12. Contexto espacial
12.1. Espacio físico
12.1.1. Deterioro de edificios, viviendas y servicios
Uno de los aspectos más visibles de la degradación del hábitat es el deterioro de los edificios y de las viviendas que lo conforman. En términos de exclusión social, normalmente esta degradación se concentra en deter- minados pueblos o zonas de la ciudad y va acompañada de la degradación del espacio público, como más adelante analizaremos. Si el ambiente que nos rodea es percibido como una agresión, difícilmente se podrán dar acti- tudes cívicas hacia éste y menos aún cuando la persona no ve mecanismos cercanos que influyan en su mejora. El desarraigo y la alienación del habi- tante respecto de su entorno físico son causa y consecuencia tanto de la de- gradación física como social del medio.
En el hábitat urbano, los barrios desfavorecidos suelen ser barrios de autoconstrucción, bloques o conjuntos de viviendas baratas de iniciativa pri- vada o polígonos de vivienda de protección oficial de iniciativa pública de realojo de población que vivía en áreas de infravivienda, así como áreas de vivienda antigua de escasa habitabilidad en cascos históricos y arrabales anti-
guos. Este tipo de barrios presenta con frecuencia ese tipo de deterioro físi- co y social. En el caso rural, son las zonas peninsulares interiores y montaño- sas las que han sido más afectadas por las migraciones y el envejecimiento de la población, provocando un fuerte descenso demográfico o el abando- no total del núcleo con la consecuente degradación física del mismo. En este ámbito, tiene especial incidencia la carestía o el deterioro de los servi- cios, debido a la falta de presión poblacional para la intervención pública o la posibilidad de rentabilizar las inversiones de las empresas de servicios pri- vadas.
La mayoría de indicadores que se utilizan en este factor provienen de la Encuesta de Infraestructura y Equipamientos Locales (EIEL) del año 1995, coordinada y explotada por el Ministerio de Administraciones Públicas, que es de las pocas fuentes centralizadas que trabaja muchos de los aspec- tos que aquí consideramos relevantes. La encuesta sólo contempla los mu- nicipios menores de 50.000 habitantes y han quedado fuera las Comunida- des Autónomas del País Vasco, Comunidad Foral de Navarra, Cataluña y Madrid, así como los datos de los municipios entre 20.000 y 50.000 habi- tantes de la provincia de Almería, por no haber realizado la encuesta. En su cuarta edición del año 2000, actualmente en fase de explotación, con- templa ya todos los municipios con menos de 50.000 habitantes de todas las comunidades autónomas. Finalmente, hemos escogido cuatro indica- dores para obtener una panorámica del deterioro de edificios, viviendas y servicios en España: los Núcleos abandonados, el Estado de los edificios, las Vi- viendas desocupadas y la Insuficiencia de servicios básicos (acceso a la red de agua potable y saneamiento).
Núcleos abandonados. Como se ha comentado, la emigración rural es a menudo síntoma de la exclusión territorial de determinadas zonas rurales.
Los cambios en el sistema productivo iniciados en la década de los sesenta iniciaron un flujo continuo de población rural hacia las ciudades o pobla- ciones mayores, donde una mayor oportunidad de empleos y dotación de infraestructuras y servicios eran los principales alicientes ante un sector agrí- cola en plena reestructuración. En los hábitat rurales, al contar con menos población, los escasos servicios públicos y privados tienden a reducirse aún más, a la vez que el descenso de los servicios favorece una disminución del atractivo económico para las inversiones, profundizando el círculo. Como decíamos, las principales consecuencias ante estos procesos son el despobla- miento del medio rural, el envejecimiento, la masculinización, la imposibili- dad de regeneración poblacional, el aislamiento de la población... que son características de la exclusión territorial que vive el medio rural. La situa- ción más extrema es el abandono total del núcleo de población, lo que re-
percute también en el abandono del entorno (conservación de caminos, fuentes, bosques...).
Conservación de los edificios. No todos los edificios con condiciones defi- cientes se concentran en zonas o barrios desfavorecidos, pero la presencia de un gran número de edificios deteriorados puede ser claramente síntoma de la degradación del hábitat. La antigüedad de los edificios en los centros históricos o la mala calidad de los materiales constructivos, que se utilizaron en los polígonos de viviendas de protección oficial o en la construcción de viviendas baratas de promoción privada, hace necesaria hoy en día una ma- yor atención en el mantenimiento de edificios en barrios desfavorecidos. El desentendimiento de las administraciones públicas en determinadas zonas y de los mismos propietarios de las fincas, que ven pocas posibilidades de ren- tabilizar las rehabilitaciones a través del alquiler o el precio de venta, hace que en zonas degradadas o deprimidas los edificios se deterioren más rápi- damente por falta de conservación. Además, en lugares donde se concentra población que acumula diferentes factores de exclusión como paro, baja formación, problemas económicos... las personas tienen más limitaciones para hacerse cargo del mantenimiento de su entorno, a la vez que unas rela- ciones comunitarias débiles y la lucha por la propia supervivencia fomentan también la individualización y el desentendimiento por el espacio comuni- tario.
Existe un indicador estadístico para observar el estado de los edificios resultado del censo de edificios que se realiza por el INE cada diez años.
Los resultados del último censo, realizado a fecha 1 de noviembre de 2001, no estarán disponibles hasta julio de 2003, por lo que presentamos (con to- das las reservas posibles) los datos de 1991.
Viviendas desocupadas. La emigración del hábitat (por falta de servi- cios, de trabajo, por sensación de inseguridad, por mala calidad ambien- tal...) puede dar lugar a la aparición de viviendas desocupadas porque ninguna otra persona quiera vivir en ellas, debido a las deficientes con- diciones que ofrece el entorno o la propia vivienda. Pero la presencia de viviendas desocupadas, en un contexto de fuerte demanda, también pue- de ser la consecuencia de viviendas en proceso de ser ocupadas (en ven- ta o alquiler), en litigio por el esclarecimiento de su propiedad, o bien para su especulación. Algunos multipropietarios compran pisos y éstos permanecen vacíos a la espera de que suba el precio por alguna recalifica- ción, mejora del entorno o evolucione el mercado al alza. En otras ocasio- nes se compran edificios enteros, donde no se realiza ninguna obra de mejora o mantenimiento, hasta que todos los inquilinos se han ido y se puede volver a edificar multiplicando el precio de las nuevas viviendas. En
ambos casos fácilmente las viviendas y edificios pueden entrar en procesos de degradación.
La información sobre la desocupación de viviendas proviene del cen- so de viviendas que se realiza cada diez años junto al censo de población. La información del último censo (2001) parece ser que está a punto de ser pu- blicada, pero mientras tenemos que trabajar con cautela a partir de la infor- mación de 1991, ya que el mercado de la vivienda está en rápida evolución.
Insuficiencia servicios básicos. Para asegurar la habitabilidad de las vivien- das, que éstas reúnan las condiciones mínimas para que sus ocupantes pue- dan vivir dignamente según sus necesidades, tienen que tener como mínimo de una serie de instalaciones básicas (retrete, cocina, baño...) que la mayoría de hogares españoles disponen. Su ausencia se analiza detalladamente en el ámbito de la vivienda, pero aquí queremos hacer referencia a aquellos servi- cios básicos que implican la necesidad de una red pública que asegure su su- ministro, como puede ser el abastecimiento de agua corriente o el alcantari- llado público. Su ausencia puede reflejar deficiencias en la construcción, la inexistencia de planificación, su aislamiento territorial o la concentración de infraviviendas en determinados territorios. Además, la ausencia de una red de alcantarillado público puede tener consecuencias negativas para la salud pública y el medio ambiente si las aguas residuales no se gestionan co- rrectamente.
Cuando la vivienda no está conectada a la red pública, normalmente disponen de saneamiento o abastecimiento autónomo. El saneamiento au- tónomo más característico de «pozo negro», muy propio de pequeños nú- cleos y urbanizaciones, se considera en general inadecuado para tratar las aguas residuales. En los territorios con núcleos también muy pequeños, de hábitat disperso, el autoabastecimiento de agua está muy extendido, pero también puede entrañar insuficiencias en la falta de abastecimiento o en el control de la calidad del agua.