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PERÚ
FACULTAD DE CIENCIAS DE LA COMUNICACIÓN
TESIS
EMPODERAMIENTO DE LAS MUJERES ASHÁNINKAS DE JUNÍN Y QUECHUAS DE AYACUCHO
PRESENTADA POR:
BACH. CADENILLAS SOLÓRZANO, Stephany Violeta
PARA OPTAR EL TÍTULO PROFESIONAL DE:
LICENCIADA EN CIENCIAS DE LA COMUNICACIÓN
ASESOR:
DR. ALANIA CONTRERAS, Ruben
HUANCAYO, PERÚ 2020
Sustentada y aprobada ante el jurado:
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Presidente
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Secretario
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Jurado
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Jurado
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Jurado
Huancayo, de enero del 2020.
DECLARACIÓN JURADA
Yo, Cadenillas Solórzano, Stephany Violeta, egresada de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Nacional del Centro del Perú, identificada con DNI N° 79586220,
Declaro bajo juramento que:
1. Soy autora de la tesis titulada “Empoderamiento de las mujeres asháninkas de Junín y quechuas de Ayacucho”, la misma que he presentado para optar el grado académico de Licenciada en Ciencias de la Comunicación.
2. La tesis no ha sido plagiada ni total ni parcialmente y ha sido elaborada respetando las normas internacionales de citas y referencias para las fuentes consultadas. Por lo tanto, la tesis presentada no atenta contra derechos de terceros.
3. La tesis no ha sido publicada ni presentada anteriormente para obtener algún grado académico previo o título profesional.
4. Los datos presentados en los resultados son reales, no han sido falsificados, ni duplicados, ni copiados.
Por lo expuesto, asumo frente la Universidad cualquier responsabilidad que pudiera derivarse por la autoría, originalidad y veracidad del contenido de la tesis, así como por los derechos sobre la obra y/o invención presentada. En consecuencia, me hago responsable frente a la Universidad y frente a terceros, de cualquier daño que pudiera ocasionar, por el incumplimiento de lo declarado.
Huancayo, 03 de enero de 2020.
Stephany Violeta Cadenillas Solórzano DNI 70586220
DEDICATORIA
A mi mamá y papá, a mis abuelas y todas las mujeres de mi historia. Así como a las mujeres indígenas andinas y amazónicas que luchan en sus comunidades y otros espacios para lograr el pleno ejercicio de sus derechos humanos y por la defensa de la Madre Tierra.
Stephany.
AGRADECIMIENTO
A la Organización Nacional de Mujeres Indígenas Andinas y Amazónicas del Perú (Onamiap) por brindarme la oportunidad de acompañar el proceso de lucha de los pueblos y las mujeres indígenas del país. Además de darme las herramientas necesarias para repensar mis raíces y mis objetivos profesionales.
A todas las mujeres indígenas que no dudaron en apoyarme en el desarrollo de esta investigación. Así como a Olga Calderón y Aroteya Calderón por su gran ayuda en la aplicación de las encuestas. A Nelly Mejía por acogerme en su casa en Huamanga y por ser mi traductora durante la aplicación de encuestas en Sarhua.
A Gladis Vila por ser una gran amiga y maestra que me acompañó cuando daba mis primeros pasos en la vida profesional y comenzaba a acercarme al movimiento indígena en el país. A Ketty Marcelo, mi compañera de viajes a comunidades de la Amazonía, por los aprendizajes, las reflexiones compartidas y por ayudarme con la aplicación de las encuestas en la selva central.
A mi adorada mamá Violeta y mi papá Walter por darme las oportunidades que tengo.
A mi hermana Allison y a mis hermanos Martín y Paolo. A mi prima Katy, a mis amigas y amigos de siempre y nuevos, Jesús Meza, Cecilia Cisneros, Marco Núñez y Hievenly Lazo; y a mis colegas Alfonsina Cano, Harlem Mariño, Norma Aguilar, Ruth Arroyo y Micaela Guillén por las palabras de aliento durante el proceso.
Finalmente, a Ruben Alania, mi asesor, por guiarme en el proceso de investigación.
Así como a los y las docentes que contribuyeron a mi formación profesional.
ÍNDICE
DEDICATORIA iv
AGRADECIMIENTO v
ÍNDICE DE TABLAS viii
ÍNDICE DE FIGURAS ix
RESUMEN x
ABSTRACT xi
INTRODUCCIÓN xii
CAPÍTULO I 1
PLANTEAMIENTO DEL ESTUDIO 1
1.1 Planteamiento del problema 1
1.2 Formulación del problema 6
1.3 Objetivos de la investigación 7
1.4 Justificación 8
1.5 Hipótesis y variables 9
CAPÍTULO II 15
MARCO TEÓRICO 15
2.1 Antecedentes de la investigación 15
2.2 Teorías y/o enfoques teóricos 20
2.3 Definiciones conceptuales o marco conceptual 23
CAPÍTULO III 26
MARCO METODOLÓGICO 26
3.1 Tipo de investigación 26
3.2 Nivel de investigación 26
3.3 Enfoque o carácter de investigación 26
3.4 Método de investigación 26
3.6 Unidad de análisis, población y muestra 27
3.6.1 Población 27
3.6.2 Muestra 28
3.7 Técnicas e instrumentos de investigación 29
3.7.1 Técnicas de recolección de datos 29
3.7.2 Técnicas de procesamiento de datos 30
CAPÍTULO IV 32
RESULTADOS Y DISCUSIÓN DE LA INVESTIGACIÓN 32
4.1 Resultados 32
4.1.1 Análisis descriptivo de la variable empoderamiento de la mujer 32 4.1.2 Análisis descriptivo de la dimensión vida y salud física. 34 4.1.3 Análisis descriptivo de la dimensión control sobre el entorno material. 35 4.1.4 Análisis descriptivo de la dimensión relaciones sociales. 36
4.1.5 Análisis descriptivo de la dimensión integridad física. 37
4.1.6 Análisis descriptivo de la dimensión trabajo remunerado. 38 4.1.7 Análisis descriptivo de la dimensión bienestar psicológico. 39
4.2 Demostración de hipótesis 40
4.3 Discusión 48
CONCLUSIONES 53
RECOMENDACIONES 55
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS 57
ANEXOS 61
a) Matriz de consistencia i
b) Matriz de operacionalización de la variable vii
c) Instrumentos de recolección de datos x
d) Validación y confiabilidad de instrumentos xiii
e) Fotos 32
ÍNDICE DE TABLAS
Tabla 1. Operacionalización de la variable 11
Tabla 2. Distribución de la población del estudio 27
Tabla 3. Distribución de la muestra del estudio 28
Tabla 4. Nivel de empoderamiento de las mujeres asháninkas de Junín
y quechuas de Ayacucho 30
Tabla 5. Análisis descriptivo de la dimensión vida y salud física 32 Tabla 6. Análisis descriptivo de la dimensión control sobre el entorno material 33 Tabla 7. Análisis descriptivo de la dimensión relaciones sociales 34 Tabla 8. Análisis descriptivo de la dimensión integridad física 35 Tabla 9. Análisis descriptivo de la dimensión trabajo remunerado 36 Tabla 10. Análisis descriptivo de la dimensión bienestar psicológico 37 Tabla 11. Cálculo de la “t” de student para la hipótesis general 39 Tabla 12. Cálculo de la “t” de student para la hipótesis específica 1 40 Tabla 13. Cálculo de la “t” de student para la hipótesis específica 2 41 Tabla 14. Cálculo de la “t” de student para la hipótesis específica 3 42 Tabla 15. Cálculo de la “t” de student para la hipótesis específica 4 43 Tabla 16. Cálculo de la “t” de student para la hipótesis específica 5 44 Tabla 17. Cálculo de la “t” de student para la hipótesis específica 6 45
ÍNDICE DE FIGURAS
Figura 1. Nivel de empoderamiento de las mujeres asháninkas de Junín
y quechuas de Ayacucho que forman parte de organizaciones de mujeres indígenas 31 Figura 2. Análisis descriptivo de la dimensión vida y salud física 32 Figura 3. Análisis descriptivo de la dimensión control sobre el entorno material 33 Figura 4. Análisis descriptivo de la dimensión relaciones sociales 34 Figura 5. Análisis descriptivo de la dimensión integridad física 35 Figura 6. Análisis descriptivo de la dimensión trabajo remunerado 36 Figura 7. Análisis descriptivo de la dimensión bienestar psicológico 37
RESUMEN
El empoderamiento de las mujeres es un tema de investigación ampliamente discutido en el actual contexto. Sin embargo, en el caso del empoderamiento de las mujeres indígenas, son muy pocas las investigaciones que se han realizado y menos aún en nuestro país. La investigación tuvo el objetivo de identificar la diferencia en el empoderamiento de las mujeres del pueblo asháninka de Junín y las mujeres del pueblo quechua de Ayacucho. El estudio fue de tipo básico y de nivel descriptivo comparativo, cuyo enfoque es cuantitativo.
La muestra la constituyeron 80 mujeres; 40 asháninkas de organizaciones de selva central y 40 quechuas de organizaciones de Ayacucho, a quienes se les aplico el cuestionario para medir el empoderamiento de las mujeres indígenas, diseñado, validado y confiabilizado para la presente investigación. La investigación halló que la diferencia entre el empoderamiento de las mujeres asháninkas de Junín y quechuas de Ayacucho no es significativa y se encuentra en un nivel alto en ambos grupos étnicos. Asimismo, se determinó que, en las dimensiones de vida y salud, control sobre el entorno material, relaciones sociales, trabajo remunerado y bienestar psicológico, ambos grupos presentan un nivel alto de empoderamiento; mientras que, en la dimensión de integridad física y seguridad, ambos grupos presentan un nivel medio de empoderamiento.
Palabras clave: mujeres indígenas, empoderamiento, pueblos indígenas, asháninkas, quechuas.
ABSTRACT
In the actual context, the women empowerment is a very discussed topic. Nevertheless, there are so few investigations about indigenous women empowerment, even less in our country. That is why this investigation’s purpose is to contribute to the discussion about the indigenous women empowerment and give lights on if there is any difference between the Andean women’s empowerment and Amazonian women’s empowerment. In that line, the goal is identifying the difference between the empowerment of asháninka women from Junín’s indigenous organizations and quechua women from Ayacucho´s indigenous organizations. This investigation´s type is basic and the level is comparative descriptive, whose focus is quantitative. For this investigation, the author has used a Likert type scale with 29 questions. The surveys were applied to 40 asháninka women from Selva Central´s indigenous women organizations and 40 quechua women from Ayacucho´s indigenous women organizations. The investigation determined that the two ethnic groups’
empowerment is not significant. Besides that, in the dimensions: life and health, material environmental control, social relationships, remunerated job and psychological well-being both groups present a high level of empowerment; while in the dimension of physical integrity and security, both groups have a medium level of empowerment.
Keyword: indigenous women, empowerment, indigenous peoples, asháninkas, quechuas.
INTRODUCCIÓN
El empoderamiento de las mujeres es un tema que ha sido abordado desde diferentes disciplinas como la psicología comunitaria, la pedagogía, la antropología, entre otras para explicar cómo es que este se manifiesta. El empoderamiento de las mujeres es entendido como el proceso por el cual los grupos excluidos, en específico las mujeres, incrementan su acceso y uso del poder, se manifiesta en varias dimensiones: individual, relaciones cercanas y colectiva (Rowlands, 1997). Además, en palabras de Stromquist (1997) tiene que ver con un proceso sociopolítico que va más allá de la mera participación política formal y la concientización, ya que son las mismas mujeres quienes tienen que convertirse en sus propias defensoras para afrontar los problemas y situaciones que las afectan ya sea en sus relaciones interpersonales o en el sistema sociopolítico (leyes, políticas, instituciones de la sociedad, entre otros espacios de gobernanza) que limita su acceso y control del poder.
Actualmente, el empoderamiento de las mujeres ha sido —y es— ampliamente debatido, y recientemente asumido por los Estados en cumplimiento de la Agenda 2030, cuyo Objetivo para el Desarrollo 5 tiene que ver con igualdad de género y empoderamiento de la mujer. No obstante, son pocas las investigaciones que se han realizado en el Perú que aborden el empoderamiento de las mujeres indígenas.
Según las cifras oficiales de los Censos Nacionales 2017, en el Perú más de 3 millones de mujeres se autoidentifican como parte de uno de los 55 pueblos indígenas peruanos, que presentan características específicas determinadas por su etnicidad. En ese sentido, esta investigación busca contribuir al debate en torno al empoderamiento de las mujeres indígenas peruanas. Siendo el objetivo general identificar la diferencia en el empoderamiento de las mujeres del Pueblo Asháninka de Junín y las mujeres del Pueblo Quechua de Ayacucho. Para el desarrollo de esta investigación se ha considerado como muestra a mujeres indígenas que forman parte o participan en organizaciones de mujeres
donde pueden capacitarse, trabajar en grupo y conquistar espacios de participación negados y culturalmente considerados solo para hombres.
Para la realización de la investigación se optó por construir un instrumento con 29 reactivos de tipo Likert, tomando como antecedente el Instrumento para Medir el Empoderamiento en Mujeres (IMEM) de Hernández y García (2008), que realizaron para el contexto mexicano, pero considerando las seis dimensiones del empoderamiento de las mujeres peruanas, determinadas por Ruíz-Bravo, Vargas y Clausen (2018) y que son: i. Vida y salud física, ii. Control sobre el entorno material, iii. Relaciones sociales, iv. Integridad física y seguridad, v. Trabajo remunerado y vi. Bienestar psicológico.
Para la confiabilidad del instrumento, se aplicó las encuestas a un grupo de 20 mujeres indígenas de los Pueblos Asháninka, Quechua, Shipibo, Ashéninka, Shiwilu, Yanesha y Aymara que participaron en talleres de capacitación realizados por Onamiap entre los meses de junio y julio.
El Capítulo I corresponde al planteamiento del problema, en este se hace un recuento de cuál es la situación actual de las mujeres y las brechas de género existentes para el ejercicio de sus derechos, así como para su empoderamiento. Luego se hace una descripción de la situación específica de las mujeres indígenas peruanas tanto andinas como amazónicas, así como las acciones que se están tomando a nivel de país y en las mismas organizaciones de mujeres indígenas para poder lograr su empoderamiento y el ejercicio de los derechos humanos. Posteriormente se formula el problema y se plantean los objetivos, la justificación, las hipótesis y las variables de la investigación.
En el Capítulo II se hace el estado de la cuestión en cuanto al empoderamiento de las mujeres. En esta parte del trabajo se presentan los antecedentes de la investigación, las teorías y enfoques teóricos. En específico, se mencionan a las autoras Stromquist y Rowlands, cuyos dos enfoques teóricos sobre el empoderamiento de las mujeres han sido utilizados para la realización de esta investigación. Además, se considera las contribuciones de Hernández y García (2008) en cuanto al diseño del Instrumento para Medir el Empoderamiento en Mujeres (IMEM), así como de Ruíz-Bravo, Vargas y Clausen (2018), quienes determinaron las seis variables del empoderamiento de las mujeres peruanas en las que se ha basado la construcción del instrumento empleado para esta investigación.
El Capítulo III consta del marco metodológico empleado para la investigación, se detalla el tipo, nivel enfoque, método, diseño población y muestra, también la técnica e instrumento utilizados para la recolección y el procesamiento de los datos.
la comprobación de la hipótesis y la discusión de los resultados obtenidos.
Finalmente, se encuentran las conclusiones, recomendaciones y las referencias bibliográficas.
La autora
CAPÍTULO I
PLANTEAMIENTO DEL ESTUDIO
1.1 Planteamiento del problema
A nivel mundial las mujeres enfrentan diferentes formas de vulneración de sus derechos humanos, lo que las sitúa en desventaja respecto a sus pares varones. El caso peruano no es distinto, ya que en el 2018, el Informe Global sobre la Brecha de Género, producido por el Foro Económico Mundial, situó al país en el puesto 52 debido a las grandes brechas que se manifiestan de diferentes formas como en la diferencia de salarios, la poca participación de mujeres en los espacios de toma de decisiones, la diferencia en el nivel educativo, la sobrecarga de labores del hogar y el rol de cuidado que realizan las mujeres; así como en las diferentes formas de violencia contra las mujeres, cuya máxima expresión es el feminicidio, que en nuestro país alcanza cifras alarmantes. “Gran parte de las mujeres, principalmente de la zona rural se encuentra en situación de vulnerabilidad, exclusión, discriminación y privación para el goce de sus derechos” (De la Cruz, 2017), lo que impide el logro de la igualdad de género.
Stromquist (1997) señala que las jerarquías, creencias y expectativas restrictivas y naturalizadas son producto de la combinación de “las prácticas familiares, los mitos religiosos, la división social y sexual del trabajo, las costumbres maritales, el sistema educativo y las leyes civiles”, y por ende difícilmente cuestionadas. Por su parte, Montejo (2013) señala que a las mujeres campesinas e indígenas se les ha negado el ejercicio de sus derechos
humanos, relegándoles a los trabajos domésticos como el cuidado de la familia, sin derecho a acceder a la educación, capacitación ni sobre su propia vida.
En el Perú, de acuerdo a los resultados de los Censos Nacionales de Población y Vivienda 2017 (INEI, 2018), las mujeres indígenas u originarias tanto andinas como amazónicas son más de 3 millones, representando el 26% del total de mujeres peruanas y el 51,4% de la población indígena nacional. A pesar de ser un grupo poblacional importante a nivel nacional y en sus propias comunidades, las mujeres indígenas se encuentran en una situación de desventaja debido a la persistencia de grandes brechas en el acceso a la salud, educación, participación en espacios de toma de decisiones, a la autonomía, entre otros; y por el contrario enfrentan diferentes formas de violencia y discriminación ya sea por el hecho de ser mujeres en contextos donde aún predomina el machismo, por su condición étnica, por la situación de pobreza económica en la que viven y por la invisibilidad ante los ojos de la sociedad y el gobierno. “Entre esos obstáculos cabe señalar (…) la escasa participación en el proceso político y la marginación social” (CIDH, 2017).
De acuerdo a la normativa nacional, los pueblos indígenas u originarios están organizados en comunidades campesinas en los Andes y comunidades nativas en la Amazonía, espacios en los que las mujeres se desenvuelven y donde aún existe el machismo que les impide el pleno ejercicio de sus derechos humanos. Esta situación se ve reflejada en las desigualdades que existe en entre mujeres y varones en el ejercicio de los principales derechos a la identidad, a la educación, a la salud, a una vida libre de violencia, económicos, participación en la gobernanza territorial, participación en los procesos de consulta previa, de diálogo con el estado y cuota indígena (Defensoría del Pueblo, 2019).
Carrillo (2018) considera que las enormes barreras que las mujeres indígenas tienen que enfrentar para poder ejercer sus derechos tienen que ver con la geografía hasta las estructuras socioeconómicas, culturales e institucionales, y también el poco acceso a servicios de calidad. Asimismo, la autora señala que la violencia física, psicológica y sexual que enfrentan merece una mención aparte.
Se observa, por ejemplo, que en muchas comunidades campesinas, las mujeres no son consideradas como comuneras calificadas y no pueden
participar con voz y voto en la decisiones comunales, y mucho menos pueden asumir un cargo dirigencial. Mientras que, en las comunidades nativas, si bien las mujeres son parte del padrón comunal, cuando participan en las asambleas comunales, sus opiniones no son tomadas en cuenta y pocas veces asumen cargos en las juntas directivas. Prueba de ello es que solo el 5% de comunidades campesinas y el 4% de comunidades nativas son presididas por mujeres, según los resultados de los Censos Nacionales del 2017 (INEI, 2018).
Para Montejo (2013) es necesario el análisis de la importancia de la participación de las mujeres en espacios públicos considerados culturalmente solo para hombres, los recursos que facilitan su inserción en esos ámbitos y las barreras que impiden su empoderamiento y autonomía para contribuir al cambio de la imagen generada de ellas y que les impide el ejercicio de sus derechos como personas. La autora además enfatiza la necesidad de hacer un análisis cultural a los pueblos que oprimen y excluyen a las mujeres.
En nuestro país, así como en otros, a pesar que las mujeres indígenas participan activamente e incluso encabezan las luchas colectivas de sus pueblos, al hablar de sus derechos humanos, las brechas que enfrentan o el acceso a espacios de toma de decisiones comunales, por lo general sus voces no son escuchadas. En muchas ocasiones los pueblos indígenas consideran que las demandas de las mujeres “se resolverán con las de su grupo y separarlas puede ser un debilitamiento de sus fuerzas, por tanto, sus necesidades quedan postergadas para cuando se hayan logrado los objetivos colectivos” (Montejo, 2013).
Frente a ese contexto, para lograr que las mujeres puedan ejercer sus derechos, no solo ellas deben iniciar un proceso individual de toma de conciencia de la situación de desventaja en la que se encuentran; sino también los Estados y la sociedad en general deben brindar las condiciones necesarias, a través del cambio en las relaciones, normas e instituciones existentes, para que sea posible y ello es entendido como empoderamiento (Rowlands, 1997).
Al respecto, De la Cruz (2017) considera que, lograr la igualdad de género, a través del empoderamiento de las mujeres, es un gran desafío a nivel mundial,
“ya que supone ver a la mujer no solo como víctima, sino también como sujeto de transformación de la realidad y el desarrollo” (De la Cruz, 2017).
En ese sentido, desde hace varias décadas, la comunidad internacional viene promoviendo diferentes instrumentos y políticas que buscan hacer que los
Estados garanticen la igualdad de género, el ejercicio efectivo de los derechos de las mujeres, así como la promoción de su empoderamiento. Tales medidas han sido recogidas en tratados internacionales como la Convención para la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (Cedaw, por sus siglas en inglés, 1979); la Convención Interamericana para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra la Mujer, Convención Belém Do Pará (1994); la Declaración y Plataforma de Acción de Beijing (1995); los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM); y actualmente la Agenda 2030 con sus 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), que considera como ODS 5 lograr la igualdad de género y el empoderamiento de la mujer (Naciones Unidas, 2015).
En el plano nacional, el Estado peruano tiene como uno de sus objetivos lograr la equidad de género y el fortalecimiento de la participación de las mujeres
“como sujetos sociales y políticos que dialogan y conciertan con el Estado y la sociedad civil” (Acuerdo Nacional, 2016), lo que se puede interpretar como garantizar el empoderamiento de las mujeres son parte de los compromisos asumidos por el gobierno peruano en el Acuerdo Nacional; el empoderamiento de las mujeres también es parte del Plan Nacional de Igualdad de Género (MIMP, 2012), el Plan Nacional contra la Violencia de Género (MIMP, 2016) y la Política Nacional de Igualdad de Género (MIMP, 2019). Sin embargo, estos planes y políticas públicas resultan insuficientes en el contexto actual ya que no son implementados de manera adecuada y tampoco cuentan con un verdadero enfoque intercultural que permita entender la realidad de las mujeres indígenas, contribuir a su empoderamiento y al ejercicio de sus derechos.
Por otro lado, y tal como señala Stromquist (1997), las mujeres son vistas por los Estados de acuerdo a sus propias conveniencias, muchas veces solo relegándoles al rol de madres y esposas. Por ende, “las mujeres necesitan convertirse en sus propias defensoras para así afrontar los problemas y las situaciones que las afectan, y que han sido previamente ignoradas”
(Stromquist, 1997).
Al respecto, Vera (2010) señala que “se requiere una mayor intervención para brindar conocimiento sobre los derechos de las mujeres, sensibilización a las familias sobre su rol en la sociedad, aumentar el respeto y confianza entre las
parejas, así como un mayor ejercicio de los derechos de la mujer en el ámbito familiar”.
Son varios los esfuerzos y procesos que diferentes actores de la sociedad civil, movimientos sociales, organizaciones y colectivos feministas, así como las mismas organizaciones de mujeres indígenas han emprendido desde hace décadas para fortalecer a sus integrantes y lograr el empoderamiento de las mujeres a nivel individual y colectivo. Tal es el caso de la Organización Nacional de Mujeres Indígenas Andinas y Amazónicas del Perú (Onamiap), que en el 2019 cumplió 10 años de fundación, y que fue el resultado de un proceso organizativo que inició en el año 1995.
Desde sus inicios, la razón de ser de Onamiap fue el fortalecimiento de capacidades y el empoderamiento de las mujeres indígenas para el ejercicio de sus derechos individuales como mujeres, y derechos colectivos de los pueblos indígenas. En el año 2012 inició su “Programa de Formación: Vocería y Participación Política de las Mujeres Indígenas” que, a través de talleres, tuvo la finalidad de contribuir a mejorar los conocimientos y capacidades de las participantes en los temas de vocería, habilidades comunicativas para una mejor actuación pública, derechos, liderazgo, entre otros (Hartill, Ponte, Massip y Montalvo, 2012). En la actualidad, Onamiap implementa diferentes proyectos, iniciativas y otras actividades que tienen que ver con el fortalecimiento de capacidades de las mujeres indígenas andinas y amazónicas para contribuir a su participación efectiva en los diferentes niveles de gobierno y espacios de interacción.
Cabe precisar que el trabajo organizativo de Onamiap demuestra que las organizaciones de mujeres son fundamentales para contribuir al empoderamiento de las mujeres (Sen y Grown, 1988 y Sen y Mukherjee, 2014, citados por Ruiz Bravo, Vargas y Clausen, 2018). Al respecto, Montejo (2013) señala que a las mujeres las organizaciones les han permitido acceder a espacios de participación que antes les habían sido negados como “salir de su comunidad a capacitarse, organizarse, trabajar en grupo y participar en algunas actividades consideradas solo para hombres” (Montejo, 2013). Ello está directamente relacionado con la dimensión colectiva del empoderamiento de las mujeres señalado por Rowlands (1997) y que contribuye las otras dos dimensiones que define la autora: individual y de relaciones cercanas.
Pérez (1999) es más específica sobre el proceso de empoderamiento de las mujeres indígenas y señala que este parte de “un proceso de concientización femenina indígena que cuestione las relaciones tradicionales y las costumbres que las someten a la subordinación y presión”, lo que implica un proceso democrático, de autorrepresentación política y subjetiva, de reevaluación, precisa la autora.
Hasta el momento son muy pocas las investigaciones —cuantitativas o cualitativas— que se han realizado en el país para medir el nivel de empoderamiento de las mujeres indígenas tanto andinas como amazónicas.
Por ello, surge la necesidad de conocer cuál es el estado del empoderamiento de este grupo poblacional, así como las características, particularidades y retos que enfrentan las mujeres indígenas andinas y amazónicas para lograr su empoderamiento, autonomía y el ejercicio de sus derechos humanos. De esta manera se contribuirá a contar con información que permita fortalecer y/o volver a plantear el trabajo que desarrollan las organizaciones de mujeres indígenas, organizaciones de la sociedad civil y el gobierno para dar las condiciones que permitan lograr el empoderamiento de las mujeres indígenas en el país.
1.2 Formulación del problema Problema general:
¿Existe diferencia en el empoderamiento de las mujeres asháninkas de Junín y quechuas de Ayacucho que forman parte de organizaciones de mujeres indígenas?
Problemas específicos:
¿Cuál es el nivel de empoderamiento en cuanto a la vida y salud física de las mujeres asháninkas de Junín y quechuas de Ayacucho que forman parte de organizaciones de mujeres indígenas?
¿Cuál es el nivel de empoderamiento en cuanto al control sobre el entorno material de las mujeres asháninkas de Junín y quechuas de Ayacucho que forman parte de organizaciones de mujeres indígenas?
¿Cuál es el nivel de empoderamiento en cuanto a las relaciones sociales de las mujeres asháninkas de Junín y quechuas de Ayacucho que forman parte de organizaciones de mujeres indígenas?
¿Cuál es el nivel de empoderamiento en cuanto a la integridad física y seguridad de las mujeres asháninkas de Junín y quechuas de Ayacucho que forman parte de organizaciones de mujeres indígenas?
¿Cuál es el nivel de empoderamiento en cuanto al trabajo remunerado de las mujeres asháninkas de Junín y quechuas de Ayacucho que forman parte de organizaciones de mujeres indígenas?
¿Cuál es el nivel de empoderamiento en cuanto al bienestar psicológico de las mujeres asháninkas de Junín y quechuas de Ayacucho que forman parte de organizaciones de mujeres indígenas?
1.3 Objetivos de la investigación Objetivo general:
Identificar la diferencia en el empoderamiento de las mujeres asháninkas de Junín y quechuas de Ayacucho que forman parte de organizaciones de mujeres indígenas.
Objetivos específicos:
Identificar el nivel de empoderamiento en cuanto a la vida y salud física de las mujeres asháninkas de Junín y quechuas de Ayacucho que forman parte de organizaciones de mujeres indígenas.
Identificar el nivel de empoderamiento en cuanto al control sobre el entorno material de las mujeres asháninkas de Junín y quechuas de Ayacucho que forman parte de organizaciones de mujeres indígenas.
Identificar el nivel de empoderamiento en cuanto a las relaciones sociales de las mujeres asháninkas de Junín y quechuas de Ayacucho que forman parte de organizaciones de mujeres indígenas.
Identificar el nivel de empoderamiento en cuanto a la integridad física y seguridad de las mujeres asháninkas de Junín y quechuas de Ayacucho que forman parte de organizaciones de mujeres indígenas.
Identificar el nivel de empoderamiento en cuanto al trabajo remunerado de las mujeres asháninkas de Junín y quechuas de Ayacucho que forman parte de organizaciones de mujeres indígenas.
Identificar el nivel de empoderamiento en cuanto al bienestar psicológico de las mujeres asháninkas y quechuas de Ayacucho que forman parte de organizaciones de mujeres indígenas.
1.4 Justificación
La presente investigación se realizó con la finalidad de que sus resultados contribuyan al incremento de la base científica y a las reflexiones en torno al proceso de empoderamiento de las mujeres indígenas peruanas, ya que en el país aún no se han generado suficientes estudios de tipo cuantitativo ni cualitativo al respecto.
Hasta el momento existen solo unos cuantos estudios que abordan el empoderamiento de las mujeres a nivel cuantitativo. Por ello, la elaboración y aplicación de una escala cuantitativa para medir el empoderamiento de las mujeres, en este caso, indígenas permitirá determinar si es factible realizar este tipo de investigaciones sobre el tema.
Durante años, diferentes actores como las organizaciones de sociedad civil, organizaciones y colectivos feministas, así como organizaciones indígenas han realizado diferentes iniciativas y proyectos para promover el fortalecimiento de capacidades dirigidos a mujeres y con ello contribuir a su empoderamiento y a la igualdad de género. No obstante, son pocas las investigaciones realizadas sobre el nivel y la situación del empoderamiento de las mujeres andinas y amazónicas del país.
En ese sentido, los resultados de esta investigación buscan generar información cuantitativa sobre el empoderamiento de las mujeres asháninkas de Selva Central (Junín) y quechuas de Ayacucho que forman parte de organizaciones de mujeres indígenas. Además, se espera que los resultados puedan servir de base para futuros trabajos académicos, de fortalecimiento de capacidades y se contribuya a la discusión sobre este tema.
Para el desarrollo de la investigación, se ha revisado el Instrumento para la Medición del Empoderamiento en Mujeres (IMEM) de Hernández y García (2005) y se ha construido un cuestionario en base a las seis dimensiones del empoderamiento de las mujeres peruanas definidas en la investigación
“Empoderar para incluir: Análisis de las Múltiples Dimensiones y Factores Asociados al Empoderamiento de las Mujeres en el Perú a partir del uso de una aproximación de Metodologías Mixtas” de Ruíz-Bravo, Vargas y Clausen (2018).
1.5 Hipótesis y variables 1.5.1 Hipótesis
No existe diferencia significativa en el empoderamiento de las mujeres asháninkas de Junín y quechuas de Ayacucho que forman parte de organizaciones de mujeres indígenas.
Hipótesis específicas
El nivel de empoderamiento en cuanto a la vida y salud física de las mujeres asháninkas de Junín y quechuas de Ayacucho que forman parte de organizaciones de mujeres indígenas es alto.
El nivel de empoderamiento en cuanto al control del entorno material de las mujeres asháninkas de Junín y quechuas de Ayacucho que forman parte de organizaciones de mujeres indígenas es alto.
El nivel de empoderamiento en cuanto a las relaciones sociales de las mujeres asháninkas de Junín y quechuas de Ayacucho que forman parte de organizaciones de mujeres indígenas es alto.
El nivel de empoderamiento en cuanto a la integridad física y seguridad de las mujeres asháninkas de Junín y quechuas de Ayacucho que forman parte de organizaciones de mujeres indígenas es medio.
El nivel de empoderamiento en cuanto al trabajo remunerado de las mujeres asháninkas de Junín y quechuas de Ayacucho que forman parte de organizaciones de mujeres indígenas es alto.
El nivel de empoderamiento en cuanto al bienestar psicológico de las mujeres asháninkas de Junín y quechuas de Ayacucho que forman parte de organizaciones de mujeres indígenas es alto.
Variable V1: Empoderamiento de las mujeres
Para definir el concepto de empoderamiento, se toma en consideración los enfoques de la psicología individual, la antropología, la ciencia política y la economía (Schuler, 1997). En ese sentido y de acuerdo a Stromquist (1997), el empoderamiento es el proceso a través del cual se busca cambiar la distribución del poder, tanto en las relaciones interpersonales como en las instituciones de la sociedad. Asimismo, la autora señala que “una plena definición de empoderamiento debe incluir los componentes cognitivos, psicológicos, políticos y económicos”, ya que el empoderamiento de las mujeres se puede lograr desde distintos puntos de partida: “conocimiento emancipatorio, influencia económica y movilización política” (Stromquist, 1997).
Dimensiones:
Para esta investigación, se tomará en cuenta las seis dimensiones del empoderamiento de las mujeres peruanas de Ruíz-Bravo, Vargas y Clausen (2018):
D1: Vida y salud física. Se refiere a la autonomía en la toma de decisiones relacionada con la salud física, incluye decidir cobre el cuerpo, la salud sexual y reproductiva. Así como el control en el cuidado de la salud.
D2: Control sobre el entorno material. Se refiere a la participación en la toma de decisiones en el hogar, decisiones familiares, en particular frente a la autoridad del esposo o padres.
D3: Relaciones sociales. Se refiere a la participación comunitaria, también a la autonomía de afiliación y a la capacidad de ayudar a los demás a involucrarse en la comunidad.
D4: Integridad física y seguridad. Se refiere a la armonía familiar, que implica la ausencia de violencia doméstica.
D5: Trabajo remunerado. Se refiere a la autonomía económica, es decir a la percepción de ingresos por actividades laborales y autonomía en el uso de ingresos propios.
D6: Bienestar psicológico. Se refiere a la autoestima, autovaloración y salud emocional.
1.5.2. Operacionalización de la variable
Tabla 1
Operacionalización de la variable Variable
nominal
Definición de la variable
Dimension es
Indicadores Reactivos
Empoderami ento de las mujeres
Definición conceptual El
empoderamiento es un proceso que busca cambiar la distribución de poder
predeterminada en las relaciones interpersonales y también en las instituciones sociales entre
hombres y
mujeres. Este proceso implica el proceso político para concientizar a los gobernantes, encargados de las políticas públicas, en torno a las
mujeres y
presionar para lograr un cambio social
(Stromquist, 1997 y 2015).
Definición operacional
Para la
investigación se
aplicó un
cuestionario con 29 reactivos de tipo lickert para medir las seis dimensiones del empoderamiento de las mujeres
Vida y salud física
Control en el cuidado de la salud
Cuando estoy enferma, puedo decidir ir a la posta o al hospital.
Además de usar la medicina tradicional,
también tengo la posibilidad de usar la medicina occidental.
Autonomía en la
toma de
decisiones respecto a la salud sexual y reproductiva
Como mujer, puedo decidir cuántos hijos quiero tener.
Como mujer, puedo decidir a qué edad quiero tener hijos.
Control sobre el entorno material
Participación en la toma de decisiones decisiones dentro del hogar
En mi casa siempre me preguntan cuándo hay decisiones importantes que tomar.
Cuando se va a comprar algo para la casa, mi esposo o padre siempre considera mi opinión.
Participación en la gobernanza de la comunidad
(toma de
Me siento
preparada para tener voz y voto en las decisiones
determinadas por Ruiz-Bravo, Vargas y Clausen (2018).
decisiones comunales)
comunales.
Mi opinión es tomada en cuenta cuando participo en la asamblea comunal.
Relaciones sociales
Participación comunitaria
Tengo la
capacidad y habilidades para ocupar cargos dirigenciales en mi comunidad, organización y otros espacios.
Tengo las mismas oportunidades que los hombres para ocupar un cargo dirigencial en la comunidad y/o organización.
Si me eligen para ocupar un cargo dirigencial en mi comunidad y/o organización puedo aceptarlo sin preguntar a mi esposo o padre.
Para mí es importante
participar en mi comunidad y organización.
Autonomía de afiliación
Tengo la libertad para elegir si quiero formar parte de una organización.
Puedo elegir a mis amistades sin pedir permiso a los demás.
Integridad física y seguridad
Armonía familiar En mi familia, las mujeres y los varones somos
igual de
importantes.
Mi familia ve bien que yo participe en mi comunidad y/o organización aunque ya no esté mucho tiempo en mi casa.
Ausencia de violencia familiar
En mi familia, hay maltrato físico hacia las mujeres.
En mi familia, hay maltrato
psicológico hacia las mujeres.
He sufrido algún tipo de maltrato en casa.
Trabajo remunerado
Percepción de ingresos por actividades laborales
Siento que con mi trabajo aporto a la economía de mi hogar.
Siempre siento que mi trabajo es tan importante como el que realiza mi pareja.
Autonomía en el uso de los ingresos propios
Si tengo dinero, puedo comprarme algo que quiero y necesito.
Puedo elegir cómo quiero administrar mi propio dinero.
Bienestar psicológico
Autoestima Me gusta como soy.
Estoy orgullosa de mi familia.
Estoy orgullosa de mi cultura.
Me han hecho sentir mal al hablar mi idioma fuera de la comunidad.
Autoreconocimie nto y valoración personal
Me siento cómoda cuando recibo elogios o premios por mis logros.
Siempre siento que lo que hago es valorado y reconocido.
CAPÍTULO II MARCO TEÓRICO
2.1 Antecedentes de la investigación
Montejo (2013) realizó la tesis “Empoderamiento y autonomía de mujeres campesinas de Musa, Las Margaritas, Chiapas, México”, cuyo objetivo fue dar cuenta del proceso de empoderamiento y autonomía de las mujeres campesinas de la Organización Mujeres Unidas Siempre por el Aprendizaje (MUSA A. C.) en el plano individual, comunitario y colectivo que fortalecen su conciencia de género y trabajo organizado. La investigación es de tipo cualitativo, que se basó en una propuesta metodológica feminista, de acción participante y bajo una orientación etnográfica. Para la recolección de datos se utilizó la entrevista a profundidad, la observación participante, el grupo de discusión y el análisis de las entrevistas. La muestra estuvo conformada por 17 mujeres de la asociación y un hombre de entre 16 y 60 años de edad.
La autora señala que los principales resultados de la investigación son que la integración de las mujeres a la organización es un principio importante que ha generado en ellas cambios de ideas y conductas a nivel personal y familiar.
“Su involucramiento en los trabajos colectivos, les ha permitido compartir sus experiencias, tener acceso a capacitaciones, conocer sus derechos y aprender de su propio proceso” menciona. A pesar del contexto adverso que enfrentan, a través de su participación organizada en MUSA desde su fundación en 1991,
las mujeres han logrado acceder a espacios públicos considerados solo para hombres, además, ellas trabajan para obtener un espacio de participación en igualdad de oportunidades con los hombres. El aporte de la organización a las vidas de las mujeres es contar con un espacio de aprendizaje, lucha, participación y esperanzas para el cambio. Además, la autora destaca la lucha de las mujeres por su inserción a espacios públicos de donde han sido excluidas por ser mujeres
Pérez (1999) realizó el artículo “El proceso de empoderamiento de mujeres indígenas organizadas desde una perspectiva de género”, basado en su tesis presentada para optar por el grado de maestra en Desarrollo Rural. La investigación es de tipo cualitativo y la metodología empleada se basó en concepciones teórico-filosóficas que se centraron en la perspectiva de género y los métodos cualitativos. El objetivo fue conocer y analizar, desde una perspectiva de género, el papel de la participación de las mujeres en el proceso organizativo de la Sociedad “Maseualsiuamej Mosenyolchicauanij” (Mujeres Indígenas que Trabajan Juntas) como generador de un proceso de empoderamiento entre ellas. Para la investigación se realizaron entrevistas semi-abiertas, observación participante e historias de vida. La muestra estuvo conformada por 35 informantes de seis comunidades del municipio de Cuetzalan, que forman parte de la organización Maseualsiuamej Mosenyolchicauanij.
Uno de los principales resultados de la investigación fue que el proceso organizativo impulsó a las mujeres como sujetos de su propio desarrollo, en búsqueda de satisfacer sus necesidades básicas y humanas, a través tanto de la participación individual como colectiva. En el aspecto personal, las mujeres identificaron la seguridad en sí mismas, un mejor desenvolvimiento con más valor y fortaleza, ellas pueden expresar lo que piensan mientras que antes se quedaban calladas. En el aspecto organizacional, ellas consideraron que han superado el miedo a salir de sus comunidades gracias a la organización, la que también les ha permitido capacitarse y poder impartir cursos en sus comunidades. Además, la autora señala que la capacitación les ha brindado cierta independencia económica y toma de decisiones sobre sus ingresos. A nivel comunal, las mujeres consideran que lo hombres las respetan, las reconocen e incluso las proponen para ocupar cargos dirigenciales. A nivel familiar, se observaron cambios en las relaciones como por ejemplo que pueden hablar de iguala a igual con sus pares masculinos, lograron el apoyo
de sus compañeros e hijos varones, y se da el reparto de labores domésticas.
La principal conclusión de la investigación es que el empoderamiento de las mujeres fue el resultado de un proceso organizativo, que duró aproximadamente 13 años, a partir de la reflexión y análisis de su problemática en relación a su clase, etnia y género, conformándolas en sujetos sociales colectivos, capaces de transformar su realidad. Asimismo, la autora señala que el proceso de empoderamiento ha ido más allá de una estrategia explícita, ya que la metodología de trabajo de la organización se ha basado desde la perspectiva de género y considerando elementos de la educación popular e investigación participativa que le ha permitido desarrollar “mecanismos y estrategias de reflexión, análisis concientización y autoestima a nivel personal y organizativo que han incidido en las esferas familiares, comunitarias y regionales“ (Pérez, 1999).
Cabana, Rodríguez y Ubilluz (2018) realizaron la tesis “Proceso de empoderamiento de mujeres líderes de Asociaciones de Desplazados en Ayacucho” para optar el grado de maestría en psicología comunitaria. El objetivo de la investigación fue conocer y comprender los procesos de empoderamiento de las mujeres lideresas de asociaciones de desplazados de la región Ayacucho, a través de la reconstrucción de sus experiencias de liderazgo en dichas organizaciones. La investigación es de tipo cualitativa con un enfoque fenomenológico que les permitió a las autoras analizar las experiencias de las mujeres y construir de manera conjunta los conceptos principales para entender el liderazgo y el empoderamiento de las participantes en las asociaciones de mujeres desplazadas por el conflicto armado interno en Ayacucho. La muestra estuvo compuesta por nueve mujeres lideresas de las asociaciones de desplazados de cinco distritos de la provincia de Huamanga;
las edades de las entrevistadas se encuentran entre los 42 y 60 años. Las conclusiones de la investigación fueron que el empoderamiento de las mujeres inició cuando aún eran muy jóvenes y pese a que enfrentaron condiciones de vulnerabilidad, secuelas psiocosociales, situaciones de violencia y discriminación de género durante su proceso de búsqueda de sus familiares desaparecidos como consecuencia del conflicto armado interno.
Por otro lado, en cuanto a las dimensiones del empoderamiento definidas por Stromquist (2015), las investigadoras determinaron que, en la dimensión del conocimiento, “las lideresas se apropiaron de diversos conocimientos a través de la educación no formal, desde diversas actividades formativas como son las
capacitaciones, participación en pasantías y talleres educativos” (Cabana, Rodríguez y Ubiluz, 2018). Como resultado de dicha formación, las lideresas pudieron asumir cargos y hacer respetar sus derechos. Con respecto a la dimensión psicológica, la investigación determinó que se produjeron cambios a nivel personal, evidenciado en el fortalecimiento de la autoestima, el liderazgo y la motivación del grupo, lo que motivó que en sus familias cambie la dinámica y los roles tradicionales de género como la sumisión y la dependencia con sus parejas. Las mujeres lograron el autoreconocimiento, la autovaloración, así como el reconocimiento y valoración de sus parejas e hijos.
En cuanto a la dimensión política, a medida que se empoderaban, las lideresas lograron la institucionalización de la asociación de desplazados de Ayacucho para lograr las reparaciones colectivas del Estado. Además, lograron el reconocimiento de su liderazgo a nivel local, regional y nacional. Finalmente, en cuanto a la dimensión económica, la investigación identificó que las mujeres al ejercer su autonomía, rompieron los roles tradicionales de género, ya que generan ingresos económicos realizando actividades diversas y también exigiendo, recepcionando y haciendo seguimiento a los proyectos de reparaciones colectivos entregados por la Comisión de Alto Nivel (CMAN).
Portocarrero (2010) realizó la investigación “Empoderamiento en mujeres participantes y no participantes en organizaciones de apoyo social”, cuyo objetivo fue comparar el índice de empoderamiento entre las mujeres que participan en programas de apoyo social y aquellas que no. La muestra de la investigación estuvo integrada por 169 mujeres, de las cuales 80 participaban en organizaciones de apoyo social y 89 que no participaban, de entre 18 y 40 años de edad, residentes de Villa El Salvador, a quienes se les aplicó un instrumento con 28 reactivos tipo Likert. El autor señala que los resultados permiten determinar una diferencia significativa entre ambos grupos de mujeres, es decir que las mujeres que participan en organizaciones de apoyo social consiguieron un mayor nivel de empoderamiento con respecto a aquellas que no participan. Asimismo, se determinó que las mujeres con edades comprendidas entre los 18 y 26 años, participantes en organizaciones de apoyo social, logran un mayor grado de empoderamiento que aquellas que no participan. En cuanto a las mujeres de entre 27 y 40 años, en ambos grupos el nivel de empoderamiento no tuvo una diferencia significativa.
Vera (2010) realizó el estudio “Impacto económico del empoderamiento de la mujer en el hogar: una aplicación al caso peruano”. El objetivo de la
investigación fue determinar el impacto que tiene un mayor grado de empoderamiento de la mujer al interior del hogar sobre el bienestar familiar, aproximado este como el uso y acceso a servicios de salud materno-infantil.
Para la investigación, el autor utilizó la información de la Encuesta Demográfica y de Salud Familiar (Endes) 2005/2008, en específico la relacionada a los hogares de mujeres entre las edades 15 y 49 años, casadas o convivientes. Las conclusiones de esta investigación fueron que la mayor parte de las decisiones son tomadas por la mujer por su cuenta o de manera conjunta con su pareja, lo que daría cuenta de un proceso de negociación entre ambos y que el poder relativo de la mujer dentro del hogar influencia en la decisión final. Además, se determinó que la mayor proporción de mujeres con un bajo nivel de empoderamiento para los tres ámbitos: económico, familiar y sociocultural son aquellas que tienen menor nivel educativo y residen en zonas rurales. “Los principales obstáculos para el empoderamiento de la mujer consisten en el control de los recursos activos del hogar, así como en la participación en decisiones domésticas” (Vera, 2010).
La investigación además dio cuenta que aquellas mujeres que cuentan con mayor número de hijos tratan de controlar los recursos del hogar para que estos sean destinados al bienestar familiar. Por lo que los programas de apoyo social como “Juntos” y los programas de microfinanzas dirigidos hacia las mujeres les ayudan a incrementar el empoderamiento económico de las mujeres. Respecto a la dimensión familiar, se señaló que el empoderamiento de las mujeres depende más de las variables individuales que de la pareja, por lo que las experiencias de vida, su participación en la toma de decisiones del hogar y el uso de métodos de planificación familiar permiten a las mujeres incrementar su empoderamiento familiar. En cuanto a la dimensión sociocultural, el autor señala que las variables asociadas a la calidad de vida conyugal, y tanto los aspectos económicos como afectivos les permiten ampliar sus redes sociales fuera del hogar, cuyo fortalecimiento es impactado de manera positiva por la educación. Finalmente, el autor concluye que el incremento del empoderamiento de las mujeres requiere de políticas integrales dirigidas no solo a las mujeres sino a la sociedad en general, considerando la diversidad cultural.
De la Cruz (2017) realizó la tesis “Empoderamiento de las mujeres participantes del proyecto Mujeres Emprendedoras en el AA.HH. de Yanama – Ayacucho” para optar el grado de licenciada en Trabajo Social. La
investigación es de tipo cualitativo cuyo objetivo principal fue describir cómo es el empoderamiento de las mujeres que participan en el proyecto Mujeres emprendedoras. Para la realización de la investigación, la población fue de ocho mujeres participantes en el proyecto Mujeres Emprendedoras, a quienes se les realizó entrevistas a profundidad. La autora llegó a las siguientes conclusiones: el empoderamiento de las integrantes del proyecto “Mujeres emprendedoras” en el Asentamiento Humano Yanama, Ayacucho, se presenta en las dimensiones personal y familiar; el empoderamiento a nivel personal de las mujeres se puede ver en su autovaloración, la autoestima, la confianza en sí mismas y el rechazo a la violencia familiar, la que enfrentan a partir del ejercicio de sus derechos, lo que finalmente conlleva a que tengan una mayor participación en la toma de decisiones en sus familias. A nivel familiar, el empoderamiento de las mujeres se manifiesta en el aporte al ingreso económico de su familia y la participación en la toma de decisiones dentro del hogar. “El hecho de que aporten al ingreso familiar, les permite obtener mayor reconocimiento de parte de los miembros de su familia” (De la Cruz, 2017), ello les permite un mayor reconocimiento de los demás integrantes de sus familias y una mayor participación en cuanto a las actividades domésticas, la educación de los hijos e hijas, la administración de los ingresos y el uso de métodos anticonceptivos.
2.2 Teorías y/o enfoques teóricos
Teoría del empoderamiento de las mujeres
Para Stromquist (1997) el empoderamiento es el proceso para modificar la distribución del poder, tanto en las relaciones interpersonales e individuales como en la estructura e instituciones de la sociedad civil. La autora además señala que es un concepto sociopolítico que va más allá de la “participación política formal” y la “conscientización”, por lo que, para lograr una plena definición del empoderamiento, se debe tener en consideración los componentes psicológicos, cognitivos, políticos y económicos debido a que el empoderamiento de las mujeres se puede lograr desde distintos puntos de partida: “conocimiento emancipatorio, influencia económica y movilización política” (Stromquist, 1997).
En ese sentido, el componente cognitivo se refiere a que las mujeres comprendan las condiciones y causas de su subordinación; el componente psicológico está relacionado con el desarrollo de la autoestima y la confianza
en sí mismas para que puedan tomar decisiones que les permitan mejorar sus condiciones; el componente económico se refiere a la capacidad de participar en actividades productivas de cualquier tipo para garantizarles la independencia económica y un mejor estatus; y el componente político se refiere a la habilidad para analizar el contexto en el que viven en términos políticos y sociales, e implica también organizar y movilizar cambios sociales (Stromquist,1997).
De acuerdo a Stromquist, el empoderamiento tiene que ver con los
“comportamientos que atan la comprensión a un plan claro de acción para reivindicar los derechos de las mujeres”. Por lo que la definición del empoderamiento hace referencia al proceso para modificar la distribución del poder en las relaciones interpersonales y también en las instituciones sociales (Stromquist, 1997). Asimismo, la autora señala que son las mismas mujeres quienes deben ser conscientes de la situación de desempoderamiento en la que se encuentran para generar un cambio que las convierta a ellas mismas en sus propias defensoras y puedan enfrentar los problemas y situaciones que las afectan.
Stromquist hace especial énfasis en que uno de los prerrequisitos para el empoderamiento es que las mujeres salgan de sus casas y participen en grupos o colectivos que les permitan desarrollar un sentido de independencia y competencia entre ellas. De lo que se puede determinar el rol fundamental que tienen las organizaciones de mujeres como espacios de soporte fundamentales para lograr el empoderamiento individual y colectivo, dimensiones que son mencionadas por Schuler (1997), mientras que Rowlands (1997) aparte de esas dos dimensiones, también considera el empoderamiento de las relaciones cercanas.
Rowlands (1997) sostiene que el empoderamiento está relacionado con las diversas formas en las que opera el poder. Al hablar respecto al “poder sobre”, se enfatiza la participación en los procesos de toma de decisiones y en las estructuras políticas establecidas. Mientras que si se trata sobre “poder para”
y “poder con”, el empoderamiento se centra en los procesos de autoconciencia de los individuos respecto a sus propios intereses y su relación con los intereses de los otros. La autora manifiesta que un análisis de género entorno a las relaciones de poder entre hombres y mujeres debería “incluir una comprensión de cómo “la opresión internalizada” establece barreras internas
al ejercicio del poder de las mujeres, contribuyendo, de este modo, al mantenimiento de la desigualdad entre hombres y mujeres” (Rowlands, 1997).
En ese sentido, Rowlands considera tres dimensiones del empoderamiento:
personal o individual, referida al desarrollo del sentido de ser, la confianza y la capacidad individual; la dimensión de las relaciones cercanas o relacional, que consiste en el desarrollo de habilidades para negociar e influenciar la naturaleza y las decisiones tomadas en la relación social; y la dimensión colectiva, que hace referencia al trabajo colectivo de los individuos para lograr un mayor impacto, es decir la participación en las estructuras políticas y la acción colectiva desde un modelo cooperativo (Rowlands, 1997).
En México, Hernández y García (2008) determinaron la necesidad de contar con indicadores que permitieran determinar en qué medida y con qué características se presentaba el proceso de empoderamiento de las mujeres mexicana, ya que no se contaba con una valoración objetiva. En ese sentido, diseñaron el Instrumento para Medir el Empoderamiento en Mujeres (IMEM) y para su construcción se consideraron siente factores del empoderamiento, los que fueron denominados: i. Empoderamiento participativo, ii. Temeridad, iii.
Influencias Externas, iv. Independencia, v. Igualdad, vi. Satisfacción social y vii. Seguridad.
En el Perú, Ruíz-Bravo, Vargas y Clausen (2018), en base a la literatura existente y en específico a la perspectiva de Malhotra y Schuler (2005), definieron las seis variables del empoderamiento de las mujeres peruanas que son i. Vida y Salud Física, ii. Control sobre el entorno material, iii. Relaciones sociales, iv. Integridad física y seguridad, v. Trabajo Remunerado y vi.
Bienestar psicológico.
Los autores llegaron a la definición de estas dimensiones del empoderamiento de la mujer haciendo una cuidadosa revisión de diferentes fuentes y autores como las Metas del ODS 5 de la Agenda 2030 de ONU, la Lista Ideal de Capacidad para la Evaluación de la Igualdad de Género de Robeyns, la Lista de Capacidades Centrales de Nussbaum, las Dimensiones del empoderamiento de Malhotra y Shuler; así como los resultados de la parte cualitativa de la investigación que se realizó a través de grupos focales en los que participaron mujeres urbanas de Carmen de la Legua-Reynoso (Callao) y semi-rurales de Huachipa (Lurigancho-Chosica) (Ruiz-Bravo, Vargas y
Clausen, 2018). Estas dimensiones fueron usadas para la construcción del instrumento de la presente investigación.
2.3 Definiciones conceptuales o marco conceptual Poder:
Es entendido como “relación social” entre grupos o individuos, tiene que ver con el acceso, uso y control de recursos, tanto físicos como ideológicos en una relación social siempre presente (Focault, Gramsci y Freire, citados por León, 1997). De acuerdo a Focault, el poder opera en todos los niveles de la sociedad y lo considera de manera plural, “no existe únicamente un poder dominante, sino “poderes múltiples, difusos como una constelación de estrellas” (Charlier y Caubergs, 2007). Mientras que Gramsci recalca “la importancia de los mecanismos de participación en las instituciones y la sociedad en busca de un sistema igualitario” (León, 1997). Batliwala (1997) señala que el poder es acumulado para quienes lo controlan o están capacitados para influir “en la distribución de los recursos materiales, el conocimiento y la ideología que gobierna las relaciones sociales, tanto en la vida privada como en la pública”.
Empoderamiento:
Proceso para modificar la distribución del poder, tanto en las relaciones interpersonales e individuales como en la estructura e instituciones de la sociedad civil; además dicha modificación se debe dar a través del desarrollo de un poder de los mismos grupos o individuos oprimidos, ya que “el poder no les será entregado por el solo hecho de pedirlo” (Stromquist, 1997). Por su parte, Rowlands (1997) señala que se refiere a la incorporación de las personas o grupos excluidos de los procesos de toma de decisiones a través de un conjunto de procesos psicológicos que al ser desarrollados, fortalecen las capacidades de los individuos o grupos “para actuar e interactuar con su entorno de tal forma que incrementa su acceso al poder y su uso en varias formas”.
Empoderamiento de la mujer:
Se refiere al proceso necesario para la generación de cambios en las relaciones de poder entre géneros (Hernández Sánchez y García Falconí, 2008). Stromquist (1997) define al empoderamiento como el proceso para modificar la distribución del poder en las relaciones interpersonales y también en las instituciones sociales. Mientras que Schuler (1997) sostiene que el
empoderamiento de la mujer es el “proceso por medio del cual las mujeres incrementan su capacidad de configurar sus propias vidas y su entorno”. La autora además sostiene que es una evolución en la concientización sobre sí mismas, su estatus y sus relaciones sociales. Por ello, se da a nivel individual, a través de cambios de las personas, y a nivel colectivo, a través de los cambios relacionados con el entorno, lo que tiene que ver con el cuestionamiento a las normas e instituciones establecidas que limitan el acceso al poder. Rowlands (1997) además enfatiza que el empoderamiento individual y el empoderamiento colectivo son interdependientes.
Pueblos indígenas:
Según el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), los pueblos indígenas u originarios son aquellos que descienden de las poblaciones que habitaban en un determinado territorio antes de la época de la colonización y del establecimiento de las fronteras estatales. Los pueblos indígenas u originarios conservan todas o parte de sus instituciones socio- culturales y políticas; sus costumbres, prácticas y manifestaciones culturales;
así como la conciencia de su identidad (OIT, 1989).
En el caso peruano, de acuerdo al Ministerio de Cultura, existen 55 pueblos indígenas reconocidos oficialmente por el Estado peruano, siendo 51 amazónicos y 4 andinos, y que están organizados en comunidades campesinas y comunidades nativas. Mientras que los resultados de los Censos Nacionales 2017 muestran que el 26% de la población nacional se autoidentifica como parte de algún pueblo indígena. Asimismo que del total de la población indígena peruana, el 51,4% del total de la población indígena del Perú son mujeres (INEI, 2018).
Pueblo Asháninka
De acuerdo a la Base de Datos de Pueblos Indígenas u Originarios del Ministerio de Cultura, este pueblo ha sido conocido también como “campa”, que en realidad tiene una connotación peyorativa. El término asháninka se traduce como “gente”, “paisano” o “familiar”. El pueblo asháninka es uno de los pueblos indígenas amazónicos del Perú que cuenta con mayor porcentaje de población. De acuerdo a los datos del Ministerio de Cultura, se estima que hay 112 492 personas asháninkas de comunidades en las regiones de Junín, Ucayali, Huánuco, Cusco, Pasco y Ayacucho. Los y las asháninkas tienen
como idioma originario el asháninka que pertenece a la familia lingüística Arawak (Base de Datos de Pueblos Indígenas u Originarios).
Pueblo Quechua
Comprende un conjunto diverso de poblaciones andinas cuyo idioma originario es el quechua. Entre los que se encuentran los Chopcca, los Chancas, los Kanas, los Q’ero, los Cañaris, los Huaylas, entre otros ubicados mayoritariamente en los Andes peruanos y también en Lima por la migración interna. Es el pueblo indígena que cuenta con mayor cantidad de población: 5 millones 179 mil 774 personas se autoidentificaron como quechuas en los Censos Nacionales 2017 (Base de Datos de Pueblos Indígenas u Originarios).
Organizaciones de mujeres indígenas
Son grupos sociales organizados que representan a las mujeres indígenas y defienden su agenda que abarca los diferentes objetivos colectivos políticos y sociales de sus socias. Además, tienen jerarquías y funcionan a través de normas establecidas (Montes, 2011) principalmente de manera consensuada y por lo general tienen documentos de gestión como estatutos, planes estratégicos, entre otros. Se constituyen como actores sociales que buscan generar cambios en sus diferentes espacios y niveles de interacción: a nivel comunal, local, regional, nacional e internacional.
CAPÍTULO III
MARCO METODOLÓGICO
3.1 Tipo de investigación
Esta investigación busca producir conocimiento por lo que es de tipo básica (Hernández, Fernández y Baptista, 2014).
3.2 Nivel de investigación
El nivel es descriptivo según Hernández, Fernández y Baptista (2014), ya que se busca describir el nivel de empoderamiento entre dos grupos de mujeres indígenas.
3.3 Enfoque o carácter de investigación
La investigación es cuantitativa porque, de acuerdo a Hernández, Fernández y Baptista (2014), se utiliza la recolección de datos para probar las hipótesis de la investigación en base a la medición numérica y el análisis estadístico.
3.4 Método de investigación
Para la realización de la investigación se utilizó como método general el método científico (Bunge, 2000) que siguió las etapas: formulación y fundamentación del problema a investigar, determinación de los objetivos, planteamiento de la hipótesis, comprobación de la hipótesis y conclusiones.
El método específico utilizado es el descriptivo, que, segúnCalduch (2012), citado por Abreu (2014), busca generar un conocimiento inicial de la realidad
producido por la observación directa y de los resultados de otros autores. “Se refiere a un método cuyo objetivo es exponer con el mayor rigor metodológico, información significativa sobre la realidad en estudio con los criterios establecidos por la academia” (Calduch, 2012, citado por Abreu, 2014).
3.5 Diseño de la investigación
El diseño de la investigación no experimental de tip