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Marginación económica

12. Contexto espacial

12.3. Espacio económico

12.3.1. Marginación económica

La estructura y dinámica productiva tiene un fuerte impacto en el territorio y sus habitantes. La localización de grandes infraestructuras públicas de transporte y comunicación, el dinamismo económico de una región o la deslocalización industrial tienen grandes consecuencias am- bientales y de distribución territorial de la población, así como en el mercado de trabajo. El aumento de la liberalización internacional de ca- pitales y mercancías, posibilitada por la mejora de las comunicaciones y un contexto político-ideológico favorable, conlleva una transformación profunda de las economías nacionales. La mejora de las tecnologías de la información, las telecomunicaciones y del transporte da lugar a la eli- minación de las barreras espaciales para la localización de las empresas, por lo que éstas pueden aprovechar mejor las diferencias y desigualda- des en las bases económicas y sociales de los territorios profundizándo- las, mientras que las regiones y las ciudades adquieren en este ámbito un renovado protagonismo compitiendo por las inversiones de los capitales internacionales.

Como decíamos, a partir del desarrollo de las comunicaciones y los transportes ya no es necesario mantener una continuidad territorial y se priorizan espacios con mayor interés estratégico con oportunidades de inte- gración en el sistema mundial, mientras que otros territorios periféricos en- tran en decadencia económica-industrial debido a las actividades industria- les de carácter dependiente. Quedar fuera de los circuitos de distribución y comercialización internacionales puede implicar fácilmente entrar en pro- cesos de marginación económica con altos costes sociales si no se plantean medidas alternativas.

Decaimiento económico. El PIB es el indicador que se utiliza más a menu- do para observar la evolución económica de un país que suma los valores añadidos en los diferentes procesos productivos durante un año. Tenemos que interpretar las cifras del PIB de cada región con extrema cautela. Se ha de entender que solamente mide la producción de esa región, no nos dice nada sobre el grado de concentración y su distribución entre la población;

tampoco recoge las actividades productivas derivadas del sector informal (aquellas que no son remuneradas o las actividades de autoconsumo) y la elevada movilidad de capitales y mercancías hace difícil poner delimitacio- nes territoriales demasiado estrictas, si bien nos puede servir como una aproximación al dinamismo económico que tiene esa región en el conjunto del Estado.

En términos de exclusión social este indicador nos dirá más bien poco, ya que durante décadas se ha cuestionado, al menos desde las teorías

económicas menos ortodoxas, la vinculación entre crecimiento económico capitalista y disminución de la pobreza (por el aumento de la desigualdad), por un lado, y crecimiento económico y disminución del desempleo por el otro 84. Pero, aunque no sea el factor determinante, sí que puede tener un papel importante en la generación de recursos públicos a través de impues- tos, la atracción de servicios vinculados a las actividades económicas o el peso económico de la región en el conjunto del Estado como factor subs- tancial en los procesos de decisión. De manera indirecta, el Producto Interior Bruto Regionalizado (PIBR) también nos puede señalar aquellas regiones más desconectadas de los circuitos de producción y distribución in- ternacionales.

Para medir este indicador hemos utilizado el PIBR por provincias y Comunidades Autónomas. Este indicador es el agregado contable que reco- ge el resultado de la actividad económica de una región representando para la región lo que el PIB para la economía nacional. El PIBR se valora a pre- cios de mercado y se obtiene sumando los valores añadidos brutos (VAB) a precios básicos por regiones y los impuestos regionalizados (netos de sub- venciones) sobre los productos y las importaciones. Presentamos a conti- nuación dos series de datos, el PIBR del año 2000 (datos avance), que nos indica el peso en términos de producción de cada región y el incremento del PIBR desde el año 1995 para observar el dinamismo de las regiones en los últimos años.

Presencia/ausencia del pequeño comercio. Se ha escogido el indicador de pequeño comercio porque los grandes indicadores macroeconómicos como el PIB nos hablan de la producción de un territorio, pero otra cosa distinta es el modo como se distribuyan los bienes producidos (en la propia región o en otros lugares) entre la población del territorio. Consideramos la presencia del pequeño comercio como un factor de inclusividad territo- rial por dos razones. La primera porque el pequeño comercio normalmen- te asegura la cobertura de las necesidades más básicas de la población de una forma cercana al domicilio, lo que garantiza su accesibilidad a las perso- nas con problemas de movilidad o que no disponen de medios de transpor- te. La segunda razón viene dada porque la presencia del pequeño comercio es un componente importante en la diversificación de actividades de un pueblo o barrio. Si éste desaparece, muere también con él la ocupación de

84. Como indica Dahrendorf (1990), la productividad total de la OCDE desde 1870 se ha multi- plicado por 10, mientras que el porcentage de horas trabajadas se ha reducido a la mitad: el he- cho de que se pueda producir más con menor esfuerzo humano posibilita que el trabajo sea es- caso.

las plantas bajas, la actividad en la calle, la creación de empleo cerca de la vivienda, así como la posibilidad de una mayor diversidad social de usuarios, para convertir los lugares en unifuncionales (barrios/pueblos residenciales o dormitorios). La tendencia a la creación de grandes centros comerciales en las ciudades produce una concentración y especialización de la actividad comercial en sitios muy concretos, lugares encerrados en sí mismos y de es- paldas a su entorno más próximo.

Como indicador de presencia de pequeño comercio, se presenta a continuación la proporción de locales de comercio minorista con menos de cinco trabajadores extraídos del Directorio Central de Empresas (DIRCE) del INE. Se ha establecido también un indicador más restrictivo a la defini- ción de pequeño comercio, como aquel comercio al por menor con menos de dos trabajadores.

Presencia/ausencia hotelera. El desarrollo turístico es uno de los princi- pales motores económicos de la economía española, capaz de generar un gran volumen de negocios y ocupación, aunque esté sujeta a una alta tem- poralidad. El aumento del turismo rural ha reactivado la economía de de- terminados municipios rurales que ven en este sector una nueva fuente de ingresos y de subsistencia, después de un largo proceso de despoblación y deterioro de las construcciones rurales. Entendemos que aquellos territo- rios que permanecen excluidos, por diferentes motivos (inseguridad, des- prestigio, deterioro del entorno...) no atraen la visita de foráneos. Tal y como hemos apuntado más arriba, la atracción de personas hacia el territo- rio para trabajar, realizar actividades de ocio y turísticas... indica la genera- ción de actividades de interés para el conjunto del territorio e impide el proceso de guetificación del mismo.

Los establecimientos hoteleros pueden ser un buen indicador de la atracción de personas hacia el territorio, aunque hemos de tener en cuenta que en una misma provincia, o en una misma ciudad, pueden convivir zo- nas con un gran interés turístico, con otras excluidas y marginadas de los circuitos turísticos habituales.

E

N este trabajo se han presentado un marco conceptual y un modelo ana- lítico para la comprensión del complejo fenómeno de la exclusión social, adaptados a la nueva configuración de las desigualdades y de la desventaja social.

Hemos empezado identificando una serie de procesos de cambio es- tructural que nos alejan cada vez más de los parámetros característicos bási- cos de la sociedad industrial y que nos van situando, en los albores del siglo

XXI, en un nuevo escenario social. Las transformaciones que enmarca pue- den resumirse, sintéticamente, a partir de los procesos de cambio socioeco- nómicos (globalización, nuevos modelos productivos, nuevas formas de or- ganización del trabajo...) y a partir de cambios socioestructurales (nuevos modelos familiares, nuevos modelos de relación entre géneros, nuevas for- mas de organización del espacio...). Como resultado de esta nueva configu- ración, se dibujan tres vectores de cambio en la estructura de las desigualda- des sociales y de las situaciones de desventaja social. Por un lado, el tránsito desde una sociedad clasista, donde los grandes agregados sociales quedaban organizados jerárquicamente en función de su posición relativa en el ámbi- to productivo-laboral, hacia una nueva sociedad marcada por la complejidad de los ejes de desigualdad social. Por otro lado, el tránsito desde una socie- dad de clases nítidamente estructurada, donde dichos agregados sociales compartían intereses y valores, a una sociedad de riesgos e inseguridades afrontados subjetivamente desde la individualidad, con poco enraizamiento en las estructuras colectivas. Finalmente, el tránsito desde una sociedad donde predominaban las relaciones de desigualdad vertical hacia una nueva lógica de la desigualdad más bien circular, que potencialmente abarca una mayor proporción de colectivos sociales que pueden verse inmersos en pro- cesos de exclusión que comportan la ruptura de las coordenadas básicas de integración social y comunitaria.

Ante este nuevo contexto, con la noción de exclusión social trata- mos de señalar que la desventaja social no puede interpretarse exclusiva- mente a partir del análisis de las desigualdades en la distribución de los re- cursos materiales, como se había venido haciendo con la noción tradicional de pobreza. Por ello, es preciso construir una nueva herramienta analítica

que contemple el conjunto de factores de riesgo o de vulnerabilidad, en tér- minos dinámicos (procesales) y en sus múltiples dimensiones. Así pues, para la comprensión de los nuevos procesos de exclusión social hemos con- templado el carácter estructural, relacional, dinámico, multifactorial y multidi- mensional, y politizable del fenómeno, desarrollando un modelo encaminado a identificar y cuantificar los distintos elementos que intervienen en él.

Nuestra propuesta metodológica se ha concretado en una extensa ba- tería de indicadores basada en la identificación de los distintos factores que, desde ámbitos de exclusión diferenciados (aunque profundamente imbrica- dos), actúan sobre ésta. La matriz de indicadores de exclusión resultante ha comprendido todas aquellas esferas de la vida que en la actualidad son sus- ceptibles de generar integración y/o exclusión social, a saber: el ámbito eco- nómico, el laboral, el formativo, el sociosanitario, el de la vivienda, el rela- cional, el político y, finalmente, el contexto espacial. Cada uno de estos ámbitos se ha operacionalizado mediante espacios, factores e indicadores concretos de exclusión social. A su vez, estos factores se encuentran cruza- dos por circunstancias intensificadoras de la exclusión (el género, la edad, y la etnia o el origen cultural) derivadas de elementos estructurales.

En términos interpretativos, es preciso señalar la interrelación y la re- troalimentación de dichos factores entre sí. Es decir, los procesos de inclu- sión-exclusión serán la resultante de la combinación y acumulación de de- terminados factores a lo largo de las trayectorias personales y vitales, marcadas, además, por la pertenencia a los colectivos estructuralmente más vulnerables: las mujeres, los niños/as, los adolescentes, los jóvenes, los an- cianos, los miembros de culturas no dominantes.

Este modelo representa un importante salto cualitativo en la com- prensión del fenómeno de la exclusión social en su globalidad, permitién- donos sistematizar los elementos que intervienen en los procesos de exclu- sión social y los colectivos vulnerables a dichos procesos. Asimismo, nos aporta criterios para analizar la extensión y la intensidad del fenómeno a nivel territorial, es decir, en la práctica. A la par, esta propuesta teórico- metodológica ofrece herramientas concretas indispensables para la redefi- nición de las políticas sociales tanto desde un punto de vista substantivo (cómo se define el problema, cuáles son los objetivos, qué contenidos to- man dichas políticas), como desde un punto de vista operativo (cómo di- señamos los procesos, cómo los gestionamos, de qué forma evaluamos sus rendimientos).

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85. Las referencias bibliográficas que aquí se exponen son un resumen del conjunto de biblio- grafía general de la investigación a la que se refiere el presente documento. En esta ocasión, he- mos optado por priorizar aquellas fuentes que han sido directamente utilizadas en los apartados teórico-metodológicos de la misma.

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