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Identidad genérica

2.1 Marco teórico conceptual

2.3.3 Identidad genérica

Lagarde (1998), la define como la experiencia del sujeto en torno a su ser y existir de acuerdo a su género. Contiene elementos descriptivos, interpretativos y elementos sin elaborar, puede estar más o menos ligada a la realidad inmediata.

Así mismo, la identidad se conforma por medio de las significaciones culturales aprendidas y por las creaciones que el sujeto realiza por su experiencia a partir de ellas. “La identidad se refiere al conjunto de pensamientos y afectos que los otros y el sujeto tienen sobre su vida, sobre los otros y el mundo. Además, compromete representaciones imaginarias del sujeto y también dimensión simbólica del mismo”

(Lagarde, 1998: 26).

Lagarde (1998) explica que las sociedades están organizadas genéricamente, ya que todas las personas tienen identidad de género. Por lo que, cada quien se percibe como mujer u hombre por todos los hechos de su existencia.

      

13 Androcentrismo: una de las manifestaciones del sexismo que consiste en tomar al hombre varón como el prototipo o modelo de lo humano y su perspectiva como el punto de vista de la humanidad.

Bajo esta forma de sexismo, el hombre y lo masculino son entendidos como centrales a la experiencia humana mientras que la mujer y lo femenino son entendidas como “lo otro” o “lo específico y particular” (Diccionario de la transgresión feminista, 2012). 

La identidad de género es el proceso elaborado a partir de las definiciones sociales recibidas y las autodefiniciones de los sujetos. Beltrán y otras autoras, (2008) señalan que la identidad genérica funciona como un criterio de diferencia entre varones y mujeres de pertenencia o adscripción a unos modos de sentimientos y comportamientos que en una sociedad concreta se han definido como femeninos o masculinos. De esta manera, se crea en la sociedad la idea de distinción entre varones y mujeres, así como la idea de semejanza en el seno del colectivo previamente construido (Lorber (1994), en Banchs, s/a).

Las atribuciones de género de acuerdo a Beltrán y otras autoras (2008), son criterios sociales, materiales y biológicos que las personas de una determinada sociedad utilizan para identificar a otros, en este caso como hombres y mujeres.

Esta asignación o atribución de género se realiza desde el momento del conocimiento o percepción de las diferencias anatómicas. Pero es importante destacar que, las definiciones sociales, de creencias, de valores y de normas son ampliamente compartidas por los miembros de una sociedad que inciden en las representaciones acerca de los roles que han de desempeñar.

A partir de ser mujer u hombre adoptan, costumbres, características y cualidades que los definen como parte de su identidad genérica “En las sociedades organizadas todas las personas tienen identidad de género, cada quien se siente y se sabe que es mujer o es hombre, más allá de su voluntad y aún de su conciencia su modo de vida está genéricamente determinado y todos los hechos de su existencia tienen la impronta de género” (Lagarde, 1998: 29).

A las mujeres culturalmente se les han atribuido ciertas características y comportamientos a partir de su identidad genérica y su naturaleza biológica:

Lo cultural es lo que crea la identidad de las mujeres y su homogenización con la naturaleza: si la mujer es naturaleza, su historia es su historia de su cuerpo, pero de un cuerpo del cual ella no es dueña porque solo existe como objeto para otros, o en función de otros, en torno al cual se centra una vida que es la historia de una expropiación (Basaglia (1983), en Lagarde, 2015: 25).

Es por eso que a las mujeres, se les ha impuesto un deber ser en esta sociedad

“La condición de la mujer es una creación histórica cuyo contenido es el conjunto de circunstancias, cualidades y características esenciales que definen a la mujer como ser social y cultural genérico: ser de y para los otros” (Lagarde, 2015: 33).

Otro aspecto es la subjetividad de las mujeres que se desprende tanto de sus formas de ser y estar, así como del lugar que ocupan en el mundo, de acuerdo a lo que culturalmente se les ha atribuido por su identidad de género:

Por subjetividad entiendo la particular concepción del mundo y de la vida del sujeto. Está constituida por el conjunto de normas, valores, creencias lenguajes y formas de aprehender el mundo, consientes e inconscientes.

Se estructura a partir del lugar que ocupa el sujeto en la sociedad y se organiza en torno a formas de percibir, de sentir, de racionalizar y de accionar sobre la realidad (Lagarde, 2015: 34).

La subjetividad depende del entorno en el que viven y ven el mundo, a partir de las creencias y costumbres que les transmitieron sus familias y del contexto en el que se desarrollan, “la subjetividad de las mujeres es la particular e individual concepción del mundo y de la vida que cada mujer elabora partir de su condición genérica y de todas sus adscripciones socioculturales, es decir de su situación vital específica, con elementos de diversas concepciones del mundo que ella sintetiza” (Lagarde, 2015: 34).

El patriarcado es posible a medida que las mujeres, lo adopten y lo reproduzcan a través de sus prácticas socioculturales “A su vez las mujeres están controladas por el patriarcado, porque pretende identificarse con la instauración de un orden simbólico que se considera como definitorio de la cultura en cuanto a su inserción de la discontinuidad y de la metáfora” (Amorós, 19991: 69).

Lagarde (2015), manifiesta que la condición histórica es el conjunto de circunstancias, cualidades y características que definen a la mujer como un ser social y cultural genérico. Además, cada mujer se constituye y tiene como identidad esa síntesis de hechos sociales y culturales que confluyen en ella y son

únicos, pero al mismo tiempo, por semejanza permiten identificarse con otras mujeres.

Las mujeres particularmente están determinadas por un conjunto de definiciones y relaciones sociales como las genéricas, las cuales son: las de clase, de edad, de escolaridad, de religión, de nacionalidad, de trabajo, de acceso al bienestar y a la salud, a sus espacios y territorios urbanos o rurales, escolarizados, artesanales, agrarios o fabriles, artísticos, políticos etcétera (Lagarde, 2015).

Además, la mujer se define por su sexualidad en el ámbito de la naturaleza como una esencia más allá de nacer, frente al hombre que se define por el trabajo. Es por ello que De Beauvoir (1949), indica que toda mujer está condicionada por su constitución biológica; el patriarcado la define como una matriz, un ovario; es decir una hembra, por lo que, no se nace mujer sino se llega a serlo, pues ningún destino biológico, psíquico o económico define la figura que reviste en el seno de la sociedad de la hembra humana, sino es el conjunto de la civilización el que elabora ese producto intermedio entre el macho y el castrado al que se califica de femenino. Así mismo el termino Mujer proviene del latín que significa mollities el cual tenía como significado en el siglo l “personas incompletas, débiles, carentes de fuerza de voluntad y control”.

La construcción de identidad de las mujeres se construye desde la niñez, donde la madre le enseña a ser y comportarse como tal, pues le da por amigas a otras niñas, le eligen los libros y los juegos que la inician en su destino, le vierte en el oído los tesoros de la prudencia femenina, le proponen virtudes femeninas, la instruyen a cocinar, a coser y a cuidar de la casa, al mismo tiempo le enseñan la higiene personal, el encanto y el pudor; la visten con ropas incómodas y preciosas;

la peinan de manera complicada; le imponen normas de compostura como mantenerse erguida, no andes con cualquier hombre. Así mismo, para ser graciosa, deberá reprimir sus movimientos espontáneos; se le pide que no adopte aires de chico frustrado, se le prohíben los ejercicios violentos, como el pelearse y

la comprometen a convertirse en una sirvienta con sus mayores y en un ídolo para la familia (De Beauvoir, 2005).