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EL YOYO DE JIMMY

In document cisneros sant roz (página 47-52)

Jimmy Carter endulzará el regreso del petróleo a la democracia hemisférica con su dulce sonrisa de bonachón y su bendición pastoral.

Heinz Dieterich. Allí estaba el Jimmy al lado del hombre que aquí ponía presidentes (y ahora los quiere imponer en la América Hispana):

Gustavo Cisneros. Jimmy acababa de entender ese gran chasco que se llevó su par con lo del golpe del 11 de abril de 2002, y por eso venía con su cuña de gran mediador, para ver cómo ante los ojos del mundo podía salvar a Cisneros. Si Cisneros quiebra, también se desajusta el imperio de Jimmy. Cisneros andaba pidiendo cacao porque a partir del 11-A tuvo que salir de su cueva de ladrones, de su pose, digo, de INNOMBRABLE, y ponerse a ladrar contra Chávez. Además de tener que contratar para su causa a eminentes personajillos de «izquierda» como Carlos Fuentes. Apostó a que le daría una lección al teniente-coronel, moviendo sus influencias con agites de marines, helicópteros en Maiquetía y portaviones frente a las costas de Falcón, pero no estaba solo en su guerra: el Jimmy y el estado mayor del imperio de Jimmy eran los verdaderos directores del golpe y los que todavía siguen financiándolo. Es una idiotez suprema imaginar que el imperio puede dejar solo en su lucha a Cisneros, cuando éste al tiempo que defiende sus intereses, está también apuntalando a los del Norte, incluidos los de Jimmy y el mar de delincuentes trajeados de opositores democráticos o de sociedad civil.

El Jimmy y el Gustavo, habían estado hablando de lo que todavía puede hacer la Coca Cola por la democracia venezolana. La ONG de Jimmy, el Centro Carter, es financiado por la CIA21. El Jimmy anda en lo suyo desde que aplaudió la Guerra de Vietnam y dijo en 1977: «EE UU no tiene por qué disculparse o asumir por esa invasión condición alguna de culpables. Fuimos allá a defender la libertad de los ciudadanos de Vietnam del Sur22». Es decir que él no puede estar contra la intervención en Irak, y con todo su Premio Nóbel de la Paz, no ha dicho ni pío sobre los espantosos crímenes que Bush está cometiendo en ese país. De modo que una super masacre en Venezuela, le tiene sin cuidado; él está curado en esas cosas.

El Jimmy jamás quiso escuchar las imploraciones de monseñor Oscar Arnulfo Romero cuando éste le escribió: «Lo más lógico es que los poderosos de la oligarquía reflexionen con serenidad humana y cristiana, si es posible, el llamamiento que Cristo les hace hoy desde el Evangelio: Ay de ustedes,

porque mañana llorarán. Es mejor, repitiendo la imagen ya conocida quitarse los anillos, antes que les puedan cortar las manos. Sean lógicos con sus convicciones humanas y cristianas y den un chance al pueblo para organizarse con un sentido de justicia y no quieran defender lo que es indefendible23».

El Jimmy Carter echó a la basura aquella plegaria. Él jamás se habría molestado en ir a El Salvador para investigar los espantosos crímenes de su gran amigo José Napoleón Duarte. El Duarte que eliminó a todos los medios de comunica- ción independientes, no por la censura sino mediante el crimen directo y sin tapujos: la mutilación, la destrucción física. En 1986 los miembros de la Comisión no gubernamental de los Derechos Humanos de El Salvador (CDHES) fueron arrestados y torturados. El director de esta comisión era Herbert Anaya quien más tarde sería asesinado por grupos del gobierno. Fueron llevados los miembros de la CDHES a la cárcel «La Esperanza» (vaya nombre), cuando habían logrado compilar un informe de 160 páginas con el testimonio jurado de 430 prisioneros políticos, «que facilitaron detalles precisos y extensos de su tortura por las fuerzas de seguridad respaldadas por EE UU24». Pero con qué lujo de hipocresía todos los grandes defensores del terrorismo de EE UU (incluidos Cisneros y el Jimmy), de la imposición de sus dictadores y de La Escuela de Las Américas, se retuercen, se indignan y claman porque Venezuela sea condenada por la OEA, la OIT, y por el Tribunal de la Haya o la Audiencia Española, por lo que aquí sucedió el 11- A, durante el paro petrolero, el guarimbazo, tramas todas provocadas por la CIA.

Hay que tener en cuenta que Gustavo Cisneros celebró a tambor batiente la intervención de Bush en Irak.

Asesinos, pues, clamando por justicia y paz.

Todo esto responde a un gran entramado internacional y mercantil. No hay que olvidar que Jimmy se convirtió en socio de Carlos Andrés Pérez (y por ende de Cisneros) durante el mandato de éste (ambos eran Presidentes de sus respectivos países). Cuando en 1977 a Carlos Andrés Pérez, CAP, se le acuse de haber trabajado para la CIA entre los primeros que

saldrán a defenderlo estará Jimmy, y lo hará con una elocuente y elogiosa carta pública: «Yo a usted lo admiro, y admiro a su gobierno».

Cuando a mediados de 1977, el Presidente Carlos Andrés Pérez visite Washington, el jefe de Estado, Jimmy, le echará de estas flores: «Usted representa al hombre que encierra todos los aspectos más elevados de las esperanzas, los sueños y las aspiraciones de nuestro país… Desde hace 19 años, Venezuela ha sido una democracia pura, total, absoluta… Hemos visto también allí a un país evolucionado, mirando al soberbio liderato del gran Libertador, Simón Bolívar, y al Presidente Betancourt.25»

Para esa época ya CAP, viendo el final de don Diego Cisneros, le aconsejará a Gustavo que se prepare para asumir la dirección del concierto empresarial venezolano y de los proyectos de expansión económica de la Gran Venezuela, contando con todo el apoyo del Estado. También CAP tenía tan buenos ojos para los negocios como los del propio Diego Cisneros, y es por ello por lo que no se irá por las ramas a la hora de apostar por Gustavo con todos los medios al alcance de su gobierno. En el cuadre con él, pondrá a jugar «el mejor equipo de banqueros» del país bajo la dirección de Pedro Tinoco (el del contacto entre la caja chica del Banco Central de Venezuela, con el Chase Manhatan Bank de mister Nelson Rockefeller).

Gustavo Cisneros le debe a CAP, hasta el aire que respira, y seguramente, como se ha comentado, fue CAP quien tuvo la genial idea de contactar a Carlos Fuentes para que le escribiera el prólogo de sus memorias, pero que hasta en esto se le adelantó el Adelantado. Las memorias de CAP se ha retardado por sus últimas enfermedades, pero si le queda tiempo para terminarlas, ahí todavía le quedan los mastodontes de la literatura: Mario Vargas Llosa, Alberto Montaner o Plinio Apuleyo Mendoza aunque, lástima, que ya éstos sean declaradamente del otro bando: no sean, digo, hombres «preclaramente izquierdistas, como sí lo sigue siendo Fuentes».

Pero los lazos de Jimmy con Cisneros tienen otros entronques que datan de los horribles crímenes de la guerra

civil en El Salvador, cuando las noticias en aquel país tenían que pasar por miles de filtros; llevarse de manera clandestina por el mundo, ser distribuidas en pequeñas notas hechas a mano; camufladas de manera que no fuesen descubiertas por los perros de la policía comunicacional a la que siempre ha pertenecido Gustavo. Los perros terroristas de la policía comu- nicacional jamás podrían transmitir algo que de la manera más leve pueda herir la delicada piel de las ranas plataneras del Norte. ¿Por qué los poderosos medios no organizaron una campaña internacional de condena a EE UU, en abril de 2004, por los horrendos crímenes cometidos contra los iraquíes sino que más bien concentraron su atención en una resolución de condena a Cuba por supuestas violaciones de este país a los Derechos Humanos (sin olvidar que en 1988, el Jimmy se hizo el loco cuando el Departamento de Estado les negó la visa a funcionarios cubanos, que debían realizar una inspección recíproca en las prisiones de EE UU)?

Caramba observador, obsérvate.

Como un verdadero cow boy llegaría el Jimmy Carter para los cómputos de las firmas del fulano Revocatorio al Presidente, en mayo de 2004; lo hacía en representación de la Coca Cola, de la Mc Donald’s y de las empresas petroleras que quieren quebrar y poner de rodilla a la OPEP. En pleno Consejo Nacional Electoral, CNE, a lo macho sacó su pistola de observa- dor y colocándosela en la nuca de los Rectores, Carrasquero, Rodríguez y Battaglini, les exigió que dieran de inmediato los resultados o que en caso contrario él se vería obligado a dar los suyos.

El hijo de puta, apurado, quería que los números forjados por SUMATE definieran el triunfo de su bando. Bajo los faldones de las matronas del Este, el Jimmy ya estaba enterado de los listados con los 18 mil muertos (toda una friolera) que «estamparon» sus firmas, sin contar las de los menores de edad, la de los extranjeros y la de aquellos que usaron cédulas clonadas. El Centro Carter calló como el gran delincuente que siempre ha sido. Igualmente lo hicieron sus socios observadores de la OEA. Ningún país del mundo habría aceptado este adefesio electoral, pero en Venezuela teníamos que adoptarlo,

so pena de ser sancionados por el imperio yanqui que tenía sus narices metidas hasta en las pocetas del Consejo Nacional Electoral, CNE. Para eso vinieron los observadores, entre los cuales estaban agentes del Departamento de Estado (de la CIA).

LO DEL REVOCATORIO FUE COCINADO EN

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