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Entrevistar, observar y participar. Delimitación y alcances del trabajo de campo Opté por dos métodos cualitativos que se complementaran para interactuar y escuchar a los

1.1 Antecedentes de la investigación. Construcción etnográfica desde mi experiencia en el campo

1.1.3 Entrevistar, observar y participar. Delimitación y alcances del trabajo de campo Opté por dos métodos cualitativos que se complementaran para interactuar y escuchar a los

estudiantes de bachillerato, a la vez que exploraba, desde su contexto escolar, sus tramas y condiciones familiares y la región escolar en que habían cursado sus estudios. En primer lugar, busqué un acercamiento etnográfico por medio de la observación participante en dos planteles de bachillerato, ya que el método etnográfico intenta estudiar las distintas sociedades y grupos a partir del análisis de sus productos materiales, las intenciones y conductas sociales y los productos simbólicos (Rubio y Varas, 2004).

El segundo método fue la recuperación de las historias escolares de los jóvenes, a través de entrevistas semiestructuradas que recuperaron su discurso respecto a sus experiencias en las

16 Me interesaba conocer las instalaciones del campus de la BUAP en Tehuacán; porque algunos jóvenes del COBAEV lo consideran como una opción, incluso más que la UV o el Tecnológico. Por otro lado, entre los jóvenes de Tehuipango, Tehuacán era la referencia de un lugar de trabajo, de compras e incluso de paseo.

escuelas desde educación básica hasta la media superior, qué elementos de su vida familiar y comunitaria habían retomado en su vida escolar, cuáles eran las principales motivaciones y conflictos que habían tenido que enfrentar para continuar estudiando. Considerando estos aspectos iniciales, diseñé un instrumento que, en el campo, se fue adaptando a medida que emergieron temas y personas que entrevistar. Si bien en un principio había considerado entrevistar a estudiantes, familia y profesores de bachillerato, en el campo tuve necesidad de entrevistar a estudiantes y egresados universitarios, así como asesores de CONAFE, profesores de educación básica y educación superior.

En términos cuantitativos, tuve tres instrumentos: 1) estudiantes de bachillerato, 2) estudiantes universitarios y 3) profesores (ver Cuadro 1). Entrevisté a 111 estudiantes, 24 profesores y seis padres y madres de familia. Transcribí parte del total de entrevistas, pero también busqué apoyo. Aquellas que no transcribí, al recibirlas, volvía a escucharlas para dar seguimiento a la transcripción. Tuve algunas conversaciones informales y entrevistas con personas de la localidad que, en conjunto, contribuyeron para tener un panorama general del contexto escolar y social de la sierra de Zongolica (ver Anexo 9).

La entrevista para estudiantes de bachillerato consta de seis secciones, en tanto que las de estudiantes universitarios y de profesores tienen cinco. Cada sección se afinó gracias a las primeras entrevistas, mismas que mostraron la necesidad de incluir otros informantes.

Cuadro 1. Secciones de las entrevistas realizadas

Estudiantes Profesores

Bachillerato Universitarios Educación básica

Educación media superior

Educación superior Retrospectiva del

estudiante sobre sus estudios.

Retrospectiva del estudiante sobre sus estudios.

Ser profesor en la sierra de Zongolica.

Opinión sobre los estudios.

Opinión sobre la institución y la atención que recibe.

Institución: qué ofrece, su constitución, necesidades, financiamiento, interculturalidad y vinculación con la comunidad u otras instituciones.

Participación en su comunidad.

Participación en su comunidad.

Opinión sobre la región escolar y sus necesidades educativas y problemáticas sociales.

Vínculos personales, familiares y de apoyo.

Construcción de vínculos personales, familiares, laborales y de apoyo.

Consideraciones sobre sus estudiantes.

Perspectivas al

egresar del

bachillerato.

Prospectiva del estudiante

universitario.

Relación con la localidad de trabajo.

Expectativas sobre la educación superior.

La experiencia en campo implicó el reconocimiento de los límites del diseño metodológico propuesto: a) Reducir el número de planteles inicialmente considerados; b) Redefinir informantes; c) Incluir el seguimiento de redes sociales (de planteles educativos, oficinas de ayuntamientos, de grupos abiertos de algunas localidades y de radiodifusoras de la sierra de Zongolica) con la intención de tener un panorama general de lo que ocurría en la sierra.

Si bien realicé la mayoría de las actividades que propuse en mi plan de trabajo, no entrevisté a expertos en el tema y tampoco hice las entrevistas a estudiantes y profesores de la UVI, como lo tenía planeado. En el primer caso, fue una decisión metodológica, ya que desde el inicio tenía un número amplio de sujetos por entrevistar y en el campo emergieron más; tuve que priorizar, y para mí fue más importante recuperar las voces de los egresados y de estudiantes universitarios.

Fue arriesgado pretender trabajar en cuatro y luego tres escuelas, sobre todo porque el tiempo y la circunstancias no me dieron para hacer el mismo tipo de trabajo en los tres planteles;

sin embargo, ahora tengo un panorama general de cómo se dan las relaciones y dinámicas escolares desde dos subsistemas de educación media superior, cómo se relacionan entre sí y con la comunidad. Ante esta situación, en conjunto con mi asesora, optamos por dejar fuera las entrevistas realizadas a los estudiantes del CBTA.

Otra decisión, provocada por tener varios espacios de participación, fue el registro del diario de campo, ya que prácticamente todo el día tenía actividad; así que opté por registrar en este solo lo ocurrido directamente al interior de la escuela y en notas de campo aquello que pudiera relacionarse directa o indirectamente con los estudiantes y el plantel (como el acercamiento a las autoridades municipales en Zongolica y el curso de lengua náhuatl). En el

diario de campo y en las notas escribí en primera persona lo que veía y vivía, recuperé las palabras de los profesores y estudiantes, sobre todo si se trataba de describir una conversación entre ellos;

al final de cada semana incluí una reflexión sobre las dudas, curiosidades y ansiedades que me habían generado las actividades en la escuela. Las notas de campo son concretas y detallan lo ocurrido en un determinado momento.

Las limitaciones que estuvieron presentes y constantes en campo fueron aquellas inherentes a mí, como mi temor por platicar o exponer mi información personal a extraños, por lo que en muchas ocasiones, sobre todo estando en Zongolica, me costó iniciar conversaciones con personas de la localidad. Las entrevistas que realicé a estudiantes y profesores fueron limitadas por este temor, sobre todo cuando tenía que preguntar cómo estaba integrada su familia, pensaba que para algunos podría ser una pregunta invasiva, porque para mí lo es en ocasiones, así que, al realizarla, con frecuencia mi voz era baja o temblorosa.

Intenté estar pendiente de las preguntas o momentos que podrían ser incómodos para las personas a quienes entrevisté, por lo que, en ocasiones, con el afán de ser respetuosa, me quedaba con ganas de preguntar más o de profundizar en un tema. Lo mismo ocurría cuando solicitaba una entrevista y me percataba de que, aunque me decían que sí, no estaban dispuestos, por lo que insistía en dos ocasiones y, si no se concretaba, la dejaba pasar.

Al respecto, debo decir que desde mi llegada al campo me preocupaba ser lo menos invasiva posible, ya que con frecuencia este fue uno de los temas abordados en las clases de metodología; el tema de la ética era un tema constante y que nos recomendaban cuidar. Había conocido metodologías colaborativas y militantes, desde las que me hubiera gustado poder diseñar mi proyecto de investigación; sin embargo, estando en campo me di cuenta, por ejemplo, de que con los meses que estuve en la sierra de Zongolica apenas estaba en posibilidades de ser identificada y reconocida; entendí que una metodología de este tipo lleva más tiempo e implica mayor experiencia de mi parte como antropóloga educativa.

Otra cuestión de la que me di cuenta fue el hecho de que mi participación como maestra en la sierra de Zongolica, pero, sobre todo, como estudiante de posgrado, me otorgaba una posición de ventaja con respecto a los profesores que trabajan en esta, porque incluso si el diseño metodológico de mi investigación hubiera sido colaborativo, siempre tuve la posibilidad de salir del campo en cualquier momento, por el contrario de los profesores que tienen que esperar años para que los cambien de plantel, localidad o de zona escolar.

Considerar la sierra de Zongolica como una región escolar fue decisión tomada a partir de

trabajar en distintos espacios educativos y localidades; pero, sobre todo, de la convivencia con los profesores que trabajan en la región, conocer sus formas de desplazamiento, la manera en que van resolviendo sus necesidades, las redes que han creado, la activación económica que representa su presencia y lo vulnerables que pueden llegar a sentirse ante la violencia, de ahí que considero este es un alcance en terminos metológicos para el análisis de las rutas e historias escolares y los mundos figurados de los estudiantes.

1.2 Construcción de un sujeto teórico: estudiantes indígenas en bachilleratos