CAPÍTULO III LEPRA EN BENI
3. EL DR. VIADOR PINTO SAUCEDO
nosológica (2). A partir de estos brotes de infección y por la dinámica migracional interna, la lepra en forma sucesiva y a través de los años se difundió por otras regiones, entre las que estaban las aledañas con territorio boliviano.
Los comentarios analíticos y la documentación consultada, nos muestran que la entrada de la lepra en el Beni, en la época republicana, ha tenido principalmente dos caminos: A) El que fue traído desde el Brasil en los organismos infectados de los bolivianos que retornaban de trabajar en los siringales del vecino país. B) El que llegó por medio de los pobladores brasileros por la vía el intercambio comercial, o por los que vinieron a Bolivia a trabajar en los siringales, centros de cosecha de la castaña, entre otros.
Por cierto, que también amerita tomar en cuenta otras vías de penetración, entre las que están algunos infectados que llegaron con migrantes europeos, u otros migrantes de países vecinos, cuyo paso fue itinerante o se afincaron en forma definitiva. Sin que este comentario haga precisiones por no contar con mayores referencias.
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alimentación, educación y la salud de las mayorías. Nos induce a imaginar que la desesperada carencia en que vivía su gente, los pobres y los enfermos, ha germinado en él la idea de escoger la larga y difícil carrera de la medicina, y de ella, la especialidad que estaba dirigida a brindar atención a los enfermos más repudiados por todos, los afectados por la lepra.
Figura 3.2.
Con el permiso del tolerante lector, hago un paréntesis para expresar algo que es parte personal de esta historia. En el proceso de investigación para documentar este libro, nos congratulamos por haber sido recibidos, en atención a nuestra solicitud, por la hija del Dr. Viador Pinto, señora Sonia Leticia Pinto Román, en su domicilio en la ciudad de Santa Cruz.
Impresionados quedamos cuando en su rostro y su trato de fina dama, nos pareció ver el reflejo de su señor padre. La señora Sonia y sus dos hijas; por mi parte, iba acompañado de mi hija menor Rebeca, que anduvo a mi lado por donde tocaba investigar, haciendo las veces de lazarillo ante mis limitaciones visuales. Entonces, ya presentados y acomodados a la mesa, compartimos un delicioso té, acompañado de riquísimas empanaditas de queso y los infaltables cuñapés, que gentilmente nos convidaron en un momento propicio de la tarde. Llegó el momento culminante, la señora Sonia sutilmente hizo apertura de sus recuerdos, pasajes inolvidables que había experimentado apoyando el trabajo de su señor padre ¡Cuánta historia! tiempos inolvidables junto a su señora madre y hermanos, de nostálgicas e inimaginables jornadas, semanas, meses y años de continuo batallar ante el inclemente avance de la lepra.
Dr. Viador Pinto Saucedo, primer médico Leprólogo en Bolivia;
paradigma de la lucha contra la lepra en el país. Hombre erudito en su profesión. Una combinación de diplomacia, sabiduría, sencillez y solidaridad con los pobres.
Atributos que identifican a los grandes de espíritu.
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Absortos escuchamos, solo cabía imaginarnos aquellos dramáticos sucesos; nuestra sorpresa es incontenible, nos compungimos cuando en la conversación nuestra gentil anfitriona se refería a la personalidad del insigne apóstol de la salud. Sin evitarlo, en su rostro se dibujaba una serena y delicada melancolía.
En un lugar especial de la sala, puesto sobre una mesa, vemos un retrato enmarcado, se trata de una antigua fotografía del padre de la señora Sonia, el médico, del gran médico puedo yo decir, porque eso es lo que sentí cuando vi por primera vez el retrato de tan ilustre personaje, de cuya labor tanto leí y admiré por su inefable misión en esta vida, sirviendo a los tristes enfermos de lepra, los más desprestigiados, sin temor a equivocarme, eran los portadores de la peor enfermedad que se haya descrito en la historia de la humanidad. Por un momento me puse a pensar ¡qué tan terrible habrá sido este mal! que Dios tuvo que enviar a su hijo para que atendiera en su dolor a estos repudiados enfermos, les diera la mano, compartiera con ellos y ofrecerles el consuelo que los demás se los negaban. Dejo atrás mi efímero pensamiento, vuelvo a la realidad, me encontraba ahí, inmutable, frente al retrato del Dr. Viador Pinto Saucedo.
Nos fue obsequiado el libro escrito por el maestro de la lepra en Bolivia,
¡Levántate, Lázaro! Diario de un Leproso, documento único en su calidad, que solo la mente de una persona que ha vivido esas amargas y trágicas experiencias ha podido escribir. Su adherencia a la lectura y su probada capacidad profesional era por todos reconocida, virtud que sumada a su alto nivel intelectual le permitieron investigar y documentar su trabajo, del que ahora, aunque una pequeña parte, tenemos la oportunidad de compartir con el amable lector.
Somos categóricos al aseverar que cualquier comentario o panegírico sobre el trabajo realizado por Dr. Viador Pinto Saucedo, siempre serán insuficientes, en la medida que pretendamos mensurar su valor y total entrega de este guerrero contra la lepra, cuyos pasajes llegaron a adquirir matices de leyenda.
Ha sido nuestro propósito que aflore del mismo pensamiento y palabras de los habitantes benianos, porque fueron ellos quienes conocieron, estudiaron o se enteraron en forma directa, la inmensa labor de tan Abundio Baptista Mora 87
10 célebre profesional. El diario “La Palabra”, en el artículo Justo homenaje póstumo a grandes hombres benianos, publicado en diciembre de 2011, brinda una escueta semblanza del célebre médico, comprendiendo que su trayectoria profesional ha estado colmada de grandes logros y triunfos que ennoblecen el alma, esencia que privilegia únicamente a las personas con grandeza de espíritu. La aludida nota escrita por el destacado periodista Arnaldo Mejía Méndez, acertadamente decía lo siguiente: “Viador Pinto Saucedo culminaba el quinto año de Medicina en Chile, retornó a Bolivia para enrolarse en el Ejército como Médico del Regimiento Rocha 31 de Infantería, terminada la contienda siguió sus estudios en la Universidad Pontificia San Francisco Xavier de Chuquisaca de donde egresó como Cirujano”.
“En ese entonces el mal del siglo era la lepra (Hansen), el estudioso se adentra en sus investigaciones hasta llegar a dominar la incógnita y constituirse en el bastión de lucha contra la enfermedad. Fue el primer Médico Leprólogo de Bolivia”.
“Luego de arduo trabajo y exposiciones sobre la lepra, Viador Pinto decide incursionar en la novela científica, su primer libro fue “Mi amigo el viento”, que lastimosamente se perdió, luego “Levántate Lázaro”, letras guardadas por la señora Clara Parada de Pinto, estos pudieron ver la luz de la imprenta, una historia sobre la vida de los enfermos en el Leprosario San Juan, ubicado a 2,5 km al Sur de la ciudad de Trinidad”.
“Pinto Saucedo ocupó cargos importantes: Jefe Regional de Sanidad, Jefe de la Lucha Antileprosa y Director del Centro de Salud; presidente del Club Social 18 de Noviembre y del Rotary Club”.
“Fue miembro del Instituto Mundial de San Lázaro (Roma), Sociedad de Endemias Rurales Latinoamericanas (Brasil), Sociedad de Investigaciones Epidemiológicas del Mal de Hansen (Filipinas), Junta Médica Antiamarílica de la OMS (Venezuela)” (3).
En otro resumen del mismo periódico beniano, en diferente fecha y del mismo año, encontramos un artículo sobre el trabajo realizado por el meritorio médico; haciendo énfasis en el documento literario que dejó escrito, el libro “Levántate, Lázaro”, obra literaria testimonial que describe la situación y forma de vida que llevaron los leprosos en el Beni.
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Parte del comentario refiriéndose al libro decía lo siguiente: “(…) Él, solo pretendió transmitir sus sentidas y fuertes impresiones que vio, vivió y sintió, como médico y amigo que lo fue de veras, de aquella gente castigada por el Bacilo de Hansen, parias purulentos y sangrantes, que vivieron encerrados en los infiernillos de los leprosarios. Desde esos antros, el Dr. Viador Pinto extrajo para la historia, el clamor que recogió”.
Figura 3.3.
Siguiendo con este documento de prensa, el autor del artículo enfatiza refiriéndose al contexto general que caracterizaba aquellos años, destacando, además, las precarias y exiguas realidades de apoyo con que se contaba para encarar tan temible amenaza: “En el Beni, después del auge de la goma con sus espejismos de sus libras esterlinas y que acuñaron fortunas que a poco se volvieron nada, la pobreza y la lepra, fueron los efectos que quedaron morando en nuestros pueblos. En esos tiempos tan terribles, los hijos de Lázaro nacían puros y limpios para luego yacer padeciendo el tormento de este maldito mal. Ricos y pobres, mancharon de forma inocente la honra y el orgullo familiar y, desencadenaron una especie de terror frenético en la sociedad de donde provenían”.
Dr. Viador Pinto, en el esplendor de su vida. Interrumpió su carrera médica en Chile para ir a la Guerra del Chaco. A su regreso continuó y llegó a titularse como Médico Cirujano en la
Universidad de San Francisco Xavier de Chuquisaca.
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“El estado de ignorancia en el que mayormente vivía la población, contribuyó a distorsionar de un modo brutal y salvaje, este problema tan humano pero incomprendido por todos”.
“Las autoridades del Departamento como siempre, también pecaron de indolentes, de incapaces, y hasta de pillos bribones que se embolsillaban los dineros y la poca ayuda que llegaba de vez en cuando para los pobres enfermos”.
“¡Qué vida más desgraciada la de un leproso en un Leprosario! Vida sin vida, monótona y demencial, podrida y nauseabunda, aburrida y sin remedios que curen verdaderamente el mal, viviendo como perros y gatos y como animales dañinos, llena de odios contra todos, ¡sin mañana y… sin fin!”.
“(…) El Dr. Viador Pinto Saucedo, por su apostólica y humanitaria misión cumplida, especialmente a favor de los pobres, fue un beniano de oro y merece nuestra gratitud por siempre (…)” (4).
Figura 3.4.
“El amigo de los pobres”, Dr. Viador Pinto. Solo en la grandeza de su espíritu noble cabía el incesante deseo de ayudar a los desvalidos. No lo conocimos personalmente, pero sus obras y el legado ético que nos dejó, nos enseña el camino de servicio al margen de otras ventajas materiales de lucro.
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13 Figura 3.5.
Figura 3.6.
Señora Doris Román, esposa del Dr. Viador Pinto. Fue meritoria su labor y apoyo al noble médico. En su condición de dama solidaria organizó varios eventos, rifas, kermes, colectas, entre otras actividades, para recaudar fondos que iban en beneficio de los enfermos.
Siempre estará en el recuerdo de las generaciones la ejemplar labor de esta admirable dama beniana.
En su diario batallar contra la lepra, que despiadada corroía lentamente los débiles cuerpos de los afectados. Inimaginables han sido las contingencias que el insigne médico tuvo que enfrentar.
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