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El impacto de la pandemia por COVID-19 en la salud mental

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de la población migrante

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162 · CAPÍTULO 5

1. INTRODUCCIÓN

El 31 de diciembre de 2019 se informó sobre la presencia de casos de “neumonía vírica”

en Wuhan (República Popular China). Esta enfermedad estaba causada por el nuevo coronavirus conocido como SARS-CoV-2, y se la conoce como “COVID-19”. El 11 de marzo de 2020, la Organización Mundial de la Salud caracterizó al Covid-19 como pandemia.

Además de causar problemas sanitarios a nivel mundial, la pandemia ha tenido un impacto sin precedentes en la movilidad de las personas, tanto en la gestión migrato- ria y de fronteras como respecto de la situación de todas las personas en movimiento, incluyendo a quienes son desplazados por conflictos o desastres (OIM, 2020e).

La OIM considera que las personas migrantes presentan muchas de las mismas vulnerabilidades que el resto de los ciudadanos, pero a menudo en mayor medida.

Con frecuencia, estas poblaciones suelen alojarse en casas con muchas personas o tie- nen empleos a corto plazo o precarios en los que sus derechos suelen verse obstruidos.

Puede que tengan acceso limitado a servicios de salud pública o bien, por diversos motivos, teman acceder a ellos. Pueden también ser excluidos de los programas infor- mativos de salud pública o bien puede que, cuando reciben información, no cuenten con los medios financieros para poder manejar los períodos de aislamiento o cuaren- tena sugeridos por las autoridades sanitarias (OIM, 2020e).

La OMS reconoce que los efectos que la pandemia tiene sobre la salud no se de- tienen en las consecuencias físicas, sino que también afectan a la salud mental y el bienestar general de las personas. Es indudable que la adversidad asociada con las consecuencias socioeconómicas, la necesidad de distanciamiento físico, la cuarente- na, el miedo al virus y su propagación han tenido un fuerte impacto sobre la salud mental de las personas. Algunas reacciones esperables frente a la pandemia son el miedo, la tristeza, la ansiedad y la preocupación, y para un pequeño porcentaje de la población estas reacciones pueden empeorar y tornarse incapacitantes, más aún si la persona no puede acceder a atención en salud mental y apoyo psicosocial (OPS, 2020).

En el presente capítulo se desarrollará el impacto que la pandemia ha tenido sobre la salud mental y el bienestar de las personas migrantes, entendiendo que estas en- frentan muchas de las mismas vulnerabilidades que el resto de la población, pero que, en algunos casos, sus condiciones de vida constituyen un factor adicional a considerar.

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2. COVID-19 Y SALUD MENTAL EN LA POBLACIÓN EN GENERAL

Debido a que la pandemia por COVID-19 fue identificada en la República Popular China, este país ha publicado varios estudios respecto a sus efectos. Por ejemplo, la Comisión Nacional de Salud de la República Popular China ha divulgado documentos con direc- trices desde enero de 2020, que van desde la notificación de los principios para la in- tervención de emergencia en crisis psicológicas para la epidemia de COVID-19, hasta la notificación de las pautas para las líneas directas de asistencia psicológica. Algunas autoridades en la temática han llamado la atención sobre poblaciones de pacientes que pueden necesitar intervenciones personalizadas: adultos mayores y trabajadores migrantes internacionales (Liem et al., 2020).

Liu y col. (2020) destaca que la epidemia de COVID-19 ha subrayado posibles bre- chas en los servicios de salud mental durante las emergencias, al tiempo que pone a prueba la capacidad de recuperación de las personas involucradas en el trabajo de la salud mental y los sistemas médicos. Se ha notado asimismo un aumento de los pro- blemas psicológicos durante esta epidemia, que incluyen ansiedad, depresión y estrés (Duan y Zhu, 2020) además de insomnio, negación, ira y miedo (Torales et al., 2020).

Por otra parte, considerando datos epidemiológicos de alto impacto, un metaanáli- sis reciente que evalúa el impacto del COVID-19 en la salud mental de personas de di- ferentes países, señala que la prevalencia combinada de ansiedad y depresión fue del 33% y 28% respectivamente. Esta prevalencia fue la más alta entre aquellas personas con afecciones preexistentes e infección por COVID-19 (56% y 55%), y fue similar entre el personal de salud y el público en general. Estudios en la República Popular China, la República Italiana, la República de Turquía, el Reino de España y la República Islámica de Irán informaron una prevalencia mayor que la agrupada entre los trabajadores de la salud y el público en general. Los factores de riesgo comunes incluyeron: ser mujeres, ser enfermeras, tener un nivel socioeconómico más bajo, tener un alto riesgo de con- traer COVID-19 y el aislamiento social. Los factores de protección incluyeron: tener su- ficientes recursos médicos, información actualizada y precisa y tomar medidas de pre- caución. En conclusión, las intervenciones psicológicas dirigidas a poblaciones de alto riesgo con gran sufrimiento psicológico son una necesidad urgente (Min Luo, 2020).

Asimismo, algunos estudios mencionan que podrían aumentar las tasas de suici- dios relacionadas con el COVID-19 (Sher, 2020). El aislamiento social, la ansiedad, el miedo al contagio, la incertidumbre, el estrés crónico y las dificultades económicas pueden conducir al desarrollo o exacerbación de trastornos depresivos, ansiedad, uso de sustancias y otros trastornos psiquiátricos en poblaciones vulnerables, incluidas personas con trastornos psiquiátricos preexistentes y personas que residen en áreas de alta prevalencia de COVID-19. Es probable que las consecuencias para la salud mental de la crisis de COVID-19, incluida la conducta suicida, estén presentes durante mucho tiempo y alcancen su punto máximo después de la pandemia (Sher, 2020).

Según un análisis de las Naciones Unidas realizado en 2020 en la República Argentina, en mujeres, niños, niñas y adolescentes, el impacto de la pandemia, es- pecíficamente de las medidas de aislamiento, puede afectar el acceso al cuidado de la salud, como por ejemplo: los controles prenatales, el acceso a medicamentos, los tratamientos de anticoncepción, los controles del desarrollo infantil, entre otros. Esta situación afecta el crecimiento, desarrollo y bienestar de estos grupos. En este mis- mo análisis se señala que la salud mental de niñas, niños y adolescentes puede verse afectada por el estrés, la angustia, el miedo y la presión por el cumplimiento de las tareas escolares a distancia o virtualmente ya que no siempre se cuenta con el apoyo,

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el equipamiento o la conexión a internet para el correcto desarrollo de éstas. A su vez, la dificultad para implementar medidas de higiene en los sectores más vulnerables expone aún más a estas poblaciones a contraer COVID-19 y otras enfermedades infec- tocontagiosas. Adicionalmente, el informe menciona que, según una encuesta rápida realizada por UNICEF a más de 2600 hogares con el objetivo de captar percepciones y actitudes frente a la pandemia y a las medidas adoptadas por el gobierno argentino, el 36% de las y los adolescentes participantes del estudio manifiesta sentirse asustado (22,5%), angustiado (15,7%) o deprimido (6,3%) (UNICEF, 2020).

FIGURA 16:COVID-19 Y SUS EFECTOS SOBRE LA SALUD MENTAL DE LA POBLACIÓN

FUENTE: ELABORACIÓN PROPIA Efectos de la epidemia COVID y las medidas restrictivas sobre la salud mental de la población

ANSIEDAD DEPRESIÓN

INSOMNIO IRA

MIEDO NEGACIÓN

ESTRÉS

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3. IMPACTOS DE LA PANDEMIA EN LA

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