CAPÍTULO IV. MÁS QUE EVAS Y MARÍAS: DE LA REPRODUCCIÓN A LA
4.1. La feminidad apostólica en carne y hueso: Evas, Marías, Saras, Rebecas y
4.1.4. Educación: de obstáculo a herramienta para la práctica religiosa
El discurso sobre la educación presente en la iglesia apostólica ha sufrido importantes transformaciones. Como se pudo ver en el capítulo anterior, de haber sido considerada un peligro para los roles considerados tradicionalmente femeninos y la vida espiritual de las mujeres, ha pasado a ocupar una posición privilegiada dentro de la visión de la iglesia, pues se le define como una herramienta para ganar almas para el evangelio y ejercer los ministerios dentro de la iglesia.
Ahora, cabe señalar que aun entre las apostólicas de más de 60 años fue posible encontrar mujeres que, aunque no una profesión, sí habían estudiado carreras técnicas como secretariado, enfermería o enseñanza musical. Entre las mujeres de edad media, mayores de 30 años, una cursó enfermería y dos estudiaron a nivel licenciatura, una de ellas la finalizó y cursó una segunda carrera, mientras que la otra la truncó y en la actualidad manifiesta deseos de volver a estudiar. Las cinco mujeres más jóvenes, cursan estudios profesionales actualmente, han decidido mantenerlos en pausa durante algún tiempo o se encuentran en el
proceso de ingresar a la universidad, y una de ellas se graduó aproximadamente hace dos años y se encuentra ejerciendo su carrera. De las doce entrevistadas, dos únicamente alcanzaron el nivel básico; al respecto éstas mencionan que aunque no se prohibía que las mujeres siguieran estudiando, tampoco era algo que se fomentara o en lo que los padres insistieran.
Cabe recalcar que entre las carreras elegidas destacan la psicología -profesión seleccionada por tres de las entrevistadas48- y la enfermería con dos; y con un solo caso:
odontología, educación especial, comercio, teología, trabajo social, enseñanza musical y secretariado. Como puede observarse, se trata –tal vez con excepción de la teología- de carreras que históricamente han sido consideradas femeninas, que requieren que quien la ejerce se desempeñe como cuidadora o instructora y que son una extensión de los roles que tradicionalmente se le han asignado a las mujeres dentro de la división sexual del trabajo. Por ello, llama la atención el caso de Susana, quien durante su proceso de ingreso a la universidad tuvo algunos conflictos, particularmente con su padre, pues este consideraba que seleccionar como profesión la psicología podía ser mal visto en la iglesia o alejar a su hija de su fe:
Ya que entré a la universidad, te digo, como que mi papá siempre hablándome, me dice “pues tú siempre está consciente de lo que creíste, que nada de esto que vienes a informarte o de esto que vayas a aprender en la escuela te vaya a mover. Tú siempre está confiada en Dios y nunca te olvides de él, no permitas que nada de lo que veas, vayas a ver ahí, vaya a ser un impedimento para ti” (Entrevista, Susana, Tijuana, 3 de septiembre de 2013).
A este descrédito, la joven comenta que se sumó el cuestionamiento respecto a la utilidad de la psicología, que escuchó varias veces en las predicaciones del pastor. Sin embargo, ella siempre consideró que su futura profesión no era contraria a sus creencias religiosas y desde el inicio de su carrera prometió a Dios que si él le permitía estudiar lo que quería, ella pondría sus conocimientos a su servicio. Así, durante el transcurso de sus estudios se esforzó en lo posible por mostrar a sus padres que su carrera no era una amenaza para su religión, hasta convencerlos, y de igual manera ocurrió en la congregación, donde ha dado terapia y le han pedido también que aplique pruebas psicológicas de personalidad a los niños.
48 Una de las entrevistadas estaba a punto de finalizar sus estudios, otra de ellas se había dado de baja temporalmente en la universidad y la última de las tres participaba en el proceso de selección para entrar a esta carrera.
Otro caso interesante es el de Matilde, quien estudió teología y hasta el momento se ha desempeñado como coordinadora de educación en la iglesia por cinco años consecutivos.
Aquí, el punto central es que ella señala que, por un lado, sí ha recibido apoyo institucional de la iglesia -como el ofrecimiento de una beca para continuar con sus estudios en el Seminario Teológico Fuller-, pero por el otro, al desarrollarse en un campo predominantemente masculino, ha sido juzgada y señalada por algunos miembros de la congregación porque “le gusta estar entre puros hombres” y estos lo consideran incorrecto puesto que ya está casada.
Al analizar estos casos, si se recuerda la descripción del discurso sobre educación hace algunas décadas, es posible identificar que esa representación de la formación profesional como un factor de riesgo para la fe y la feminidad no ha desaparecido del todo, sino que en diversos grados y determinadas situaciones sigue permeando las prácticas apostólicas. Estas contradicciones, en las que diversos discursos se mezclan o chocan entre sí, son precisamente los aspectos más interesantes pues permiten comprender, siguiendo a Bourdieu, que el campo religioso está lleno de luchas de poder, que pueden darse sigilosamente, a veces en el espacio privado, pero que llevan a la construcción de determinadas formas de actuar, pensar, valorar y percibir el mundo.
Ahora, cabe también señalar que cuando los estudios no se llevan a cabo durante el tiempo socialmente asignado para ello –la juventud, la etapa previa al matrimonio- o se plantea ir más allá de los estudios profesionales –con un posgrado, por ejemplo-, estos pierden su carácter prioritario frente al ejercicio de la maternidad, como lo ilustran los relatos de Matilde, quien desea continuar estudiando teología y Fátima, que retomó el trabajo social al entrar sus hijos a la adolescencia, para más tarde dejarlo, y ahora planea estudiar nutrición:
Mi idea es seguir estudiando, no sé cuándo. Los obstáculos pues es mi rol como madre, como esposa, lo económico también porque una de las escuelas es muy cara, y los obstáculos de la iglesia pues que no lo ponen aquí cerca, por ejemplo el CCM49 lo más cerca es en Hermosillo y yo no me puedo ir dos meses a Hermosillo o a Guadalajara. Otra de las metas que tenía era irme, si no me iba para acá, estudiar la maestría en Fuller, pero yo no me animo a manejar sola, el hermano este que te comentaba me ofreció beca para irme, porque es carísima, pero aun así con beca y todo yo no me animaba a irme manejando sola hasta Pasadena y luego
49 CCM son las siglas para Centro Cultural Mexicano, la Universidad Teológica de la Iglesia Apostólica de la Fe en Cristo Jesús.
venirme de carrera a recoger a los hijos de la escuela. Era muy pesado, entonces estoy así como que en pausa todo eso (Entrevista, Matilde, Tijuana, 10 de septiembre de 2013).
Le digo a mi esposo “quiero volver a la escuela”, o sea, no estoy peleada con los estudios, pero ahora quiero entrar a estudiar nutrición […] de hecho quería entrar ya este ciclo escolar, se nos atravesaron unas cosas, que hasta ahorita no he podido, sinceramente no me he enfocado al 100. Tengo la idea, quiero, pero no me preocupé porque ahorita les doy prioridad a mis hijos, mi niña quiere estudiar medicina, le digo “entonces sí me tengo que apurar, porque tengo que trabajar porque el arquitecto y la medicina son carreras muy caras”, entonces le he dado prioridad a mi hija (Entrevista, Fátima, Tijuana, 9 de septiembre de 2013).
Así pues, es posible señalar, para cerrar este apartado, que un eje cuyo discurso puede parecer completamente consensuado y del que se habla como una forma de evolución hacia la igualdad de género, como la educación, en la práctica permite ver que está caracterizado por una constante tensión y condicionantes para su ejercicio.