El énfasis que pone Obama en los sueños comunes—en especial el sueño americano—y en los valores compartidos, le ha hecho ganar las simpatías de millones de americanos. Cuando le es posible, Obama hace hincapié también en la historia compartida como medio de identificarse con sus audiencias. Reflexione sobre este ejemplo:
Soy el hijo de un hombre de color de Kenia y de una mujer blanca de Kansas. Me crié con la ayuda de un abuelo blanco que sobrevivió a la Depresión y luego sirvió en el ejército de Patton durante la Segunda Guerra Mundial y de una abuela blanca que trabajó en una cadena de montaje de bombarderos en Fort Leavenworth mientras él estaba en el extranjero. He ido a algunas de las mejores escuelas de América y he vivido en uno de los países más pobres del mundo. Estoy casado con una mujer americana de color que lleva sangre de esclavos y de propietarios de esclavos, una herencia que transmitimos a nuestras dos queridas hijas. Tengo hermanos, hermanas, sobrinas, sobrinos, tíos y primas de todas las razas y colores repartidos por tres continentes y, mientras viva, nunca olvidaré que mi historia no habría sido siquiera posible en ningún otro país de la Tierra.
Es una historia que no ha hecho de mí el candidato más convencional. Pero es una historia que ha impreso en mis genes la idea de que esta nación es algo más que la suma de sus partes, que a partir de muchos, somos verdaderamente uno.xi [Énfasis
Aunque Obama reconoce que su padre era keniano, formula la historia de éste como una historia de inmigrantes típicamente americana caracterizada por la enorme esperanza de un mejor futuro, educación, esfuerzo y la consecución del sueño americano. Las referencias de Obama a la historia compartida—la Depresión, el ejército de Patton y la Segunda Guerra Mundial, y la cadena de montaje de bombarderos en Fort Leavenworth—le ayudan a hacerlo de forma convincente. Estas referencias históricas familiares ayudan a Obama a posicionarse «como cualquier otro americano». Aleja eficazmente la conversación de su «gracioso» nombre y su heterodoxa educación y la dirige hacia los muchos lazos que unen. Con ello, Obama se proyecta firmemente como una parte del «nosotros», una parte del mismo equipo de la mayoría de americanos que se esfuerza por lograr los mismos objetivos.
Veamos otro ejemplo, en el que los detalles concretos que Obama aporta, ayudan a crear conexiones con una audiencia diversa:
Lo que aprendí mucho más tarde es que parte de lo que hizo posible que mi padre viniera a Estados Unidos se debió al esfuerzo realizado por el joven senador por Massachusetts de aquella época, John F. Kennedy, y a una beca de la Fundación Kennedy que ayudaba a los estudiantes de Kenia a pagarse el viaje. Así pues, es en parte gracias a su generosidad que mi padre llegó a este país, y porque así lo hizo yo estoy hoy frente a vosotros, inspirado por el pasado de América, lleno de esperanza en el futuro de América y determinado a poner algo de mi parte en la redacción de nuestro próximo gran capítulo.xii
En estos comentarios, Obama elige perfectamente los detalles para vincularse firmemente con el público americano; se refiere a una de las más famosas familias políticas de América, conecta con los sentimientos patrióticos cuando se refiere a la «generosidad» de un americano, y se muestra a sí mismo como «inspirado por el pasado de América» a la vez que representante de su futuro.
Igualmente, Obama atrajo la atención hacia la historia compartida como medio de crear vínculos con la audiencia en el acto de respaldo de Kennedy a su candidatura, celebrado en Washington, DC, en enero de 2008. Comentaba:
Para mí, hoy no es sólo política, sino algo personal. Era muy pequeño para poder acordarme de John F. Kennedy, y sólo era un niño cuando Robert Kennedy inició su campaña presidencial. Pero en las historias que escuché cuando crecía, observé que mi madre y mis abuelos hablaban de ellos y de esa época de la vida de
nuestro país como de una época de grandes esperanzas y logros. Y yo creo que mi propia sensación de lo que es posible en este país procede en parte de lo que dijeron que era América en los días de John y Robert Kennedy.
Yo creo que eso es cierto para millones de americanos. Lo he visto en las oficinas de esta ciudad donde cuelgan de sus paredes retratos de John y Robert Kennedy o donde se encuentran en sus estanterías montones de sus discursos. Y lo he visto en mis viajes por todo el país. No importa adónde vaya o a quién hable, algo sí puedo decir con total seguridad: el sueño nunca ha muerto.
El sueño vive entre los viejos que conocí, quienes recuerdan lo que América fue una vez y saben lo que puede volver a ser otra vez. Vive en los jóvenes que sólo han visto a John y Robert Kennedy por televisión, pero que están preparados para responder a su llamada.
Vive en aquellos americanos que rechazan ser disuadidos por la magnitud de los retos a que nos enfrentamos, que saben, como dijo el presidente Kennedy en esta universidad, que «ningún problema del destino humano está más allá de los seres humanos».
Y vive en aquellos americanos—jóvenes y viejos, ricos y pobres, negros y blancos, latinos y asiáticos—que están cansados de unas políticas que nos dividen y que quieren recuperar el objetivo de propósito común que tenían cuando John Kennedy era presidente.
Éste es el sueño que albergamos en nuestros corazones. Éste es el tipo de liderazgo que necesitamos en este país. Y ése es el tipo de liderazgo que yo intento ofrecer como presidente.xiii [Énfasis indicados.]
Los temas familiares descritos más arriba han posibilitado que Obama derribe barreras y cree lazos de unión. Para obtener apoyo político ha desechado las divisiones tradicionales y en su lugar ha sentado otras bases para la unión— valores compartidos e historia compartida—que le han permitido motivar a una cantidad de personas que no tiene precedentes.