Otra práctica a la que recurre Obama cuando finaliza sus charlas «con fuerza» es la de atraer la atención hacia los éxitos y establecer una sensación de ímpetu, además de crear una sensación de importancia y urgencia de las futuras acciones a realizar. Emplea un lenguaje que se añade a la sensación de que hay mucho en juego y que lo que haga cada uno de los oyentes es importante. Veamos este extracto, en el que el lenguaje empleado crea una sensación de urgencia:
No me presenté a la presidencia para hacer realidad alguna vieja ambición ni porque creyera que era algo a lo que tenía derecho. Decidí presentarme a estas elecciones—en este momento—a causa de lo que el Dr. King llamó «la urgencia intensa del momento». Porque nos encontramos en un momento decisivo de nuestra historia. Nuestro país está en guerra. Nuestro planeta está en peligro. Nuestro sistema de asistencia sanitaria está roto, nuestra economía está desequilibrada, nuestro sistema educativo es un fracaso para muchos de nuestros
niños, y nuestro sistema de jubilación está hecho jirones.
En este momento decisivo, ya no podemos esperar más para tener un sistema de atención sanitaria universal. No podemos esperar para que se reparen nuestras escuelas. No podemos esperar para tener buenos empleos y salarios dignos y pensiones con las que podamos contar. No podemos esperar para detener el calentamiento global, ni podemos esperar para poner fin a esta guerra en Irak.iii
Veamos este otro ejemplo, en el que Obama atrae la atención hacia hechos que demuestran ímpetu:
Podemos cambiar las matemáticas electorales que siempre se han referido a dividir y hacer que traten de sumar, de crear una coalición para el cambio y progreso que se extienda por los estados rojos y los estados azules. Así es como yo gané en algunos de los distritos electorales más rojos, más republicanos de Illinois. Ésa es la razón de que las encuestas muestren unos mejores resultados para mí que para los republicanos que se presentan a la presidencia, porque estamos atrayendo más apoyo de independientes y de republicanos que cualquier otro candidato. Así es como ganaremos en noviembre, y así es como cambiaremos este país a lo largo de los próximos cuatro años.iv
El ejemplo que sigue a continuación es aún más explícito en señalar los logros concretos que ejemplifican un ímpetu creciente. Con ello, se consigue el efecto de convencer a los oyentes de que pueden ayudar a mantener el ímpetu y que sus esfuerzos tienen importancia:
Hace ya un año que empezamos esta campaña para la presidencia en los escalones del viejo Capitolio estatal en Springfield, Illinois, tan sólo yo y 15.000 de mis amigos más cercanos.
En aquel momento, no fueron muchos los que se imaginaron que estaríamos hoy aquí. Sabía que no seríamos el candidato favorito de Washington. Sabía que no conseguiríamos todos los grandes donantes ni respaldos de forma inmediata. Sabía que sería el más débil en cada contienda que tuviera lugar de enero a junio. Sabía que no sería fácil.
Pero entonces, algo empezó a suceder. Cuando conocíamos a la gente en sus salas de estar y en sus granjas; en iglesias y en reuniones en los ayuntamientos, todos nos empezaban a contar una historia parecida sobre el estado actual de nuestra política. Jóvenes o viejos; blancos o negros; latinos o asiáticos; demócratas,
independientes, o incluso republicanos, el mensaje siempre era el mismo:
«Estamos cansados de que nuestros políticos nos decepcionen. Estamos cansados de ser defraudados. Estamos cansados de escuchar las promesas que se hacen y los planes de diez puntos que se proponen en el fragor de una campaña para ver luego que nada cambia cuando todos regresan a Washington. Porque los grupos de presión extienden otro cheque. O porque los políticos empiezan a preocuparse de cómo vencerán en las próximas elecciones en lugar de preocuparse de por qué deberían ganarlas. O porque se centran en quién está arriba y quién está abajo en lugar de hacerlo en quien importa».
Y mientras Washington se consume en el mismo drama y las mismas divisiones y distracciones, una familia más pone el cartel de «en venta» en la parte delantera del patio de su casa. Una fábrica más cierra sus puertas para siempre. Una madre más se declara insolvente porque no puede pagar las facturas médicas de su hijo.
Y un soldado más se despide cuando se marcha para otro ciclo de servicio en una guerra que jamás debió ser autorizada y que jamás debió ser emprendida. Sigue y sigue y sigue, año tras año tras año.
Pero en estas elecciones—en este momento—los americanos se han levantado por todo el país para decir, esta vez, no. Este año, no. Hay mucho en juego y los desafíos son demasiado importantes para jugar el mismo juego de Washington con los mismos jugadores de Washington y esperar que se produzca un resultado diferente. Y hoy, se han levantado los votantes, desde la Costa Oeste hasta la Costa del Golfo, para decir que es el momento de pasar página. Hemos ganado en Luisiana y Nebraska, y en el estado de Washington, y estoy convencido de que podemos ganar en Virginia el martes si vosotros estáis preparados para apoyar el cambio.v
Cuando se analiza el extracto anterior, las palabras concretas empleadas ayudan a que el lenguaje sea especialmente eficaz. Cuando Obama dice, «Entonces, algo empezó a suceder», atrae la atención hacia el cambio y el ímpetu. Cuando se refiere a «salas de estar», «iglesias» y «reuniones en los ayuntamientos», ilustra la amplitud del creciente apoyo recibido. Igualmente, cuando habla acerca del apoyo de jóvenes, viejos, negros, blancos, latinos, asiáticos, demócratas, independientes y republicanos, está reforzando el concepto de que los niveles de apoyo son amplios y en crecimiento. Al señalar las victorias logradas en Luisiana, Nebraska y Washington, ayuda a mostrar que «las cosas marchan». Cuando hace hincapié en el
estado de ánimo—«esta vez, no»—e indica que «hay mucho en juego» contribuye a subrayar la urgencia e importancia de eventos y posibles acciones.
Veamos a continuación otro ejemplo en el que Obama construye una sensación de ímpetu y urgencia. En él, utiliza hábilmente la repetición para ayudar a crear esta sensación:
Hace unas semanas, nadie imaginaba que lograríamos lo que hemos hecho esta noche. Durante la mayor parte de esta campaña, hemos ido muy por detrás, y siempre supimos que el camino sería empinado.
Pero con una participación extraordinaria, habéis salido y habéis hablado a favor de un cambio. Y con vuestras voces y vuestros votos, habéis dejado claro que en este momento—en estas elecciones—algo está sucediendo en América.
Algo está sucediendo cuando hombres y mujeres de Des Moines y Davenport, de Lebanon y Concord han salido a la calle en enero, con nieve, para hacer colas que se extendían calle tras calle, porque creen en lo que puede ser este país.
Algo está sucediendo cuando americanos jóvenes en edad y en espíritu, que nunca habían participado en política, aparecen en cantidades que nunca habíamos visto porque saben de verdad que esta vez debe ser diferente.
Algo está sucediendo cuando las personas no votan por el partido al que pertenecen sino por las esperanzas que albergan en común. Y tanto si somos ricos o pobres, negros o blancos, latinos o asiáticos, de Iowa o New Hampshire, de Nevada o Carolina del Sur, estamos preparados para llevar este país en una dirección completamente nueva. Eso es lo que está sucediendo en América ahora mismo. Lo que está sucediendo en América es el cambio.
Podéis ser la nueva mayoría que saque a este país de una prolongada oscuridad política. Demócratas, independientes y republicanos que están cansados de las divisiones y distracciones que han enturbiado Washington; que saben que podemos estar en desacuerdo sin ser desagradables; que saben que si movilizamos nuestras voces para desafiar al dinero y las influencias que se interponen en nuestro camino y nos desafiamos a nosotros mismos a conseguir algo mejor, no habrá problema que no podamos resolver, ni destino que no podamos alcanzar.vi
[Énfasis añadidos.]