En el libro de Bache, en el capítulo sobre «Multiplicando Negocios», vemos a un Cisneros pletórico de poder y fortuna, al tiempo que Venezuela se hundía en la más pavorosa crisis financiera y política del siglo. Millones de pordioseros hurgando en las basuras para comer algo; los caminos colmados de seres sin techo; pordioseros por doquier y creciendo a pasos agigantados la pobreza, las endemias, las enfermedades y la falta de escuela y de hospitales. Pero al mismo tiempo, el 2 de diciembre de 1982, vemos a un Gustavo convocando a sus socios a Valle Arriba Golf Club, para cerrar con una gran celebración EL AÑO MÁS EXITOSO EN TODA LA HISTORIA DE LA ORGANIZACIÓN CISNEROS.
Por una tronera se le iban los dólares a Venezuela, sin control y sin remedio, pero entonces Gustavo estrenaba dos nuevos supermercados CADA, además de la llegada de Pizza Hut y Taco Bell a Caracas, y también de la compañía Pharsana (de artículos para bebés), el reguero de licor para las fiestas con un O’Caña más pletórica de whisky que nunca; añadida a la puesta en funcionamiento de la nueva All-American Bottling Co., AAB y la cadena de tiendas de computadoras Micro Online. Vaya, qué empuje, que solidez, ¡qué Empresario más total!, con elogios en el Dow Jones News Service, en el Wall Street y en The New York Times.
Así nos sorprende el Viernes Negro, el 17 de febrero de 1983, y lo insólito es que para el señor Gustavo Cisneros aquello no tenía nada que ver con él. El Gustavo íntimo amigo de CAP, el Gustavo socio de Tinoco, el Gustavo metido más allá de los calcañales con el proyecto de la Gran Venezuela cuando
algunos empresarios pasaron a participar del negocio petrolero; él, que se puso a traer toneladas de whisky y compañías con comida chatarra; él, que ponía ministros y certificaba Presidentes de la República a través de Venevisión, ese mismo Gustavo, digo, es el que llega y liquida aquel pavoroso asunto del Viernes Negro, diciendo: «La excesiva dependencia del sector petrolero y el enorme poder económico del Estado habían creado las condiciones para una persistente sobrevaluación7». Y entonces cuando la devaluación se disparó hasta un 40%, salta y dice que aquello representó un duro golpe para la OC, y con el mayor descaro, habla este Pirata Global: «DEBÍA IMPORTAR GRAN CANTIDAD DE INSUMOS, DESDE PROGRAMAS ENLATADOS PARA VENEVISIÓN HASTA MAQUINARIA PESADA PARA SUS FÁBRI- CAS8». Todo. Venezuela siempre ha sido así, sus empresarios toda la vida han sido simples importadores.
Y sigue: «FUE UN GOLPE CASI MORTAL PARA O’CAÑA… EL PRECIO DE LOS LICORES IMPORTA- DOS, LOS CUALES OBVIAMENTE NO CALIFICABAN COMO INSUMOS ESENCIALES Y ERAN EL PRINCIPAL SUSTENTO DE LA EMPRESA, AUMENTÓ DE MANE- RA EXORBITANTE».
Este es el anti-analfabeta al cual Carlos Fuentes puso por las nubes, llamándolo ADELANTADO. El más adelantado de todos los piratas empresariales.
Pero veamos: Gustavo no se dormía en los laureles, y como amaba a su país se puso a producir un whisky made in Venezuela que se llamó Black Horse. Para que el criollito no sintiera nostalgia de la época de las Vacas Gordas, también creo el Vodka Korzakoff, el Gin Britannia y Licores Leclerc, todos elaborados con alcohol añejado de arroz. Y como él se imaginaba que sin su concurso aquello podía arreglarse, siguió haciendo en el país lo que siempre ha hecho: TRAER BASURA TECNOLÓGICA que no controlamos, cuyos componentes y cuya permanente necesidad de actualizar nos imponen una dependencia atroz, además de una historia totalmente paralela y cuyos vórtices y desgracias nos desquician. Y fue como reforzó su carrera de anti-venezolanismos, lanzándose a la adquisición
de la Sears Roebuck de Venezuela y la compra de la Spalding & Evenflo. Él seguía promoviendo y protegiendo, mediante Venevisión, al bandidaje adeco-copeyano que era dueño y señor de la tierra de Bolívar. Aquellos sacaban su parte y él la suya. Y él seguía sin tener nada que ver con la agonía nacional, con esa deuda externa que ya superaba los 33.000 millones de dólares. Él, como si nada, pidiendo ayuda de los gobiernos, y para adelante con los faroles.
Si era sumamente caro importar los insumos para sus empresas, y más caro todavía para sus negocios de alta tecnología, él no se preocupó por montar una sola escuela para especializar muchachos. Así le pasan siete largos años en el que el país va empeorando, y vuelve al poder su íntimo lacayo del Carlos Andrés Pérez, quien a paquetazo limpio quiere de un día a otro convertirnos en la «potencia económica» que ahnelan los halcones-carroñas venezolanos.
A Gustavo, tanto el Bache y el Carlos Fuentes lo llaman hasta filósofo, pero lástima que no se haya leído a Thomas P. Hughes quien sostenía: «En los años cincuenta y sesenta se creía que la manera óptima era la tecnología norteamericana. Pero en realidad, la tecnología debe adaptarse a la cultura, a los valores, a las aptitudes laborales y a las aspiraciones de la nación que recibe el trasplante. Y si las personas difieren, como en realidad ocurre, en sus aptitudes, aspiraciones y objetivos generales, entonces la tecnología general debe ser modificada para adaptarse a esa cultura y satisfacer sus necesidades»9.
¿Cómo vamos a hacer para interpretar y asimilar los signos históricos de la tecnología de los países latinoame- ricanos? Así como los inventos y los logros científicos han alterado la cultura y la evolución de otros pueblos y esta historia va íntimamente unida al devenir de la formación política, nuestros modelos se ven fuertemente perturbados por influen- cias científicas y tecnológicas, que aún ni siquiera hemos sido capaces de moldear a nuestro medio. ¿Cómo controlar los desconocidos efectos de la tecnología sobre nosotros, cuando los mismos norteamericanos han confesado que ellos no pueden ni predecir ni dominar sus daños y la deformación que ocasionan sobre la evolución de su propio país?
¿Cómo nos arreglamos con tamaño enredo de cosas que no provienen de nuestra invención, de nuestra evolución, cuando las máquinas son consideradas por ellos, los gringos,como bestias perturbadas a las que hay que
imponerles orden una vez creadas? En este sentido nadie ha
jodido más a Venezuela que los Cisneros, con toda la mierda que nos han traído y que la imponen a machaca martillo.
¿Podrán ser esas bestias orientadas de acuerdo con nuestra formación, cuando ellas no tienen patrón ni «juicio» ni orden en los países que las engendran? Oscuro se presenta nuestro horizonte, porque, si aún no estudiamos lo suficiente para conocer nuestras costumbres y nuestra historia, sin lo cual no podremos eliminar los fantasmas y los errores del pasado, ¿cómo haremos para sacudirnos esa historia paralela y contraria a nuestra evolución, que contramarcha deshaciendo lo poco auténtico que nos queda? En esa historia de la tecnología por demás importada que nos desquicia, que no comprendemos, que no somos capaces de evadir ni de evaluar, el único modo de rectificar es comprendiendo esta contramarcha histórica que crea un desnivel cultural que acabará sometiéndonos a poderes sin sujeción moral y de una larvada y autoaniquiladora hibridez. Estalla el CARACAZO, el 27 de febrero de 1989. Gustavo cuenta que le saquearon cuatro CADA. Y el monstruo que no asumió su responsabilidad con la matanza ocurrida en la Monumental de Valencia, dice entonces que se llegó a un acuerdo entre la policía y los saqueadores para que pudieran llevarse de allí lo que quisieran. Y otra vez, como si nada tuviera que ver con lo pasaba en su país, razona que Venezuela se estaba polarizando entre una clase media cada vez más debilitada y una masa empobrecida, pero que él quería una Nación próspera, donde los ciudadanos tuviesen un alto poder adquisitivo y de consumo en sus supermercados y tiendas por departamentos.
Aquel estremecimiento puso en alerta a Gustavo y comenzó a recoger sus bártulos más valiosos. Dejaría en el país lo de más bajo valor. Tenía que deshacerse de los CADA, de O’Caña, de la Pepsi Cola y Spalding & Evenflo e internaciona- lizarse definitivamente. Deja aquí la caja chica de los gobiernos,
que en pocos años le podían traspasar la CITGO y la misma Pdvsa. Solamente deja en el grupo las operaciones que se pudiesen proyectar hacia EE UU y España. Empresa que no pudiese dar este salto NO SE JUSTIFICABA. Le dijo a sus gerentes: «Ustedes están acostumbrados a manejar empresas que generan bolívares, ahora aprenderemos a generar dólares10». Adiós helados Tío Rico, adiós Atlantis, adiós fabricantes de mostaza y condimentos, adiós Yukery y productos de cocina. En cambio, el Pirata Global afiló sus lanzas para meternos Telcel y Direct TV. Es decir, tensó las cuerdas de la dependencia en grados demenciales, hasta llevarnos a la Rebelión del 4 de febrero de 1992. Por defender a la democracia del Pacto de Punto Fijo la audiencia de Venevisión se fue al foso, y dos años le iba a costar, a fuerza del Campeonato Mundial de Fútbol levantar cabeza. Pero en Venezuela no le quedaba sino el desper- dicio de sus negocios que desde cualquier parte podía manejar como producto de sus paquetes globales, ya que estaban en el área de las telecomunicaciones y el entretenimiento.