CAPÍTULO II MARCO TEÓRICO
4.3 Discusión
H1: El nivel de empoderamiento en cuanto al bienestar psicológico de las mujeres asháninkas de Junín y quechuas de Ayacucho que forman parte de organizaciones de mujeres indígenas es alto.
µ ≠ µ
Tabla 17
Cálculo de la “t” de student para la hipótesis específica 6.
Prueba de muestras independientes Prueba de
Levene de igualdad de
varianzas Prueba t para la igualdad de medias
F Sig. t gl
Sig.
(bilatera l) p
Diferencia de medias
Diferencia de error estándar
95% de intervalo de confianza de la diferencia
Inferior Superior N
O T A S
Se asumen varianzas
iguales
0,312 0,578 1,875 78 0,002 0,87500 0,46663 -0,05398 1,80398
No se asumen varianzas
iguales
1,875 77,905 0,002 0,87500 0,46663 -0,05400 1,80400
En la tabla 17 se puede observar que el valor p-valor asociado es mayor que el nivel de significación especificada (p < 0,05). Entonces se puede aceptar que existe una diferencia significativa de medias, en tanto que se rechaza la H0 y se acepta la H1, es decir: El nivel de empoderamiento en cuanto al bienestar psicológico de las mujeres asháninkas de Junín y quechuas de Ayacucho que forman parte de organizaciones de mujeres indígenas es alto.
Con un nivel de confianza de 95%, según Córdova (2014).
indígenas. Entonces, se puede decir que ambos grupos de mujeres presentan un nivel de empoderamiento similar (97,5%) no teniendo diferencias. Es probable que ello se deba a que las encuestadas forman parte y tienen una activa participación en las actividades de organizaciones de mujeres indígenas. Además, muchas de ellas ostentan otros cargos en sus comunidades y otros espacios de toma de decisiones por lo que han pasado por un proceso de fortalecimiento de capacidades tanto a nivel individual, de relaciones cercanas y en lo colectivo (Rowlands, 1997).
Entonces, si bien las dimensiones del empoderamiento usadas para la realización del presente estudio fueron las determinadas Ruíz-Bravo, Vargas y Clausen (2018). Estas pueden ser relacionadas tanto con las tres dimensiones del empoderamiento de Rowlands (1997): individual, colectivo y de relaciones cercanas y los cuatro componentes de Stromquist (1997):
psicológico, cognitivo, político y económico. En ese sentido, la dimensión Vida y salud física se relaciona con la dimensión individual de Rowlands; la dimensión Control sobre el entorno material está relacionada con la dimensión de relaciones cercanas de Rowlands y los componentes cognitivo y político de Stromquist; la dimensión Relaciones sociales, con la dimensión colectiva de Rowlands y el componente político de Stromquist; la dimensión Integridad física y seguridad, con la dimensión de relaciones cercanas y el componente político de Stromquist; la dimensión trabajo remunerado, con la dimensión individual de Rowlands y el componente económico de Stromquist; y la dimensión Bienestar psicológico, con la dimensión individual de Rowlands y el componente psicológico de Stromquist.
Montejo (2013) señala que la integración de las mujeres a la organización ha generado cambios en ellas a nivel individual y familiar, siendo el principal aporte el poder contar con un espacio de aprendizaje, lucha, participación y esperanzas para el cambio. Los resultados de la presente investigación demuestran que en la dimensión de control sobre el entorno material (participación en la toma de decisiones en el hogar y a nivel comunal) las mujeres asháninkas (87,5%) y quechuas (77,5%) tienen un nivel de empoderamiento alto. Lo mismo sucede en la dimensión relaciones sociales (la participación comunitaria y autonomía para la afiliación), donde las mujeres asháninkas (92,5%) y quechuas (87,5%) también tienen un nivel alto de empoderamiento. Ello significa que ambos grupos pueden participar en la toma de decisiones a nivel familiar y comunal, y también que para ellas es importante
formar parte de las organizaciones de mujeres y en los espacios de gobernanza comunal. A su vez concuerda con lo señalado por Pérez (1999) de que el empoderamiento de las mujeres fue el resultado de un proceso de organizativo que les ayudó a posicionarse como sujetos sociales colectivos, capaces de transformar su realidad.
El actual contexto de violencia contra las mujeres manifestada de múltiples formas fue tomado en cuenta al momento de definir la hipótesis específica relacionada a la dimensión integridad física y seguridad, que tiene que ver con la armonía familiar y la ausencia de violencia. Es por ello que se planteó que el nivel de empoderamiento de ambos grupos en esta dimensión era medio, ya que la violencia se presenta como un obstáculo para el empoderamiento de las mujeres de acuerdo a lo encontrado por Ruiz-Bravo, Vargas y Clausen (2018) en su revisión de la literatura. En esta dimensión, las mujeres asháninkas (80%) y quechuas (77,5%) presentan un nivel medio de empoderamiento. Ello evidencia que la violencia intrafamiliar es un problema que aún viven las mujeres en sus hogares y se configura como un obstáculo que les impide alcanzar un nivel mayor de empoderamiento en esta dimensión.
Cabana, Rodríguez y Ubiluz (2018) determinaron que el empoderamiento de las mujeres ayacuchanas inició cuando ellas eran jóvenes y enfrentaban condiciones de vulneración de sus derechos, secuelas psicológicas, situaciones de violencia y discriminación de género, en ese caso en particular, cuando se encontraban en la búsqueda de sus familiares desaparecidos siendo parte de las Asociaciones de Desplazados. Entonces, se puede afirmar el nivel medio del empoderamiento de las mujeres asháninkas y quechuas en la dimensión de integridad física y seguridad tiene que ver con su participación e involucramiento en sus organizaciones, ya que éstas se constituyen como espacios de bienestar al cubrir parte de las necesidades de afecto, cuidado, soporte social y aprendizaje (Ruiz-Bravo, Vargas y Clausen, 2018), permitiéndoles enfrentar la violencia.
Con respecto a la dimensión de Bienestar psicológico, relacionado a la autoestima, autovaloración y salud emocional, se determinó que el nivel de empoderamiento de las mujeres asháninkas (97,5%) y quechuas (92,5%) es alto, lo que a su vez influiría en el cambio de las dinámicas familiares y los roles tradicionales de género como la sumisión y la dependencia de sus parejas, de acuerdo a los resultados del estudio de Cabana, Rodríguez y Ubiluz (2018). Estos resultados estarían vinculados a lo hallado por Pérez
(1999) de que, gracias a su participación en las organizaciones, las mujeres lograron la seguridad en sí mismas, un mejor desenvolvimiento con valor y fortaleza que les permite expresar lo que piensan. En esa misma línea, la investigación de De la Cruz (2017) evidenció que las participantes en el proyecto “Mujeres Emprendedoras” lograron una mayor autovaloración, el fortalecimiento de su autoestima, la confianza en sí mismas y el rechazo a la violencia.
Pérez señala además que gracias a su participación en la organización las mujeres han adquirido independencia económica y en la toma de decisiones sobre sus propios ingresos gracias a la participación en la organización. Estos resultados son similares a los de De la Cruz que determinó que participar en el mencionado proyecto les permitió a las mujeres alcanzar el empoderamiento lo que se manifiesta en el aporte al ingreso de la familia y la participación en la toma de decisiones. En cuanto a la presente investigación, se determinó que las mujeres asháninkas (90%) y quechuas (97,5%) presentan un nivel alto de empoderamiento en la dimensión de trabajo remunerado, que comprende la percepción de ingresos por actividades laborales y la autonomía en el uso de los ingresos propios, lo que estaría influenciado por su participación en sus organizaciones representativas.
Por su parte, en cuanto al empoderamiento económico, relacionado a la dimensión de trabajo remunerado de Ruiz-Bravo, Vargas y Clausen (2018), la investigación de Vera (2010) concluyó que aquellas mujeres que cuentan con mayor cantidad de hijos tratan de controlar los recursos del hogar para que sean destinados al bienestar familiar y además que los programas de apoyo social ayudan a incrementar el empoderamiento económico de las mujeres. En este mismo punto, Portocarrero (2010) señaló que existe una diferencia significativa en el nivel de empoderamiento entre las que participan en las mencionadas organizaciones y aquellas mujeres que no participan. Ambos aspectos no fueron directamente abordados por el presente estudio, no obstante sería necesario que se aborde cómo es que afectan el nivel de empoderamiento en esta dimensión.
Vera (2010) encontró que la mayor parte de las decisiones relacionadas con el uso y acceso a servicios de salud materno-infantil son tomadas por la mujer independientemente o de manera conjunta con su pareja; ello daría cuenta de la negociación que existe dentro del hogar y que corresponde a las
dimensiones de vida y salud física, así como control sobre el entorno material que fueron consideradas en la presente investigación. Cabe mencionar que el presente estudio determinó que las mujeres asháninkas de Junín (60%) y quechuas de Ayacucho (80%) presentan niveles altos de empoderamiento en la dimensión de vida y salud física, que está relacionada con la autonomía en la toma de decisiones relacionadas a su salud física y el cuidado de esta, que también incluye las decisiones respecto a sus cuerpos, y su salud sexual y reproductiva.
CONCLUSIONES
1. Se ha determinado que no existe una diferencia significativa entre el nivel de empoderamiento de las mujeres asháninkas de Junín y quechuas de Ayacucho que forman parte de organizaciones de mujeres indígenas, según p-valor (p <
0,05).
2. El nivel de empoderamiento tanto de las mujeres asháninkas de Junín (97,5%) y quechuas de Ayacucho (97,5%) que forman parte de organizaciones de mujeres indígenas es alto. Mientras que un 2,5% en ambos grupos presentan un nivel medio de empoderamiento.
3. En cuanto a la dimensión de vida y salud física, se ha determinado que el nivel de empoderamiento de las mujeres asháninkas de Junín (60%) y quechuas de Ayacucho (80%) que forman parte de organizaciones de mujeres indígenas es alto.
4. En cuanto a la dimensión de control sobre el entorno material, se ha determinado que el nivel de empoderamiento de las mujeres asháninkas de Junín (87,5%) y quechuas de Ayacucho (77,5%) que forman parte de organizaciones de mujeres indígenas es alto.
5. En cuanto a la dimensión de relaciones sociales, se ha determinado que el nivel de empoderamiento de las mujeres asháninkas de Junín (92,5%) y quechuas de Ayacucho (87,5%) que forman parte de organizaciones de mujeres indígenas es alto.
6. En cuanto a la dimensión de integridad física y seguridad, se ha determinado que el nivel de empoderamiento de las mujeres asháninkas de Junín (80%) y quechuas de Ayacucho (77,5%) que forman parte de organizaciones de mujeres indígenas es medio.
7. En cuanto a la dimensión de trabajo remunerado, se ha determinado que el nivel de empoderamiento de las mujeres asháninkas de Junín (90%) y quechuas de Ayacucho (97,5%) que forman parte de organizaciones de mujeres indígenas es alto.
8. En cuanto a la dimensión de bienestar psicológico, se ha determinado que el nivel de empoderamiento de las mujeres asháninkas de Junín (97,5%) y quechuas de Ayacucho (92,5%) que forman parte de organizaciones de mujeres indígenas es alto.
RECOMENDACIONES
Que los resultados del presente estudio sean usados como insumo para que las organizaciones de mujeres indígenas los puedan usar para sus proyectos, talleres de capacitación, entre otras acciones.
Que la academia realice más investigaciones cuantitativas y cualitativas sobre el empoderamiento de las mujeres peruanas, y en específico sobre el empoderamiento de las mujeres indígenas tanto andinas como amazónicas.
Que los resultados de este estudio servirán para generar propuestas comunicativas que contribuirán al empoderamiento y al ejercicio de derechos, a partir de la visibilización de la situación particular de las mujeres asháninkas y quechuas.
Que próximos estudios aborden en qué medida las organizaciones de mujeres indígenas influyen o no en el empoderamiento de sus socias en la dimensión de trabajo remunerado. Además, sería propicio considerar en futuras investigaciones el papel de los programas de apoyo social en el empoderamiento económico de las mujeres indígenas, ya que muchas de ellas son beneficiaras de estos.
Que, si bien el presente estudio se realizó con mujeres que forman parte de organizaciones representativas de mujeres indígenas, es necesario que se realicen investigaciones sobre el nivel de empoderamiento de las mujeres indígenas que no forman parte de organizaciones representativas y que pertenecen a otros pueblos indígenas para determinar su nivel de empoderamiento respecto a las que sí forman parte.
Que, para obtener una información más profunda y detallada que permita conocer todas las aristas relacionadas a la dimensión de Integridad física y seguridad, se realicen más investigaciones tanto cuantitativas como cualitativas que permitan recabar información sobre las diferentes formas de violencia que sufren las mujeres indígenas en sus familias y otros espacios de interacción. Ello en vista de que al momento de aplicar el instrumento, y en específico los reactivos relacionados a los temas de violencia, muchas de las mujeres asháninkas y quechuas además de responder el cuestionario, comenzaron a contar sus experiencias personales relacionadas con el maltrato que en algún momento de sus vidas habían sufrido o siguen sufriendo en sus familias. Por lo que es necesario ahondar en cómo la violencia
influye en el ejercicio de sus derechos y en su nivel de empoderamiento o desempoderamiento.
Que, desde los diferentes niveles del Estado, se genere más información oficial sobre las particularidades que presenta el empoderamiento de las mujeres indígenas para que se pueda contribuir a generar políticas públicas.
Que los diferentes actores sociales, tanto estatales como no estatales, continúen realizando talleres de fortalecimiento de capacidades sobre derechos humanos, salud sexual y reproductiva, participación, liderazgo, entre otros temas que permitan a las mujeres gozar de conocimientos para la toma de decisiones y su proceso de empoderamiento.
Que las comunidades nativas y campesinas, así como las organizaciones indígenas mixtas, desde su autonomía y libre determinación, puedan replantear sus formas de gobernanza comunal para garantizar la plena participación de las mujeres en los espacios de toma de decisiones.
Que las organizaciones de mujeres indígenas promuevan y fortalezcan los espacios y las redes de soporte emocional para garantizar el fortalecimiento de la autoestima, autovaloración y la salud emocional de sus integrantes. Lo que constituye una de las piezas claves para lograr el empoderamiento en las otras dimensiones.
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