Capítulo IV Hallazgos e Interpretación
4.3 Las mujeres jóvenes de Cuautepec Barrio Alto como las responsables de los cuidados del
4.3.2 Una juventud dedicada al cuidado de los otros
Así mismo, se encontró en Cuautepec Barrio Alto que el cuerpo femenino no es autónomo, sino esclavo de su rol genérico en la sociedad patriarcal, porque sus actividades y horarios dependen de los otros, a tal grado que carga al otro dentro y fuera de su cuerpo ya que lo cuida, lo protege y pone todos sus sueños y metas en él; al respecto se encuentran los siguientes testimonios:
“La llegada de la niña me hizo pensar y decidir tengo que acabar porque tengo que darle un futuro a esta niña” “mis metas a futuro son forjar a mis hijos para que tomen buenas decisiones”
(Estefanía, 22 años).
“Mis planes a futuro son en aspectos de familia que mis hijos se dediquen a algo que disfruten hacer” (Viviana, 25 años).
No obstante, esta construcción patriarcal del deber ser que se le ha asignado a las mujeres de esta zona como parte de su identidad genérica, provoca una desestabilización o frustración emocional en ellas, ya que por un lado se sienten plenas por cumplir con la responsabilidad y cuidado del bienestar de los hijos/as y marido, en contraparte se saben y se sienten incompletas por no cumplir sueños y metas; como se observa en el siguiente testimonio:
“Sí me causó un sentimiento el dejar de estudiar, porque me siento como impotente, estancada y siento que se me cortó algo, o sea yo veo a mis hijas y las quiero y todo, pero otra parte de mí dice yo creo que podías hacer algo más y no lo hiciste” (Karen, 21 años).
Lagarde (2015) señala que ni las actividades de la mujer son vistas como trabajo, ni el sostén del hombre es visto como salario. La madresposa no es la asalariada sino es la mantenida y por tanto el conyugue ejerce formas de dominio sobre ella mediante el dinero. De igual manera se identifica cómo algunas jóvenes de Cuautepec son dependientes de su pareja, porque el único ingreso monetario que tienen es el de él y éste es destinado para las necesidades de la familia, ya que no
son dueñas del dinero sino administradoras controladas y el trabajo que realizan en casa durante las 24 horas es sin paga; al respecto obsérvese los siguientes testimonios:
“Yo me encargo de mis hijos y de las labores domésticas del hogar y mi esposo es el que trabaja” (Marlene, 25 años).
“Mi esposo es el que trabaja y es él el que nos mantiene”
(Estefanía, 22 años).
“Yo soy la encargada de mis hijas, diario me levanto y preparo lo que se vaya a llevar mi pareja a trabajar” (Karen, 21 años).
Las mujeres que trabajan también reproducen su deber ser de y para los otros, a través de lo económico, dado que cumplen con su rol de madre y esposa para atender y cuidar del ahogar y la familia, y por otro lado con las labores de empleada asalariada del lugar en el que están prestando sus servicios, del cual, obtienen un sueldo y lo utilizan para los mismo gastos de la familia. Pero cabe destacar que para algunos hombres esto es algo catastrófico, porque a veces la cónyuge llega a tener más ingresos que él, lo que le hace sentirse humillado y se cree que se pone en tela de juicio su masculinidad, además siente perder la autoridad y control sobre su pareja y hogar; como se puede observar en el siguiente testimonio:
“A mí me gusta trabajar, entonces hubo un tiempo en el que a él le iba bien, pero después le empezó a ir mal y yo ganaba un poco mejor y para él sí era así como que tú estás ganando más y nunca me lo dijo pero yo sí lo noté que no le gustaba. Incluso un tiempo se quedó sin trabajo y yo era la que trabajaba y yo le decía ponte hacer algo y me contestaba me estás humillando cómo me vas a poner a mí a trapear y que tienda tu cama” (Viviana 25 años).
Para finalizar, esta asignación del cuidado y responsabilidad del bienestar de los otros/as que se ha impuesto a las mujeres como parte de su género es una construcción cultural aprendida, por lo que INMUJERES (2007) indica que puede ser susceptible a modificarse. Por ende, los testimonios de Cuautepec de Barrio Alto consideran que no solo las mujeres son las responsables de las labores domésticas y narran que en ocasiones sus parejas cooperan con los trabajos del hogar, sin embargo en sus respuestas anteriores se puede observar que por su arraigo cultural, no se desprenden de sus roles genéricos, pero en la formación de sus hijos tratan de romper con esta práctica; los siguientes testimonios lo muestran:
“Y sí creo que hombres y mujeres deben participar en las labores domésticas, yo creo que los dos debemos de cooperar en el hogar porque ahí vivimos los dos, además, de cuidar a las niñas porque son hijas de las dos y no por el hecho de que yo sea mujer, quiera decir que yo tenga que cuidarlas, entonces él en las mañanas debe levantar su taza y si le da tiempo la lava, porque yo creo que se casan para tener una pareja, no una sirvienta” (Karen, 21 años).
“Yo pienso que hombres y mujeres deben apoyar en las actividades domésticas incluso a mis hijo yo los educo por igual, ya que los dos deben de ayudar” (Estefanía, 22 años).
“Cuando está mi pareja me ayuda a tender camas, a barrer, hacer la comida, porque yo considero que los dos somos iguales y que el hombre podemos hacer cosas porque tenemos pies y manos”
(Marlene, 25 años).
“Sí y no creo que hombres y mujeres deben participar en las actividades domésticas en casa sé que un hombre no se le rompen las uñas por trapear, barrer y lavar trastes, pero a veces
nosotras como mujeres no podemos hacer las mismas cosas como ellos porque están muy pesadas, por eso mismo no puedo decir que todo podemos hacer por igual” (Dulce, 20 años).
4.4 La significación de amor romántico de las mujeres jóvenes de Cuautepec