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considerable dos enfoques centrales respecto al fenómeno: Leicester en Inglaterra y los estudios de la cultura del aguante en Argentina. El punto de vista que se sostuvo cuestionó el retrato de los grupos violentos que de allí se emerge. Las características de los grupos violentos resaltadas por esos trabajos no cubrían, o más bien negaban, aquellos rasgos que resultaron cruciales bajo la perspectiva que este trabajo defiende. El principal motivo de confrontación radicó en la manera en que se interpreta a los grupos violentos del fútbol, los cuales se asemejan a grupos sumamente cohesivos en su interior, y fuertemente cerrados hacia el exterior. No sólo se cuestionaron estos puntos de vista, sino que se dio cuenta de la evidencia empírica que sostiene tal desacuerdo, por lo que en adelante, se trabajó con conceptos derivados de la literatura de redes, en busca de establecer concordancias entre los postulados teóricos y la evidencia empírica aportada por el objeto de estudio.
La versatilidad que mostró la red de relaciones en cuanto a los bienes intercambiados, los actores comprometidos, la mezcla de publicidad y secreto que envuelve a los acuerdos que allí se originan, puso en tensión más de un límite conceptual a la hora de fijarlo al fenómeno. Por ello, se consideró que se trata de un fenómeno mixto. No obstante ello no merma en su estabilidad ni en su gran capacidad de rearticulación interna más allá rupturas o cambios parciales. La estabilidad de la red, deriva del núcleo central de relaciones, el cual se mantiene con independencia de movimientos de salida y entrada individuales. Ello debe entenderse en el marco de la importancia que tienen los clubes de fútbol para la política local, como espacio de consolidación de liderazgos y accesibilidad a recursos, gracias a la opacidad que permea su vida interna. Los clubes de fútbol, por lo tanto, han logrado construirse como centros de poder, que habilitan canales de conexión con la política partidaria y por ese medio garantizan amplios terrenos de acción. A partir de ello, se conformó un núcleo central de la red se facilitó por una base social movilizada a partir de oposiciones hostiles hacia los contrarios deportivos. Es decir, los clubes, contaron desde su origen con la movilización de una base social que se vehiculizó a través de símbolos afectivos que afianzaron la identificación con ellos. Esta identificación se dio, al mismo tiempo, a través del
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rechazo hacia los otros expresado en antagonismos, enemistades y acciones abiertamente violentas. Quizás es en esta primera etapa, en donde las explicaciones apoyadas en la masculinidad agresiva que provienen de Leicester y la cultura del aguante, tengan mayor asidero. Sin embargo, las transformaciones internas de las barrabravas como organización y la reorientación de objetivos que acompañó ese proceso, han diluido la centralidad esas explicaciones, aún cuando subyace cierta moralidad apoyada en ello, que emerge de la retórica de los protagonista. Aún cuando pueda rescatarse eso, la aplicabilidad de las categorías derivadas de ello, no funcionan del mismo modo. Esto es porque los antagonismos fincados en la rivalidad de barras se transformaron de modo tal que ya no constituyen el eje de articulación de los conflictos. Por eso, la idea de la vinculación segmentaria apoyada el “síndrome del beduino” se ha vuelto casi irrelevante, en los términos en que estaba señalado por los trabajos antes citados (Dunning et. al, 1995; Moreira, 2006b). Lo que aparece en su lugar es una gran capacidad de tejer alianzas a partir de intereses concretos, en donde aquél que fue enemigo ayer, hoy puede ser amigo y viceversa.
Con la incorporación de medios de subsistencia, para los grupos más radicales, se articuló con más claridad un campo de intereses que se organizó con base en normas propias, tendientes a reproducir dicho campo. En este sentido, la propia estructura organizativa de los clubes, concebida como un espacio de acción y cooperación que se gestó para resolver aspectos en que el Estado no entra, facilitó dicho proceso. A partir de ahí, los clubes, gracias a la movilización social y el manejo de recursos generados por ellos, consolidaron su posición en el escenario social argentino. El sistema de normas, símbolos y recompensa ha sabido mantener, permitir y abalar la asociación entre las barrabravas y los directivos o personajes influyentes dentro del club, --cuya autoridad se ejerce de facto—. Esa estructura relacional redunda en beneficios mutuos, y por lo tanto le otorga una base de sustentación y perdurabilidad en el tiempo. Las alianzas que allí se concretaron entre grupos con diversos intereses se facilitaron por la complementariedad de sus ofertas y la aceptación de un sistema de normas internas que funciona más allá de los límites que rigen a los ámbitos de
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pertenencia de cada organización. Así se ha tejido una estructura de relaciones compleja caracterizada por su composición heterogénea en términos de la procedencia institucional o grupal de sus miembros. En esta red cada actor aporta recursos y moviliza sus capacidades de intervención hacia el resto, con lo que se activa un provechoso circuito de cooperación.
Como toda red está sometida a un alto dinamismo interno, esto se refleja en movimientos que ocasionan las rupturas y recomposiciones que pueden tener su origen en la modificación cúpula de la barrabrava (por desplazamiento de líderes), la ruptura o tensión en las relaciones con líderes de la política local y/o nacional, o con las directivas del club, etc. Estos movimientos parciales son producto de la disparidad de intereses y cruces de lógicas organizacionales, metas individuales e institucionales que la atraviesan. Debido a ello, la red opera en un terreno amplio y difuso, pues dado el carácter informal de las relaciones, la intervención sobre los ámbitos en que actúa se da con base en una lógica igualmente informal. En consecuencia, cada ámbito en el que interviene la red ve flexibilizado su marco normativo al punto de hacerle perder los límites que lo particularizan. La red traslada sus reglas internas a la interacción con otras organizaciones y en particular con el Estado.
La conformación tripartita105 surgida de los clubes subsiste en el tiempo a partir de las mismas estructuras organizativas. El análisis de cualquier caso puntual permite distinguir la presencia de momentos de estabilidad, crisis, ruptura y reconversión de la red. Ejemplo de ello, (aún cuando no ha sido materia de análisis profundo en este trabajo) lo brinda el devenir de las Hinchadas Unidas Argentinas, en su poca vida pública, ha mostrado momentos de fuertes compromiso con el Estado-gobierno y en poco tiempo una ruptura de este vínculo manifiesta en el apoyo a un candidato de la oposición en la provincia de Buenos Aires.
105 La red en sí, involucra al menos a un cuarto componente importante: la policía o las fuerzas de seguridad en roles paralelos. Sin embargo, el núcleo fundamental se da a partir de estos tres primeros componentes.
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Los componentes fundamentales de la red (directivas, barras y líderes partidarios106), se complementan a partir de distintas posiciones. Algunos actores, de acuerdo a su inserción en otros ambientes tienen un peso estratégico y ello los convierte en canales que facilitan el acceso a los centros de poder de manera informal. Este acceso varía de un caso a otro, en función de la posición o influencia en los organismos del Estado que detenta quien funge como mediador entre esas esferas, y del tamaño e importancia del club en la AFA. De acuerdo a esta estructura mixta y flexible, las formas de mediación varían en relación al objeto o interés que se pone en juego en cada intercambio. En este sentido, el intermediario puede variar de acuerdo a si se trata de un intercambio y una colaboración de carácter abierto, abierta, clientelar u obscura. La posición de los mediadores en cada situación es variable, sin embargo, los capos de las barrabravas y los políticos --que participan de la vida institucional del club de manera formal o informal-- son centrales para el funcionamiento regular de la red.
En la red clientelar los capos de las barrabravas pueden ubicarse en la posición de brockers al negociar prebendas e intercambio de favores con políticos de distinto orden de gobierno.
Bajo otro punto de vista, el político puede convertirse en mediador, en la medida en que logra conectar la esfera de la política oficial con los intereses de los grupos conformados a partir de los distintos negocios vinculados a la barrabrava y el fútbol en términos más generales. Estos actores, son de gran utilidad para la red, pues la habilidad con la que surcan entre diferentes terrenos, gracias a la versatilidad de sus posiciones, les permite relajar las reglas que rigen los nexos privado-estado, desdibujando sus límites tanto de los ámbitos como de las prácticas típicas de cada uno de ellos.
Las capacidades distintivas y complementarias de los actores en la red, son parte de los elementos que se juegan a la hora de comprender la flexibilidad de la red para adaptarse a diferentes contextos, o de responder con recursos propios a las necesidades de la red. De ahí que el nivel de organización interna de las
106 La diferenciación entre líderes partidarios y directivos, a menudo puede no presentarse, pues la misma persona puede encarnar ambas funciones, sin embargo, al responder a dos ambientes diferentes mantenemos la separación tripartita fundamental.
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barrabravas juega un papel fundamental en la productividad de la red en su conjunto, pues es diferente la capacidad que puede ofrecer una barra como La Doce, dada su inserción social, barrial y movilización de miembros leales a favor de ciertas causas propias y ajenas, que la que puede ofrecer otro tipo de organización menor en términos numéricos y de organizativos. Por otro lado está la capacidad complementaria, que existe entre los diferentes actores de la red, ambas capacidades son esenciales para el funcionamiento exitoso de la red. Aquí es importante el nivel de incidencia dentro del Estado que puedan ofrecer los políticos o personajes con influencia dentro de las estructuras de poder formal, que actúan en la red como mediadores.
Tanto por el nivel de utilidad que la barra pueda brindar a la red, así como por una necesidad interna de sostenerse en un terreno competitivo, la profesionalización de las barras ha sido un paso fundamental en su consolidación dentro del escenario sociopolítico argentino. Por lo tanto, puede leerse en relación a la lucha por el mantenimiento de un control social dentro de ese espacio, frente a la competencia y amenazas que se derivan del campo de intereses del que forman parte. Ello se logró por medio de la acción de sus líderes que afinaron los mecanismos tendientes al logro de una estructura organizativa, jerárquica, disciplinada y numerosa.
Los sectores de organizaciones e intereses que conforman la red dispersan su rango de acción por fuera del campo sociodeportivo, gracias a la presencia de actores que logran sortear las fronteras entre distintos ámbitos y organizaciones, que de otra manera se encontrarían distantes e inaccesibles. Al analizar la forma en que estos actores permiten conectar ambientes diversos, cobró especial interés el rol de funcionarios públicos, líderes partidarios o individualidades con influencia en ámbitos de decisión que pertenecen a la red. Pudo verificarse (en el caso de la gestión de seguridad) cómo a través de éstos, se movilizaron recursos a favor de la red, por medio de acciones tendientes a sortear obstáculos, a través de medios informales en instancias oficiales. Por lo tanto, estas redes, dada su intervención directa sobre las decisiones oficiales del Estado, también pueden ser interpretadas
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como redes de gobernanza.107 Los actores que participan de estas redes, en ciertos casos, --como se mostró en este trabajo-- se presentan como interlocutores para el Estado, “puesto que controlan instrumentos y recursos de intervención cruciales” (Cerrillo, 2005: 16). Se convierten así en actores estratégicos a la hora de elaborar políticas de seguridad, puesto que ellos tienen el poder suficiente para impedir o perturbar el funcionamiento de las reglas de procedimiento impulsadas por el Estado.