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Aportes al estudio de la conducta violenta en el deporte: “la afición violenta y

La propuesta del grupo de Leicester resulta por demás interesante porque apunta a elaborar una teoría explicativa sobre la “afición violenta y desmesurada al fútbol como fenómeno social” (Dunning et. al., 1995: 295) en lugar de intentar aplicar teorías preexistentes a este fenómeno4. A continuación se presentan los puntos más sobresalientes de este aporte teórico.

En primer lugar, estos autores se preguntan por las razones de la agresividad de los jóvenes que integran los grupos exaltados, y en particular por qué el fútbol se ha convertido en el contexto propicio para las expresiones violentas (Dunning et. al, 1995: 297). Para responder a ello, se parte de la observación del sector más violento (grupo de choque) de los hooligans (super hooligans). De este grupo, los autores resaltan los siguientes atributos: a) están conformados por jóvenes de clase obrera, b) se afirman como grupos racistas y de extrema derecha, c) han desarrollado formas elevadas de organización, d) tienen por meta el enfrentamiento con grupos opuestos, e) elevan consignas cargadas de agresividad (temáticas de batalla y conquista), f) en sus comportamientos es posible verificar una marcada exaltación de códigos de masculinidad agresiva, g)

4 La violencia en el fútbol fue recurrentemente analizada a partir de categorías pertenecientes a las teorías del comportamiento colectivo. En ese marco, se trató de explicar a los disturbios violentos a partir de diversas teorías que ponen el énfasis en el poder desindividualizante de las masas como espacio que facilita la pérdida de autocontrol de los individuos, o bien por la capacidad de expandir sentimientos de exaltación que las masas que brindan a los individuos, entre otras (Hernández Mendo, 2001)

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exaltan la defensa del espacio local y desprecio por el lugar de pertenencia ajeno, h) promueven el uso de bebidas embriagantes (exigido por las normas de masculinidad)5.

A partir de estos elementos, la pregunta de los autores se reformula en los siguientes términos: “¿Qué hay en la estructura de las comunidades obreras y en la posición que ocupan en la sociedad, que genera y mantiene la pauta de masculinidad agresiva?”. La respuesta se da a través de la adopción del concepto de segmentación ordenada, acuñado por Suttles (Suttles, 1986; 1972 citado en Dunning et. al, 1995: 306) o el síndrome del beduino según Harrison. Éste último se conforma como un patrón que se expresa en alianzas de acuerdo a los siguientes principios: el amigo de un amigo es mi amigo, el enemigo de un enemigo es un amigo, el amigo de un enemigo es un enemigo, el enemigo de un amigo es un enemigo (Harrison, 1974, citado en Dunning et. al, 1995: 308). Esta pauta se confirmaría tanto en los vecindarios de clase obrera como en el fútbol, y constituye una muestra de cómo opera la segmentación ordenada. Ésta, es el resultado de un tipo de orden social que se caracteriza por dar lugar a agrupamientos altamente homogéneos en términos sociales, etarios, de género, y ceñidos a una unidad territorial. En el caso de los hooligans, los autores detectan este patrón a partir de observar que se trata de jóvenes que crecen sin la vigilancia ni el respaldo familiar de los adultos, y por lo mismo tienden a agruparse por medio de lazos de amistad, parentesco y residencia próxima común. Carecen de ligas sociales heterogéneas y cuando las tienen, tienden a denigrarlas (mujeres, adultos mayores) aun cuando pertenezcan a su propia comunidad. En estas condiciones, la necesidad de conformar uniones responde a la amenaza que representa el desarrollo de bandas paralelas en comunidades adyacentes. Se da lugar así a comunidades fragmentadas en su interior, pero que se cohesionan frente a amenazas externas. Este tipo de orden social genera normas que producen o toleran un alto nivel de agresividad en las relaciones sociales. Niños

5 Al señalar este elemento, los autores no suscriben a las propuestas que erigen al consumo de alcohol en la causa de la violencia. Sin embargo, entienden que éste es un elemento más dentro de un conjunto de condiciones que facilitan las conductas violentas. El alcohol colabora en la desinhibición de los jóvenes y los ayuda a vencer el miedo a ser heridos o resultar detenidos por la policía (Dunning, et. al. 1995: 301).

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que se socializan en la violencia y en un orden de jerarquías en el que quien manda es aquél que tiene más edad, fuerza física y valor; donde existe un fuerte dominio del varón sobre la mujer, y donde el prestigio es obtenido por medio de la demostración de capacidades en la pelea. Los autores sostienen que este orden social es patrimonio de las clases obreras dado que éstas, a diferencia de las clases medias y altas, no exhiben rechazo a la violencia cara a cara. A diferencia de los sectores medios y altos, donde la violencia tiene un uso instrumental, los sectores pertenecientes a la clase obrera hacen un uso exaltado de la violencia.

De este modo, los autores asimilan la violencia de los jóvenes de los sectores más bajos de la clase obrera inglesa, a la obtención de gratificaciones de status que, a diferencia de los varones de otros sectores sociales, no proviene del nivel educativo ni del ocupacional. Para las clases bajas, las gratificaciones de status de los hombres se obtienen por medio de conductas intimidatorias físicas.

Las pautas de la masculinidad agresiva se expresan en reacciones violentas frente situaciones que viven como amenazas a la autoestima. Por medio de estas pautas se activa la búsqueda de confrontaciones porque allí es donde radica la fuente de su “identidad, posición, sentido y emoción agradable” (Dunning, et. al, 1995: 313).

Hasta aquí la teoría propone una respuesta a la conducta agresiva de los hombres jóvenes de clase obrera inglesa; sin embargo, queda aún por responder por qué es el fútbol el contexto propicio para esa agresividad. En este sentido, la respuesta se construyen con base en dos elementos: 1) el grado de incorporación de la clase obrera a la corriente principal de la vida social inglesa o, lo que es lo mismo, el grado en que la clase obrera se ajusta o no a la segmentación ordenada; y 2) la influencia de los medios de comunicación. De acuerdo con el primer punto, sostienen que la incidencia de los hechos violentos en el fútbol inglés ha variado históricamente en relación a “la cambiante atracción de este juego para los sectores más rudos de la clase obrera baja y de los cambios habidos en el porcentaje de comunidades dentro de la sociedad en general cuyas estructuras se acercan a la segmentación ordenada” (Dunning, et. al, 1995: 314).

Es decir, los cambios en esta relación dependen “…del grado en que la clase

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obrera ha sido incorporada a la corriente principal de la vida social inglesa y por lo tanto forzada a adoptar valores y modos de conducta más «civilizados» –utilizando el término de Elias-, característicos de las clases sociales más «establecidas» y exigidos por ellas” (Dunning, et. al 1995, 314).

Así, desde este punto de vista, se afirma que el mayor grado de violencia abierta en las relaciones es un signo de la falta de avance en el proceso de civilización6. En términos de ordenación de los lazos sociales, el proceso de civilización sustituyó el patrón de lazos segmentarios por lazos funcionales. En conformidad con este cambio, poco a poco disminuyó la importancia de la adscripción a la familia y el espacio local; estos vínculos fueron reemplazados por los lazos originados en la división del trabajo. Mientras que en las sociedades donde predominan lazos segmentarios la violencia física refuerza las relaciones personales. Esto responde al hecho de que el “nosotros” se define por límites estrechos, y el sentimiento de orgullo y pertenencia generado en pequeños segmentos como la familia o la comunidad local generan conflicto y rivalidad cuando se enfrentan con miembros de otras comunidades.

En el nacimiento del fútbol la composición social de los equipos era predominantemente obrera. Cuando dicha clase fue absorbida por la corriente principal de la sociedad se fueron difundiendo las normas civilizadas, y esto impactó en las normas más ordenadas de las masas en el fútbol. El proceso de integración de la clase obrera --favorecido por la expansión de los derechos de ciudadanía social y política-- ofreció canales alternativos para el establecimiento de una identidad satisfactoria. Las mejoras en las condiciones salariales y de trabajo colaboraron en la disminución de la violencia en los conflictos laborales por medio de la institucionalización de los éstos. Así, se trastocó también la estructura de las familias dando lugar a roles familiares menos disfuncionales. A pesar de ello, hubo sectores que no fueron alcanzados por este progreso, lo cual dio lugar a un ensanchamiento de la distancia entre éstos últimos (sector “rudo de la clase

6De acuerdo con la teoría del proceso de la civilización de Elias, la fuerza más importante de éste se expresó en la disminución de la violencia abierta en las relaciones sociales y su sustitución por formas de violencia más silenciosas, dada la creciente presión social al autocontrol y una tendencia a utilizar medios racionales para la consecución de sus objetivos (Elias, 1995).

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obrera”) y los sectores “respetables” de la misma. De acuerdo a esto, los autores concluyen que los sectores “rudos” tienden a comportarse según las pautas de la segmentación ordenada.

En relación al segundo factor aludido, se entiende que los medios de comunicación jugaron un rol importante al promover una cobertura insistente sobre los episodios violentos de los hooligans en los años sesenta. Los adolescentes y adultos se vieron atraídos hacia el fútbol porque encontraron en él un contexto apropiado para las actividades satisfactorias, emocionantes y placenteras. Las emociones provocadas por los altos niveles de excitación que brida la confrontación del juego de pelota, que al enfrentar a dos oponentes, recrea una especie de batalla ficticia. Y en palabras de estos autores “es también una forma ritual de masculinidad”. A esto se suma la posibilidad de enfrentamiento con los seguidores del equipo contrario, dadas las condiciones de cercanía con ellos que ofrece el cotejo (Dunning, et. al, 1995: 321).

En suma, la violencia de los espectadores exaltados, de acuerdo con esta vertiente teórica, responde a rezagos en la sociedad inglesa, más precisamente en los sectores rudos de la clase obrera, con respecto al avance del proceso de la civilización.

En adelante se tratará de observar de qué manera el análisis de los grupos violentos en Argentina, a partir de la producción académica vernácula, ha tomado o rechazado esta visión de los grupos violentos, propuesta por Leicester. Esto se llevará a cabo por medio del análisis de las producciones académicas gestadas dentro de la línea de los trabajos de “la cultura del aguante.”

1.3. Los espectadores violentos en Argentina: aguante y