CAPÍTULO III LEPRA EN BENI
2. ESCLAVOS AFRICANOS
3 La ubicación geográfica del territorio nacional en el contexto sudamericano, y por tener una ubicación central, encuentra límites fronterizos con varios países, lo que significa que poblaciones de varios departamentos, por la disposición política territorial, tienen situación de frontera con similares de países diferentes. Por lo tanto, las vías de ingreso o salida, refiriéndonos al nexo epidemiológico de las enfermedades, también son diferentes. Con solo citar que la situación fronteriza de Oruro con Chile, es diferente a los resultados de riesgos de transmisión a que está expuesta la población del Beni por su vecindad con el Brasil, y ésta a su vez, es diferente a lo que ocurre entre Tarija, Argentina y con Paraguay.
En la misma dimensión compete considerar los eventos sociales, políticos, migratorios, incluso las conflagraciones bélicas, que han tenido que ver cada uno y a su tiempo con la incursión de la lepra y otras enfermedades en nuestro medio.
El arribo de los españoles al Nuevo Mundo (las Antillas, Centroamérica) fue en 1492; el arribo de los mismos al centro del territorio Incaico, concretamente a Cajamarca, ocurrió 40 años después, en 1532. Entonces, cualquier antecedente respecto a la injerencia española/europea o africana en esta parte de América es a partir de esa fecha.
Es en el siglo XVIII que algunos historiadores hacen escasa referencia y con poca precisión sobre algunos supuestos casos aislados. A partir del siglo XIX, es cuando la patología desarrolla y es descrita con todas sus características.
ocho días un viento tan delgado y penetrante y por la escasa protección que ofrecían entonces las viviendas, perecieron 14 españoles y 18 negros esclavos" (1)
También están los documentos que indican la llegada de estos contingentes de esclavos a principios del siglo XVII, es así que el año 1601, se tuvo la llegada de 50 esclavos a Potosí para ser vendidos allí. En 1603 ya se importaron del Brasil a Charcas, vía Buenos Aires, 450 esclavos (2). Desde entonces se tuvo un flujo de esclavos que llegaba por diferentes rutas y por distintos motivos.
El notable historiador Alberto Crespo, hace una aproximación estadística sobre esta población en la Villa Imperial: “(…) según el censo de 1611, de un total de 160.000 habitantes, los negros, mulatos y zambos sumaban 6.000, es decir un 3,9%”.
Por lo que nos muestra el mismo investigador, los censos posteriores expresan un descenso de la población potosina, que también ocurrió en los negros. Describe que para 1719, cuando la población se había reducido a 70.000 personas, los negros (esclavos y libres), mulatos, zambos y cuarterones llegaban a 3.209 personas. Y, en 1832, solo quedaban 1.142. (3)
Fue la inicial intención y motivo de su traslado a Potosí la de incorporarlos en el trabajo de explotación de las minas; el trabajo forzado, las deficiencias alimentarias y las condiciones de no aclimatación, no fueron favorables, teniendo consecuencias de alta mortandad. Para una labor menos exigente fueron destinados al trabajo en las hornallas de la Casa de Moneda. Otros fueron ocupados en trabajos domésticos y de servicio, también estaban los que fueron llevados al campo, en la siembra, de esta forma llegaron a las zonas tropicales de La Paz y a otras regiones templadas y cálidas del territorio.
Ha sido relevante la presencia de la población africana en nuestra historia; con mayor repercusión en Potosí, Charcas y La Paz, posteriormente en Mizque y Santa Cruz. Ámbitos donde mayormente incidimos en busca de vínculos epidemiológicos de transmisión de la enfermedad que es motivo de este documento histórico.
Abundio Baptista Mora 59
5
La Villa Imperial, Potosí, fue donde los esclavos se asentaron en mayor concentración y tiempo, también fue lugar de muchas de sus desventuras, hechos infaustos de muertes masivas, entre tantas otras adversidades que en su condición de sometidos les tocó vivir. En este escenario caótico, donde las observaciones del medio y sus autoridades, a cualquier fenómeno social o de cualquier otra índole, era motivo de crítica o alarma por las precarias condiciones sanitarias en que se encontraban, y por el temor a la diseminación de eventos mórbidos u otro tipo de riesgos;
entonces, refiriéndonos a alteraciones o deformidades de los rasgos físicos y funcionales, mucho más si son mutilaciones, como es la característica de la lepra, en todo tiempo y civilización no han podido pasar sin ser detectadas.
Tomando en cuenta que la presencia de los africanos en nuestro territorio data de mediados del siglo XVI y principios del XVII; y, en ese tiempo, ya se conocía y comentaba la magnitud y trascendencia de lo que significaba la lepra por su presencia endémica en otras latitudes del continente (Caribe, Centroamérica, Colombia, Brasil), contando además con importante flujo poblacional en Potosí, entre éstos los españoles y mestizos ilustrados que tenían la capacidad de documentar la ocurrencia de los sucesos. Con ese juicio, nos permitimos hacer algunas presunciones: la ausencia de leproserías en esos tiempos, que era la principal medida de protección del contagio en todas partes del mundo, a la que se añade la no referencia de esta enfermedad en los testimonios escritos de entonces, podemos indicar que la penetración de la lepra por los esclavos negros a esta parte de América (hoy Bolivia), tiene menor significación respecto a otras formas o vías de contagio. Haciendo notar que lo expuesto, de ninguna manera es aplicable a la transmisión de otras enfermedades a causa de este tráfico de esclavos, las que son muy conocidas, como la parasitosis por Anquilostoma Duodenalis que produce anemia, enfermedades virales como el sarampión y la varicela, también ha estado la sarcoptosis, entre muchas otras patologías con características diferentes a la lepra.
Tampoco estamos negando que posteriormente, ya en la etapa republicana, haya habido contagios a partir de los descendientes de esclavos africanos de otros países, como es Brasil o de otro origen, son el
Lepra en Bolivia - Historia y Evolución 60
resultado de otras circunstancias epidemiológicas posteriores, incluso siglos después, que ya no guardan vínculo con el tráfico de esclavos de entonces.
La Villa Imperial dentro su historia tiene referencias de grandes episodios de pestes o enfermedades, tal cual reza en documentos escritos en esos tiempos. Entre tantos riesgos, no se menciona a la lepra, ni siquiera existe la descripción de patologías parecidas. Obviamente, estas consideraciones están sobre la base de registros conseguidos, por lo mismo, de ninguna manera aseveramos que no haya existido.
En la Revista “Archivos Bolivianos de la Historia de la Medicina”, el Dr.
José N. Montero, hace una interesante recapitulación de las Primeras Pestes en la Villa Imperial. Menciona la presencia de diferentes sucesos que fueron descritos, donde no se nombra a la lepra; pero, sí, están entre éstos, refiriéndose al año 1557, de una nevada que duró 11 días; que fue seguida de pestes como el catarro y la tos. (El nombre de peste se utilizaba antiguamente para referirse procesos patológicos masivos y agudos de cualquier índole con alta repercusión). En 1560 y 1561, soportaron la injuria de otra peste desconocida, indican que la gente moría en 24 horas.
“Unos se hinchaban de los pies hasta el estómago y morían”, según la descripción de Bartolomé Arzáns de Orsúa y Vela. Luego, en 1693, hubo otra sequía a cuya causa murieron cantidad de hombres y animales. En ese mismo tiempo soportaron el Tabardillo. En 1706, otra vez estuvo presente la peste del Tabardillo. Un año después en 1707, otra peste coincidente con una sequía. En 1709, surgió la peste conocida como catarro o pechuguera. 1713, otra sequía, y la peste de “corrimientos y tabardillos”. 1717 estuvo con ellos la peste de “Tabardillo y Viruelas”, según dice el autor, también estuvieron otros “achaques”. En 1719, de acuerdo al cronista Bartolomé Arzáns, sufrieron una epidemia desconocida (no se trataba de lepra), la más grande de la historia de la Villa Imperial (4)
Por referencias que anteceden es posible argumentar que la lepra en esos años, siglo XVIII, concretamente en la Villa Imperial, no tuvo mayor connotación, porque según observamos, hasta los “achaques” —Achaque:
Indisposición o enfermedad habitual, especialmente las que acompañan a la vejez. También: Indisposición o enfermedad generalmente ligera.
Abundio Baptista Mora 61
7 (DRAE)— fueron tomados en cuenta, no así los efectos de una enfermedad tan destructiva e invalidante como se hacía sentir la lepra;
entonces, está a las claras que fue poca su presencia.
Lo ocurrido en el Alto Perú ha sido diferente a lo ocurrido en otros ámbitos del continente, donde el clima es tórrido: Caribe, Antillas, Brasil, a los que llegaron esclavos de diferentes partes del África, donde fácilmente se habituaron a las condiciones climáticas que con el tiempo tuvieron gran repercusión estadística. Y, además, no cabe discusión alguna sobre esta corriente de tráfico migratorio obligado como causa fundamental de penetración de la lepra.
Todavía queda por justificar lo propuesto en este trabajo, dentro los motivos que señalan la vía de transmisión en territorio boliviano diferente a los demás países del continente, cuando indicamos que el menor impacto ha sido por la vía de los esclavos negros. Para esto compartimos las siguientes hipótesis.
La alta mortandad de los esclavos, aún antes de llegar a territorio de Potosí o a la entonces Charcas, el viaje lo hacían caminando, que duraba muchos días incluso meses, (generalmente desde el puerto de Buenos Aires), paulatinamente se fueron segregando los más débiles, que de acuerdo con las características de la enfermedad una de sus avideces constituye los organismos disminuidos y carenciales. Nos induce a suponer que los supuestos infectados o enfermos, por su ya demacrada constitución física colapsaron en esta primera etapa de arduo caminar en suelo americano. Los que resistieron hasta llegar a Potosí, pronto estarían sintiendo las añadidas presiones de las nuevas adversidades a su ya magro organismo afectado.
La procedencia africana de los esclavos, que posteriormente fueron destinados y distribuidos en suelos del Alto Perú, tiene su importancia en el objetivo de esta historia. Para contextualizar el panorama y ubicarnos mejor, empezamos considerando que existen teorías sobre el origen territorial de la lepra en el mundo; una de estas corrientes señala que fue en el África Oriental; otra preconiza que estuviese en territorios asiáticos, incidiendo mayormente en la India. Determinar la procedencia de los esclavos, es de por sí una tarea sumamente complicada, por el variado
Lepra en Bolivia - Historia y Evolución 62
origen, el idioma, aspectos que muchas veces por los afanes de este comercio, para los operadores no eran primordiales como para detenerse en esos detalles; una vez llegados al puerto solo urgía distribuirlos, sin importar el número, afinidades de idioma, costumbres ni parentescos.
No obstante, el investigador Alberto Crespo hace una importante aproximación de la procedencia de los esclavos que llegaron a La Paz entre 1650–1710, con el ingrediente que solo el 45,3 por ciento de los consultados pudieron señalar su procedencia: El mayor número, 98 (entre hombres y mujeres), correspondía a los que no mencionaban su origen porque no sabían expresarlo o habían perdido la memoria;
seguido de los procedentes de Angola y Congo, con 33 y 9 respectivamente, también estaban los de Banguela, que eran 9.
Continuaba la lista nombrando a los Criollos de La Paz, Mulatos, a los de Biafra, y los criollos de varios lugares (5).
En el libro Historia de Bolivia de la editorial Gisbert, también se encuentra una descripción consonante al anterior criterio, cuando expresa: “A la Audiencia de Charcas llegaron negros procedentes principalmente de Angola y del Congo” (6). Como se podrá ver, la procedencia mayor es desde los países del África Occidental, hacia el Atlántico, geográficamente frente a las costas Orientales de Sudamérica; desde luego sin excluir a los originarios de otros países africanos.
Si recordamos que el origen de la lepra ha estado en el África Oriental próxima al continente asiático donde está la India, podemos percibir que el otro extremo, el Occidental, donde están Angola y el Congo, han podido no estar en un espacio geográfico de tanta injuria epidemiológica de la lepra, así suponemos que fue cuando los embarcaron para su largo viaje hacia las costas de Sudamérica. Los hilvanes históricos basados en los documentos que se cuenta nos permiten plantear esta hipótesis.
Si de algo vale considerar el siguiente análisis, estamos en condición de indicar que también en Argentina la corriente de esclavos africanos ha tenido una mínima importancia en cuanto a la introducción de la lepra
―sin olvidar que el puerto de ese país ha sido el punto de llegada desde el África de muchos contingentes que transportaban a millares de esclavos―; sin que ello haya sido causa de mayores sobresaltos sobre la
Abundio Baptista Mora 63
9 lepra, tanto así, que más de un siglo después, en 1778, recién se construirían las primeras leproserías. Así lo expresan los cronistas argentinos; cuestión, que, como la nuestra, tampoco está alejada de la verdad (7)
Ubicados en el contexto de principios del periodo republicano, también se cuenta con fuentes históricas sobre este tema, las que, al no nombrar la lepra en los Yungas, excluyen que haya existido, por lo menos en forma muy evidente que motive la preocupación de la población y sus autoridades. Recurrimos a los relatos del connotado científico naturalista francés Alcides d´Orbigny, ―el paso por Bolivia del investigador fue entre 1830 y 1833―. Relata que tuvo que realizar labores de médico en los Yungas de La Paz. En Irupana (1830), curaba a los enfermos, cortándoles las fiebres intermitentes. Esta vez incursionamos en el hecho de no haber identificado casos de lepra, por el solo antecedente de no mencionarlo, que para un investigador y científico que atendió por un tiempo prolongado las enfermedades de cuanta persona solicitaba, no podían haber pasado inadvertidas evidencias clínicas de este daño.
El primer censo de lepra realizado en 1942, que continuó en 1943, en una etapa epidemiológica de alta endemia en el país, el segundo de éstos nos brinda una aproximación de datos respecto a los casos de lepra, focos, y comunicantes (contactos) existentes en Bolivia. En lo que concierne a La Paz solamente se reportaron 4 casos autóctonos: 1 en La Paz ciudad, 2 en Chulumani, y en Puerto Acosta 1 caso (8). Denotan los datos la poca presencia de lepra en La Paz y gran parte de sus provincias; así, según queremos demostrar, es otro sustento teórico que demuestra que en un ámbito donde confluye la población de ascendencia africana, no se tenga significativa presencia de la enfermedad, realizando comparaciones en los años siguientes, hasta avanzar a los últimos 10 años, no se tiene mayor notificación, es más, los casos de lepra en el departamento de La Paz están focalizados en zonas limítrofes con el Beni, concretamente los municipios de Ixiamas y San Buenaventura; contextos muy distantes a los Yungas.
Tratando de incorporar todo hilván de evidencia que se cuenta, estamos para comentar que en 1939, una autoridad nacional de salud se refirió a la detección de un caso de lepra yungueña en las vecindades de Irupana.
Lepra en Bolivia - Historia y Evolución 64
No se tiene conocimiento si se trataba de un afro-boliviano, mestizo, indígena o blanco. Sin que este detalle tenga mayor relevancia respecto al tema; ya en esos años la transmisión ha podido ser por cualquier portador enfermo, del mismo modo que el infectado también pudo ser cualquier persona independientemente de su procedencia, raza o edad.