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GUSTAVO CISNEROS

Una falacia global

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Gustavo Cisneros

Una falacia global

José Sant Roz.

Primera edición, 2004.

Diseño de Portada Ever Delgado.

Diagramación y Diseño: Andrés Rodríguez. Revisión: Juan Carlos Delgado.

IMPRESIÓN – Editorial Caldera del Diablo. Mérida Venezuela -2004.

HECHO EL DEPÓSITO DE LEY

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José Sant Roz

GUSTAVO CISNEROS

Una falacia global

Con prólogo de:

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Me veo además, obligado a escribir este

libro, como un juicio histórico a los

crímenes cometidos por Venevisión

Venevisión

Venevisión

Venevisión

Venevisión los

días 11, 12 y 13 de abril de 2002, y

durante el paro petrolero que se inicio el

2 de diciembre de 2002, y duró tres

meses; y por muchos otros, como

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Dedicado a mi querido amigo

Giandoménico Puliti , asesinado en

Mérida por los sicarios del imperio

norteamericano.

Con especial reconocimiento a los profesores Carlos Joa, Teresa de Sanz, al doctor Juan Carlos Villegas, a la doctora María Teresa Vielma, al consecuente amigo Humberto Martínez y a ese gran pueblo venezolano que no se dejó montar por las Jineteras.

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José Sant Roz

GUSTAVO CISNEROS

Una falacia global

CON RÉPLICA AL LACAYO CARLOS FUENTES

-EDICIONES PUEBLO SOBERANO

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Índice

CONSECUENCIAS DE LA CONSPIRACIÓN… 17

GUERRA AVISADA SÍ MATA SOLDADO… 45

DIEGO CISNEROS… 69

LOS CAGA LECHES DE LA DERECHA… 82 GOLPES BAJOS Y PARALELOS… 160

EL MEDIO ES EL CRIMEN… 109

EL PLANETA EN UN CAJÓN… 128

CAE LA DICTADURA… 139

EL NACIMIENTO DE VENEVISIÓN… 150

EL «GRAN MAESTRO»… 165 BETANCOURT – ROCKELLER-CISNEROS… 185 MALCRIADO E INNOMBRABLE… 198

LOS GANSTERS DEL ART DEALER… NEGOCIO Y PODER... 204

EL MENEN VENEZOLANO… 221 SEÑOR DE MEDIA VENEZUELA… 236

MANUAL PARA JALARLE A CISNEROS… 249 CARLOS FUENTES, EL MORISQUETERO… 267 PRÓLOGOS A LA MEDIDA DEL AMO… 266 LA SANTA ALIANZA GLOBAL… 283

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«Antier hablé con el señor Kofi Annan, secretario

general de las Naciones Unidas... y me pidió que le

explicara la situación. Yo le dije, aquí lo que hay es

un grupo de terroristas, señor Kofi Annan, aquí no

hay una lucha democrática, no, aquí estamos

nosotros, los hombres y las mujeres de la democracia

luchando contra una partida de terroristas y de

golpistas y de fascistas Y le dije, además de eso le

dije, por allá por Naciones Unidas, muy cerca de las

instancias máximas, anda uno de ellos, anda un

fascista, anda un golpista, que es dueño de una

televisora aquí en Venezuela, que se llama Gustavo

Cisneros. Ése es uno de los más grandes responsables

de lo que está pasando en Venezuela, y yo lo acuso

ante el pueblo y ante el mundo por golpista y por

fascista».

Hugo Chávez Frías en su «Aló Presidente» del domingo 10 de enero del 2003.

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Presidentes arrodillados ante el poder económico

Presidentes arrodillados ante el poder económico

Presidentes arrodillados ante el poder económico

Presidentes arrodillados ante el poder económico

Presidentes arrodillados ante el poder económico

Betancourt se arrodilla Betancourt y CAP con Diego

Sofia Imbert, entrega cuentas Wolfang se inclina

GUSTAVO Y RICARDO El Expedito en Altamira

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LOS LACAYOS

Jovito Villalba Caldera y Betancourt

Petkoff, Martín y CAP Carlos Fuentes, miserable cipayo

Miguel Otero Silva Pompeyo Márquez

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CONSECUENCIAS DE LA CONSPIRACIÓN

El 8 de mayo de 2004, cuando mataron a Giandoménico Puliti de un tiro en la cabeza, la gente pensó en el libro «Obispos o demonios». Se desató una gran ira en el pueblo, corrieron mensajes y «mariposas» heridas por las calles denunciando a sicarios y a paramilitares, y hubo quienes dijeron: «Ahora van por Sant Roz». Ese día 8 de mayo, Giandoménico estaba invitado a un programa de televisión para hablar de «Obispos o demonios» y me pidió que lo acompañara a Tovar. Como ya no le quedaba un ejemplar de este libro, yo le facilité uno al entrevistador Néstor Sánchez (quien dirige en la Televisora Comunitaria el programa, Punto de Cuenta).

Dos horas antes de que lo mataran, un grupo de camara-das estuvimos departiendo con Giandoménico en la Asociación de Profesores de la ULA. Yo salí cerca de las 10 de la noche, y al ver el sector desolado y oscuro, tomé una vía que poco frecuento, pensando en los criminales que nos andan acechando. Giandoménico más confiado, se fue a su trabajo en el Centro Cultural Tulio Febres Cordero, arregló un material para un gabinete de gobierno que debía atender al día siguiente, y salió; nadie se explica todavía, cómo pudo coger hacia uno de los sectores más peligrosos de Mérida, inclusive de día, El Mirador, cerca de la Pedregosa Sur, en las afueras de la ciudad. Sin ninguna duda, para mí, que se trata de una celada.

Estaba Giandoménico en su carro, con los vidrios ahumados cerrados. Iba acompañado de una joven, cuando un tipo en una moto se le acerca y le descerraja un tiro en la cabeza. Las versiones policiales dicen que el vehículo estaba en movimiento cuando le disparan, lo cual resulta imposible dada la dirección de la bala. Yo denuncié por Radio Nacional de Venezuela el caso como un acto de paramilitarismo, y causalmente al día siguiente en Aló Presidente, el comandante Chávez anuncia la captura de varios paramilitares en una hacienda de El Hatillo.

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Como digo, en todas partes se me veía como a un fantasma, como a un sentenciado a muerte. Muchos amigos me llamaron para que me cuidara. Pero uno no puede dejar de hacer para lo que ha nacido. Si no pudiera escribir más, ni pudiera decir mis verdades, sinceramente que me mataría. Y tenía sobre mi escritorio el libro «Gustavo Cisneros al desnudo», esperando por unos retoques. La única manera de vengar la muerte de Puliti es seguir diciendo nuestras verdades, me dije. Y apresuré el envío del libro de Cisneros a la imprenta. Menos mal que mis trabajos los pago yo, los asumo y yo los distribuyo por cuantos medios populares tengo a mi alcance. No dependo de editoriales ni de distribuidoras, e incluso ni siquiera de imprentas. Y otra vez desafío a los mafiosos como lo vengo haciendo desde hace treinta años. Pero confieso que nada me ha golpeado tanto, en los cinco últimos años, como el suicido de mi hermano Argenis y el asesinato en la persona de Giandoménico.

No hay frente de bandidos que no haya desafiado: a la banda de los que se han cogido las universidades para robarlas, para convertirlas en cuarteles de sus mafias, lo hice con el libro «Capos de Toga y Birrete». He atacado a los dueños de los medios con «Las Putas de los Medios» y «Las Jineteras»; a los maulas de la oposición los desnudé en «Los Verdaderos Golpistas». Por ahí ya está circulando la tercera edición de «La CIA en Venezuela», y vengo escribiendo contra los Cisneros desde 1985. Se me aconsejó, conociendo el poder de los Cisneros, que publicara este trabajo, pero firmándolo con otro nombre; yo eso nunca lo he hecho. Mi estilo es inconfundible, y todo lo firmo con ese nombre, que está en el registro de Mérida, José Sant Roz. Además lo que digo está respaldado por documentos. Y en definitiva, no sé por qué voy a tener miedo de decirle la verdad a ese gran asesino del 11-A.

Por ustedes, hermanos, otra vez, un libro de denuncia. No tengo remedio ni tampoco pienso «regenerarme», adecentarme, según los patrones de los vendidos, de los lacayos. Imposible.

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PRECISANDO EL ENEMIGO

Hemos precisado muy bien al enemigo del actual proceso revolucionario: el imperio norteamericano, y la prolongación de su brazo criminal en Venezuela, esos privilegiados que hoy han tomado como bastión los medios de comunicación y algunos centros del Este de Caracas, con su jefe máximo, el señor Gustavo Cisneros.

Ciertamente Gustavo Cisneros no estaba equivocado cuando creyó que vivíamos bajo un régimen «democrático» para mil años sin «problemas». Cualquier gobierno que no se hubiese ajustado a sus parámetros, bastaba con sacarlo de quicio, hacerlo ingobernable mediante el terror de los medios, llamar a elecciones y poner otro gobernante adecuado a las exigencias del imperio. Hugo Chávez les demostró que él podía contra esa bestial arremetida, y lo ha conseguido, no sin lamentables pérdidas de vidas humanas, cuantiosos gastos, una guerra de desgaste en instituciones poderosas como las pervertidas regencias universitarias; infiltrada la administración pública por funcionarios corruptos, en medio de un permanente caos y sabotajes; con notables ruinas en los campos y en las ciudades, quiebras de millares de medianas y pequeñas empresas, y una estresante tensión, que nos ha colocado a todos, a chavistas y opositores, al borde de la locura.

Y la guerra que ha planteado Chávez no es en verdad contra los pobres partidos AD, COPEI y MAS, que quedaron hace tiempo desintegrados, sino contra un sistema neoliberal, cuyo jefe máximo vivía entre Nueva York, Madrid y Miami, en permanente contacto con el Departamento de Estado, con la CIA, y ya entregado a labores de guerras globales. Este jefe máximo al que jamás le ha gustado figurar, tuvo que dar la cara en el momento en que Otto Reich, Roger Noriega y el mismo George W. Bush pusieron sobre el tapete el asunto del «irritante caso venezolano».

Desde 1958, los Cisneros venían gobernando a Venezuela tras bambalinas. El método les había funcionado a la perfección: colocaban a un títere que sabía moverse bien según los patrones que le dictaba la alta clase empresarial. Nuestra democracia burguesa en ese sentido era perfecta, y EE UU durante medio

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siglo no tuvo por qué preocuparse. Mientras menos se sabía en lo que andaban los Cisneros, mejor controlaban al país.

Los países pobres, amarrados a los parámetros bursátiles del imperio no pueden tener plena libertad para elegir a sus mandatarios, y están condenados a ser eternamente «subdesa-rrollados» o eternamente en vías de un hipotético (inalcanzable) «progreso».

Condicionados por el consumo, nosotros sólo podremos ser «felices» en la medida en que tengamos dinero para comprar o para derrochar. No podrá haber conciencia sobre las razones del «subdesarrollo» hasta tanto no se desenmascare el negocio que representa la droga del consumo. Se nos mide más por lo que consumimos, que por lo que somos capaces de producir.

«¡Consumid miserables hartibles, o jamás vislumbraréis el desarrollo!», nos grita desde sus dominios Gustavo Cisneros, y cuanto más consumen los miserables hartibles más torpes, y por tanto, más lejanos de dar el «gran salto». Parte del negocio. Por todas partes se ven los fetos de Walt Disney, los bofes de Mc Donald’s, las charcas de la Coca Cola junto con la incesante proliferación de basura con ratas tecnosofisticadas (que además se auto-reproducen incontrolables a través de los rayos catódicos).

El gran filántropo Gustavo Cisneros, echa migajas con bombas mediáticas; nos riega con golpes, guarimbas, paros y bandas de paramilitares.

Vamos a ver en este trabajo por qué Cisneros que camina en una sola pata y lleva un brutal parche mediático en un ojo, moviéndose por el sistema de las palancas (con el que lo dota Washington), se ha convertido finalmente en uno de los supremos dioses del mercado. Con una sola pata y su parche se ha metido en el bolsillo a las putas más caras del mercado de la «izquierda», como Carlos Fuentes. De puta a putañero se han entendido muy bien con un cerebro y con un mismo corazón, gozando del privilegio incomparable de los medios: la suprema imposición de los imbéciles intocables. Gustavo Cisneros aprendió de su padre, don Diego, que los pobres pueblos nuestros «para salir de abajo» deben vender su alma, su voluntad y su dignidad.

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Está claro que la gente como Cisneros piensa que siempre hubo ricos y pobres y que esto no tiene remedio y que el sistema capitalista neoliberal ha dado en el clavo, aunque el mundo esté peor y cada vez vaya creciendo el mar de la pobreza en progresión geométrica.

La única salida para nosotros sería la capacidad de poder levantar una autonomía intelectual propia –como dice José Luis Sanpedro – que debe nacer de la aceptación realista de nuestra condición y naturaleza: una manera de autoabastecernos, un modo de arrancarnos la falsedad de un progreso extraño que siempre nos está llegando de afuera. Comprender que el desarrollo nuestro no debe corresponderse con el de los poderosos países capitalistas. Que hay que detener tantas importaciones innecesarias. Acostumbrarnos a ser pobres (y serlo con dignidad). Que no sean ellos quienes decidan el valor de la vida y del significado de progreso, siempre en función del dinero, del capital.

Los enfermos mentales del mercado nos han convertido en unos neuróticos sin identidad. La neurosis del rechazo a nosotros mismos, a lo que hacemos, a lo que tenemos, de donde venimos. Neuróticos que se niegan a aceptarse tal cual son. Y Gustavo Cisneros quiere doblegarnos por la neurosis del consumo y de la disociación sicótica y moral. El que se subordina a la doctrina del mercado que nos quiere inocular la tríada Cisneros-Bush-Fuentes, no le quedará otra cosa que prescindir de sus gónadas y de su cerebro. Toda batalla con dirección hacia el ansiado «progreso» no hace sino encasillarnos en el modelo consumista, anodino y vacío de los yanquis. Los gringos son los que han venido alimentando la madriguera de delincuentes como Gustavo Cisneros con el propósito de adueñarse de nuestros mercados y de nuestro sistema nervioso. Hay que acabar con las bestias porno-irredentas de los medios de comunicación que continúan engendrando monstruosas ejecuciones de niños como la que se hizo con la pequeña, de seis años, Jon Benet Ramsey, campeona de numerosos concursos de belleza en Estados Unidos, que fue violada antes de morir. Era una mujer en miniatura que guiñaba los ojos «con gracia», que aparecía en unos videos con mallas

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en las piernitas, tacones altos, posando y caminando por pasarelas como una modelo profesional. Idéntica a esa clase venezolana envenenada por el confort, por los rascacielos, por el consumo y las degeneradas telenovelas que se difunden a través de Venevisión. Esa población latina con aspiraciones de hacer de sus hijas actrices de teleculebrones, cantantes, misses... y bien putas.

DE JIMMY AL PIRATA GLOBAL

El Presidente pidió a las tropas aplicar el Plan Ávila.

Pablo Bachelet, biógrafo de Gustavo Cisneros. Exigía el chileno José Miguel Vivanco, de Human Rights Watch, la aplicación inmediata de la Carta Interamericana (con los victoriosos venenos del menú de la OIT, la SIP y el Departamento de Estado). Sin que nadie lo llamara o necesitara, el Centro Carter se trajo coleado a William Ury, un negociador de la Universidad de Harvard. En opinando Ury, Datanálisis clamó victoria con una encuesta vieja y del revés: «Ya la oposición cuenta con más del 50%». La Coordinadora Democrática ponía en marcha la consigna: «Chávez planifica el fraude», y al mismo tiempo se estaba nombrando una comisión del Congreso de EE UU para seguir paso a paso el proceso del «NO» o el «SI» en Venezuela. Más atrás salía Charles Shapiro a reunirse con los golpistas del Estado Mérida.

Faltaba en este agite de visitas y declaraderas el AMO supremo de Venevisión. Pero por ahí también lo traían con su libro «Un empresario global».

Si el ex magistrado Franklin Arriechi hubiera estado en plan de anfitrión de todas estas delegaciones y buenos amigos de Venezuela, habría declarado:

«¡TODOS ESTÁN PREÑADOS DE BUENAS ELECCIONES!»

Pero en realidad están preñados de mercados, y el que los ha empreñado a todos ha sido Gustavo Cisneros, según el estudio que aquí veremos.

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Vivanco no es nadie en el mundo, pero apenas abre la boca, ya CNN lo está convirtiendo en un centro noticioso del hemisferio: es hijo mimado de Otto Reich, la madre curandera de los grupos cubano-americanos radicados en Miami. De Vivanco a Carter, hay menos que un paso. De Carter a Cisneros no hay ninguno. El anciano Jimmy Carter estaba preocupado, no por la situación del país, bueno, digamos que por el país sí, pero en función del bienestar de los intereses de Gustavo Cisneros. Aquel mismo Cisneros que en una ocasión había dejado embarcado al Presidente de la República, cuando humildemente le invitó a comerse unas hallacas llaneras.

Las hallacas se quedaron frías en una cena que pudo haber sido histórica para el país y para la América Latina. Una cena que nos habría ahorrado centenares de muertos, caos y angustias, porque bastaba poner un poco de raciocinio y de ponderación en lo que se debatía. La soberbia de Gustavo Cisneros era demasiado grande como para «rebajarse» entonces a compartir unas serenas y fructíferas navidades con el hombre que le estaba poniendo trabas a su gran piratería global.

Ahora, qué mosquito le había picado al Adelantado que buscaba desesperadamente una reunión con el Presidente, y había puesto en ese plan de correveidile al anciano Jimmy (quien por cierto, va de un lado a otro del mundo pagado por la Coca Cola).

¿Qué le estaba pasando a la tritonante altura de este pirata colosal del empresariado global, que pedía a través de un ex presidente estadounidense una cita al «negro» y al «ogro» que según él le había llamado Jinetera, es decir prostituta?

Algo muy grave debía estar pasando por la cabeza de Gustavo Cisneros para dejar de lado a sus escuadrones golpistas, pedirles time, y con el rabo entre las piernas meterse en Fuerte Tiuna.

Gustavo has the means to defend himself and clear his name. Gustavo is no stupid… He has been successful in every venture he has embarked.

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Al Jimmy le encanta viajar en los aviones de la Organización Cisneros, OC. Son muy buenos, cómodos y rápidos. Jimmy se reunió con el Presidente Hugo Chávez a principios de junio y a boca de jarro le planteó la urgente necesidad que tenía Gustavo Cisneros de «llegar a un acuerdo». Chávez no estaba muy claro en qué consistía ese acuerdo, pero sabía por dónde jumeaba la cosa: Gustavo estaba siendo señalado en el mundo entero de golpista, de andar tras planes terroristas con paramilitares colombianos; una de sus haciendas en Carabobo había sido allanada y por la Lagunita Country Club, en las vecindades de otra de sus propiedades andaban merodeando los agentes de la DISIP. A donde iba Gustavo presentando el mamotreto de «Un empresario global», el tema recurrente era el de Chávez: que si él tenía algo que ver con los planes conspiradores de la oposición venezolana para salir del Presidente de la República a como diera lugar. Estaba harto Gustavo del sanbenito de que se pudiera estar prestando para esos «estúpidos proyectos» en los que lo involucraban con «gusanos cubanos» como el tal Robert Alonso. Nunca había pensado Gustavo Cisneros en dedicarse a promocionar un libro que alguien escribiera sobre él; nunca se había planteado buscar a un connotado hombre de izquierda como Carlos Fuentes para que le escribiera un prólogo a ese libro que él no había escrito, pero que le urgía andar presentando como propio, en Argentina, en España, en Chile. El nunca había sido hombre de andar dando discursos y de conceder entrevistas… Pero en Venezuela no había día en que los dardos no le apuntaran desde la avenida Bolívar, en «las eternas y malditas marchas de los chavistas», en las que además nunca faltaban pancartas donde lo acusaban de asesino, de ladrón y de golpista, y donde lo relacionaban con Bush, con la CIA, con el ALCA, con la plaga cubana hermanada a los actos terroristas de Bush; aliado a la política paramilitar de Álvaro Uribe Vélez y a su Plan Colombia.

Cualquier «mierda hemisférica» me la endosan los comunistas castristas y chavistas.

Él no podía asistir a la boda real de doña Leticia y el príncipe de Asturias, porque, venga, allí otra vez el plomo monocorde de la prensa que le preguntaba por el Chávez y por

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la guerra mediática en contra del tirano bolivariano. Por eso, esa súplica al viejo Jimmy: consígame urgentemente una entrevista

con ese señor, para ver de qué modo le paramos el trote a ese caballo.

Al parecer ya Jimmy no era el negociador entre la oposición y el gobierno, sino entre Gustavo y Hugo. Vino, fue, bajo y subió, y al final el Presidente admitió reunirse. El haber haber logrado aquella entrevista amainaba un poco los escán-dalos en el mundo, y ya podía el Jimmy reganarse otra vez el Nóbel de la Paz. Al fin, pues, Gustavo, podría de manera directa solicitarle que lo dejara tranquilo. Que él andaba en lo suyo, en los negocios globales presentado el libro de Pablo Bachelet, ayudando a los pobres, dedicado a la obra de su esposa Patty en la colección de exquisitas obras de arte, buscando excelente programación educativa para ValeTv y que en definitiva le preocupa el destino de su patria porque no es hombre de rencores ni de odios, ni mucho menos de propagar violencia.

En la reunión era poco en verdad lo que Cisneros podía tratar con Chávez, pero estamos seguro que le dijo: «-Yo, Presidente, quiero ponerme a sus órdenes para servirle a mi país. Quiero de algún modo serle útil en las actuales circuns-tancias. Quiero que se bajen las tensiones políticas. Por favor, que no se me siga señalando como el artífice y director de campañas contra usted, porque eso no es verdad. No tengo nada que ver con los partidos que lo adversan a usted, ni con organizaciones extranjeras ligadas al Departamento de Estado ni a empresas como SUMATE. Yo tengo demasiadas ocupaciones para buscarme otras de tipo político que me causarían la ruina de mis negocios. Yo estoy entregado en cuerpo y alma a mis empresas en los cuatro continentes, y no puedo andar desviándome de ellas porque me exigen atenderlas las 24 horas al día. Please. Si existe alguna manera de que se acabe esta absurda guerra de acusaciones sin fundamento en mi contra, estoy dispuesto a cualquier sacrificio, pero esto me tiene realmente hasta el límite del fastidio y de la deses-peración». Chávez debió escucharle atentamente como suele hacerlo, a sabiendas de que no es con buenas palabras como la guerra en su contra puede amainar o acabarse. El quid del

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asunto es que él y Gustavo están en dos bandos irremedia-blemente contrapuestos. Las garantías que en el fondo está solicitando el Jimmy para Gustavo chocan con la soberanía nacional, con el librito azul que el Presidente blande cada día como un cuchillo de claridades. Uno se imagina al Gustavo, allí, a su lado, mosqueado y asustado, no fuese que el Presidente le sacara el bendito Cristo de su Constitución como quien busca espantar al diablo.

Pero estoy seguro, que en el plano de las ideas intelectuales o filósficas, algo que pudo haber sido muy bueno, Gustavo no tuvo la deferencia de regalarle al Presidente el libro «Un empresario global». Porque ese libro es toda una declaración de guerra precisamente contra el librito azul. Yo creo que en este punto, Chávez pensó: si me saca ese libro, le saco el mío. Retro Satanás.

No hubo entonces guerra de libros, pero Chávez sí debió encenderle el televisor y ponerle algún programa de opinión, al tiempo que le decía: «-Señor Gustavo, yo le agradezco todas sus buenas intenciones, pero eso que usted ve allí es el mundo que nos separa y que nos coloca el uno contra el otro. Yo soy obediente a lo que el pueblo me ordene, y usted tendrá que respetar otras reglas y otros mandatos que lamentablemente no están contenidos en este libro AZUL –que se lo mostraba-sino en el mercado global. Usted ya está marcado por el nombre de EMPRESARIO GLOBAL. Yo lamento que no nos podamos entender más allá de las palabras, y de los buenos oficios del Presidente Carter. No sabe usted cómo lo lamento, porque realmente quisiera que usted se uniera a nosotros y nos ayudara a levantar este país que necesita de hombres empren-dedores como usted. Pero está, digo, esa barrera señor Gustavo. Esa barrera insalvable cuya alma y cuyo motor funciona sin piedad allá en el imperio, allá en su monstruo…Lo siento».

- ¿Entonces, no nos queda sino la guerra?

- Esa es una orden entre los planes de Washington. Es la guerra en Irak. Es la guerra en Colombia. La guerra en Centroamérica. La guerra contra los palestinos. La guerra global de las grandes transnacionales contra los países más débiles. He allí señor Cisneros la razón por la cual entre nosotros

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dos no puede haber un acuerdo. Usted tiene que entregarle cuentas a Bush, a los halcones, yo a un pueblo que ha sido mil veces traicionado.

- Entonces habrá guerra. - Parece inevitable.

Chávez no podía dar explicaciones sobre lo discutido en este encuentro a la opinión pública, como Cisneros tampoco.

La guerra que ahora está sobre el tapete la recogemos en este trabajo.

UN GLOTÓN GLOBAL

Quiero una cerveza en una botella transparente.

Gustavo Cisneros. Finalmente, el 23 de junio de 2004, leí de un tirón el libro sobre Cisneros, «Un empresario global». Antes me había resistido, pero sentí la obligación de meterle el diente para conocer el terreno de los montajes en los que son muy expertos todos los que trabajan para Venevisión. La vida de Gustavo Cisneros es todo un admirable montaje. Apenas comencé a ojearlo sobresalían las falsas columnas de los templos sagrados del saber: las bambalinas democráticas, los fuegos de artificios de la libertad y el progreso; el amor por los pobres, por la cultura y la educación de los pueblos. El chileno Pablo Bachelet tiene vena para sudar la rana. ¡Cuándo no, un chileno! Pudo haber sido un cubano, perdón… El show lo comienza con misia Patty Phelps en La Romana, República Dominicana, quien salta eufórica frente a su ordenador: «¡Eureka!». Una de las obras de su colección aparecía en un artículo titulado «Un Universo del Arte». Dice Bachelet, en cuatro manos: «La reseña de The New

York Times tocó una fibra especial en Patty porque era un

reconocimiento a la calidad de arte latinoamericano…1». El libro promete ser cómico también, me dije.

Yo recordaba, cuando iba por la página 30, que uno de los libros más cómicos que había leído en mi vida era: «Rómulo y yo» de Renée Hartmann (muy amiga por cierto de la familia Cisneros).

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Estos millonarios que no tienen talento para escribir, ni para pintar, ni para cultivar nada genuino con sinceridad, entonces se dedican a coleccionar obras de arte, y a buscarse chilenos que les doren la píldora. Todo en ellos es de segunda o tercera mano. A sus invitados los pasean por sus mansiones literalmente bañadas de «terríficas preciosidades»: «¡Oh!», «¡Ah!», «My God», «My Goodness», «fabulous»… Con razón Richard Nixón decía que no hay nada más aburrido sobre la tierra que un rico coleccionista de obras de arte.

Bueno, Gustavo y Patty no han tenido tiempo en su vida sino para hacer dinero, para comprar y vender, y pasear a sus invitados por sus museos y mansiones. Ya conocemos las preguntas que más escuchan: «¿Cuánto le costó?», «¿Fue una ganga?», «¿Todavía quedan?». Y doña Patty que va considerando cuán costosas y raras se van poniendo sus obras a medida que transcurren los años, y a medida que sus autores se van muriendo. El ridículo Pablo Bachelet, como no tiene nada que decir, recurre a su grabadora y allí se encuentra la voz de Patty que dice algo genial y encantador, que ella «había comenzado a coleccionar arte para «rodearme de cosas bellas» en los años setenta2". Llama a su esposo el «visionario», mientras se reconoce a si misma, «enfocada en la ejecución». Debe estar bromeando, este tío. Con estas pocas cosas, ya sabemos que la señora Patty tiene la cabeza totalmente hueca. Siendo bonita, rica y casada con un multimillonario, es decir nunca le ha hecho falta nada, pues su vacuidad debe ser espantosa. No es su culpa. Como quien tiene en su casa una abundante variedad de pets, allí están sesenta obras de su famosa colección. Que Dios la ayude.

Pero además de estas ridiculeces, el libro tiene errores insólitos y garrafales, no sólo para una obra editada por Planeta, sino para ese multimillonario que bien pudo haberla sometido a la inspección de unos diez buenos correctores.

Página tras páginas iba viendo aquellos arreglos del servil Pablo Bachalet y cuando llega a describir el acuerdo entre Nelson Rockefeller y Cisneros para la venta de los CADA, y cierra el negocio hablando de un intercambio de corbatas con dibujos de elefantes, y ¡listo!, sellaron el acuerdo, no hice sino

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tirar por la ventana el libro. Luego tendría que recogerlo y seguir tragando grueso.

Cuál será la cultura de anti-analfabeto de Bachelet, que estampa en la página 30: «Cisneros, como franco defensor de la democracia y la libertad, era adverso a las ideas revoluciona-rias». Qué hijo de puta, pues.

Pero como veremos, Gustavo Cisneros fue un empresario pirata; este libro pudo haberse llamado «Un Pirata Global», colocando en la portada la misma fotografía de Gustavo, pero con un parche en un ojo, como dije. Gustavo trata de hacer ver a través de Bachelet que cuanto ocurría en su país no era en absoluto culpa suya, cuando tenía todos los privilegios y ventajas, acceso a préstamos del gobierno y a financiamiento bancario en cuanto lo solicitase, además de colocar los ministros que satisficiesen sus peticiones e intereses.

Cuando Venezuela estaba entrando en la hecatombe moral de mediados de los setenta, Gustavo se aprovecha de esta orgía y de esta degeneración. Después nos vendrá con el cuento de que su mujer se convertirá en alfabetizadora de campesinos rudos por los lados de Barinas. Qué tiernos. Ese cuento vendrá más tarde, y habrá que pedirle a Bachelet que lo sepa echar con mucha delicadeza y profundidad pedagógica. Pero en 1973 había que sacarle el jugo a la bonanza petrolera. El país se había vuelto loco y la gente consumía whisky hasta en el desayuno. Gustavo era un comerciante y no un cura, por lo que iba a lo suyo: «-Queréis mierda y estáis contentos, pues venga, toma», y creó O’Caña. CAÑA PARA EL PUEBLO: una distribuidora de licores.

¿Pero dónde encontrar suficiente caña para embrutecer al pueblo? Salió con su hermano Ricardo y un tal Estanislao Pérez a recorrer Europa para convertirse en el mayor dispensador de licores de Venezuela. Él estaba seguro que aquella bonanza no podía durar mucho, y en los negocios el que más gana es el que se adelanta a la competencia, y el que tiene visión de lo que al pueblo hay que meterle para que no piense, para que no sienta. No había puerto que los Cisneros no hubiesen abarrotado con millones de botella de whisky Dimple. Pero el pueblo también estaba aprendiendo a tomar

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champaña y vino, y para todos los niveles sociales trajo la Champaña Mumm, el Vino Paternita y el Vino Sansón.

¡Tomad, queridos hartibles, y seréis libres!

En la década de los ochenta los Cisneros nos escanciaban a los venezolanos, por año, cerca de un millón quinientas mil botellas de whisky.

Trataron también de hacer un ron blanco para la exportación, pero los euro-americanos no eran pendejos como nosotros y fracasaron. Los euro-americanos no tenían tantos días de asueto, ni huelgas, ni puentes. Los Cisneros estaban convencidos de que no había en el mundo una gente más dúctil a la propaganda y por lo tanto más propicia para el consumismo, que el venezolano.

Los Cisneros en el libro de Bachelet aparecen como los promotores y prácticamente dueños del programa ACUDE, y nos encontramos con una doña Patty alfabetizadora. Desde que se implantó la Misión Robinson en Venezuela, ahora resulta que medio mundo había implementando grandes planes de alfabetización en el país, y en la página 54 nos encontramos con que misia Patty «tenía inclinaciones pedagógicas… Ella había dedicado los primeros años de su matrimonio a la crianza de sus tres hijos –Guillermo, Carolina y Adriana- y estaba deseosa de asumir un desafío que contribuyera a mejorar la calidad de vida de su país… La duda de Patty era si los trabajadores en Mata de Bárbara participaría en el programa. Cuando llegó a impartir las primeras lecciones, la recepción la dejó impresionada. Unos cuarenta campesinos, entre dieciocho y veintitrés años, de aspecto recio y fuerte, habían acudido a la cita. Algunos como si no fueran capaces de contener sus deseos de aprender, empuñaban sus lápices cual daga3».

No sabe uno por qué carajo, esos deseos tenían que traducirse en tener que empuñar sus lápices cual puñales.

Bueno, Bachelet quería presentarnos a una bella pareja que seguía los ideales de León Tolstoi. Un cuadro sobremanera, encantador.

Doña Patty tenía que ponerle un toque filosófico a su empresa pedagógica y declarar, como lo hizo: «¿Cómo combatir

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la pobreza y proveer para un gran número de personas el acceso a un estatus de vida mejor? En mi opinión, la respuesta está en la educación4». Esto es totalmente falso si no hay justicia, porque no es la pobreza la causa de los males del país, porque se puede ser pobre, y en medio de las dificultades vivir con dignidad. Lo que realmente envilece es la miseria, producto de las grandes desigualdades sociales que imponen personas como los Cisneros. Ahí está el caso, que en lugar de estar Gustavo Cisneros purgando cárcel en El Dorado (por el golpe que él dirigió contra Chávez el 11-A), sea sin embargo atendido y buscado por un ex presidente de EE UU para que se les escuchen sus quejas, y en medio de grandes parafernalias, ser llevado en helicópteros de la FF AA para que se reúna con todas las seguridades en Fuerte Tiuna, con el Presidente de la República Bolivariana de Venezuela. Insólito.

El Pirata Global no ha hecho absolutamente nada por el desarrollo de su país, y más bien su actividad mercantil lo que hizo fue contribuir al atraso, a la vuelta al colonialismo, a la vil dependencia económica de los imperios. Cuando él estaba loco recorriendo Europa para bañar en licores caros a nuestro país, Venezuela entre 1973 y 1975 había duplicado sus importa-ciones. Él, Gustavo había puesto su granote de arena para que así fuera. En 1977, él arreció con esta misma política y se volvieron a duplicar las importaciones. Ah, pero él se vanagloriaba y decía que los CADA, a donde llegaban, mejoraban la calidad de vida de la gente. El mismo concepto de «calidad de vida» que el padre don Diego tenía cuando anunciaba por Billiken los Studebaker: «Descúbrase que está pasando un Studebaker, el automóvil de la gente de bien». Este fue un concepto estúpido que tomaron de John D. Rockefeller, quien pregonaba que con la riqueza viene la responsabilidad de hacer el bien. Ese bien que hicieron aquí los que promovieron el criminal paro empresarial y petrolero, que le produjo a la Nación venezolana pérdidas por 10 mil millones de dólares. Esa responsabilidad de «hacer el bien», por parte de Carlos Andrés Pérez y su ministro Pedro Tinoco o los otros ministros maulas como Vinicio Carrera, José Ángel Ciliberto, Carmelo Lauría y Diego Arria... Vaya.

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Podría alegar Cisneros a su favor, ser el propulsor para el mundo de dos grandes productos de factura netamente venezolanos: el Miss Venezuela y las telenovelas. Pero para él las telenovelas y el mismos Miss Venezuela eran otras maneras de comercializar productos de belleza como Fisa Kapina de la línea Helene Curtis, las marcas de Heno de Pravia que era un gel de baño, como también el champú Finesse que de manera exclusiva estaban en todos los CADA. Mientras el país avanzaba hacia el abismo, importándolo todo, siendo ahogado en la inflación y sin ocuparse en absoluto de producir ni siquiera lápices, los Cisneros seguían acaparando la distribución exclusiva para Venezuela de las cremas Cherry Blossom para lustrar zapatos y las computadoras Apple, mientras los departamentos de Maxy´s que eran los viejos Sears, estaban abarrotados de ropa infantil Cotton Candy.

Para «sacarnos de abajo» estaba preparando el terreno de las Franquicias para envenenarnos con comidas basura como los Burger King, Pizza Hut y Taco Bell. Además estaba empeñado en que tuviéramos «navidades blancas» con nieve, hasta en Maracaibo; un pedacito de sueño norteamericano en cada corazoncito criollo, y en diciembre, a la entrada de los CADA, podía verse un pequeño bosque de pinos canadienses. También nos enseñó a querer a San Nicolás y a desdeñar los nacimientos. Cada establecimiento comercial tenía a un gordo (muy posiblemente sádico) de amplia barba blanca, de voz gruesa, que hacía sonar una campanita y que decía, «jo, jo jooo». La consigna de Cisneros era, se veía a las claras: «Cada día nace un pendejo, y el que lo encuentre es de él». Uno de los grandes pendejos que se encontraron fue al pobre Guillermo Dávila, al que le exprimieron lo que no tenía. Rodven lo acaparó, y con el tema musical de la telenovela «Ligia Elena» consiguió vender 300.000 copias. El tipo se creyó que era un atraco como actor y cantante, y se rebeló contra Cisneros; trató de independizarse y reclamar lo que él creía se merecía, y vaya por Dios, cómo le aplastaron. El pobre de Guillermo Dávila se la pasaba llorando y yendo de tribunal en tribunal, de bufete en bufete, hasta que cayó en la cuenta de que contra el Pirata

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Global, nadie podía. Tuvo que arrodillarse y fue entonces cuando volvió a cantar y volvió a actuar.

Realmente fue un golpe de suerte lo de Dávila, y seguramente se lo dijeron en su cara los Cisneros: «-Tú no tienes voz ni condiciones para la actuación. Tú eres un producto fabricado por la Organización Cisneros. Tú no tienes vida propia para nada: eres vacuo, simplón y muy sonso, además de idiota sin ningún carisma. Si te lanzas solo no llegas ni a la esquina. Pero bueno, allá tú».

Así fue.

El perro faldero de Bachelet trata de poner a Gustavo por los cielos del humanismo más tierno, y dice que a veces «recrimina duramente a un subaltenrno, pero se cuida en equilibrarlo con palabras atentas… Es generoso con sus empleados… En 1983, Estanislao Pérez había salido a disfrutar en su embarcación alrededor de Puerto La Cruz. Repenti-namente se indispuso y llegó muy mal a la clínica. Cisneros de inmediato envío su avión para trasladarlo a un hospital. Siguió durante meses muy de cerca la enfermedad de su colaborador, hasta su total recuperación5».

Qué cinismo. Qué caradurismo. Qué desvergüenza. Cuando el 21 de octubre de 2001, por culpa de Venevisión, mueren once personas en la Monumental de Valencia, no se llega ni siquiera a suspender el acto por parte de los altos directivos del canal. El show tuvo que continuar porque Cisneros nunca pierde. No hubo lutos activos. Cisneros no mandó su avión, ni siquiera el Expedito, como tampoco gestionó ambulancias con el fascista de Carabobo Enrique Salas Feo. No dirigió una alocución al país como lo hizo para defender a su hermano Ricardo por lo del Caso del Banco Latino. Ni se acordó de la virgen de Altamira. Para esa gente no hubo indemnización, no hubo lloradera, ni se solicitó la intervención del Human Rights Watch de Vivanco, como tampoco petición de sanción para Venevisión por parte de la OEA6; ni la visitadera de observadores del Centro Carter, como mucho menos fue reseñada esta matanza por los poderosos medios de comunicación.

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Qué bache, Bachelet. De ahora en adelante te llamaremos Bache, Bachelet.

Bache en cuatro manos se pone a redactar que Gustavo andaba pariendo para conseguir 100 millones de dólares para comprar once plantas embotelladoras. Pobrecito, cómo sudaba el tío corriendo de un lado a otro. Mentiras y más mentiras, cuando en verdad a Gustavo le bastaba mover un dedo para que Pedro Tinoco le dieran de Venezuela cuanto deseaba.

EL VIERNES NEGRO

En el libro de Bache, en el capítulo sobre «Multiplicando Negocios», vemos a un Cisneros pletórico de poder y fortuna, al tiempo que Venezuela se hundía en la más pavorosa crisis financiera y política del siglo. Millones de pordioseros hurgando en las basuras para comer algo; los caminos colmados de seres sin techo; pordioseros por doquier y creciendo a pasos agigantados la pobreza, las endemias, las enfermedades y la falta de escuela y de hospitales. Pero al mismo tiempo, el 2 de diciembre de 1982, vemos a un Gustavo convocando a sus socios a Valle Arriba Golf Club, para cerrar con una gran celebración EL AÑO MÁS EXITOSO EN TODA LA HISTORIA DE LA ORGANIZACIÓN CISNEROS.

Por una tronera se le iban los dólares a Venezuela, sin control y sin remedio, pero entonces Gustavo estrenaba dos nuevos supermercados CADA, además de la llegada de Pizza Hut y Taco Bell a Caracas, y también de la compañía Pharsana (de artículos para bebés), el reguero de licor para las fiestas con un O’Caña más pletórica de whisky que nunca; añadida a la puesta en funcionamiento de la nueva All-American Bottling Co., AAB y la cadena de tiendas de computadoras Micro Online. Vaya, qué empuje, que solidez, ¡qué Empresario más total!, con elogios en el Dow Jones News Service, en el Wall Street y en The New York Times.

Así nos sorprende el Viernes Negro, el 17 de febrero de 1983, y lo insólito es que para el señor Gustavo Cisneros aquello no tenía nada que ver con él. El Gustavo íntimo amigo de CAP, el Gustavo socio de Tinoco, el Gustavo metido más allá de los calcañales con el proyecto de la Gran Venezuela cuando

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algunos empresarios pasaron a participar del negocio petrolero; él, que se puso a traer toneladas de whisky y compañías con comida chatarra; él, que ponía ministros y certificaba Presidentes de la República a través de Venevisión, ese mismo Gustavo, digo, es el que llega y liquida aquel pavoroso asunto del Viernes Negro, diciendo: «La excesiva dependencia del sector petrolero y el enorme poder económico del Estado habían creado las condiciones para una persistente sobrevaluación7». Y entonces cuando la devaluación se disparó hasta un 40%, salta y dice que aquello representó un duro golpe para la OC, y con el mayor descaro, habla este Pirata Global: «DEBÍA IMPORTAR GRAN CANTIDAD DE INSUMOS, DESDE PROGRAMAS ENLATADOS PARA VENEVISIÓN HASTA MAQUINARIA PESADA PARA SUS FÁBRI-CAS8». Todo. Venezuela siempre ha sido así, sus empresarios toda la vida han sido simples importadores.

Y sigue: «FUE UN GOLPE CASI MORTAL PARA O’CAÑA… EL PRECIO DE LOS LICORES IMPORTA-DOS, LOS CUALES OBVIAMENTE NO CALIFICABAN COMO INSUMOS ESENCIALES Y ERAN EL PRINCIPAL SUSTENTO DE LA EMPRESA, AUMENTÓ DE MANE-RA EXORBITANTE».

Este es el anti-analfabeta al cual Carlos Fuentes puso por las nubes, llamándolo ADELANTADO. El más adelantado de todos los piratas empresariales.

Pero veamos: Gustavo no se dormía en los laureles, y como amaba a su país se puso a producir un whisky made in Venezuela que se llamó Black Horse. Para que el criollito no sintiera nostalgia de la época de las Vacas Gordas, también creo el Vodka Korzakoff, el Gin Britannia y Licores Leclerc, todos elaborados con alcohol añejado de arroz. Y como él se imaginaba que sin su concurso aquello podía arreglarse, siguió haciendo en el país lo que siempre ha hecho: TRAER BASURA TECNOLÓGICA que no controlamos, cuyos componentes y cuya permanente necesidad de actualizar nos imponen una dependencia atroz, además de una historia totalmente paralela y cuyos vórtices y desgracias nos desquician. Y fue como reforzó su carrera de anti-venezolanismos, lanzándose a la adquisición

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de la Sears Roebuck de Venezuela y la compra de la Spalding & Evenflo. Él seguía promoviendo y protegiendo, mediante Venevisión, al bandidaje adeco-copeyano que era dueño y señor de la tierra de Bolívar. Aquellos sacaban su parte y él la suya. Y él seguía sin tener nada que ver con la agonía nacional, con esa deuda externa que ya superaba los 33.000 millones de dólares. Él, como si nada, pidiendo ayuda de los gobiernos, y para adelante con los faroles.

Si era sumamente caro importar los insumos para sus empresas, y más caro todavía para sus negocios de alta tecnología, él no se preocupó por montar una sola escuela para especializar muchachos. Así le pasan siete largos años en el que el país va empeorando, y vuelve al poder su íntimo lacayo del Carlos Andrés Pérez, quien a paquetazo limpio quiere de un día a otro convertirnos en la «potencia económica» que ahnelan los halcones-carroñas venezolanos.

A Gustavo, tanto el Bache y el Carlos Fuentes lo llaman hasta filósofo, pero lástima que no se haya leído a Thomas P. Hughes quien sostenía: «En los años cincuenta y sesenta se creía que la manera óptima era la tecnología norteamericana. Pero en realidad, la tecnología debe adaptarse a la cultura, a los valores, a las aptitudes laborales y a las aspiraciones de la nación que recibe el trasplante. Y si las personas difieren, como en realidad ocurre, en sus aptitudes, aspiraciones y objetivos generales, entonces la tecnología general debe ser modificada para adaptarse a esa cultura y satisfacer sus necesidades»9.

¿Cómo vamos a hacer para interpretar y asimilar los signos históricos de la tecnología de los países latinoame-ricanos? Así como los inventos y los logros científicos han alterado la cultura y la evolución de otros pueblos y esta historia va íntimamente unida al devenir de la formación política, nuestros modelos se ven fuertemente perturbados por influen-cias científicas y tecnológicas, que aún ni siquiera hemos sido capaces de moldear a nuestro medio. ¿Cómo controlar los desconocidos efectos de la tecnología sobre nosotros, cuando los mismos norteamericanos han confesado que ellos no pueden ni predecir ni dominar sus daños y la deformación que ocasionan sobre la evolución de su propio país?

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¿Cómo nos arreglamos con tamaño enredo de cosas que no provienen de nuestra invención, de nuestra evolución, cuando las máquinas son consideradas por ellos, los gringos,como bestias perturbadas a las que hay que

imponerles orden una vez creadas? En este sentido nadie ha

jodido más a Venezuela que los Cisneros, con toda la mierda que nos han traído y que la imponen a machaca martillo.

¿Podrán ser esas bestias orientadas de acuerdo con nuestra formación, cuando ellas no tienen patrón ni «juicio» ni orden en los países que las engendran? Oscuro se presenta nuestro horizonte, porque, si aún no estudiamos lo suficiente para conocer nuestras costumbres y nuestra historia, sin lo cual no podremos eliminar los fantasmas y los errores del pasado, ¿cómo haremos para sacudirnos esa historia paralela y contraria a nuestra evolución, que contramarcha deshaciendo lo poco auténtico que nos queda? En esa historia de la tecnología por demás importada que nos desquicia, que no comprendemos, que no somos capaces de evadir ni de evaluar, el único modo de rectificar es comprendiendo esta contramarcha histórica que crea un desnivel cultural que acabará sometiéndonos a poderes sin sujeción moral y de una larvada y autoaniquiladora hibridez. Estalla el CARACAZO, el 27 de febrero de 1989. Gustavo cuenta que le saquearon cuatro CADA. Y el monstruo que no asumió su responsabilidad con la matanza ocurrida en la Monumental de Valencia, dice entonces que se llegó a un acuerdo entre la policía y los saqueadores para que pudieran llevarse de allí lo que quisieran. Y otra vez, como si nada tuviera que ver con lo pasaba en su país, razona que Venezuela se estaba polarizando entre una clase media cada vez más debilitada y una masa empobrecida, pero que él quería una Nación próspera, donde los ciudadanos tuviesen un alto poder adquisitivo y de consumo en sus supermercados y tiendas por departamentos.

Aquel estremecimiento puso en alerta a Gustavo y comenzó a recoger sus bártulos más valiosos. Dejaría en el país lo de más bajo valor. Tenía que deshacerse de los CADA, de O’Caña, de la Pepsi Cola y Spalding & Evenflo e internaciona-lizarse definitivamente. Deja aquí la caja chica de los gobiernos,

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que en pocos años le podían traspasar la CITGO y la misma Pdvsa. Solamente deja en el grupo las operaciones que se pudiesen proyectar hacia EE UU y España. Empresa que no pudiese dar este salto NO SE JUSTIFICABA. Le dijo a sus gerentes: «Ustedes están acostumbrados a manejar empresas que generan bolívares, ahora aprenderemos a generar dólares10». Adiós helados Tío Rico, adiós Atlantis, adiós fabricantes de mostaza y condimentos, adiós Yukery y productos de cocina. En cambio, el Pirata Global afiló sus lanzas para meternos Telcel y Direct TV. Es decir, tensó las cuerdas de la dependencia en grados demenciales, hasta llevarnos a la Rebelión del 4 de febrero de 1992. Por defender a la democracia del Pacto de Punto Fijo la audiencia de Venevisión se fue al foso, y dos años le iba a costar, a fuerza del Campeonato Mundial de Fútbol levantar cabeza. Pero en Venezuela no le quedaba sino el desper-dicio de sus negocios que desde cualquier parte podía manejar como producto de sus paquetes globales, ya que estaban en el área de las telecomunicaciones y el entretenimiento.

CON LA FRENTE EN ALTO

Todos los ladrones siempre dicen que llevan la frente en alto. Es un lugar común. Pero la sucesión de desgracias financieras en Venezuela, producto de inversionistas ADELANTADOS como el Pirata Global, seguían disparadas. Entre 1993 y 1994, los planes del genial y super socio de los Cisneros, Pedro Tinoco provocan una corrida de los mil demonios y el efecto dominó deja sin banca sana al país. Gustavo se permite decir que teníamos una economía en estado de postración, en medio de un ambiente político polarizado. El desbarajuste se veía venir desde 1989, cuando «el Banco Central de Venezuela decidió DARLE MÁS LIBERTAD A LOS BANCOS PRIVADOS PARA QUE PUDIESEN COBRAR LAS TASAS DE INTERÉS QUE QUISIESEN. AUNQUE LA MEDIDA ERA SENSATA…11».

Y he aquí que en el libro de Bache, se desata una brutal campaña para salvar de las horcas caudinas de los partidos a Ricardo Cisneros, quien formaba parte de la Junta Directiva del Banco Latino, el padre del total desbarajuste, y mano

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derecha de Pedro Tinoco. La corrida había sido tan mayúscula como las pérdidas que produjeron el paro empresarial y petrolero desatado a partir del 2002: se había estafado a la Nación en 9 mil millones de dólares.

En aquel hervidero de insalvables culpas, Gustavo dice con la frente tan en alto, como cuando prestó su avión para salvar a Estanislao Pérez, que él pagó de inmediato, hasta la última locha que debía su hermano, «y puso activos a disposición como aval para optar a una línea de financiamiento del Banco Central,… y contactó a banqueros extranjeros para invitarlos a invertir en el Latino. Varios de ellos se mostraron interesados12». Este hombre no tiene mesura en sus desver-güenzas e inventos: acaso que los banqueros son monjitas de la caridad, que iban a venir a poner su plata en unos bancos que estaban quebrando, y en un país con una reputación en el plano judicial espantoso. Habría que ser imbécil para creer en estas barbaridades. Pero como el papel aguanta todo, continuó el Pirata Global diciendo que él había acudido a Miraflores para prestar su valiosa ayuda: «Mire -insistía el empresario al presidente-, no crea que yo estoy haciendo esto pensando en Ricardo, que es director del Latino, sino porque de intervenirse el banco se generará una crisis de confianza tremenda13».

Ahora no eran ladrones y estafadores sino héroes: «Los intentos de los hermanos POR RESCATAR el banco fueron en vano. Caldera identificaba a la cúpula del Banco Latino como un banco políticamente contrario al suyo14».

Qué llorona se desató entonces. Gustavo tenía a esa poderosa estación para limpiar y salvar su reputación, y dirigió una alocución al pueblo venezolano, con ese lenguaje de altura que ha conmocionado tanto a Carlos Fuentes: «Quiero hablarles de la crisis del Banco Latino. De la crisis que ha paralizado a Venezuela. De las acusaciones contra mi hermano Ricardo, y de la malintencionada campaña que trata de culparle injustamente a él, y a nuestra Organización, de los problemas que aquejan a tantos…15».

Expresó que el dolor en su corazón por los que no podían sacar sus ahorros de los bancos era intensísimo. No dijo que su avión y sus activos estaban a la orden de ese pueblo que había

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quedado sin comida, sin medicinas, sin cómo poder pagar sus viviendas. No señor.

Pero para ayudar a su hermano sí tenía humanidad y coraje y expresó: «Quiero hablarles de mi hermano Ricardo, porque eso también duele. Me duele profundamente porque es mi hermano, y porque yo mejor que nadie sé lo que él ha trabajado para construir una organización mundial que ha puesto muy en alto el nombre de Venezuela y de los venezolanos».

«Me duele porque no es justo. Ricardo sólo asistió a siete reuniones en los catorce meses que fue miembro de la junta directiva».

«¿En qué mente cabe pensar que un hombre que forjó empresas en muchos países sin ayuda de ningún gobierno pudo en Venezuela destrozar un banco en siete reuniones, en catorce meses?».

«Hay una culpa que sí tenemos -concluyó su discurso-. Y es no haber expuesto nuestro punto de vista claramente y a tiempo. Hoy comenzamos a hacerlo. Lo haremos frecuente-mente. Para explicar nuestras acciones. Para orientar al país, con la frente en alto16».

Y justifica toda aquella llorona diciendo lo más absurdo del mundo: «Lo que queríamos era reducir nuestras operaciones venezolanas, ser más pequeños en una Venezuela más grande -dice, recordando el caso Latino y sus consecuencias sobre el grupo-, una Venezuela más próspera, mucho más abierta, centrada y encajada en el marco internacional: una Venezuela que fuese competitiva17».

Otra vez con el mayor abuso de las leyes y de las disposiciones de la Republica en cuanto al uso de los medios radio-eléctricos y televisivos, Cisneros tomó a Venevisión como centro de depuración de los banqueros ladrones, y sin ambages algunos dice: «Se dio inicio a UNA CAMPAÑA INSTITU-CIONAL A ESCALA MUNDIAL para explicar la posición del grupo. En los próximos meses muchos directores y editores recibirían largas cartas acompañadas por una nutrida documentación que rebatía desde las aseveraciones que Cisneros consideraba obviamente erradas, hasta las que

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pudiesen llevar a conclusiones engañosas. Después venía el seguimiento de Bardasano, que llamaba al periodista o editor o a ambos, con una explicación off the record. A veces éste iba solo o con Gustavo Cisneros, a visitar las redacciones para dar su versión de los hechos a los periodistas. Hicieron eso The

Miami Herald, The Wall Street Journal y The New York Times».

«POR SU PROPIO PESO Y SU LLEGADA A LA OPI-NIÓN PÚBLICA, CISNEROS DESIGNÓ A VENEVISIÓN COMO PUNTAL EN LA DEFENSA DE RICARDO CISNEROS, y la Organización Cisneros se encargó de que todas las otras compañas bajasen el perfil. A los gerentes se les instruyó no hablar con la prensa a menos que fuese a beneficio de Venevisión y de Ricardo Cisneros18».

«Los argumentos de Cisneros eran sencillos: lo esencial era que la posición de la familia provenía de cincuenta años de duro trabajo y de un esfuerzo perseverante. En cuanto a Ricardo Cisneros, no tenía papel ejecutivo alguno en el malogrado Latino, y la relación de la Organización con esa institución financiera estaba circunscrita a un pequeño porcentaje de la propiedad…19».

A partir de este resbalón, lo poco que le quedaba en el país comenzó a liquidarlo: vendió los CADA y los Maxys. Pero él todavía, como un ser supremo que ve todo desde las alturas, se permite añadir que la OC mantenía su compromiso con Venezuela. «Yo siempre apostaré –DESDE BIEN LEJOS- por Venezuela».

Y, «¡SE HIZO JUSTICIA!»: El Tribunal Superior de Salvaguarda del Patrimonio Público en fecha 20 de marzo de 1997, con Ponencia del juez presidente Edith Cabello de Requena y con el voto unánime de los tres miembros, dejó a Ricardo libre de toda acusación o culpa. Era el mismo Tribunal que había dejado libre de toda acusación o culpa a Lusinchi y a CAP junto con sus barraganas. El que había dejado libre de toda acusación o culpa a más de mil delincuentes que habían estafado a la administración pública por un monto de más de 250 mil millones de dólares. Así pues, se le puso fin a tres años de persecución y exilio a Ricardo Cisneros, y hubo entonces

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brindis, saraos, salutaciones porque LA VERDAD PREVALECIÓ.

Este encontronazo aunque le enfrió bastante los cojones al Magnate Pirata, no veía manera de desentenderse de sus compromisos planetarios fuertemente ligados al «desarrollo de Venezuela». Para él era ya más que evidente que nuestros países no eran confiables, seguros, serios ni disciplinados para emprender negocios de gran envergadura. Y se le planteaba, no obstante, un dilema horrible: ¿Cómo seguir siendo el Rey Empresarial sin el soporte básico de la estructura petrolera con la cual siempre había contado la OC? Indudablemente que no le quedaba otro camino que seguir ayudando a su país, con sus luces, con sus consejos. Treinta años de sacrificios por Venezuela no pueden borrarse fácilmente, ni nadie tiene derecho a desconocerlos. Con la misma fortaleza de Orlando Castro dijo: «Yo sigo en Venezuela». Y seguir en Venezuela era continuar asesorando a los Presidente de la República para que colocaran «hombres honestos» en los puestos claves del gobierno.

Y de consejo en consejo, como se verá posteriormente, en 1996, de un zarpazo se adueña del Canal 5.

Bache deja muchos baches por el camino, y repentina-mente saltamos de 1996, al 2002, cuando Gustavo ve una agudización espantosa de las dificultades económicas de su querida patria. Si él alguna vez había estudiado economía, jamás hubiera podido explicar cómo era que la fortaleza del bolívar se encontraba en su punto más alto en cuarenta años: se estaban vendiendo más carros que nunca, las cuentas en dólares crecían extraordinariamente; la inmensa mayoría de los trabajadores que llevaban casi veinte años sin cobrar prestaciones las estaban recibiendo; el sector de la construcción tuvo un empuje positivo jamás visto en 30 años; ningún banco estaba en problemas y se respiraba un aire de total solidez en el ambiente del país. Si todos los empresarios y políticos se hubiesen puesto de acuerdo con el Presidente Chávez, en un gran acuerdo nacional para llevar adelante el tan esperado desarrollo y progreso de la Nación, hoy Venezuela sería la potencia económica y política con mayor futuro del planeta.

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Pero los amos estaban en Washington y habían dado las órdenes de detener ese plan que en nada les convenía porque atacaba el ALCA que tanto, de paso, ama el Pirata Global. Dejando de lado preámbulos y flirteos, Gustavo asumió la dirección del golpe de Estado. Cual un verdadero canalla le cuenta a Bache, que Chávez no le dio tregua a sus opositores, utilizando algunos de sus epítetos preferidos como «fascista», «escuálidos», «oligarcas» y «Jineteras» (prostitutas). Esto último nunca lo dijo Chávez antes del 11-A del 2002, pero Gustavo se lo cuenta a Bache. Añade el Pirata Global que a principios de 2002 la mayoría de los venezolanos estaban hartos de Chávez y su revolución bolivariana, pero no le explica al mismo Bache cómo fue el milagro por el cual Chávez retorna a su presidencia a las 47 horas después de ser derrocado, sin que esa mayoría hubiese hecho absolutamente nada para impedirlo.

Gustavo añade que el enfrentamiento llegó a la cúspide el jueves 11-A, «cuando una gigantesca manifestación opositora fue atacada a balazos y 19 personas perdieron la vida y centenas (sic) quedaron heridas. EL PRESIDENTE PIDIÓ A LAS TROPAS APLICAR EL PLAN ÁVILA, QUE EN EL ARGOT MILITAR VENEZOLANO SIGNIFICA UTILIZAR TODA LA FUERZA NECESARIA PARA IMPONER EL ORDEN, LO QUE EN EFECTO HABRÍA CAUSADO UNA MASACRE DE LA POBLACIÓN. LOS MANDOS MILITARES SE NEGARON Y CHÁVEZ ESTABA ACABADO».

Más adelante dice con su peculiar cinismo, que Chávez logró reinstalarse en el poder el 13-A en medio de algunas contra manifestaciones a favor del destituido mandatario. Es decir que sugiere que había manifestaciones en contra de Chávez, ese día, lo cual es absolutamente falso.

Y he aquí que como todos los cobardes, se apoya en lo que le conviene: «Chávez regresó comprometiéndose al diálogo y a rebajar la animosidad, pero el diálogo no fue para ningún lado y el ambiente volvió a degenerarse en los siguientes meses». «En medio de un gran fervor callejero, en diciembre la oposición convocó a un paro, hasta desplazar a Chávez del poder o comprometerlo a un acto electoral que permitiera al

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pueblo expresarse. Pero ese paro fracasó, costándole varios miles de millones de dólares a la atribulada economía20».

No dice que él contribuyó con todas sus fuerzas y recursos para que ese paro produjera una guerra civil, una hecatombe de los mil demonios. Que se aliaron con los miltares fascistas de la plaza Altamira, y durante unos seseta días pasaron sin compasión más de 200 cuñas diarias de guerra mediática para destrozar la economía del país, y lo lograron. Le escribió Jorge Olavarría al propio Gustavo Cisneros en una carta del fecha 2/ 6/4, que publicó el diario VEA el 1 de julio de 2004: «Venevisión puso en marcha una programación de puertas abiertas a todo aquel que quisiera venir a expresar su apoyo a la huelga... Uno de ellos fue Víctor Ferreres, quien en esos días no actuó como director de un canal de televisión sino como un dirigente político, dotado del privilegio de decir quien habla y quien no habla... La única razón por la cual te envío esta nota, es porque conozco la capacidad para mentir y engañar que tienen Ferreres, (Napoleón) Bravo y compañía... ».

Y otra vez, la víctima llorona del Gustavo Cisneros que chapotea desde su guarida porque aquí tiene una gran parte del oxígeno que le permite ser una de las cuatro vedettes más cadenciosas del hemisferio: «Un Chávez triunfante recurrió a un viejo vicio venezolano para consolidar su control e instaló un régimen de control de cambio en febrero».

«El grifo de los dólares fue cerrado para miles de empresas del país, la OC inclusive». Este INCLUSIVE no se entiende, seguramente porque se imagina que es Dios. Y añade con su típica jeta (él o el Bache): «Venevisión enfrentaba problemas serios para pagar los elementos básicos con el fin de transmitir una señal de televisión, desde cintas de vídeo hasta progra-mación enlatada». RIP. RIP. RIP… Bicho Bache, buche, bah...

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GUERRA AVISADA SÍ MATA SOLDADO Sus empresas (las de Ruiz-Mateos) han servido para que

se enriquezcan aún más algunos sinvergüenzas ricos, como Gustavo Cisneros.

(El ultraderechista español Jaime Campmany). A mediados del 2003, Gustavo Cisneros llegó en una sorpresiva visita a Venezuela, acompañado del ex presidente Jimmy Carter. Apareció con las cejas pintadas, y un colorete suave de muerto recién acicalado tal cual lo muestra la portada de este trabajo. Envejecido, flácido, cachetón, adiposo. Desencajado. Siempre ha estado desencajado de la realidad nacional, pero ahora se encontraba fuera de su nicho de INNOMBRABLE porque en las calles el pueblo en pancartas lo señalaba de ASESINO, GOLPISTA, LADRÓN. ¡Y cómo tapar ahora el sol con sus medios! Toda una vida ligado a cubanos agusanados no podía cuadrar en nuestra cultura, en nuestras tradiciones, por lo que había preferido irse al Norte a conquistar a latinos que buscan el «Sueño Americano». Latinos con dólares e igualmente desencajados como él.

Pobres latinos a los que les mete en sus países de origen la mierda de ese SUEÑO dulce del mercado en el que se puede tener de todo a costa de no ser nada. El SUEÑO lo ven primero por las telenovelas que negocia Cisneros, por los productos que anuncia: buenas hembras que abren las piernas en una piscina cuando un macho de músculos soplados lleva una tarjeta dorada Visa. Te cambio la vida por un SUEÑO, le dice Cisneros. No vaciles. Atrévete. Los hombres modernos buscan la aventura, son valientes: tendrás un carro deportivo descapotable, dorado. Todo SUEÑO es dorado (como el oro). Carros con low-ryders y mag-wheels, celulares ultra-modernos, el paraíso del Tío Sam con sus rascacielos y entretenimientos, Disney, Superman, Robotcop... Cuando llegan a Miami, Houston, Texas, Nueva York o Los Ángeles, Cisneros les da el

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tiro en el sistema nervioso central: los remata con las drogas de sus enlatados, con sus bazofias telenoveleras.

Toma tu SUEÑO.

De un SUEÑO del que nunca ha surgido un poeta que pueda cantarle a su tierra autóctona latinoamericana, sino muñecos anodinos que tragan papas fritas con ketchup y hamburguesas y asisten a los programas de Don Francisco o al de la catira, a juro, Cristina. No ha surgido ni podrá surgir nunca un Bolívar, un Martí, Sucre, Morazán, Zapata, Sandino o Juárez, sino señoritos lechuguinos y petimetres a lo Primero Justicia. Por eso Cisneros los invita, para que vayan a engrosar el número de los imbéciles que tendrán que pegarse a su cadena Univisión, y a él, claro, le conviene cobrarles en dólares.

¿A quién se le puede ocurrir pensar que este señor podría ser lo suficientemente popular como para coronarse Presidente de la República? Pues a Bush, pues al Jimmy Carter que ese día lo estaba acompañando para hablar de la «crítica situación venezolana».

Al Jimmy Carter se le hizo un estudio de imagen para convertirlo en el Gran Tartufo Americano. Premio Nóbel de la Paz (como Kissinger). Ojillos pequeños glaucos tras los cuales se oculta la receta de una intervención; sus poses suaves, su hablar pausado con el mamoneo de su lengua tratando de explicarse en español, ¡Bingo!: convertido en la madre Teresa de la oposición. Jimmy no es inocente de lo que está corriendo por debajo de las aguas de la oposición. Claro que sabe mejor que el propio Presidente Chávez, cómo se ha estado batiendo la manteca en Washington para provocar una guerra civil entre nosotros. Él entiende muy bien del método de la guerra sicológica confeccionada por su padrino Nelson Rockefeller, cuyo fin es tensar con locura los nervios del pueblo para que se desate el desenfreno sin control, y tengan entonces que venir los marines a imponer la paz.

El Jimmy no es ningún pendejo. Como tampoco lo es César Gaviria. Los dos están financiados por las mismas transnacionales, por las mismas grandes corporaciones que andan confeccionando bellas guerras humanitarias por el mundo. Si no, qué sentido podría tener el Premio Nóbel de la

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Paz. En nombre de este Premio es por lo que anda amarteladito con Gustavo Cisneros, el rey que las comercia, que las negocia con CÑM y con su cadena mediática internacional.

Andan en lo mismo, el Jimmy y el Gustavo. No podría ser de otro modo.

Si el Jimmy fuese un hombre decente, un ser honesto, un verdadero representante de la paz y de la justicia, nunca hubiera admitido andar en tratos con el asesino que montó la trama de la marcha a Miraflores con un montón de francotiradores. No se hubiese presentado al lado de quien cuadró sus cámaras sesgadas en Puente Llaguno para llevarse un Premio Internacional para Venevisión, cuyas imágenes llevaban la suprema prueba de «los crímenes de lesa humanidad» cometi-dos por Chávez. Jimmy sabe muy bien lo que perseguían el Carmona Estanga, el Carlos Ortega y el Enrique Mendoza, junto con ese casi centenar de altos oficiales, todos ellos trabajando hombro a hombro con la CIA. El Jimmy no es ningún pendejo, insisto, porque además no hay un solo gringo de su categoría y catadura que de algún modo, viajando fuera de su país, no le esté prestando un servicio bien gordo a la CIA. No me van a venir con el cuento de que el Jimmy está de acuerdo con que Venezuela esté cobrando lo justo por su petróleo, que seamos absolutamente soberanos y que estemos en campaña contra el ALCA. El Jimmy, que tiene grandes negocios con la Coca Cola, con sus poderosas empresas de cacahuetes ligadas a quienes lo convirtieron en Presidente de EE UU, que es la madre de todos los mercados del planeta, no puede ser imparcial en esta batalla por un nuevo orden mundial que está encabezando Venezuela.

EL YOYO DE JIMMY

Jimmy Carter endulzará el regreso del petróleo a la democracia hemisférica con su dulce sonrisa de bonachón y su bendición pastoral.

Heinz Dieterich. Allí estaba el Jimmy al lado del hombre que aquí ponía presidentes (y ahora los quiere imponer en la América Hispana):

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Gustavo Cisneros. Jimmy acababa de entender ese gran chasco que se llevó su par con lo del golpe del 11 de abril de 2002, y por eso venía con su cuña de gran mediador, para ver cómo ante los ojos del mundo podía salvar a Cisneros. Si Cisneros quiebra, también se desajusta el imperio de Jimmy. Cisneros andaba pidiendo cacao porque a partir del 11-A tuvo que salir de su cueva de ladrones, de su pose, digo, de INNOMBRABLE, y ponerse a ladrar contra Chávez. Además de tener que contratar para su causa a eminentes personajillos de «izquierda» como Carlos Fuentes. Apostó a que le daría una lección al teniente-coronel, moviendo sus influencias con agites de marines, helicópteros en Maiquetía y portaviones frente a las costas de Falcón, pero no estaba solo en su guerra: el Jimmy y el estado mayor del imperio de Jimmy eran los verdaderos directores del golpe y los que todavía siguen financiándolo. Es una idiotez suprema imaginar que el imperio puede dejar solo en su lucha a Cisneros, cuando éste al tiempo que defiende sus intereses, está también apuntalando a los del Norte, incluidos los de Jimmy y el mar de delincuentes trajeados de opositores democráticos o de sociedad civil.

El Jimmy y el Gustavo, habían estado hablando de lo que todavía puede hacer la Coca Cola por la democracia venezolana. La ONG de Jimmy, el Centro Carter, es financiado por la CIA21. El Jimmy anda en lo suyo desde que aplaudió la Guerra de Vietnam y dijo en 1977: «EE UU no tiene por qué disculparse o asumir por esa invasión condición alguna de culpables. Fuimos allá a defender la libertad de los ciudadanos de Vietnam del Sur22». Es decir que él no puede estar contra la intervención en Irak, y con todo su Premio Nóbel de la Paz, no ha dicho ni pío sobre los espantosos crímenes que Bush está cometiendo en ese país. De modo que una super masacre en Venezuela, le tiene sin cuidado; él está curado en esas cosas.

El Jimmy jamás quiso escuchar las imploraciones de monseñor Oscar Arnulfo Romero cuando éste le escribió: «Lo más lógico es que los poderosos de la oligarquía reflexionen con serenidad humana y cristiana, si es posible, el llamamiento que Cristo les hace hoy desde el Evangelio: Ay de ustedes,

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