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Maternidad: “instruye al niño en su camino…”

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CAPÍTULO III. MUJER VIRTUOSA ¿QUIÉN LA HALLARÁ?”: DISCURSOS

3.2. El deber ser: los discursos normativos sobre la feminidad apostólica

3.2.3. Maternidad: “instruye al niño en su camino…”

cuerpo como producto divino, creado para cumplir ciertos fines con cada una de sus partes, es decir, se trata de una naturalización de los órganos corporales, de considerar que cada uno de estos está hecho únicamente para una función específica. Marcos, comenta un caso que ilustra esta cuestión, en específico sobre el sexo oral:

Alguien que se acercó conmigo y me dijo “¿sabes qué? mi pareja me pide que le haga sexo oral” dice “pero yo me siento mal con eso porque con mis labios alabo a Dios”. Pero estoy seguro de que habrá quien dice “bueno, pero el Señor dice o la escritura dice que en el matrimonio no hay quien lo limite”, pues. Entonces ahí es donde entran las diferencias

¿verdad? Y dices “bueno ¿pues qué te puede limitar?” Una de las cosas que creo que puede limitar es el Espíritu Santo, él te dice qué sí y qué no. Ahí depende también la obediencia porque a veces te dicen “no hagas esto” pero te vale y le entras; tiene que ver la cultura en la que hayas crecido, los valores que te hayan dado, porque a lo mejor a ti te dijeron o tú creciste con algo que te estuvieron enseñando, diciendo, por ejemplo, “el sexo anal es pecado, el sexo oral es pecado, tener ciertas posiciones son pecado”, pero en sí, bíblicamente, no encontramos nada que prohíba eso (Entrevista, Marcos [ministro], Tijuana, 19 de marzo de 2014).

Cabe cerrar este apartado señalando que la sexualidad de las apostólicas se desarrolla en un terreno ambiguo y lleno de indeterminaciones, puesto que por un lado se habla de la capacidad de llegar a acuerdos como la forma de conducirse en la vida sexual, pero por el otro, esto implica que se puede estar desarrollando lo que, desde la perspectiva de algunos líderes u otros creyentes, se ubica dentro de las conductas proscritas, lo que las podría llevar a una sanción. El carácter privado de las prácticas sexuales es lo que podría volver plausible el empleo de ciertas estrategias para alcanzar los fines propios, es decir, satisfacer los deseos sexuales de cada mujer. Sin embargo, como señala Bartky, el poder disciplinario no solo está fuera de éstas, sino también en sus cuerpos, no necesita ser visible porque “está en todos los lugares y en ninguno” (Bartky, Op. Cit.: 81).

Samuel 1, 2:1-21) y Elisabet (Lucas 1). La mayor parte de las entrevistadas considera que ser madre es un privilegio pues los hijos son algo que se pone en sus manos como un reto para criarlos de la mejor forma posible y dejarles un legado, lo cual las desafía a ser mejores y aprender, además se habla del deseo de ser madre no como producto únicamente de su identidad cristiana, sino como algo “muy mexicano”:

Es bien importante porque es algo que se te pone en tus manos y tú quieres hacer lo mejor posible, tratas de ser la mejor mamá, que a veces no es fácil, menos cuando llegan los hijos a la adolescencia, que es cuando se trunca la comunicación y tienes que buscar miles de lados para poderles llegar y uno lo hace por amor. O sea, tú quieres el bienestar para tus hijos en todas las áreas (Entrevista, Fátima, Tijuana, 9 de septiembre de 2013).

Es muy importante, apostólica o no apostólica, como mexicanas, como mujer mexicana que queremos dejar un legado y transmitir nuestro conocimiento. Creo que es algo muy mexicano el querer ser mamás y pues si a eso le agregamos que le queremos dejar el legado de la religión pues es muy importante (Entrevista, Matilde, Tijuana, 10 de septiembre de 2013).

Aunque por un lado el discurso sobre la existencia de un instinto maternal innato, por el que “la mujer ya nace con ese sentido de que va a ser mamá algún día” y puede saber cuando sus vástagos están bien o intuir que las cosas andan mal, está bastante generalizado, entre las apostólicas también aparece la idea de que no todas las mujeres tienen este “instinto”

y que es muy distinto tener un hijo que criarlo, por lo que para ser considerada una buena madre es necesario estar en comunicación con los hijos, darles confianza y seguridad, amarlos y saberlos proteger, preocuparse por su bienestar integral y ser disciplinada, ya que ella es su guía y quien lleva el rol principal en su instrucción –mientras del padre se requiere que sea un ejemplo que la refuerce-, lo cual puede encontrarse tanto en el texto bíblico, particularmente en los Proverbios, donde se conmina al hijo a que escuche y honre a su madre (Proverbios 1:8-9, 6:20, 20:20, 23:22-23, 28:24) y en la segunda epístola a Timoteo, donde Pablo honra a Eunice y a Loida, madre y abuela de Timoteo, quienes lograron transmitir su fe a este (2 Timoteo 1:3-5), como en lo que comentan las entrevistadas:

Específicamente hablando de una buena madre apostólica, pues una que enseñe la palabra de Dios en su casa, una que transmita el amor de Dios para sus hijos y que les dé a conocer a Dios, no la religión, que les dé a conocer a Dios, a sus hijos (Entrevista, Matilde, Tijuana, 10 de septiembre de 2013).

Es como la educadora porque los primeros años de vida la educación es más o menos en casa, ya que entras a la escuela la recibes ahí y yendo a la iglesia. Los primeros años de vida la mamá es la que enseña junto con el papá, pero creo que es como la mamá la que está mayor

parte del tiempo en la casa, se encarga de enseñarles a orar, que lean la Biblia, contarles historias, de llevarlos a la iglesia (Entrevista, Susana, Tijuana, 3 de septiembre de 2013).

Ahora, si bien la maternidad es vista como una bendición divina surgida del mandato de multiplicarse, hay una conciencia clara de que los cambios socioculturales y económicos vuelven indispensable repensar la forma en que se cumple esta disposición:

Dice la Biblia que los hijos son bendición de Jehová, pero yo encuentro en la Biblia que, por ejemplo, Raquel… Jacob tuvo 12 hijos pero fue con cuatro mujeres, no le hizo 12 hijos a una sola ¿verdad? Entonces ¿qué quiere decir esto? Pues que ellos, como eran gente rica, podían mantener 12, 13, 15, 20 hijos ¿verdad? En la iglesia no, no es un mandamiento que tengas que tener 12 hijos ¿verdad? Pero antes sí, la que tenía 12 hijos pues esa era bienaventurada, […] Entonces, si la ciencia, lo que sea, inventaron eso para control de la natalidad, pues viene de Dios todo, porque si Dios no les permite, no lo hacen. Entonces tenemos que usar todo eso porque ahora ya la vida es bien diferente que antes. En aquel tiempo la mujer no trabajaba, la mujer se quedaba a cuidar a sus hijos, a mantenerlos con tortillas de harina y frijoles, lo que fuera, pero ahí estaba la mamá (Entrevista, Ruth, Tijuana, 9 de enero de 2014).

Aunque esta manera de pensar aparece en tanto en las mujeres mayores como en la menores, esto se presenta con mayor fuerza entre las representantes de la generación más joven. Así, el discurso apostólico aprueba y recomienda la planificación, aunque sin llegar a entrometerse en las decisiones de la pareja, e inclusive el pastor señala que institucionalmente se respeta –y se ha tratado de que la congregación también lo haga- a las parejas que deciden no tener hijos por dar prioridad a otros proyectos.

Ahora, mientras que el limitar la descendencia es aceptado, el tener mucha familia llega a ser mal visto, al grado de que se da “carrilla” a quienes lo hacen, especialmente si tienen una condición económica “humilde”, puesto que los factores principales que se considera que se deben tomar en cuenta al plantear el número de hijos a tener son, en primer lugar, el aspecto económico y después los proyectos de la pareja y su paciencia para atenderlos. Respecto al tema económico hay gran coincidencia en que tener muchos hijos para darles condiciones de vida precarias es irresponsable y puede llevar a una formación deficiente:

Sería irresponsable de su parte estar teniendo y teniendo y teniendo familia sin que tengas una estabilidad económica, que después lo vas a traer con nada ¿sí sabes? Los niños malcuidados, malcomidos, con decadencia en todas las cosas básicas que debería de tener un niño. Y lógicamente no iba a tener como buenos valores porque los papás no iban a estar tan bien, porque tienen que alimentar a un montón de hijos; iban a estar todos frustrados y los niños también iban a estar frustrados (Entrevista, Esperanza, Tijuana, 28 de enero de 2014).

En consecuencia, el empleo de métodos de anticoncepción está prácticamente generalizado entre las entrevistadas y la selección del anticonceptivo a utilizar se deja a decisión del matrimonio, según qué les funciona y se adapta mejor a sus cuerpos, especialmente de las mujeres, puesto que algunas refieren el rechazo de los hombres por usar un condón, aunque sí hay casos en que por cuestiones médicas el hombre es quien se cuida u opera. Por otro lado, la iglesia condena completamente la práctica del aborto, puesto que se cree que la vida inicia desde el momento de la concepción y con la unión del óvulo y el espermatozoide ya hay un ser creado, en este mismo sentido, también se manifiesta rechazo hacia el empleo de la píldora del día después, ya que se le considera abortiva.

De manera global se puede decir sobre la maternidad, que el discurso apostólico la define como una bendición, que da satisfacciones e implica retos y requiere que la mujer desarrolle ciertas características para que se considere que la ejerce correctamente, destacando entre ellas el ser transmisora del legado religioso y por tanto encargada de la reproducción sociocultural, papel para el que se especializa a las mujeres en el mundo patriarcal (Lagarde, 2005: 365).

Otro punto interesante es que las representaciones emergentes sobre la mujer como ser cuya misión primordial no tiene por qué ser la materna, ya que no en todas hay ese

“instinto”, podría considerarse un incipiente paso para que se comiencen a derribar las ficciones que le asignan roles calificados de naturales, ahistóricos o eternos y que deje de ser definida en relación con los demás, como un ser para otros, sin embargo, esta representación parece ser siempre evocada cuando se habla de la otredad, de otras mujeres y no cuando las creyentes se refieren a sí mismas, excepto en unos pocos casos que se desarrollarán en el siguiente capítulo. Así mismo, aunque esta opción se hace presente en el discurso esto no es, por lo general, trasladable a la práctica.

3.2.4. Educación: “Aplica tu corazón a la enseñanza, y tus oídos a las palabras de

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