2. Pautas demográficas de los extranjeros
2.3. La mortalidad según el origen de los extranjeros
2.3.2. El deseo de ser enterrado en España, un indicador
Algunos de nuestros informantes no quieren plantearse el tema de la muerte; no es algo sobre lo que hayan reflexionado y se ve lejano. En su discurso, los hay que descartan totalmente morir en España y ante la pregunta: «¿Dónde prefiere ser enterrado?», se evaden con frases como: «Yo no querría morir aquí, yo quiero morir en mi país» (hombre peruano, Barcelona). Pero esta pre- gunta es trascendental, puesto que el deseo de ser enterrado en España o en el país de origen puede analizarse como un factor de integración social. Los inmigrantes recién llegados y que quieren retornar desean claramente ser enterrados en su país, mientras que aquellos que llevan más tiempo en España y se sienten, de alguna manera, más integrados, se muestran más abiertos ante la posibili- dad de ser sepultados en España. La presencia o no de familia en origen es igualmente un factor fundamental. Si el inmigrante tiene familiares en su país, piensa más en regresar una vez difunto. Entre otras cosas porque el muerto ya no decidey la repatriación pasa por- que alguien reclame el cadáver. En el caso de extranjeros que tie- nen el núcleo familiar principal en España, prefieren ser enterra- dos en el país de acogida, «para que les puedan ir a ver». En efecto, las posibilidades de ser más o menos visitado en tanto difunto tie- nen una gran influencia a la hora de decantarse por el reposo final en el país de origen o en España. Aquellos que tienen más familia- res en su país se pronuncian, en mayor medida, por la repatriación.
Cuando el cuerpo sigue presente, el difunto está de alguna mane- ra vivo, no sólo en la memoria, sino por mediación de sus restos. Y el mayor temor es estar solo frente a la muerte. Por esta razón, en función de la mayor o menor presencia de familiares o amistades en un país u otro, se prefiere, para sentirse acompañado, ser ente- rrado en el país de origen o en España.
CUADRO 2.8: Tasas brutas de mortalidad en España según nacionalidad (1999-2003)
Nacionalidad 1999 2000 2001 2002 2003
Españoles 9,21 8,90 8,85 9,02 9,35
Total extranjeros 8,38 6,54 4,77 3,57 3,06
Europa 14,11 12,18 9,84 7,65 6,47
Unión Europea 14,61 13,28 11,84 11,02 10,04
Alemania — 16,06 13,79 11,45 11,82
Francia — 9,86 8,69 7,83 7,21
Reino Unido — 16,43 15,31 13,27 11,79
Italia — 7,86 5,76 4,09 3,47
Portugal — 7,81 6,94 6,57 5,82
Resto Europa — 5,47 4,28 1,18 1,26
Bulgaria — 1,19 1,01 — —
Polonia — 5,08 3,59 — —
Rumanía — 2,37 1,03 1,12 0,97
Ucrania — 6,40 2,79 — —
América 3,62 2,32 1,57 1,18 1,11
Latinoamérica — 1,84 1,30 — —
Argentina — 5,02 3,50 2,25 1,86
Bolivia — — 1,69 — —
Brasil — 2,05 1,42 — —
Colombia — — 0,91 0,73 0,64
Cuba — 4,16 2,34 2,34 2,38
R. Dominicana — 0,68 0,61 — —
Ecuador — — 0,69 0,62 0,62
Perú — — 1,08 — —
Venezuela — 2,72 2,06 — —
Norteamérica — 10,36 9,13 — —
EE. UU. — 10,43 9,04 7,11 7,77
África 2,80 2,60 2,20 1,66 1,48
África del Norte — — — — —
Argelia — 2,83 2,71 — —
Marruecos — 2,52 2,09 1,63 1,37
Guinea Ecuatorial — 3,01 — — —
Nigeria — 2,56 2,12 — —
Senegal — — 1,83 — —
Asia 2,48 2,41 1,65 1,40 1,24
China — — 0,89 — —
Filipinas — 2,19 1,01 — —
India — 4,19 2,33 — —
Paquistán — 2,09 1,53 — —
Oceanía 8,87 7,40 6,98 4,15 3,48
Apatrid./No const. — — — — —
Nota:Poblaciones a 1 de julio. Estimación propia. 1999. INE. MNP: Tomados del Anuario de la DGO 2001. 2000. INE. MNP. Elaboración propia. 2002 y 2003. INE. MNP. www.ine.es/INEBase.
La incineración permite repartir el alma entre dos lugares, el país de origen y el de destino, siendo ésta la opción que apunta alguno de nuestros informantes que se sienten «entre dos patrias», y como tal plantean igualmente el descanso tras la muer- te. El hogar de pertenencia del difunto es el que decide. Así, si la persona es soltera y los padres están en el país de origen, deseará que le entierren allí. Si la persona está casada y tiene hijos insta- lados en España, serán los hijos los que elijan el lugar de sepultu- ra. Padres e hijos son los que en definitiva deciden. La persona, hasta que no tiene descendientes, depende del núcleo familiar de origen; una vez que tiene hijos, su núcleo familiar de referencia cambia. Esto es así también para la muerte.
Yo si me muero quiero que me lleven allá, para que me vayan a ver al cementerio. Acá, ¿quién me va a ir a ver?
Hombre peruano, Barcelona
Yo ya les dije a mi familia que si me muero me quiero quedar en España. ¿Para qué se van a gastar el dinero si estoy muerto? Además, mi familia está aquí, así me hacen visitas; si quieren los domingos acordarse de mí, van al cementerio; si me llevan a Ecuador, no van a coger un avión para ir a verme.
Hombre ecuatoriano, Madrid
En mi caso yo tengo a mi familia aquí, ya hice mi vida aquí.
A mí que me entierren aquí. Hombre, si me incineran, que lleven un poquito a mi país.
Hombre venezolano, A Coruña
La mayoría de la gente que puede lo llevan a Marruecos, porque si está su madre, su familia, quieren que le entierren al lado, para que puedan ir a verle. Yo prefiero que me entie- rren en Marruecos, por lo menos alguien va a venir a verme.
Hombre marroquí, Madrid
A mí me da igual dónde me entierren, depende de dónde tengas los hijos; si estoy mayor y tengo a los hijos aquí, que me
entierren donde ellos quieran; si me muero ahora que no tengo hijos, que me lleven allí, porque allí tengo a mis padres. Ahora joven prefiero que me lleven a mi país, pero si tengo hijos, que decidan ellos, yo no me voy a dar cuenta de dónde estoy.
Hombre marroquí, Madrid
Yo creo que mi familia quería que me mandasen a Colombia, para enterrarme allí o hacerme ellos lo que quie- ran; yo creo que por mi familia no me dejarían aquí; a mí,
¿qué más me da si estoy muerto? Pero, por mi familia, que me lleven a Colombia, tengo a toda la familia allá.
Hombre colombiano, Madrid
A mí me gustaría que me llevasen a mi país mil veces. ¡Qué triste morirse aquí y quedarse aquí! Yo preferiría ir a Colombia, que me llevasen a mi país. Yo quiero estar en mi país, yo sé que a mi familia le gustaría que estuviese allá.
Mujer colombiana, Madrid
Algunos informantes de origen marroquí apuntan que una explicación a la repatriación de los cuerpos a Marruecos reside en la importancia que le dan los inmigrantes de esta comunidad a la fiesta que se realiza tradicionalmente en honor del fallecido.
Así, llevar el óbito al país de origen no sólo es una estrategia del difunto para sentirse acompañado, sino también de los familiares que residen en España, que pueden compartir la tristeza con la familia y amistades en Marruecos. En ocasiones también se lleva el cuerpo a Marruecos para que pueda ser enterrado en un cementerio musulmán, aunque ya existen cementerios de este tipo en España, como en Madrid, Granada, etc., que permiten a las personas de esta religión ser enterradas en este país.
La familia está esperando que lo lleven, para la fiesta; se hace comida. Es una fiesta que se hace el día del entierro; por la noche se trae a toda la familia, se les invita para comer jun- tos, para muchas cosas. Aquí se les entierra y ya está, sin la familia. Aquí es muy triste porque estás solo.
Mujer marroquí, Madrid
En el caso de los inmigrantes retornados, hemos encontrado casos en los cuales la decisión de ser sepultado en un sitio u otro es difícil de tomar, puesto que las raíces están repartidas entre España y el país de procedencia de la migración de retorno. Aunque se haya nacido en Argentina, el hecho de tener descendencia espa- ñola suscita un sentimiento de doble patria, de manera que la deci- sión del lugar del reposo final se encuentra repartida.
A mí me da igual donde me entierren. Mira, cuando yo lle- gué acá, me dio mucho cariño ver dónde se había criado mi padre, que es de Santiago. Eso te genera una doble patria. Por un lado, vos te sientes parte de la tierra. Yo en ningún momento me sentí extranjera. Me sentía partícipe del lugar y creo que era por mi papá. Entonces, si mañana se acaba el mundo, me da igual que me entierren acá o que me tiren a la basura, me es igual.
Mujer argentina, A Coruña
A mí, que me entierren en Venezuela, porque tú dejas allí familia, a menos que seas un retornado y que tus papás sean españoles, regresas a tu país.
Mujer venezolana, A Coruña
En ocasiones la repatriación suscita recelos. Alguno de nues- tros informantes prefiere ser incinerado, pues teme que durante el traslado le quiten los órganos para donarlos. En otros casos se piensa que es más seguro llevar el cadáver al país de origen, al considerarse que en España los médicos buscan la sustracción de órganos. Como vemos, el argumento del peligro de la extracción de partes del cuerpo se utiliza, indistintamente, a favor o en con- tra de la repatriación. Lo que es importante destacar es que, en el caso de los inmigrantes, parece haber un miedo a perder el con- trol sobre los cuerpos y que éstos sean vaciados sin el consenti- miento de los familiares. Quizás sea un miedo asociado a la inse- guridad de sentirse ciudadanos de segunda, inmigrantes, muchos sin papeles, cuya muerte pierde valor frente a la población autóc- tona. La importancia de la repatriación también viene dada por la necesidad de la familia, en el país de origen, de constatar que realmente la persona ha fallecido. La lejanía geográfica hace que
la idea de la muerte sea más difícil de asimilar si no se llega a ver el cuerpo del difunto.
Yo no quiero que lleven el cuerpo. Porque un inmigrante que muere aquí le sacan los órganos para hacerlo más barato.
Y yo no quiero eso. A los inmigrantes les llevan los cuerpos y los vacían. Yo ya dije que me quemen y que me manden a casa.
Al menos, así sé que queda la ceniza.
Mujer ecuatoriana, Barcelona
Nosotros conocimos el caso de una familia de Nigeria; el hijo estaba muy mal, tenía seis o siete años, y los médicos sa- bían que se iba a morir, pero su obligación era seguir tratán- dolo. Y la familia no quería que lo siguiesen tratando, querían llevarlo a Nigeria para enterrarlo allá. Los médicos decían que mientras se pudiese seguir tratando que no convenía que via- jase, que mejor era que estuviese en el hospital. Pero la fami- lia lo quería llevar a Nigeria porque pensaban que los médicos lo que querían era extraerle los órganos. Hay muchos proble- mas de comunicación.
Mujer marroquí, mediadora cultural, Málaga
Las estrategias para repatriar los cuerpos son variadas. La pri- mera de ellas consiste en el pago de un seguro. Algunas de las personas entrevistadas han contratado un seguro que incluye la repatriación del cadáver en caso de muerte, siendo éste un pro- ducto que se oferta a la comunidad inmigrante. En ocasiones, algunos consulados ofrecen servicios de repatriación gratis.
Aquí hemos recibido propuestas de seguros privados; hay bancos que están promoviendo estos seguros. Nosotros contrata- mos un seguro de muerte y repatriación por la hipoteca del piso.
Hombre ecuatoriano, Barcelona
Otra de las estrategias que ponen en marcha los inmigrantes, para hacer frente al problema económico de la repatriación, es la colecta económica entre las redes sociales. No obstante, el esta- tus social del difunto es clave para el éxito de este proceso. Así,
según nos relata un informante, cuando murió un amigo suyo, travesti que se dedicaba a la prostitución, nadie quiso aportar dinero para llevar el cuerpo a Ecuador. La popularidad y la den- sidad de relaciones del difunto son fundamentales para suscitar la solidaridad comunitaria. En caso de muchas dificultades eco- nómicas se recurre a estrategias informales, como incinerar el cuerpo y llevar, de manera irregular, las cenizas en la maleta en el avión.
La gente llama a conocidos para que les den para el ataúd, luego el consulado marroquí ofrece la repatriación.
Hombre marroquí, Madrid
Cuando muere alguien, se hace una colecta de dinero entre todos los compatriotas para enviar el cuerpo. A veces, si las personas están solas, hombres o mujeres solos, y nadie reclama los cuerpos en Ecuador, les tienen que enterrar en España; no sé qué pasa en ese caso.
Mujer ecuatoriana, Madrid
Yo tenía un amigo que se vino de Ecuador; era travesti y trabajaba en la Casa de Campo en la prostitución; se engan- chó mucho a la heroína, cayó en malas manos y se murió, no sé si le mataron o qué. Y él no tenía ahorrado nada. Me daba rabia, porque se hizo una colecta; mi amigo se murió y no tenía dinero y la gente no colaboró en ese momento, ningu- no colaboró; yo sí puse, pero no podía poner todo; la gente decía: tomaba alcohol, drogas, etc. Era carísimo llevar a Ecuador el cuerpo. Y había gente que tenía dinero y nada. Lo incineraron aquí y se lo llevaron sin permiso ni nada; las ceni- zas, las sacaron en el avión, porque costaba dinero: se lo lleva- ron a Ecuador en una maleta.
Hombre ecuatoriano, Madrid