CAPÍTULO 3. DESPERSONALIZACIÓN Y CONDICIÓN HUMANA, MÁS ALLÁ
3.1 L A CONDICIÓN HUMANA : DISQUISICIONES SOBRE LA VIDA PÚBLICA Y PRIVADA
3.1.1 E L ANIMAL LABORANS Y SU AUSENCIA DEL ESPACIO PÚBLICO
La labor, al ser una de las actividades de la vita activa, tiene como base la atención de las necesidades del cuerpo. Los individuos, en aras de mantenerse con vida, se comportan como siervos de la necesidad. Consumen su existencia en el ciclo de la labor que encuentra su fin solo con la muerte. Comer y dormir son actividades que no necesitan de la presencia de los otros para llevarse a cabo, de ahí que la vida laboriosa se lleve a cabo en soledad.
De acuerdo con Arendt (2014), la labor refiere al proceso biológico del cuerpo. A través de ella, el individuo se enfrenta a un bucle sin fin que lo mantiene con vida.
Se adentra en la servidumbre de la necesidad, permanece en la esfera privada y muchas veces deja a un lado su capacidad de acción y, con ello, el aparecer en el espacio público. Por esta razón, es posible decir, en términos arendtianos, que los individuos del mundo moderno son siervos de la necesidad. Se distancian de lo público y viven su vida lejos de la acción. Así pues, en la época actual, sin personas que actúen y sí con individuos que laboran, persiste el conformismo. La
43 comodidad ante ese estilo de vida que no demanda la injerencia en los asuntos públicos es creciente.
Lo público se da ahí donde las voces son escuchadas y los actos son vistos. El espacio público, que abarca la esfera de lo común, es donde, a través de la palabra, es posible entenderse con los otros y gracias a la acción se logra la distinción de los demás. La esfera pública es tal gracias a la multiplicidad de perspectivas, se debe a la existencia de innumerables posturas que hacen que el espacio público sea, que cobre sentido. Sin embargo, en el mundo actual, en la modernidad realmente existente, los hombres están encerrados en su propia experiencia (Arendt, 2014). Ante este escenario, la destrucción de la pluralidad humana se vuelve una constante.
El proceso de la vida, entiéndase labor, ha establecido su dominio en la época actual. Se ha extendido al grado de ocupar más espacio del que le correspondía, situación que ha provocado la decadencia de la esfera pública, la mecanización de la vida y la ausencia de acción. De acuerdo con Arendt (2014), se ha perdido el interés por añadir algo nuevo al mundo19. Ya no interesa aparecer en el espacio público y diferenciarse del resto a través de la acción y el discurso. Por el contrario, se asume una actitud indiferente en la que es preferible pasar desapercibido y no cuestionar la realidad que hacerse notar.
La esclavitud moderna, esa dedicación exclusiva a la labor, propicia la falta de visibilidad y abraza la inacción, ese no dejar huella de la propia existencia en el mundo. Al permanecer alejados del mundo común, los individuos se enfrentan a una despotencialización política que los coloca fuera, al margen y en la periferia, sin capacidad real de acción e injerencia en la esfera pública. Para Arendt (2014), el fin del mundo se da cuando este se ve bajo un solo aspecto. Al ver desde una
19 Para Arendt (2014) la inmortalidad refiere a la duración en el tiempo, a permanecer en el mundo a pesar de haber muerto. Situación que se logra al añadir algo al mundo común a través de la acción, de ahí que su filosofía sea una de la acción y la natalidad.
44 sola perspectiva, los individuos no se responsabilizan del mundo20. Se traslada la responsabilidad personal al colectivo, a un gobierno impersonal. Con ello se hace evidente que la cotidianidad de la sociedad contemporánea está permeada por un fuerte individualismo que lleva a que el mundo compartido deje de tener sentido.
Si bien la esfera pública al igual que el mundo separa y une a los hombres, esta se enriquece por el hecho de que, al reunir en ella posturas disímiles en torno a los asuntos humanos, propicia el diálogo entre diferentes. Es en ella que los actos y los discursos son susceptibles de ser vistos y escuchados, llegando a cobrar sentido al momento de encontrarse ante los ojos y oídos de los Otros. Esta se erosiona a través de la imposición de discursos, de la construcción de verdades incuestionables y de la ejecución de cursos de acción que no consideran la pluralidad de individuos. Al cerrarse al diálogo, el animal laborans, los individuos que permanecen sujetos a la labor, no escuchan la multiplicidad de voces y se niegan a ver las diferencias.
Los olvidos inducidos, esa invisibilización de cuerpos que va en aumento, se torna como una constante del mundo moderno. Situación que daña la esfera pública debido a que esta no puede ser sin la existencia y presencia de singularidades, de sujetos diferentes que conciben la realidad desde una muy particular posición. La creciente homogeneización decanta en la reificación.
Dicha homogeneización de la vida erosiona el espacio público a la par que dificulta la emergencia y desarrollo de la acción y el discurso. Ambas actividades hacen de los hombres seres iguales en cuanto a capacidad para ejercerlas y diferentes en lo que respecta al modo de proceder y de ver la realidad desde su muy peculiar circunstancia, sin dejar a un lado su identidad.
20 Distanciarse de los asuntos humanos es resultado del olvido de que “aquello <<por lo>> que soy responsable está fuera de mí, pero se halla en el campo de acción de mi poder, remitido a él o amenazado por él” (Jonas, 1995, p. 163). Así, al soslayar que el Otro es ante quien se ejerce la responsabilidad, se deja atrás el respeto por la alteridad y las diferencias.
45 Empero, esto no sucede así. El adjetivo común, no indica la preminencia o existencia de un solo modo de percibir la realidad sino, por el contrario, es común porque se comparte desde distintas trincheras. Cada uno ve y escucha desde lugares distintos, a través de momentos experienciales que condicionan sus posturas. Al ser aquello que separa pero que también une, el mundo es aprehendido de innumerables maneras. No obstante, al pretender tener de él una sola perspectiva, una visión única, lo que se obtiene no es la unión de la esfera pública, del mundo, sino su aniquilación.
Concebir el mundo desde una sola perspectiva constituye un ataque directo a las singularidades. Es una amenaza para la capacidad de discurso y acción, que son las actividades que diferencian a los individuos. Al atacar las particularidades la narración del mundo pierde sentido. La construcción de un metarrelato a cargo de unos pocos y su consecuente imposición al resto de habitantes, es solo una muestra de que el espacio público, ese lugar común, es herido de muerte. La esfera pública, según Arendt (2014) es tal a razón de la multiplicidad de perspectivas. Esta se debe a la existencia de innumerables personas que ven y escuchan desde lugares distintos y es erosionada cuando se pretende su homogeneización y el daño a la pluralidad humana, negando toda posibilidad de acción, haciendo de los individuos seres laborantes y autómatas.