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Empezar con fuerza

In document Leane Shel - Hablar Como Obama (página 37-39)

Otra práctica de comunicación que ayuda a Barack Obama a ganar credibilidad y confianza es su capacidad para arrancar «con fuerza». Con ello, quiero decir, que empieza a hablar de un modo que conecta con el estado de ánimo general, aligera cualquier tensión y concentra la atención. Hay muchas formas de comenzar con fuerza: una cita conmovedora, una anécdota gráfica, un chiste desenfadado, una declaración directa sobre el tema de la discusión, pueden servir de ejemplos.

Dada su coherencia con los comienzos intensos, Obama parece plenamente consciente de que si los líderes empiezan sus charlas de forma débil, después tendrán que dedicar mucho tiempo a la recuperación, tratando de convencer a la gente de que los tenga en cuenta de nuevo. En la práctica, su lema podría definirse como «Arranca con el pie derecho». Los logros de Obama testimonian el impacto positivo de captar la atención de entrada y conducir a la audiencia a centrarse en los temas más importantes. Veamos, por ejemplo, el triunfo de Obama en las primarias de Carolina del Norte, cuando utilizó sus primeras palabras para atraer la atención al ímpetu de su campaña. Manifestaba:

Algunos de vosotros decíais que Carolina del Norte cambiaría las reglas en esta elección. Pero hoy, lo que Carolina del Norte ha decidido es que las únicas reglas que hay que cambiar son las de Washington, DC.

Quiero empezar felicitando a la senadora Clinton por su victoria en el estado de Indiana. Y quiero dar las gracias a la gente de Carolina del Norte por darnos la victoria en un gran estado, un estado oscilante, y un estado en el que competiremos para ganar si yo soy el candidato a la presidencia de Estados Unidos por el Partido Demócrata.

Cuando esta campaña comenzó, Washington no nos concedía muchas posibilidades. Pero, gracias a que salisteis a la calle haciendo frente al frío, llamasteis a las puertas e incorporasteis a vuestros amigos y vecinos a la causa; gracias a que os mantuvisteis firmes frente a los cínicos, los escépticos y los negativos tanto en los buenos como en los malos momentos; gracias a que todavía creéis que éste es nuestro momento y nuestra hora para el cambio, esta noche estamos a menos de doscientos delegados de obtener la nominación del Partido

Demócrata para la presidencia de Estados Unidos.ii

Incluso en la derrota, Obama selecciona cuidadosamente las palabras de apertura. Veamos, por ejemplo, las observaciones que siguieron a la pérdida de las primarias de Pensilvania. Convirtió esta derrota en una victoria argumentando que había reducido diferencias;

Quiero empezar esta noche felicitando a la senadora Clinton por su victoria, y quiero dar las gracias a los cientos de miles de ciudadanos de Pensilvania que estuvieron hoy con nuestra campaña.

Había muchas personas que no pensaron que la carrera sería tan apretada cuando comenzó. Pero trabajamos a fondo y viajamos por todo el estado a grandes ciudades y a pequeños pueblos, a plantas industriales y a los locales de veteranos de guerra. Y ahora, seis semanas después, hemos cerrado la brecha. Hemos incorporado a nuestra causa a gente de todas las edades, razas y condiciones sociales. Tanto si se sintieron motivadas por primera vez o por primera vez en mucho tiempo, lo cierto es que hemos registrado una cifra record de votantes que llevarán a nuestro partido a la victoria en noviembre.iii

Obama es tan consciente de la importancia de comenzar con fuerza que, cuando se ve enfrentado a situaciones delicadas de forma inesperada, se asegura de reajustar el tono de la conversación antes de proceder con los comentarios. Un claro ejemplo de lo que decimos ocurrió en diciembre de 2006, cuando Barack Obama se presentó ante un grupo de 2.000 feligreses cristianos en una conferencia sobre sida celebrada en la iglesia de Saddleback, en el sur de California. Otro de los políticos que participaba en el mismo acto, el senador Sam Brownback, habló unos minutos antes de hacerlo Obama. De pie en el podio de la iglesia, el senador Brownback inició su parlamento, dirigido a una audiencia básicamente de origen caucásico, mencionando que él y el senador Obama se habían dirigido recientemente a la Asociación Nacional para el Progreso de la Gente de Color (National Association for the Advancement of Colored People, NAACP) y que, «fueron muy corteses conmigo, pero creo que en el fondo se preguntaban “¿Quién es este tipo de Kansas?”» Brownback se quejó de que, en cambio, la NAACP y su audiencia habían tratado a Obama como una estrella de rock, como dando a entender que la diferencia de trato era a causa de la raza. Se volvió hacia Obama, sentado tras él, y bromeó respecto a que ahora los papeles estaban cambiados, diciendo, «Bienvenido a mi casa».

asistentes. ¡Barack Obama es cristiano y estábamos en una iglesia! El comentario de Brownback, correcto o equivocado, parecía lleno de carga racial; sugería que, aunque Obama era cristiano, la iglesia no era su casa porque la mayoría del público asistente era de raza blanca. Es muy posible argüir que Brownback no pretendía, de hecho, darle este significado y se refería solamente a la inclinación conservadora de la audiencia o bien que se expresó de forma inapropiada. Pero, lo cierto es que las palabras fueron muy insultantes y colocaron al senador Obama en una posición muy embarazosa.

Cuando Brownback terminó su discurso minutos después y Obama se dirigió al atril, muchas personas del público parecían contener la respiración, preguntándose si Obama abordaría el insulto. No era ningún secreto que algunos evangélicos aislados se habían sentido molestos al saber que Obama participaría en el acto y habían intentado que se le retirara la invitación. Obama empezó su intervención ofreciendo los saludos de su Iglesia, remarcando con mucha intencionalidad que él era cristiano. Luego procedió a dar más y más cumplidos a Brownback. Que yo recuerde, Obama habló de que era un honor colaborar con el senador Brownback en tantos temas importantes y elogió la capacidad de liderazgo de éste. Habló de él largo y tendido, un comienzo verdaderamente cortés a la luz del insulto que acababa de recibir.

A continuación, Obama hizo algo auténticamente brillante. Antes de proceder a iniciar su discurso, aprovechó la oportunidad—después de haberse colocado en un plano de superioridad moral al haber rehusado defenderse de forma directa y rotunda—para dirigirse al senador Brownback, que estaba sentado detrás del podio de la iglesia. Obama sonrió y dijo, «Hay una cosa que tengo que decirte Sam, ¡Ésta es mi casa, también! Ésta es la casa de Dios».

La multitud prorrumpió en aplausos. «¡Sólo quería dejar las cosas claras!», decía Obama, envuelto por una ola de apoyo. Obama había dejado las cosas perfectamente claras. Si no lo hubiera hecho, habría comenzado «débil» y habría avanzado en una posición extraordinariamente comprometida, que podía haber infravalorado su discurso. En cambio, rehízo el diálogo con éxito y prosiguió con una charla que fue muy bien recibida por el público.

Comunicar una ética digna de admiración.

In document Leane Shel - Hablar Como Obama (página 37-39)