• No se han encontrado resultados

Agentes sociales

In document CALZADOS COLOMA (página 86-94)

PARTE I. INDUSTRIA DEL CALZADO ALMANSEÑA

Capítulo 2. Las condiciones de trabajo y vida

2.1. Agentes sociales

cualificada. Con el inicio de la guerra, aparecieron una serie de medidas, como el Decreto de 13 de septiembre de 1936 que prohibía las organi- zaciones políticas, patronales y sindicales. El ejercicio de la huelga se convirtió en un delito de sedición. La Organización Sindical del Movi- miento se declaró única con la Ley de 26 de Enero de 1940. Posterior- mente la Ley de Octubre de 1942 reguló las relaciones laborales con la competencia del Estado como exclusiva y general.

En Almansa, debido al proceso de desarrollo industrial, apare- cieron grupos y organizaciones sociales que, en algunos casos, fueron pioneras en la provincia de Albacete. Los partidos políticos, organiza- ciones obreras y los grupos de presión que surgieron a principios de siglo originaron unas relaciones laborales con gran repercusión en la provincia. Según Manuel Requena65, las agrupaciones políticas de la Restauración no pueden ser consideradas como partidos de masas, salvo la socialista, si se atiende a su estructura y a su actuación. En Albacete, esta característica fue, si cabe, más acentuada. Los republicanos tuvie- ron un comportamiento similar a los “partidos de notables” con escasos componentes y sin organización, algo similar ocurría con los socialistas.

Los conservadores y los militares eran “clientelas políticas” o “amigos políticos” cuyas conexiones se basaban en los favores mutuos y en las influencias caciquiles. Los partidos turnantes regularon sin ninguna difi- cultad la vida política en la provincia de Albacete, ante el intrascendente papel opositor jugado por los republicanos y los socialistas. Los con- servadores atrajeron a un amplio número de latifundistas. Los liberales tenían una composición social más heterogénea, agrupando a sectores de la burguesía capitalista, a grandes propietarios y a profesionales de profesiones liberales de donde provenían los jefes del partido Tesifonte Gallego y Abelardo Sánchez. Los republicanos, después de la salida del sector posibilista, crearon el Partido Reformista, que se afianzó rápida- mente en la capital y en Almansa, y editó El Reformista (1913–1920).

Las agrupaciones socialistas aparecieron en la provincia de Alba- cete a principios de siglo66. Su costosa implantación estuvo relacionada con el escaso número de obreros y la incipiente industrialización, lo cual dificultaba la toma de conciencia proletaria. Aunque tampoco fue- ron ajenas las presiones políticas y sociales contra todos cuantos deci- dían ingresar en dichas organizaciones, resultaban más opresivas dichas

65 Para un análisis detallado sobre los movimientos sociales y comportamiento político en los años de la Restauración y en la Segunda República en la provincia de Albacete, véase Requena (1991). Además, específicamente sobre movimiento obrero Vilar y Egea (1984).

66 Un detallado estudio sobre el Partido Socialista es el realizado por Santiago Castillo (1997).

presiones en las ciudades pequeñas y núcleos rurales, por el ambiente de control social que se vivía. El partido socialista ya poseía comité lo- cal en Almansa en 190467. En 1911 contaba con 150 socios, se fundó la organización juvenil y la Casa del Pueblo albergaba a nueve sociedades con 736 afiliados. Ésta sufrió un descenso brusco al ser cerrada después de la huelga general de 1917 pero, más tarde se creó en la capital, Alba- cete. El empuje se produjo de forma notoria durante la segunda década.

Colaboró en dicho impulso la presencia en la capital de Pablo Iglesias en junio de 1912. En 1923 visitó Almansa y en su honor se celebró una corrida de toros en la plaza a los pies del castillo.

Figura 14. Grabado de la corrida de toros celebrada en 1923 en honor a Pablo Iglesias

Fuente: Pedro Antonio Esteban Arocas

67 Definía claramente su ideario en el art. 1 de su reglamento: “Se constituye una agrupación socialista obrera en Almansa con objeto de defender y propagar las ideas socialistas”.

Almansa fue el núcleo de la provincia con mayor actividad so- cialista. En el Congreso Nacional del partido socialista (Abril de 1921) surgieron dos tendencias: la delegación de la capital apoyó a los re- constructores y la delegación de Almansa respaldó el ingreso en la III Internacional aunque, posteriormente, la mayoría se mantuvo en el seno socialista.

Los grupos de presión son instrumentos canalizadores de la lucha social y política (Molas, 1968). Defienden intereses particulares o de grupo, no sólo frente al Estado y otros estamentos sociales, sino tam- bién, ante un sector de su misma clase. Como especifica Requena (1991, p. 191), surgen cuando sus pretensiones no son atendidas por el poder, a falta de canales de negociación o presión, buscando nuevas vías para hacer valer sus intereses. Centrándonos en estos años, debemos resaltar entre las entidades económicas y en relación a las entidades patronales, la Cámara Oficial de Comercio e Industria. Los gremios, como ya he- mos visto, fueron comunidades que sirvieron para agrupar a gentes de una misma profesión, que actuaban de acuerdo con unas reglas sociales y normas legales, desde donde se inició el desarrollo industrial y mer- cantil en la Edad Moderna. Por eso, cuando esos gremios desaparecieron a principios del siglo XIX, hubo necesidad de crear otros organismos que cumplieran funciones más o menos similares. Esto ocurrió en los primeros meses del año 1886, que es cuando empezaron a perfilarse lo que, con el tiempo, serían las Cámaras Oficiales de Comercio, Industria y Navegación.

En Albacete, el primer antecedente que se tiene de ese tipo de corporaciones, data de 1889, con la aparición de la Agrupación de Co- merciantes que, tres años después, en 1892, lograría el reconocimiento oficial al quedar convertida en Cámara Oficial de Comercio e Industria (Palacio, 2004). La presencia de la institución cameral en la vida eco- nómica de Albacete, rápidamente trasciende a lo que es vida social de una ciudad poco desarrollada. Los personajes más ilustres de las clases privilegiadas e influyentes, formaron sus órganos de gobierno y consi- guieron otras representaciones en corporaciones y organismos públicos de clara influencia política. Esto quiere decir, que la Cámara tuvo un gran peso específico en el desarrollo de Albacete a finales del siglo XIX y principios del XX, donde no se dio un paso sin su colaboración y su apoyo institucional. Por no ser muy conocida la historia de esta corpo- ración de Derecho Público, se ignora lo que representó para una ciudad que tuvo que luchar contra el caciquismo. En tal sentido, la Cámara consiguió abrir nuevos cauces en el aspecto comercial. Y también en el

económico ya que, en el año 1905, creó la primera Caja de Ahorros de Albacete que luego daría paso al Banco del mismo nombre, Banco de Albacete (1910), que absorbió a la anterior y la Caja Regional Murciano Albacetense de Previsión Social. En 1930 alcanzó 1.445 socios.

Las organizaciones patronales del Comercio y de la Industria se fueron configurando hasta alcanzar gran importancia. Las de carácter comercial e industrial sumaban 9, en diciembre de 1932, según el Minis- terio de Trabajo, y estaban circunscritas a Alimentación, Construcción y Comercio. Casi la totalidad se ubicaban en la capital. En Almansa apare- ce: Comercial, Comerciantes de Ultramarinos Tejidos y Similares.

Las sociedades obreras68 se desarrollaron lentamente durante las dos primeras décadas centrándose preferentemente en Almansa y la ca- pital, únicos centros donde se dejó notar la incipiente industrialización.

Un informe de 1911 notificaba la existencia de 15 sociedades con 1.160 afiliados, aparecieron nueve en Almansa, entre las que encontramos cua- tro sociedades significativas para el presente estudio. La primera Socie- dad Obrera, creada en Almansa el 30 de Octubre de 1903, es la Sociedad Los Trabajadores. Aparecían como presidente Vicente Medina y como secretario Juan Villaescusa. En su primer artículo se especificaba que el objeto de la Sociedad era mejorar la condición moral y material de sus asociados, dentro de las leyes de la razón, la moral y la justicia. Estos asociados debían ser de profesión jornaleros y que hubieran cumplido 14 años de edad. En el artículo 2 se planteaban los medios para conse- guir dichos fines: “1º Procurar que los medios alcancen a cubrir las necesidades de sus asociados. 2º Impedir que los dueños y encargados maltraten en su dignidad a los asociados. 3º Todos los trabajadores que pertenezcan a esta Asociación vendrán obligados a ocupar cuando ne- cesiten trabajadores, primeramente a los individuos que pertenezcan a esta Asociación, quedando sujeto el que infrinja este artículo al correc- tivo que la Asamblea le imponga” (Reglamento de la Sociedad Los Tra- bajadores, 1903, pp. 3–4). Se prohibía claramente en el artículo 14 tratar de cualquier asunto religioso y político. “Teniendo esta sociedad por objeto el mejoramiento moral y material, se prohíbe terminantemente, tratar de religión y política en las sesiones que se celebren” (Reglamen- to de la Sociedad Los Trabajadores, 1903, p. 6).

68 Sobre la aparición y constitución del movimiento obrero y los sindicatos más representativos tendrá un lugar específico en el capítulo cuarto. Las sociedades obreras y sus reglamentos que se conocen ya a principios de siglo en Almansa, hacen vislumbrar la importancia del movimiento obrero en esta localidad albacetense.

La Sociedad de Obreros, Oficiales, Zapateros, Cortadores y Guarnecedores “La Luz”, se constituyó el 7 de julio de 1904. En su artículo primero planteaba el objeto de esta sociedad, que no era otro que el de “mejorar las condiciones de trabajo, moral y materialmen- te, de los que pertenezcan a ella y ayudar a que consigan los mismo los obreros de otros oficios” (Reglamento de La Luz, 1904, p. 1). Esta sociedad estaba compuesta por trabajadores y obreros de las diferentes especialidades para la producción de calzado. Se declaraban como una sociedad sin carácter político, pero “ayudará a aquel partido que man- tenga en su programa la Legislación Protectora del Trabajo, acordada en el Congreso de París” (Reglamento de La Luz, 1904, p. 4). Destaca- ban entre sus artículos sus fines para el apoyo económico de sus socios en situaciones graves. Se especificaban las cuotas que cada uno de los socios debían aportar a la sociedad69. El presupuesto de dicha sociedad estaba destinado, además de celebrar actos de entretenimiento para la misma, a cubrir gastos de enterramiento, así lo especificaba en el ca- pítulo 2, artículo 2 de sus Estatutos. En caso de defunción de cualquier socio que llevase un año perteneciendo a la Sociedad: “Ésta abonará treinta pesetas a su familia o persona interesada que lo justifique, para su enterramiento, siempre que el fallecido esté al corriente de sus cuo- tas, debiendo presentar el último recibo o libreta como justificante”. El apoyo a los socios, que en algún momento se encontrasen en paro, queda reflejado en diferentes artículos, entre ellos el artículo 12 del capítulo 3 donde se afirma: “Todo asociado que por acuerdo de la Junta general tenga que abandonar el trabajo, se le satisfará un socorro70 que en di- cha Junta se designará”. Los Estatutos estaban firmados por Francisco Cantos, como presidente y Francisco Abellán como tesorero.

El 12 de julio de 1908 se creó la Sociedad de Profesiones y Ofi- cios Varios “La Prosperidad”. En el artículo 1º se establecía el propó- sito de la misma: “Esta sociedad tiene por objeto reunir en su seno a todos los individuos de ambos sexos de los distintos oficios y profesiones que no tengan sociedad organizada en esta ciudad, para mejorar las condiciones de trabajo y las morales e intelectuales de sus asociados por medio de la resistencia a la clase explotadora71. Ya en este artí-

69 Si los asociados eran hombres debían aportar quince céntimos semanalmente, los aprendices mayores de 16 años diez céntimos semanales si estaban trabajando y las guarnecedoras diez céntimos, a estas traba- jadoras se les cobraba a domicilio.

70 Esta es la primera referencia que encontramos sobre la aparición de algún tipo de apoyo económico a los trabajadores en Almansa, y específicamente en el seno de la industria del calzado.

71 La pertenencia o no de los trabajadores en las sociedades de resistencia va a resultar un factor impor-

culo se ponía en evidencia un objetivo mucho más combativo que la anterior Sociedad. En sus disposiciones generales, en el artículo 15, se planteaban las reivindicaciones sociales más acuciantes de la época, la jornada de ocho horas y la cuestión salarial: “Esta sociedad procurará en cuanto pueda agitarse por medio de reuniones y manifestaciones pú- blicas; peticiones y adhesiones, conferencias por sí o en unión con las demás Sociedades de su clase, hasta lograr que se establezca la jornada máxima de ocho horas de trabajo, el salario mínimo en armonía con el precio que tengan las subsistencias; toda la Legislación protectora del trabajo que se solicita por los obreros el día 1º de Mayo y cuantas leyes de todas clases conduzcan al término de la esclavitud obrera”. En este caso el Presidente era Pascual García, el tesorero Antonio Ruano y el Secretario, Francisco Abellán.

La primera sociedad que se constituyó, el 26 de Marzo de 1909, con el objeto específico del establecimiento del socorro mutuo72 en Al- mansa es la Sociedad de Socorros Mutuos “La Bondadosa”. Su presi- dente era Enrique Jiménez, el secretario José María López y el Tesorero José Villaescusa. En su artículo 1º establecía: “Esta Asociación tiene por objeto reunir a todos los obreros de esta ciudad, para que mutuamente se socorran en sus enfermedades, con subvenciones pecuniarias, médi- co, medicinas y donativos extraordinarios a los que se les declare cró- nicos e inútiles para trabajar y por último costear el funeral a los que fallezcan dando a los herederos donativos en metálico” (Reglamento de la Sociedad de Socorros Mutuos La Bondadosa, 1909, p. 3). Para in- gresar en esta Asociación “es necesario tener dieciséis años cumplidos y no ser mayor de cuarenta y cinco, pertenecer a la clase obrera, gozar de buena salud, observar buena conducta, residir constantemente en Almansa y estar asociado a la Sociedad de su oficio de resistencia o en su defecto en la Oficina de Oficios Varios de dicha clase” (Reglamento de la Sociedad de Socorros Mutuos La Bondadosa, 1909, p. 4).

tante para su participación en las huelgas.

72 Las Sociedades de Socorros Mutuos son asociaciones cuya finalidad estriba, fundamentalmente, en asegurar a sus miembros. En palabras de Santiago Castillo (1994, pp. 2–3) en “la esencia del seguro reside en el reparto entre varios asegurados del valor económico de la pérdida sufrida por uno de ellos a conse- cuencia de un suceso fortuito, pero calculable”. Asimismo específica como las entidades aseguradores po- dían tener varias formas: Las Mutuas: se caracterizan por ser asociaciones voluntarias en las que los asegu- rados son sus propios gestores y administradores. Los posibles beneficios pertenecen a todos los asociados y se distribuyen conforme a estatutos o reglamentos. Las Sociedades Mercantiles de Seguros que administran o gestionan el seguro de la colectividad de asegurados con el fin de obtener una ganancia lícita al capital que para ello emplean la sociedad es la responsable de todas las obligaciones por medio de un capital de garantía.

El Estado puede erigirse en asegurador llegando a administrar directamente instituciones de previsión.

El nivel de asociacionismo se incrementó en los años sucesivos, pasando el predominio a la capital en sustitución de Almansa que había decaído a consecuencia de las detenciones y clausura de sus locales por el apoyo dado a la huelga general de 1917. Los sindicatos obreros mos- traron sus preferencias por la UGT en perjuicio de la CNT cuya presen- cia fue testimonial en la provincia de Albacete. Ya a principios de siglo, la central socialista disfrutaba de pequeños efectivos en la capital y en Almansa. Pero, la escasez de proletariado, la reducida industrialización y la pequeña dimensión de las fábricas, obstaculizaron su crecimiento y la adopción de un sentimiento de clase entre los trabajadores. De esta manera lo expresaba el socialista albacetense Justiniano Bravo: “Se ha luchado y se lucha aquí con la frialdad heladora del ambiente. Se ha tenido que fabricar el obrero, ya que lo que existía era el trabajador. Se ha peleado una batalla para despertar a los dormidos, se han removido conciencias, hemos tenido que cavar en los cerebros y en los corazo- nes para sembrar en ellos ideas y sentimientos proletarios” (Requena, 1991, p. 90).

A lo largo del primer bienio republicano la mayoría de las orga- nizaciones obreras ingresaron en la UGT, constituyéndose en la única central sindical importante de la provincia. No llegaron a formarse sin- dicatos católicos ni comunistas. Esta hegemonía ugetista permitió que imperase en Albacete, a comienzos de los treinta, un sindicalismo de gestión en defensa de los intereses societarios a través de la negociación, con lo cual quedó totalmente desbancado el sindicalismo de agitación y movilización de masas, protagonizado por la CNT (Requena, 1991, p.

213).

En relación a la Masonería (Ferrer, 1980, Ayala, 1986), su in- fluencia en la localidad almanseña73, debió venir de la región valenciana más que de la propia capital de la provincia de Albacete (Ayala, 1988, pp. 46–47). En Marzo de 1880 fue creada la logia almanseña conocida como “Rosa nº 171”, bajo la obediencia del Gran Oriente de España, constituida por 43 miembros. Su primer venerable había sido el barcelo- nés Ignacio Faura Perdó de 35 años de edad, que se hallaba en posesión de un alto grado masónico. Entre los comerciantes e industriales perte- necientes a la logia La Rosa de Almansa aparecía el nombre de Antonio Coloma Gil, en aquel momento con 65 años, padre de toda esta dinastía de artesanos e industriales. En 1881, el Tesorero era Francisco Colo-

73 Destacamos la importancia de las logias masónicas por la participación en ellas miembros de la familia Coloma y que posteriormente tendrían repercusiones notables en el cierre de la empresa.

ma Sáez y el maestro de Ceremonias su hijo Aniceto Coloma Martínez.

Además, figuraba un miembro de otra familia importante de fabricantes de calzado como es, Francisco del Rey Ordóñez. En 1884, la Rosa apa- reció con el número 62 de matrícula entre las de Oriente. En mayo de ese mismo año, el “Boletín” del día 15 de ese mes, la declaraba disuelta por irregularidades administrativas. Ya no se volvió a constituir una lo- gia masónica hasta los años treinta del siguiente siglo.

2.2. Manifestaciones del movimiento obrero en la industria zapatera

In document CALZADOS COLOMA (página 86-94)