Capítulo II: Marco teórico
2.2. Bases teóricas de imaginarios urbanos
Para sustentar la pertinencia de la teoría de los imaginarios urbanos y su afinidad con el fenómeno de estudio de este trabajo; en este apartado presento un recorrido a través de las distintas adaptaciones que ha tenido el concepto de imaginario. Entonces el principal objetivo es ilustrar sobre
la evolución que el concepto imaginario ha ido cobrando hasta aterrizar en las propuestas del imaginario urbano por parte de la antropología y los estudios urbanos. Además es necesario precisar que las conceptualizaciones referidas siguen el orden cronológico en que fueron declaradas por sus respectivos autores. Por ello, algunas posturas conceptuales pueden presentar ciertas contradicciones aunque se refieren al mismo concepto.
El término imaginario, en el ámbito de las ciencias humanas, no sólo suele ser fuente de numerosas imprecisiones sino, generalmente, de franco rechazo y malos entendidos. Cabe notar que de hecho, tanto en español como en francés, el término se inscribe de manera muy reciente en el vocabulario académico mientras que en inglés, hasta la fecha, no tiene un equivalente preciso. (Solares, B., 2006, p. 130)
Siguiendo con el problema del significado de la palabra, el investigador chileno Rojas, (2006) inicia su libro “El imaginario: Civilización y cultura del siglo XXI” con la definición que la Real Academia de la lengua Española (RAE) ofrece. Según explica, la RAE llama imaginario a “lo que solo existe en la imaginación”. Definición que al lector igual que a Rojas resultará obvia e incompleta. Para ampliar esto cita lo referido a la palabra imaginería, también ofrecida por la RAE: “conjunto de imágenes literarias usadas por un autor, escuela o época”. Con esto la definición de imaginario se vuelve abarcadora.
A partir del desarrollo de los trabajos de una red de centros de investigaciones sobre el imaginario, vinculados a la Escuela Francesa de Grenoble fundada por Gilbert Durand, se han venido precisando ciertas reglas de análisis derivadas de un consenso significativo en torno al estudio del imaginario. (Solares, B., 2006, p. 130)
Precisamente, a finales del siglo XIX e inicios del XX surgen nuevas corrientes de pensamiento, que dieron mayor atención y una mirada menos sesgada a los fenómenos relacionados con la imaginación y la subjetividad. Hiernaux (2007) señala que el eje de pensamientos de autores como Simmel, Husserl, entre otros “progresivamente consolidará un interés creciente hacia los procesos imaginales, que se desprenderán de la crítica racionalista, despreciativa y reduccionista que había elaborado la gran ola racionalizadora de los siglos anteriores”. (p. 19)
Los reconocimientos que surgen sobre lo relacionado con la imaginación, la consolidan progresivamente hasta obtener una posición que es aceptada y reconocida por las ciencias sociales y las humanidades; Hiernaux (2007), señala que:
En particular, la magna obra de Gilbert Durand (1964; 1992; 1994) sobre estos temas, resulta ser un esfuerzo singular y de gran alcance, que le da consistencia al estudio de los imaginarios. Este autor desarrolla los argumentos necesarios como para que ya no sea posible negar la fuerza de los imaginarios, así como para avanzar en su reconocimiento como elemento central –aunque no único- para comprender el comportamiento humano. (p. 20)
Entre los más importantes pensamientos que se han desarrollado y sobre los cuales se levantan los estudios de los imaginarios está el de Gilbert Durand, que define el imaginario como “la inevitable re- presentación, la facultad de simbolización de la cual emergen continuamente todos los miedos, todas las esperanzas y sus frutos culturales desde hace aproximadamente un millón y medio de años, cuando el homo erecto se levantó sobre la tierra”. (Durand, G., 1994, p. 77).
Por otro lado Hiernaux y Lindón (2007), señalan que “el imaginario es, entonces, un proceso dinámico que otorga sentido a la simple
representación mental y que guía la acción”. (Citado en Hiernaux, D., 2007, p. 20)
Moreno y Rovira (2009), señalan que “Cornelius Castoriadis ha sido el fundador de la noción de imaginarios sociales y su concepción surge en un momento histórico determinado” (“Cornelius Castoriadis como creador del concepto de imaginario social”, párr. 1). El surgimiento de los imaginarios sociales ha sido determinante para arribar a los aspectos subjetivos de la realidad urbana, “la noción de imaginario social es una herramienta conceptual para que la realidad deje de ser analizada como un simple espejo de las condiciones objetivas en las cuales viven los sujetos”. (Strauss, O., 2006, p. 324)
Para Charles Taylor la realidad se construye socialmente, por lo cual es factible estudiar cómo las personas entienden la ciudad que habitan, por encima de valoraciones estéticas, éticas o funcionales que puedan estar en el pensamiento del investigador.
Por imaginario social entiendo algo mucho más amplio y profundo que las construcciones intelectuales que puedan elaborar las personas cuando reflexionan sobre la realidad social de un modo distanciado. Pienso más bien en el modo en que imaginan su existencia social, el tipo de relaciones que mantienen unas con otras, el tipo de cosas que ocurren entre ellas, las expectativas que cumplen habitualmente y las imágenes normativas más profundas que subyacen a estas expectativas. (Taylor, C., 2006, p. 23)
“El concepto de imaginario social recurre a la dimensión simbólica para dar a entender algo que aún no existe, pero que a partir de su enunciación comienza a tomar vida propia y que sólo posteriormente puede ser racionalizado”. (Castoriadis, C., 1989, p. 581)
Habiendo revisado algunos fundamentos teóricos del concepto de imaginario e imaginario social; para abordar a los imaginarios urbanos, es
importante reconocer el espacio como parte del estudio de los imaginarios. Schroer (2006), señala que “la teoría social ha brindado muy poca atención al análisis del espacio”. (p. 9)
El espacio por lo general ha sido valorado dentro de la objetividad, en el ámbito de lo real, su análisis ha estado reducido a la dimensión física.
Pero las expresiones en el medio científico y político están abarrotadas de una serie de alegorías que hacen referencia a lo espacial, que remotamente son imparciales, ciertos ejemplos de esto “revelan que el uso del espacio no obedece tan sólo a una simple descripción objetiva, sino que también suele incluir nociones subjetivas sobre aquellos lugares que se enuncian”. (Moreno, C. & Rovira C., 2009, “La ciudad como imaginario”, párr. 1)
Lo interesante de este florecimiento del concepto de espacio en la teoría social es su vinculación con la noción de imaginario, ya que interesa investigar desde la subjetivad, es decir, averiguar cómo las personas conciben y experimentan los lugares que habitan. Y es especialmente en el estudio de la ciudad donde esto se torna evidente, sobre todo en la noción de imaginarios urbanos. (Moreno, C. & Rovira C., 2009, “La ciudad como imaginario”, párr. 2)
“Las estructuras imaginarias de la ciudad son una dimensión que debe ser pensada como esa red elaborada, organizada, reactualizada colectiva y socialmente, que da fundamento a las prácticas individuales en un entorno social”. (Nieto, R., 1998, p. 125)
Alicia Lindón, señala que mediante los estudios culturales, los imaginarios sociales fueron arribando a las primeras ideas sobre imaginarios urbanos. “Tal vez sería más preciso plantear que los estudios culturales (en sentido amplio), de tanto analizar lo cultural en circunstancias localizadas en las ciudades, se fueron encontrando con la ciudad misma como cristalización de la cultura” (Lindón, A., 2007b, p. 7). Además manifiesta que la mirada de los estudios urbanos también
han ido cambiando de dirección hacia los imaginarios urbanos, han iniciado la construcción de abordajes urbanos que han ido incluyendo dimensiones socio-simbólicas.
Así, se ha dado una convergencia de estos dos campos del conocimiento -los estudios culturales y los estudios urbanos- en torno a los imaginarios urbanos. En esta convergencia, los estudios culturales aportan una particular sensibilidad para comprender las dimensiones simbólicas de la vida social, mientras que los estudios urbanos disponen de un capital teórico notorio para abordar la ciudad desde su materialidad y desde lo socio-económico. (Lindón, A., 2007b, p. 7)
Si bien es cierto que los estudios sobre imaginarios urbanos son recientes, estos han generado aportes importantes en los estudios urbanos. Al respecto, Hiernaux (2007), afirma que: “No cabe ninguna duda acerca del enriquecimiento que le ha representado actualmente a los estudios urbanos, los aportes de aquellos abordajes que se centran en los imaginarios urbanos” (p. 26). Considera importante la brecha trazada por Armando Silva, además señala que “también son meritorios los aportes de quienes, como Néstor García Canclini, manejan una metarreflexión sobre el tema y alimentan de manera constante y oportuna, la renovación de los estudios urbanos que tanto se hizo esperar”.
(Hiernaux, D., 2007, pp. 27-27)
Quizás una de las diferencias mayores que se pueden detectar en ese universo amplio de los estudios sobre imaginarios urbanos, es la que se puede establecer entre aquellos análisis que remiten a la ciudad vivida y aquellos otros que se centran en las representaciones de la ciudad. (Hiernaux, D., 2007, p. 23)
Algunos conceptos importantes sobre imaginarios urbanos los presentamos a continuación: Néstor García Canclini, señala que “lo imaginario remite a un campo de imágenes diferenciadas de lo
empíricamente observable. Los imaginarios corresponden a elaboraciones simbólicas de lo que observamos o de lo que nos atemoriza o desearíamos que existiera”. (Lindón, A., 2007c, p. 90)
Silva (2006), señala que: “Los imaginarios serían precisamente aquellas representaciones colectivas que rigen los procesos de identificación social y con los cuales interactuamos en nuestras culturas haciendo de ellos unos modos particulares de comunicarnos e interactuar socialmente”. (p. 97)
El imaginario está constituido por un conjunto de prácticas sociales en las que es posible distinguir los distintos registros, marcas, procesos subjetivos, individuales, pero que -no por ello- dejan de ser compartidos con otros miembros de la sociedad urbana. En el imaginario se establecen los mecanismos de identidad y pertenencia urbanas, pero además de la alteridad también se reproducen la diferenciación, la distinción y la segregación social. De esta manera la ciudad es cargada subjetivamente de significaciones, de sentimientos, de proyectos de vida individuales, familiares y grupales, donde la biografía cobra sentido en una historia colectiva. (Nieto, R., 1998, p. 125)
Actualmente, los estudios sobre imaginarios urbanos son diversos; al ser un enfoque nuevo en los estudios urbanos, tiene un proceso largo aún en curso; pero son numerosos los autores que aportan con sus trabajos en este sentido, sobre todo en el contexto latinoamericano. Entre ellos se puede mencionar a Miguel Ángel Aguilar, Armando Silva, Abilio Vergara, Alicia Lindón, Néstor García Canclini y al mismo Hiernaux.