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Teorías y/o enfoques teóricos

CAPÍTULO II MARCO TEÓRICO

2.2 Teorías y/o enfoques teóricos

Teoría del empoderamiento de las mujeres

Para Stromquist (1997) el empoderamiento es el proceso para modificar la distribución del poder, tanto en las relaciones interpersonales e individuales como en la estructura e instituciones de la sociedad civil. La autora además señala que es un concepto sociopolítico que va más allá de la “participación política formal” y la “conscientización”, por lo que, para lograr una plena definición del empoderamiento, se debe tener en consideración los componentes psicológicos, cognitivos, políticos y económicos debido a que el empoderamiento de las mujeres se puede lograr desde distintos puntos de partida: “conocimiento emancipatorio, influencia económica y movilización política” (Stromquist, 1997).

En ese sentido, el componente cognitivo se refiere a que las mujeres comprendan las condiciones y causas de su subordinación; el componente psicológico está relacionado con el desarrollo de la autoestima y la confianza

en sí mismas para que puedan tomar decisiones que les permitan mejorar sus condiciones; el componente económico se refiere a la capacidad de participar en actividades productivas de cualquier tipo para garantizarles la independencia económica y un mejor estatus; y el componente político se refiere a la habilidad para analizar el contexto en el que viven en términos políticos y sociales, e implica también organizar y movilizar cambios sociales (Stromquist,1997).

De acuerdo a Stromquist, el empoderamiento tiene que ver con los

“comportamientos que atan la comprensión a un plan claro de acción para reivindicar los derechos de las mujeres”. Por lo que la definición del empoderamiento hace referencia al proceso para modificar la distribución del poder en las relaciones interpersonales y también en las instituciones sociales (Stromquist, 1997). Asimismo, la autora señala que son las mismas mujeres quienes deben ser conscientes de la situación de desempoderamiento en la que se encuentran para generar un cambio que las convierta a ellas mismas en sus propias defensoras y puedan enfrentar los problemas y situaciones que las afectan.

Stromquist hace especial énfasis en que uno de los prerrequisitos para el empoderamiento es que las mujeres salgan de sus casas y participen en grupos o colectivos que les permitan desarrollar un sentido de independencia y competencia entre ellas. De lo que se puede determinar el rol fundamental que tienen las organizaciones de mujeres como espacios de soporte fundamentales para lograr el empoderamiento individual y colectivo, dimensiones que son mencionadas por Schuler (1997), mientras que Rowlands (1997) aparte de esas dos dimensiones, también considera el empoderamiento de las relaciones cercanas.

Rowlands (1997) sostiene que el empoderamiento está relacionado con las diversas formas en las que opera el poder. Al hablar respecto al “poder sobre”, se enfatiza la participación en los procesos de toma de decisiones y en las estructuras políticas establecidas. Mientras que si se trata sobre “poder para”

y “poder con”, el empoderamiento se centra en los procesos de autoconciencia de los individuos respecto a sus propios intereses y su relación con los intereses de los otros. La autora manifiesta que un análisis de género entorno a las relaciones de poder entre hombres y mujeres debería “incluir una comprensión de cómo “la opresión internalizada” establece barreras internas

al ejercicio del poder de las mujeres, contribuyendo, de este modo, al mantenimiento de la desigualdad entre hombres y mujeres” (Rowlands, 1997).

En ese sentido, Rowlands considera tres dimensiones del empoderamiento:

personal o individual, referida al desarrollo del sentido de ser, la confianza y la capacidad individual; la dimensión de las relaciones cercanas o relacional, que consiste en el desarrollo de habilidades para negociar e influenciar la naturaleza y las decisiones tomadas en la relación social; y la dimensión colectiva, que hace referencia al trabajo colectivo de los individuos para lograr un mayor impacto, es decir la participación en las estructuras políticas y la acción colectiva desde un modelo cooperativo (Rowlands, 1997).

En México, Hernández y García (2008) determinaron la necesidad de contar con indicadores que permitieran determinar en qué medida y con qué características se presentaba el proceso de empoderamiento de las mujeres mexicana, ya que no se contaba con una valoración objetiva. En ese sentido, diseñaron el Instrumento para Medir el Empoderamiento en Mujeres (IMEM) y para su construcción se consideraron siente factores del empoderamiento, los que fueron denominados: i. Empoderamiento participativo, ii. Temeridad, iii.

Influencias Externas, iv. Independencia, v. Igualdad, vi. Satisfacción social y vii. Seguridad.

En el Perú, Ruíz-Bravo, Vargas y Clausen (2018), en base a la literatura existente y en específico a la perspectiva de Malhotra y Schuler (2005), definieron las seis variables del empoderamiento de las mujeres peruanas que son i. Vida y Salud Física, ii. Control sobre el entorno material, iii. Relaciones sociales, iv. Integridad física y seguridad, v. Trabajo Remunerado y vi.

Bienestar psicológico.

Los autores llegaron a la definición de estas dimensiones del empoderamiento de la mujer haciendo una cuidadosa revisión de diferentes fuentes y autores como las Metas del ODS 5 de la Agenda 2030 de ONU, la Lista Ideal de Capacidad para la Evaluación de la Igualdad de Género de Robeyns, la Lista de Capacidades Centrales de Nussbaum, las Dimensiones del empoderamiento de Malhotra y Shuler; así como los resultados de la parte cualitativa de la investigación que se realizó a través de grupos focales en los que participaron mujeres urbanas de Carmen de la Legua-Reynoso (Callao) y semi-rurales de Huachipa (Lurigancho-Chosica) (Ruiz-Bravo, Vargas y

Clausen, 2018). Estas dimensiones fueron usadas para la construcción del instrumento de la presente investigación.

2.3 Definiciones conceptuales o marco conceptual

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