigante a su carrera política. Examinemos lo que hizo del discurso de 2004 un éxito tan grande.
Discurso de apertura de la Convención Nacional del Partido
Demócrata de 2004, 27 de julio de 2004
En los minutos previos a que Barack Obama suba al estrado, el senador por Illinois Dick Durbin elogia con entusiasmo a Obama frente a la audiencia de Boston y a millones de telespectadores. Se refiere a Barack Obama como un hombre cuya «vida festeja la oportunidad de América [...] cuya familia refleja la esperanza de una nación acogedora [...] cuyos valores reaniman nuestra fe en una nueva generación...». Elogia a Obama por poseer «el don extraordinario de reunir a gente de todos los estratos sociales».
Barack Obama camina hacia el estrado con un andar enérgico, seguro y resuelto. Al momento, establece contacto visual con las personas del público y aplaude con ellas: las primeras señales de conexión. Extiende su brazo hacia la audiencia con la palma de la mano abierta y luego saluda a Dick Durbin con un fuerte abrazo que simboliza el profundo respeto existente entre dos grandes amigos. Con los aplausos aún resonando, Obama se dirige al atril con paso firme y los hombros rectos y erguidos. Toca el atril con ambas manos, con ademán de poseerlo, un gesto de seguridad y autoridad. Con la barbilla elevada, hace una ligera reverencia al público, en señal de reconocimiento y gratitud. Mientras los aplausos continúan, Obama apoya con cuidado las manos sobre el atril y esboza una modesta sonrisa, y parece que adquiere fuerza gracias al entusiasmo de la
multitud.
Cuando los aplausos amainan, Obama da las gracias al senador Durbin. Hace una inspiración y su voz de barítono resuena cuando empieza a pronunciar el discurso de apertura de la Convención Nacional del Partido Demócrata de 2004:
En nombre del gran estado de Illinois, [la multitud aplaude y los ojos de Obama brillan de orgullo al pronunciar el nombre de su estado], encrucijada de una nación [pausa], tierra de Lincoln, permitidme expresar mi más profunda gratitud por el honor de dirigirme a esta convención. [Extiende ambas manos abiertas hacia el público para expresar su gratitud.]
Esta noche supone un honor especial para mí porque, admitámoslo, mi presencia en este escenario es bastante inverosímil. [Obama coloca la mano sobre el corazón. Su entonación recalca la ironía de la ocasión.] Mi padre fue un estudiante extranjero, nacido y educado en un pequeño pueblo de Kenia. Creció cuidando cabras, fue a la escuela en una choza con techo de chapa. Su padre, mi abuelo, fue cocinero, un empleado doméstico de los británicos. [Junta los dedos de su mano derecha para subrayar lo que dice.]
Pero mi abuelo tenía sueños más ambiciosos para su hijo. [Obama extiende las palmas de la mano hacia arriba, como si quisiera medir la magnitud de los sueños.] Con mucho esfuerzo y perseverancia mi padre obtuvo una beca para estudiar en un lugar mágico: América [las palabras en cursiva indican énfasis], que brilló como faro de libertad y oportunidades para tantas personas que llegaron antes que él. [La inflexión de su voz transmite orgullo patriótico y promueve aplausos.]
Mientras estudiaba aquí, mi padre conoció a mi madre. Ella había nacido en una ciudad de la otra punta del mundo, en Kansas. [Obama gesticula con la mano en una dirección, para indicar una gran lejanía. Dirige una brillante sonrisa hacia la parte de la audiencia que vitorea cuando oye la palabra «Kansas» y los saluda con gesto afectuoso.] Su padre trabajó en las plataformas petrolíferas y granjas durante buena parte de la Depresión. El día después del ataque a Pearl Harbor mi abuelo se alistó y se unió al ejército de Patton que recorrió toda Europa. En casa, mi abuela se encargó de criar a una niña pequeña y [énfasis] y trabajó en una cadena de montaje de bombarderos. Después de la guerra, estudiaron gracias a la Ley del Soldado, compraron una casa a través de la Dirección Federal de la Vivienda (Federal Housing Administration, FHA), y más tarde se trasladaron al oeste, hasta Hawai, en busca de oportunidades. Y también ellos tenían grandes sueños para su hija, un sueño común nacido
de dos continentes. Mis padres no sólo compartían un amor inverosímil; compartían también una fe inquebrantable en las posibilidades que ofrece este país. [Obama pronuncia las palabras con orgullo y reverencia; la mano extendida hacia el público, para la admiración compartida de todo lo que Estados Unidos tiene que ofrecer.]
Me pusieron un nombre africano, Barack o «bendecido» [se lleva la mano al corazón], convencidos de que en una América tolerante [énfasis, junta los dedos de la mano derecha] el nombre no sería una barrera para triunfar. [Aplausos.] Aunque no eran ricos, imaginaron que iría a las mejores escuelas del país, porque en una América generosa no hay que ser rico [alza la palma de la mano hacia la multitud haciendo la señal de alto, como si quisiera desechar la idea de que la riqueza es precursora del éxito] para desarrollar tu potencial. [Aplausos.] Los dos han fallecido ya, pero sé que esta noche me están contemplando muy orgullosos.
Hoy estoy aquí, agradecido a la diversidad de mi herencia, consciente de que los sueños de mis padres viven en mis dos queridísimas hijas. [Su tono suena sincero.] Estoy aquí, sabiendo que mi historia es parte de la historia más grande de América [alarga una mano hacia la audiencia, como recurriendo a ella], que estoy en deuda con todos aquellos que me han precedido y que en ningún otro país de la Tierra es posible mi historia. [Junta los dedos cuando pronuncia esas palabras, con la voz henchida de orgullo. Hace una pausa cuando una parte de la audiencia estalla en una ovación.]
Esta noche nos reunimos aquí para afirmar la grandeza de nuestra nación, que no se debe a la altura de nuestros rascacielos, el poder de nuestro ejército, o la importancia de nuestra economía. Nuestro orgullo se basa en una premisa muy sencilla, resumida en una declaración efectuada hace más de doscientos años, «Sostenemos como evidentes estas verdades, [aumenta ligeramente el volumen de su voz, pronunciando con detenimiento estas palabras patrióticas y ahueca los dedos de la mano derecha en forma de C, moviéndolos frente a él como si colocara las palabras en el aire] que todos los hombres han sido creados iguales, [aplausos], que han sido dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables, entre los cuales están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad».
Éste [énfasis] es el verdadero genio de América, [aplausos], una fe en sueños sencillos, una insistencia en pequeños milagros. Que podamos arropar a nuestros hijos por la noche y saber que están alimentados, vestidos y a salvo de cualquier daño. Que podamos decir lo que pensamos, escribir lo que pensamos, sin oír que de repente llaman a la puerta. [Obama golpea el puño cerrado de la mano contra una puerta imaginaria.] Que podamos tener una idea y poner en marcha nuestro propio
negocio sin necesidad de pagar un soborno. Que podamos participar en el proceso político sin miedo al castigo, y que nuestros votos sean tenidos en cuenta, por lo menos la mayoría de las veces. [Su tono de voz cae a plomo y es desaprobatorio al hacer una referencia irónica a los resultados de las disputadas elecciones presidenciales de 2000. La audiencia reacciona con abucheos, compartiendo su desaprobación.]
Este año, en estas elecciones, estamos llamados a reafirmar nuestros valores y nuestros compromisos, a mantenerlos frente a una dura realidad y ver si estamos a la altura del legado de nuestros antepasados y de la promesa de generaciones futuras. Y, conciudadanos—demócratas, republicanos, independientes—yo os digo esta noche: tenemos más trabajo que hacer. [Obama resalta las palabras; su tono de voz emite esta declaración como un reto. Más aplausos.] Más que hacer por los trabajadores que he conocido en Gatesburg, Illinois, que están perdiendo sus puestos de trabajo en la fábrica de Maytag que se está trasladando a México, y que ahora tienen que competir con sus propios hijos por empleos que se pagan a siete dólares la hora [su tono de voz es de desaprobación]; más que hacer por el padre que conocí. Había perdido su empleo y contenía las lágrimas, preguntándose cómo podría pagar los 4.500 dólares mensuales en medicamentos que eran necesarios para su hijo sin las prestaciones sanitarias con las que contaba. [Su tono de voz transmite una gran empatía.] Más que hacer por la joven de Saint Louis, y los miles como ella, que tiene la capacidad, tiene el empuje y tiene la voluntad [pone énfasis en las palabras y sus breves pausas añaden fuerza al discurso], pero no disponen de dinero para ir a la universidad.
No me interpretéis mal. Las personas que he conocido en pequeños pueblos y grandes ciudades, en cafeterías y oficinas, no esperan que el gobierno resuelva todos sus problemas. Saben que tienen que esforzarse mucho para salir adelante, y están dispuestos a hacerlo. [Obama recalca las palabras mientras junta los dedos para realzar aún más lo que dice.] Id a las comarcas que rodean Chicago, y la gente os dirá que no quiere que ningún organismo asistencial ni el Pentágono [el aumento de volumen cuando pronuncia estas tres últimas palabras es una referencia negativa a la guerra de Irak, provocando la reacción de la audiencia] malgaste el dinero de sus impuestos. Id a un barrio marginado de cualquier ciudad y la gente os dirá que el gobierno, por sí solo, no puede hacer que los niños aprendan. Saben que los padres tienen que enseñar, que los niños no pueden progresar si no elevamos sus expectativas [gesticula hacia arriba como si estuviera levantando un listón] y apagamos el televisor y erradicamos la calumnia que dice que un joven negro con un libro es alguien que está representando el papel de un blanco. [Sacude su dedo índice como si regañara a alguien por creer esto.] Saben todo esto. [Aplausos entusiastas.] La gente no espera que el gobierno resuelva todos sus problemas. [Alza verticalmente la palma de
la mano hacia la audiencia, como si quisiera desechar dicha idea.] Pero perciben, en lo más profundo de su ser [levanta el puño abierto y golpea en el aire], que con sólo un ligero cambio de prioridades [mueve los dedos de su mano derecha como si estuviera girando ligeramente un botón de mando para hacer un ajuste] podríamos garantizar que todos los niños americanos tuvieran una buena base para iniciar su vida y que las puertas de las oportunidades quedasen abiertas para todos. Saben [junta los dedos, remarcando el énfasis que pone en sus palabras] que podemos hacerlo mejor [una breve pausa], y desean esta opción.
En estas elecciones, [Obama alza el dedo índice en el aire como si fuera un bastón] ofrecemos esa alternativa. Nuestro partido ha escogido para liderarnos a un hombre que encarna lo mejor que tiene que ofrecer este país. [Resuena el orgullo en su tono de voz.] Y ese hombre es John Kerry. [Su tono de voz es firme y resuelto. Aplausos.] John Kerry sabe cuáles son los ideales de comunidad, fe y servicio, porque ellos han definido su vida. [Junta los dedos para dar fuerza a cada una de las palabras.] Desde su heroica participación en Vietnam hasta sus años como fiscal y vicegobernador, pasando por dos décadas en el Senado de Estados Unidos, se ha entregado a este país. [Vuelve ambas palmas de las manos hacia arriba, como si ofreciera un presente, para subrayar la descripción de la dedicación y servicio de Kerry.] Una y otra vez, le hemos visto tomar decisiones difíciles cuando tenía otras más fáciles a su disposición. Sus valores y su trayectoria afirman lo que hay de mejor en nosotros. [Varía su tono de voz y aumenta el volumen.]
John Kerry cree en una América en la que se recompensa el esfuerzo. Así que en lugar de ofrecer deducciones fiscales a compañías que trasladan puestos de trabajo al extranjero [Obama mueve la mano hacia la derecha con desdén], las ofrece a compañías que los crean aquí. [Mueve ambas manos a la izquierda como si moviera un objeto a su verdadero lugar, para indicar cuanto más daría Kerry a la alternativa de mantener puestos de trabajo en Estados Unidos. Aplausos.]
John Kerry cree en una América donde todos [énfasis] los americanos puedan disfrutar de la misma cobertura sanitaria que nuestros políticos de Washington tienen para ellos. [Aplausos.] John Kerry cree en la independencia energética, para no ser rehenes de los beneficios de las compañías petrolíferas [Obama mueve la mano haciendo la señal de alto] ni de los sabotajes de pozos de petróleo extranjeros. [Aplausos.] John Kerry cree en las libertades constitucionales que han hecho de nuestro país la envidia del mundo, y nunca sacrificará nuestras libertades básicas ni utilizará la fe como cuña para dividirnos. [Pausa para los aplausos.] Y John Kerry cree que, en un mundo peligroso, la guerra debe ser a veces una alternativa [apunta al aire con su dedo índice, para dar a entender la importancia de lo que dice], pero nunca
debería ser la primera [énfasis] opción. [Aplausos.]
Hace algún tiempo conocí a un joven llamado Shamus en un local de veteranos de guerras en el extranjero de East Moline, Illinois. Era bien parecido, medía metro noventa aproximadamente, ojos claros y sonrisa fácil [la textura del tono de Obama es melancólica y transmite admiración]. Me contó que se había alistado en los marines y que partía para Irak la semana siguiente. Mientras le escuchaba explicar el motivo de su alistamiento, la fe absoluta que tenía en nuestro país y en sus dirigentes, su entrega al deber y servicio, pensé si ese joven no era sino todo lo que cualquiera de nosotros podría esperar de un hijo [pronuncia las palabras con tono afectuoso]. Pero luego me pregunté si estábamos sirviendo a Shamus tan bien como él nos estaba sirviendo a nosotros. Pensé en los más de 900 hombres y mujeres, hijos e hijas, maridos y esposas, amigos y vecinos que no volverían a sus lugares de residencia. Pensé en las familias que había conocido que luchaban por salir adelante sin los ingresos completos de uno de sus miembros, o en las familias cuyos seres queridos habían vuelto a casa mutilados o con los nervios destrozados y que, a pesar de ello, carecían de las prestaciones de asistencia sanitaria continuada porque eran reservistas. [Hay un tono de desaprobación en su voz. Aplausos.] Cuando enviamos a nuestros jóvenes al peligro, tenemos la solemne obligación [descansa la palma de la mano sobre su corazón] de no escatimar el dinero [eleva su mano haciendo la señal de alto] ni de atenuar la verdad acerca de la razón de su partida, de cuidar de sus familias mientras estén fuera [señala con el dedo índice, haciendo hincapié en la importancia de lo que dice], de atender a los soldados tras su regreso y de no ir nunca [pausa] jamás [aumenta mucho el volumen de su voz] a la guerra sin las suficientes tropas para poder ganarla, asegurar la paz y ganarse el respeto del mundo. [Recalca cada una de las palabras hasta llegar a un punto culminante. El público estalla en una ovación.]
Quiero ser claro. [Obama mueve su dedo índice por el aire.] Tenemos enemigos reales en todo el mundo. A esos enemigos hay que encontrarlos. [Junta los dedos. Una breve pausa imprime seriedad a las palabras.] Hay que perseguirlos [el gesto de su mano subraya la importancia de «perseguirlos»] y hay que derrotarlos. [Junta los dedos al pronunciar estas palabras, remarcando su importancia.] John Kerry lo sabe. Y del mismo modo que el teniente [énfasis] Kerry no dudó en arriesgar su vida para proteger a los hombres que servían con él en Vietnam, el presidente [énfasis] Kerry no dudará un solo instante [énfasis] en usar nuestra potencia militar para que América siga siendo un lugar seguro. John Kerry cree [énfasis] en América. Y sabe que no basta con que algunos de nosotros prosperemos. [Mueve su dedo índice por el aire.] Porque junto a nuestro famoso individualismo hay otro ingrediente en la epopeya americana. [Su tono de voz transmite un desafío más allá de las palabras.]
Una creencia a la que todos estamos conectados como un solo pueblo. [Su tono de voz está lleno de añoranza y orgullo patriótico.] Si hay un niño en el South Side de Chicago que no sabe leer, eso me importa [pone la mano sobre el pecho, subrayando la sinceridad de sus palabras], aunque no sea mi hijo. [Obama pronuncia las palabras con sinceridad y provoca los aplausos.] Si en alguna parte hay un anciano que no puede pagar los medicamentos que le han recetado y tiene que elegir entre los medicamentos y el alquiler, eso empobrece mi vida, aunque no sea mi abuelo. [Pone la mano tiernamente sobre el corazón y provoca más aplausos.] Si hay una familia de origen árabe que es detenida y no recibe la asistencia de un abogado ni el debido proceso [aumenta el volumen de su voz], eso amenaza mis [énfasis] libertades civiles. [Golpea suavemente el puño cerrado sobre su pecho, provocando una gran ovación de la audiencia. Hace una pausa mientras suenan los plausos.] Es esa creencia fundamental—soy el guardián de mi hermano [aumenta aún más el volumen, y su voz tiene un tono de justicia moral mientras mueve enérgicamente la mano en el aire], soy el guardián de mi hermana [vuelve a mover la mano enérgicamente en el aire, estableciendo contacto visual con la otra parte de la audiencia]—la que hace funcionar este país. [Aplausos.] Es la que nos permite ir en pos de nuestros sueños individuales y, sin embargo, estar unidos como una sola familia americana [su tono de voz se hace cada vez más reflexivo]. «E pluribus unum.» [Pronuncia con detenimiento cada palabra, ahueca los dedos de la mano derecha formando una C y los mueve como si colocara las palabras en el aire para que las vea la audiencia y hace una pausa efectista.] De muchos, uno. [Baja el tono de voz para poner énfasis en la traducción, ahueca los dedos de la mano izquierda formando una C y los mueve de nuevo como si colocara las palabras en el aire.]
Ahora mismo, mientras hablamos, se están preparando los que quieren dividirnos, los maestros de la manipulación y los vendedores de publicidad negativa con su política del todo vale. Bien, yo les digo esta noche, que no hay una América liberal [énfasis] y una América conservadora [aumenta el volumen y su tono de voz parece indicar que se burla de estos conceptos]. Hay unos Estados Unidos de América. [Obama pronuncia con detenimiento cada palabra—Es-ta-dos-U-ni-dos-de-A-mé-ri-ca— moviendo los dedos como si estuviera escribiendo en cursiva. Aplausos.] No hay una América negra [énfasis] y una América blanca [énfasis] y una América latina y una América asiática; hay unos Estados Unidos de América. [De nuevo, pronuncia las palabras con gran cuidado, dándoles un efecto dramático. Aplausos.] A los expertos les gusta diseccionar nuestro país en estados rojos y estados azules. [Su tono de voz expresa burla ante esta actividad.] Estados rojos para los republicanos, estados azules para los demócratas. Pero yo tengo una noticia para ellos, también. [Alza el dedo índice, como si riñera a los expertos.] En los estados azules adoramos a un Dios formidable [subraya las palabras, levantando las manos y aumentando el volumen de su voz, para dar a entender la grandeza de Dios] y en los estados rojos nos disgusta que
los agentes federales fisgoneen por las bibliotecas. [Aumenta el ritmo de forma espectacular, subrayando este punto. Aplausos.] En los estados azules entrenamos a los niños para la liga infantil de béisbol y, sí, en los estados rojos tenemos algunos amigos homosexuales. [Aplausos.] Hay patriotas que se opusieron a la guerra de Irak y hay patriotas que apoyaron la guerra de Irak. Somos un solo [énfasis] pueblo, todos nosotros [énfasis] prometemos lealtad a la bandera de barras y estrellas, todos nosotros [énfasis] defendemos [pausa] Estados Unidos de América. [Taladra las palabras —Es-ta-dos-U-ni-dos-de-A-mé-ri-ca—garabateándolas con sus dedos en el aire como si escribiera en cursiva. Aplausos. La audiencia, electrizada, empieza a corear «¡Obama!» «¡Obama!».]
En el fondo, de eso tratan estas elecciones. ¿Participamos en una política del cinismo, [su tono de voz cae a plomo, indicando desaprobación] o participamos en una política de esperanza? [Obama alza su tono de voz, que suena optimista y esperanzado. La multitud dice a voz en grito, «¡Esperanza!» como si participara en un ejercicio de «llamada y respuesta».] John Kerry nos hace un llamamiento a la esperanza. John Edwards nos hace un llamamiento a la esperanza. No hablo aquí de un optimismo ciego, la ignorancia casi premeditada que cree que el desempleo desaparecerá sólo con no pensar en él o que la crisis de la asistencia sanitaria se resolverá por sí misma sólo con ignorarla. No es eso de lo que estoy hablando. Estoy hablando de algo más importante. [Énfasis.] De la esperanza [énfasis] de los esclavos sentados alrededor del fuego cantando canciones de libertad; de la esperanza [énfasis] de unos emigrantes partiendo hacia costas remotas; de la esperanza [énfasis] de un joven teniente de navío patrullando valerosamente por el delta del Mekong; de la esperanza [énfasis] del hijo del obrero de una fábrica que se atreve a desafiar la adversidad; de la esperanza [énfasis] de un muchacho flaco [énfasis] con un nombre gracioso [golpea la palma de la mano contra el pecho, para indicar que está hablando de sí mismo] que cree que América tiene también un lugar para él. [Extiende las palmas de la mano abiertas hacia el público. La audiencia se desenfrena con la adulación; los aplausos se prolongan tanto que Obama añade dos frases mientras los vítores continúan.] La esperanza [énfasis] frente a las dificultades. [Sus palabras en un tono alto dan a entender su aprobación a la reacción del público presente.] La esperanza frente a la incertidumbre. [Mantiene elevado el volumen de su voz.] ¡La audacia de la esperanza! [Su volumen de voz se eleva].
En el fondo, ése es el mayor don que nos ha dado Dios, la base [énfasis] de esta nación; una creencia [énfasis] en cosas no vistas; una creencia [énfasis] en que hay mejores días por delante. [La pasión resuena en la voz de Obama.] Yo creo [énfasis] que podemos ayudar a nuestra clase media y proporcionar a nuestras familias trabajadoras un camino hacia las oportunidades. Yo creo [énfasis] que podemos
ofrecer empleos a los desempleados, casas a los sin casa y rescatar de la violencia y la desesperación a jóvenes de las ciudades de toda América. Yo creo [énfasis] que tenemos a popa un viento de rectitud y que, puesto que nos encontramos en la encrucijada de la historia, podemos tomar las decisiones correctas, y superar los retos que tenemos ante nosotros. ¡América! [énfasis.] ¡Esta noche! [La intensidad de su tono de voz, que va aumentando gradualmente, suena como un desafío.]
Si vosotros sentís la misma energía [énfasis] que yo, si sentís la misma urgencia [énfasis] que yo, si sentís la misma pasión [énfasis] que yo, si sentís la misma esperanza [énfasis] que yo, si hacemos lo que debemos hacer, entonces no tengo ninguna duda de que a lo largo de todo el país, desde Florida hasta Oregón [agita enérgicamente una mano en el aire], desde Washington hasta Maine [agita enérgicamente de nuevo una mano en el aire, la inflexión de su voz sube y baja para transmitir la amplitud geográfica, de costa a costa] la gente se alzará en noviembre y John Kerry jurará su cargo de presidente y John Edwards jurará su cargo de vicepresidente y este país rescatará su promesa y de esta prolongada oscuridad política nacerá un día más brillante.
Muchas gracias a todos. [Extiende su brazo hacia arriba en señal de despedida.] Dios os bendiga. [La vigorizada audiencia estalla en una ovación unánime y algunas personas corean «¡Obama! ¡Obama!».] [Énfasis incorporados.]
En este discurso de apertura de 2004, observamos la presencia de muchas de las destacadas prácticas de comunicación que han contribuido a hacer de Barack Obama uno de los oradores más convincentes de nuestra época. Los elogios de la gente y los medios de comunicación al discurso de apertura de Obama fueron inmediatos. «Uno de los mejores discursos que hemos oído en muchos, muchos años [...]. Es una persona con un gran futuro», declaró Wolf Blitzer. «Es bueno como él solo [...]. Éste es un hombre que habla no sólo para la base del Partido Demócrata sino para todo el país [...]. Fue genial», comentó el analista político Jef Greenfield. Durante los días siguientes, la prensa siguió elogiando el discurso como obra maestra de la oratoria. Muchas de las sobresalientes técnicas de comunicación que Obama empleó durante el discurso de apertura merecen ser subrayadas aquí.
Uso eficaz de la voz y el lenguaje corporal
Cuando pronunció el discurso de apertura de 2004, Barack Obama demostró un uso excelente del lenguaje corporal. Su modo de andar seguro, los hombros erguidos y rectos, y una postura de autoridad, llegaron a la audiencia, marcaron la
pauta, y abrieron un diálogo positivo con el público asistente. En resumen, Obama creó una primera impresión muy potente. La profundidad de su timbre de voz, su activo natural, acrecentó esta impresión positiva. El modo en que controló su voz— amplificándola cuando era apropiado, subiéndola media octava cuando era necesario, o dejándola caer a plomo para denotar desaprobación—daba fuerza a sus palabras y ayudaba a destacar los temas clave. La variación de la textura emocional de su tono de voz—nostálgico a veces, afectuoso otras, e indignado cuando era apropiado—dio también gran profundidad a sus palabras.
Los ademanes de Obama fueron igualmente eficaces: llamar a una puerta imaginaria con el puño cerrado, juntar los dedos, colocar palabras imaginarias en el aire, mantener la palma de la mano en señal de alto. Todos ellos se combinaron para aclarar y subrayar los puntos del discurso. Igualmente, la colocación de la mano sobre el corazón en momentos clave transmitía la sinceridad de sus palabras. Obama dio la impresión de ser auténtico. Sus gestos sirvieron de magistrales elementos de transmisión.
Establecer un terreno común
En el discurso de apertura, vimos también que Barack Obama se ocupó del «elefante en la sala o realidad ignorada», sus nada convencionales antecedentes, que él hábilmente describió como la quintaesencia de la historia de la emigración americana, el trabajo duro y el sueño americano. Obama intercaló referencias a su familia y a Pearl Harbor, al ejército de Patton, a una cadena de montaje de bombarderos americanos, a la Ley del Soldado, y la financiación de hipotecas por la Dirección Federal de la Vivienda, conectándose así con típicas experiencias de la historia de América. La mención de estas características distintivas americanas se convirtió en su credencial para afirmar que, a pesar de su nombre «exótico», él era como todos los demás americanos. Obama se colocó directamente dentro de la evolución de la historia, mostrando que tenía los mismos sueños que la mayoría de americanos.
Las palabras elegidas por Obama contribuyeron también a establecer un terreno común. América generosa. Faro de libertades y oportunidades. Fe en las posibilidades de este país. Este lenguaje tuvo eco en la audiencia e introdujo un sentimiento patriótico. De forma magistral, Obama intercaló también referencias a versículos bíblicos. Creencia en cosas no vistas. Soy el guardián de mi hermano. Soy el guardián de mi hermana. Alababa estas referencias como la «pura verdad». Las palabras y los principios de la Biblia llegaron a todos, por encima de divisiones de raza, clase social y partido político, ayudándole a conectar con la audiencia. Al
mismo tiempo, Obama demostró su talento cuando pasó sin esfuerzo de comentar verdades bíblicas y conectarlas con América, a identificar estas verdades con lo que él cree, creando la sensación de un continuo sólido. Con dichas técnicas, Obama derribó barreras y creó vínculos de forma efectiva.
Hablar de lo que interesa a la audiencia: ganarse los corazones
y las mentes de la gente
Obama demostró su capacidad para introducirse en el estado de ánimo general del grupo, fortaleciendo el impacto de sus palabras a través de los detalles y de la personalización del mensaje. Cuando hablaba del sentimiento general de muchos americanos que estaban cansados del viejo estilo de politiqueo, dijo, «No hay una América liberal y una América conservadora. Hay unos Estados Unidos de América». Como John F. Kennedy, Obama estableció una conexión significativa con el público.
Cuando Obama dio ejemplos concretos de americanos que se enfrentaban a los desafíos—como un padre que había perdido su empleo y necesitaba pagar los medicamentos de su hijo—estableció una conexión con la audiencia, demostrando que conocía a fondo las preocupaciones del americano medio y que podía identificarse con estos retos. Igualmente, cuando personalizó su mensaje, explicando su profunda convicción de que se debía ayudar a la clase media y a las familias trabajadoras, se ganó al público hablándoles directamente, casi íntimamente, y demostrando que las preocupaciones de la audiencia eran también las suyas.
Transmitir la visión a través de la personalización y de
palabras que tengan eco
En su discurso de apertura, Obama empleó una amplia gama de técnicas para transmitir su visión. Lenguaje gráfico, palabras simbólicas e ideas personalizadas estaban entre sus herramientas. Su lenguaje pintaba imágenes en las mentes de los oyentes: Descomponer nuestro país en partes... Somos un único pueblo, todos nosotros jurando lealtad a la bandera de barras y estrellas. Unió la noción de esperanza a las experiencias de esclavos e inmigrantes y personalizó el tema de la guerra de Irak a través de referencias a un soldado concreto—Shamus—cuya «sonrisa fácil» pudimos visualizar al instante. Todas ellas proporcionaron una comunicación rica y e diversas capas que transmitió las ideas y la visión de forma excelente.
Aclarar y subrayar el mensaje
Obama utilizó también una gama eficaz de técnicas retóricas cuando aclaraba y subrayaba los puntos básicos de su mensaje. La repetición fue una de las principales herramientas empleadas. Sus referencias reiteradas a la esperanza, con frases cuidadosamente elaboradas, subrayaban el tema. Igualmente, manifestar cinco veces en seis frases que «John Kerry cree» reforzaba la imagen que Obama quería remarcar. El uso habilidoso de la repetición por parte de Obama focalizó la atención en temas clave y los hizo más recordables.
Excelentes técnicas de persuasión
A lo largo del discurso de apertura de 2004 observamos también la presencia de una de las prácticas de persuasión que son características de Obama: el uso de la yuxtaposición para comparar y contrastar. Por ejemplo, la yuxtaposición le ayudó a concretar la importancia de los principios fundadores del país:
Esta noche nos reunimos aquí para afirmar la grandeza de nuestra nación, que no se debe a la altura de nuestros rascacielos, el poder de nuestro ejército, o la importancia de nuestra economía. Nuestro orgullo se basa en una premisa muy sencilla, resumida en una declaración efectuada hace más de doscientos años, «Sostenemos como evidentes estas verdades, que todos los hombres han sido creados iguales, que han sido dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables, entre los cuales están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad».
La utilización que hace de la yuxtaposición también le sirvió para concretar el argumento de que los americanos constituyen un solo pueblo y deberían avanzar hacia la unidad: «No hay una América liberal y una América conservadora. Hay unos Estados Unidos de América».
Aumentar gradualmente la intensidad y dejar una intensa
última impresión
Por último, poca gente podrá olvidar el extraordinario final del conmovedor discurso de apertura de 2004. Obama varió con habilidad el ritmo de sus palabras, haciendo hincapié en ciertas palabras en momentos clave y amplificando progresivamente su voz mientras aumentaba gradualmente la intensidad. Sabía cómo manejar la oleada de aplausos para que no le hiciera perder ímpetu. Una vez llegó al punto culminante, finalizó el discurso de forma apasionada, lanzando un
reto, una llamada a la acción: «¡Esta noche! si sentís la misma energía que yo, si sentís la misma urgencia que yo, si sentís la misma pasión que yo, si sentís la misma esperanza que yo, si hacemos lo que debemos hacer, entonces...».
Este potente final vigorizó aún más a la audiencia, dejando una fuerte última impresión.
Combinadas, estas prácticas de comunicación altamente eficaces permitieron a Obama pronunciar un discurso magistral que aceleró enormemente la trayectoria de su carrera política y le convirtió en una figura política nacional influyente. Ahondemos más en estas prácticas que han hecho de Barack Obama uno de los oradores más eminentes de los últimos tiempos.
i keynote address = discurso de apertura en una convención de partido que
2
Obtener credibilidad y confianza
Si usted aspira a ser un líder altamente eficaz, la gente tiene que confiar en su criterio y ética y tener seguridad en su capacidad de liderazgo, creyendo que usted es merecedor de autoridad. Si no hay credibilidad ni confianza, tampoco habrá nada más. Por tanto, la primera tarea de todo candidato a líder es ganarse la credibilidad y confianza de aquellos a quienes quiere liderar. Barack Obama la ha llevado a cabo con gran éxito, ganándose la credibilidad y confianza de la amplia y diversa gama de personas que componen su coalición: ciudadanos de a pie, políticos, grandes donantes, diseñadores de la política, miembros del establishment de los medios de comunicación. Él ha recurrido a esta credibilidad y confianza para aprovechar oportunidades clave y extender su influencia. Las prácticas de comunicación clave han ayudado a Obama en la consecución de su objetivo. Con la utilización de la comunicación como instrumento para obtener apoyos, Obama ha exhibido un gran carisma personal. Él actúa para dar una gran primera impresión y para potenciar excelentes segundas impresiones. Además, Obama utiliza ademanes efectivos, emplea los apoyos con habilidad, arranca con gran fuerza y transmite una ética digna de admiración. En este capítulo se exploran las prácticas que han permitido a Barack Obama ganarse la credibilidad y confianza de millones de seguidores, tanto en su país como en el extranjero.
El carisma de un líder
La mayoría de la gente dice que sabe lo que es carisma cuando lo ve: fuego en los ojos, pasión y dominio. Señalan, por ejemplo, a líderes políticos como Martin Luther King, Jr., Ronald Reagan, John F. Kennedy y Benazir Butto, así como a líderes populares como Oprah Winfrey. Líderes dinámicos que no tienen nada que ver con los que pronuncian rutinarios y monótonos discursos o con los apáticos oradores que no muestran entusiasmo por su tema.
Las palabras a las que a menudo se recurre para describir a Barack Obama— magnético, electrizante, vigorizante e inspirador—nos hablan de su carisma como líder. Obama tiene un estilo y una forma de presentar que le permiten ganarse la confianza de quienes le escuchan, inspirarlos y moverlos a actuar. Obama se las arregla para cautivar a las audiencias. Desde el momento en que se dirige al estrado para situarse frente a la audiencia, con su modo de andar seguro, la gente ve en él una combinación de pasión y autoridad. Transmite carisma a través de múltiples atributos no verbales—la sonrisa amplia y brillante, la chispa de
seguridad en sus ojos—, su voz resonante y un movimiento del cuerpo que indica autoridad. Parte del carisma de Obama es su capacidad para transmitir de forma eficaz entusiasmo. Suele mostrarse estrechamente unido a las cosas de las que habla, se preocupa a fondo de los temas y le entusiasma compartir. Su entusiasmo da energía a la gente joven y a la gente mayor.
Tan importante como el carisma tal vez sea la capacidad para utilizarlo y proporcionar una gran primera impresión. Las primeras impresiones son duraderas. Este trillado dicho es cierto. En su rápido ascenso, desde la oscuridad al remache del nombramiento de 2008 como candidato demócrata a la presidencia del país, Barack Obama ha desarrollado una capacidad formidable para establecer una primera gran impresión.
Crear una profunda primera impresión.
Imagen y lenguaje corporal
La primera impresión es un momento decisivo, de importancia crucial. Cuando una persona aparece por primera vez ante los ojos de otra, ésta se forma una opinión. Incluso antes de que se pronuncie una sola palabra, se ha abierto un diálogo y se ha comunicado a través de la imagen y el lenguaje corporal. La profunda primera impresión creada por Barack Obama nos recuerda que el movimiento del cuerpo y la imagen comunican a la audiencia un lenguaje tan potente como cualquier otro mensaje dicho en voz muy alta.
De hecho, una coach de ejecutivos extraordinariamente influyente y autora del libro CEO Material, D. A. Benton, solicitó en una ocasión a un grupo de jóvenes líderes de McKinsey & Company que se imaginaran lo que harían si quisieran hacer creer a la gente que estuviera a su alrededor que eran ciegos. Les instó a que consideraran qué aspecto tendrían y cómo intentarían actuar. Tal vez se pondrían gafas oscuras y llevarían consigo un bastón blanco que utilizarían para ayudarse al caminar. Podrían andar despacio o titubeando, mostrando una cierta inseguridad con respecto al camino que tuvieran por delante. Incluso podrían conseguir un perro que les guiara por la calles. En resumen, vestirían el papel, lo representarían y se harían con los apoyos necesarios. Luego, les pidió el mismo ejercicio de imaginación si buscaran proyectarse como líderes.
El ejercicio fue útil. Las personas cuyo objetivo es presentarse como líderes deberían vestir el papel, representarlo y reunir a su alrededor los apoyos necesarios. Esto es así porque—sin proferir una sola palabra—a través de las primeras impresiones se inicia un diálogo y se sientan bases importantes para
imponer autoridad, obtener confianza y ejercer un liderazgo efectivo.
Barack Obama posee una gran habilidad para ofrecer una excelente primera impresión. El contacto visual que establece desde el principio con sus audiencias, extendiendo el brazo hacia ellas con gesto seguro, estrechando la distancia física que hay entre él y el público, caracteriza el principio de una especie de conversación bidireccional, que provoca entre los miembros de la audiencia la reacción de incorporarse y disponerse a escuchar.
El contacto visual apropiado también le ha sido útil a Obama. Al igual que Bill Clinton, es percibido como alguien que nunca vacila en establecer un firme contacto visual. El contacto con los miembros del público le ayuda a hacerlo mejor y a sentirse activado, y no presionado, por ellos. Cuando Obama habla, dirige su mirada hacia un lado de la sala, a veces con una ligera inclinación de la cabeza en dicha dirección, y luego hacia el otro lado. Va variando la mirada a lo largo de las charlas y lo hace de modo tan natural y suave, que involucra a los oyentes y capta a fondo su atención. Las audiencias perciben esto como un acto de respeto, el comportamiento de una persona que les da la bienvenida. También lo interpretan como un acto de confianza, el comportamiento de una persona que quiere mirarles a los ojos. Estas buenas primeras impresiones perduran.
La confianza mostrada por la palmada en la espalda de saludo que Obama da a algunas personas que le presentan es también un acto inicial que indica que se siente cómodo. Se siente a gusto. Al mostrarse ante las audiencias con los pies bien aposentados en el suelo y los hombros rectos y erguidos, el mensaje es de seguridad y autoridad. Cuando hay un atril, suele colocar ambas manos a los lados del mismo, haciéndose con su control. Es evidente que el atril no es una muleta, ni tampoco Obama permitiría que fuera un obstáculo entre él y la audiencia.
Imaginemos que, en lugar de mostrar tanta seguridad, Obama se hubiera dirigido al estrado de la convención de 2004 con la barbilla hacia abajo, un andar vacilante y hubiera saludado levemente de forma avergonzada. Qué imagen tan radicalmente distinta habría transmitido. A diferencia de ello, los líderes que caminan de forma decidida, extienden su brazo y saludan con seguridad, establecen una imagen de mayor autoridad y ensanchan su presencia. Es mejor arrancar con un comienzo potente y evitar la situación en que hay que esforzarse para reparar el daño causado por una pobre primera impresión. Los grandes comunicadores cuidan y utilizan la imagen y el lenguaje corporal para que ejerzan un impacto altamente positivo.
Potenciar la segunda impresión. Voz y entonación
Otro medio importante de ganar credibilidad y confianza puede observarse en un uso eficaz de la voz y la entonación. Después de que aparezca el líder con aire de autoridad y seguridad, rezumando el carisma de líder ¿entonces qué? La voz y la entonación desempeñan aquí un papel; ambas son herramientas importantes para aumentar la efectividad de la comunicación.
Voz
Una de las dimensiones de la voz que crea una impresión inmediata es su calidad: su inflexión y resonancia natural. El imponente tono de barítono de Barack Obama es un don natural. Suena agradable a los oídos y denota una gran autoridad. Para la mayoría de oradores, la calidad natural del tono de voz puede mejorarse con la práctica y mediante la utilización de técnicas de voz.
Más allá de la calidad natural del tono de voz, la forma precisa en que los líderes emplean sus voces se convierte en algo importante para formarse una impresión sobre ellos y, en última instancia, para el nivel de efectividad de un discurso. Hay múltiples dimensiones de la comunicación verbal que van más allá de las palabras concretas que se pronuncien. El modo en que se pronuncian las palabras puede transformar un recitado insípido en un discurso con fuerza. Las herramientas del orador habilidoso incluyen volumen, tono, textura, ritmo e inflexión. Una voz y entonación efectivas pueden conmover a la gente, hacer más memorables las palabras y lograr que, en conjunto, la comunicación sea más eficaz. Las charlas que se comunican con fuerza pueden provocar reacciones del tipo, «Algo tiró dentro de mí». Barack Obama consigue este tipo de impacto a través de un uso competente de la voz y la entonación, lo cual refuerza la enjundia de sus mensajes.
Volumen
Barack Obama ha demostrado la fuerza que tiene incrementar el volumen de voz en momentos clave. Utiliza el volumen para aumentar la emoción a medida que la audiencia se solidariza con sus opiniones. Sabe cómo subrayar las palabras importantes en los momentos apropiados, dándoles un sentido categórico. Aumenta el volumen cuando aumenta la intensidad de forma gradual, hasta llegar al clímax de su charla, cuando subraya los mensajes clave. Del mismo modo que pone fuerza en el volumen cuando se trata de animar a la multitud, sabe también cómo ir apagando la voz cuando habla de algo que desaprueba. Aumentar y