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CON LA TÓNICA DEL SECRETEO

In document cisneros sant roz (página 95-100)

Betancourt le recordaba a la Shell las palabras del historiador Clement Walker, del siglo XVII, quien sostuvo que quienes arrojen los misterios y secretos de los gobiernos a los pies del populacho y le enseñen a desenmascarar los principios por los que se mueven los poderosos, harán tan curioso y arrogante al pueblo que nunca hallará la suficiente humildad como para dejarse someter. Esa técnica la aplicaría de maravillas Betancourt con la ayuda que le iba prestar a los gobierno Venevisión. En esto coincidían perfectamente don Diego y Betancourt, y cómo nos duele hoy que no hubiesen conocido al comandante Chávez que desveló los misterios de Pdvsa, de los medios, de Fedecámaras, de la Corte Suprema de Justicia, de las partidas secretas y de las mafias sindicales, por lo que el

pueblo ha quedado curioso y arrogante y ciertamente que no volverá a esa humildad de los pendejos con aquí se le engañaba y se le manipulaba.

Esta política del misterio, del secreteo, de la innombra- bilidad, tiene mucho que ver con los que trabajan con agencias de inteligencia como la CIA. Imagínense si se pudiera conocer una milésima parte de todo lo maquiavélico, ilegal, mafioso, que se mueve tras bastidores en la Organización Cisneros. A los Cisneros se les llegan a conocer las bases sobre las cuales se han levantado sus fortunas y de inmediato comenzarían a agrietarse y gangrenarse gran parte de sus fundaciones. Y por esta razón hemos visto algo desesperado últimamente a Gustavo Cisneros procurando tener una reunión con Hugo Chávez, cosa que solicitó a través de Jimmy Carter (para que además se hiciera con presencia de éste), y que finalmente se produjo el viernes 18 de junio de 2004.

Con la perfecta tónica del secreteo Miguel Ángel Capriles, MAC, levantó su imperio y un control mediático pavoroso en Venezuela. Capriles conocía a la perfección lo que se denomina la «filtración de información», y en esto era realmente un experto. Sabía además con sólo mirarlo qué alto funcionario del gobierno o del empresariado estaba a sueldo de la CIA en Venezuela. Esto provocaba admiración en sus peones hampones del Rafael Poleo y Oscar Yanes. No hay que olvidar que otros admiradores de Capriles fueron Rómulo Betancourt y Carlos Andrés Pérez. Pues bien, este genial maestro del mass media venezolano, sin necesidad de haber leído a Clement Walter, sostenía que el estado permanente de crisis en Venezuela era consecuencia de «haber lanzado a rodar a los cuatro vientos secretos de altura de manera irresponsable67». «¡Ni los más encubiertos y celosamente guardados secretos de Estado, de la alta política, o de las supremas finanzas, escapan, a la corta o la larga de esta regla tan perjudicial para la buena marcha de los asuntos nacionales!68».

El Hombre de la Cachimba, Betancourt, conceptuaba que no debían hacerse las cosas de manera abierta y franca porque siempre conllevan peligros «revisionistas» a la hora de tener

que sancionar leyes y decretos. Nada le parecía más pernicioso en política como la sensación de torpeza, de avances y retrocesos, por no medir bien lo que se hace ni lo que se propone. De modo que Betancourt hacía el papel de Yago (el del «Mercader de Venecia») ante la Standard Oil, al hablarle de lo malo que se iban a poner las cosas de seguir Medina con su política nacionalista y haciendo que la gente metiera su hocico en algo para lo que era muy ignorante y que además se debía hacer sólo entre «las partes interesadas». Presionó Betancourt hasta los niveles del Departamento de Estado, recomendándole agites y alteraciones del orden público, toda una situación artificial de alarma social, para con ellas acabar derribando al gobierno. Para estas presiones, la Standard Oil le donó una moderna rotativa al diario La Esfera, y así se echó a correr toda una campaña de desprestigio contra el presidente de la República, Medina Angarita.

El que va asumir el papel de supremo canalla al servicio del imperio (tal cual como hoy lo ejerce un Napoleón Bravo o un Leopoldo Castillo), fue Ramón David León, quien por cierto parecía un vulgar matón de las cuadrillas de Al Capone: fornido, de invariable flux negro, lentes oscuros y pose desafiante. Entonces el caballo de batalla de los medios, para hundir a Medina, fue explotar, día tras día, el asunto «del sueldo miserable» que devengaban los oficiales. Día tras día, con titulares a ocho columnas se planteaba la ruina de las FAN. Más o menos, como día tras día, se la aplicaron a los quemados de Fuerte Mara en una trama con baraja oculta para después lanzar paramilitares en una acción camuflada desde los cuarteles.

El capitán Carlos Morales, uno de los principales golpistas del 18 de Octubre, dirá que en realidad la campaña periodística de La Esfera y El País contribuyeron a formar un ambiente muy favorable para la subversión de las FF AA69".

Medina Angarita obtuvo un amplio respaldo popular, pero como hombre bueno y sensible, cayó fácilmente en las redes y en las actividades de zapa que le tendió Betancourt junto con los medios de la época. Betancourt procuró cuantos recursos miserables tuvo a su alcance para acabar con el pobre

Medina, hasta el punto que medio mundo se tragó el cuento de que realmente este Presidente era hasta peor que Gómez, un perdido y degenerado antidemócrata.

En cierta ocasión, que el historiador Juan Bautista Fuenmayor visitaba a Medina en palacio, lo encontró profundamente afectado por aquella vil campaña, y le dijo Medina que deseaba no ser Presidente para caerle a foetazos a Ramón David León.

¡Cuántos foetazos, merecerán Marta Colomina, Fausto Masó, Napoleón Bravo y el resto de la jauría de lacayos al servicio de Gustavo Cisneros!

La verdad es que estos canallas se aprovechaban de que un Presidente como Medina no les iba a mandar unos matones para golpearlos o desaparecerlos, y por ello con mayor saña lo calumniaban, lo vituperaban.

Estos hechos repetidos diariamente ante los ojos de don Diego, le hacían ver el poder inmenso que representaban los medios, y que quien no los dominaba o no los poseía, quedaba a merced de ellos.

Sin embargo, si hay algo que habrá de cuidar toda su vida Diego Cisneros, y que luego en gran medida imitará su hijo Gustavo, es la de evitar en lo posible aparecer en grandes saraos y reuniones sociales donde estén presentes políticos y empresarios importantes. Don Diego no era hombre de andar concediendo entrevistas, apareciendo en televisión, visitando periódicos. A él lo visitaban en su casa. Allí sí se sentía a sus anchas porque controlaba todo, y podía decir lo que realmente quería. En este sentido es muy difícil conseguir imágenes de los Cisneros en actos públicos, porque de antemano sabía que esto también se paga caro. En esto se parecía mucho a Miguel Ángel Capriles quien dictaminaba: «Los cronistas sociales de mi Cadena deberán consultar conmigo antes de mencionarme, a mí personalmente o a cualquiera de mis familiares, en las notas de actos, banquetes, recepciones o cocteles. Especialmente deben hacer esta consulta cuando haya fotografías del acto;

deben traerme las gráficas para que yo las vea, y sólo podrán publicarlas con mi expresa aprobación70».

En cualquier historia sobre los Cisneros, no se verá una sola palabra de pena por lo ocurrido al Presidente Medina Angarita, porque el golpe lo dieron los adecos, y ellos callaron porque les convenía provisionalmente, mientras el Departa- mento de Estado definía qué hacer con la gran cantidad de candidatos que se les llevaba para dirigir los destinos de este país. Sin embargo, sí tenemos alguna leve referencia de la preocupación de los Cisneros por la caída del gobierno de Rómulo Gallegos, cuando el biógrafo oficial de esta familia recoge cuarenta años más tarde: «El gobierno constitucional de Rómulo Gallegos, amigo y figura muy admirada por sus dotes literarias y un profundo espíritu humanista, es derrocado el 24 de noviembre de 1948…71». Obsérvese cómo alargan las expresiones para no decir nada y escabullir el bulto. Pero luego se acoplaran perfectamente a la dictadura de Pérez Jiménez, en nombre del mercado y de que nada tienen que ver con los políticos. Diez años se los echa al pico el biógrafo oficial sin decir nada sobre ellos; absolutamente nada, cuando es mucha la historia que podría recoger de la complicidad de todos los empresarios, incluidos, claro el señor Diego, en el golpe contra Rómulo Gallegos.

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