IV) Metodología
2) Análisis sociolingüístico a las narraciones
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su investigación, y solicitado permiso para que sus respuestas se utilicen en ella), lo cual junto con las inversiones particulares de los integrantes, sus tomas de posiciones y sus apuestas dentro del campo artístico, sesga cualquier pretensión de objetividad por parte de estos recuentos,61 si bien el propio A. D. Brown reconoce la cuasi-ficcionalidad de toda narración.
El hecho de que las narraciones no sean 100 % verídicas no quiere decir que no arrojen información variada sobre los artistas y su producción creativa. Una de las cualidades que nos ofrece este tipo de acercamientos al estudio de los colectivos es que pone al servicio de un enfoque más sociológico las herramientas de análisis formal de la crítica literaria. Y la conjunción de los aspectos interno y externo, no sólo de la producción artística sino del proceso mismo y las narraciones empleadas para describirla, nos permite iluminar cada palabra con un contexto particular del que emanan muchos más significados.
Nos permite apreciar que el lenguaje es altamente relacional, y esto aplica para su articulación en conversaciones y narraciones o en obras de alto valor estético. Pero además de esto, es necesario reconocer que el lugar de la entrevista es el más ficticio que podemos encontrar en el mundo de la academia, para desgracia de los etnógrafos, sociólogos, comunicólogos y demás. Su carácter de ficcionalidad también se lo confiere la manera en que tratamos al “sujeto” de estudio: lo sacamos de su espacio común de esparcimiento, lo llevamos a reflexiones inquisitivas, incluso lo sometemos a medidas cuantitativas si el estudio lo requiere y los instrumentos lo permiten… nada más cercano a una historia de ciencia ficción: abducido por investigadores sociales.
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orientación que indica dónde, cómo y por quién fue hecha la acción; el evento en sí o la complicación de la acción y al final, opcionalmente, una coda que funge como transición del mundo narrado al fáctico (en Schiffrin, 1996: 167-168). Se emplea esta división porque, además de facilitar el análisis de las partes del discurso y la oración con que se construye una identidad colectiva a través de la interacción y la colaboración, a través de ella se proponen nuevas clasificaciones de narraciones para los colectivos, con las que modelan los rasgos de la “identidad” colectiva a su conveniencia y la de otros integrantes de la matriz colectiva. Ése es el meollo de la metáfora que Schiffrin usa como título para su ensayo sobre identidades narrativas, “Identity as Self-Portrait”: las historias que contamos (y que nos contamos) son los elementos que constituyen la identidad y hablan por nuestras acciones, actitudes, etcétera. Como dice J. Bruner, “[we] become the autobiographical narratives by which we tell about our lives” (en Schiffrin, 1996: 169).
Al clasificar las narraciones de los colectivos, las he dividido en historias de fundación, de integración y de separación (ver § III.2.1). Dicha clasificación permite estudiar el proceso de desarrollo de un colectivo en uno o varios momentos determinados, si se realizan entrevistas a lo largo del tiempo. Siguiendo a Brown, ciertas historias sirven de fuente a otras versiones, con las cuales discuten dialógicamente. La obra artística es la cristalización de muchas de estas versiones, pero para llegar a ellas los artistas deben verbalizar muchas de sus intenciones, antes y después de la creación de sus obras; por eso se considera de gran utilidad la aproximación sociolingüística en este caso.
Las historias de fundación provienen por lo general de quienes comenzaron a colaborar en conjunto, o bien de gente muy cercana. Las de integración suelen aparecer cuando el colectivo ya está consolidado y delimitado a cierto número, y se centran precisamente en la manera en que un nuevo integrante se une. Las historias de separación pueden darse a partir del desprendimiento de un miembro con el colectivo o bien por la desintegración del mismo. Las historias de este tipo no siempre son armoniosas y por lo general son sitios abiertos de disputa, en las que se pueden encontrar los contrastes más marcados entre las versiones, ya que como dice Schiffrin “stories are often told to justify one’s own actions, not only during overt conflict, but also during subtle disputes over rights and obligations” (1996: 171). También hay que acotar que los diferentes tipos de narraciones no siempre se cuentan por separado, y es común que en una misma narración se
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entremezclen historias de fundación, integración y/o separación. En algunas entrevistas son más predominantes cierto tipo de narraciones que otras. Por ejemplo, mientras que las historias de fundación aparecen en todo recuento, como producto de las dos primeras preguntas conocidas como las fantastic four (ver infra), las historias de integración y separación sólo fueron registradas en relación con Intransigente, debido al gran número de integrantes permanentes y temporales.
La manera en que estas historias son narradas depende en gran medida del rapport o la dinámica obtenida en la entrevista. En ocasiones, la narración corre a cargo de una sola persona, sobre todo en las entrevistas individuales y en los grupos focales donde no se obtiene un buen ambiente de discusión entre los integrantes; en otras, el nivel de interacción es alto y los significados se discuten en el momento mismo de la producción.
Con las entrevistas en pareja presenciamos otro tipo de exposición de las narraciones sobre las identidades colectivas, que fue estudiado por Schiffrin al analizar la perspectiva de dos matrimonios judíos sobre temas controversiales, como el matrimonio con gentiles. Aunque enfocado en la perspectiva de las esposas, Jan y Zelda, el análisis de Schiffrin nos permite observar cómo las parejas cuentan de manera conjunta las historias, pero también disputan la predominancia de su punto de vista sobre temas específicos. Hay que agregar que, además, es imposible evitar que alguno/a de los/as integrantes hable más que su contraparte. Parafraseando el ensayo “The Dialogical Self”, de Charles Taylor, Schiffrin afirma que “the self neither pre-exists all conversation nor arises just from interlocutors’
responses; rather it arises within conversation – dialogical action that, by its very nature, marks a place for the new locutor who is being inducted into it” (1996: 169). Esta es la única mención en todo el ensayo sobre el dialogismo, si bien en su aproximación empírica explica cómo las historias (o enunciaciones [utterances], usando inconscientemente otro término bajtiniano) son construidas a través de la participación, negociación y disputa de los puntos de vista y opiniones de las parejas entrevistadas. Como en el caso de A. D.
Brown, una profundización en la terminología bajtiniana le habría ayudado enormemente en su análisis, aunque sus conclusiones por sí mismas constituyen aportaciones muy significativas al presente estudio. Como veremos con Bajtín, comprender cómo opera el dialogismo en las entrevistas por pareja nos permitirá hacer algunas aportaciones al campo de los estudios narrativos.
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Mientras que la aproximación de A. D. Brown abre la posibilidad de integrar materiales por escrito y digitales, Schiffrin ofrece las herramientas para una exploración minuciosa del material lingüístico, así como su contextualización en las perspectivas ideológicas y/o estéticas de los entrevistados. A diferencia de otras aproximaciones (como la fenomenología, que deja “hablar a los sujetos” sin animarse en ocasiones a hacer exégesis alguna), Schiffrin desmenuza con la sociolongüística cada fragmento de entrevista citado. El resultado es en ocasiones trabajoso de leer (y también de realizar, desde luego), pero arroja luz a afirmaciones hechas de manera inocente o inconsciente, y nos permite ubicar sus tomas de posición en el/los campos/s artístico/s donde se mueven los integrantes.
Recordemos que en ocasiones la neutralidad o ausencia de toma de posición es también, por default, una toma de posición (Bourdieu, 2010).
A partir de la distinción de Jerome Bruner entre epistemic self y agentive self, Schiffrin considera que “We present ourselves epistemically when we state our beliefs, feelings, and wants; agentive aspects of self are revealed when we report actions directed toward goals, including actions that have an effect on others” (Schiffrin, 1996: 194). Esta distinción explica las contradicciones que podemos encontrar en las afirmaciones de los entrevistados, a lo largo de varias sesiones o en la misma sesión durante distintos momentos. En un contexto de frontera, las representaciones que cada quien hace de su mundo de vida se enfrentan cotidianamente a hechos que acontecen en la interacción y la adyacencia de dos culturas diametralmente opuestas. Esto no sólo pone en duda algunas de las preconcepciones que sobre la otra cultura pudiera tener, sino que también propicia la posibilidad de contacto.