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La democracia en los tiempos del mercado

dos l\ El que los partidos de oposición tuviesen economistas con acceso a círcu- los financieros internacionales podría interpretarse como una señal de confianza.

En el primer gobierno de la Concertación (1990-94), las estrategias eco- nómicas y políticas fueron cuidadosamente coordinadas. Existió un compro- miso claro de preservar el modelo de equilibrio macroeconómico y el creci- miento de las exportaciones. El diseño de la política social se concibió como complementario y parte integral de las políticas económicas (Raczynski, 1994). El compromiso de reducir la pobreza y mejorar la distribución del ingreso se realizaría gradualmente y estaría respaldado por la armonización de las demandas sociales, las reformas tributarias y el aumento de la produc- tividad. El gobierno alentó los pactos sociales entre las organizaciones labo- rales y empresariales y negoció importantes medidas con las fuerzas de la

oposición. La administración contó con un amplio equipo de personas cuali- ficadas que había trabajado juntas durante varios años.

El ministro de Hacienda, Alejandro Foxley, fue el responsable de formar el equipo económico. En varias de sus publicaciones Foxley había perfilado su visión de un proyecto nacional viable y consensuado para asegurar el desarrollo y la gobernabilidad. Foxley insistió en reducir fuentes de incerti- dumbre durante la transición, clarificando aspectos del programa de la Con- certación que pudieran resultar en ambigüedades y conflictos dentro de la coalición de gobierno15. El economista Carlos Ominami, Ministro de Econo- mía en el gobierno de Aylwin, actuó como contraparte de Foxley dentro del bloque socialista. Ambos negociaron la formulación final del programa de gobierno.

El economista Edgardo Boeninger, antiguo director del CED, es recono- cido como el "ingeniero" del consenso que prevaleció durante la administra- ción de Aylwin. Desde su posición como Ministro Secretario de la Presiden- cia, Boeninger coordinó el llamado "partido transversal", una amplia red de técnicos del Estado, cuyas identidades políticas se subordinaron para ayudar así a preservar la cohesión y estabilidad de las políticas del gobierno.

La búsqueda de consenso dentro del gobierno fue bien recibida entre los economistas de la oposición, como se demostró en las negociaciones de las reformas tributarias en 1990. Aunque en la UDI —el segundo partido más importante de la derecha— los economistas neoliberales defendían el legado de Pinochet, en Renovación Nacional, los jóvenes tecnócratas apoyaron la reforma tributaria como parte de su campaña para darle al partido una ima- gen de modernidad y credibilidad democrática (Boylan, en prensa). Esto creó tensiones con algunas personalidades del partido. "Debo confesar que

15 Para un análisis detallado de la carrera de Foxley y de su trayectoria intelectual, véase Giraldo, 1997.

existen pequeños sectores en Renovación Nacional que continúan en la lógi- ca del siglo XX, la lógica de la confrontación, sin comprender la dinámica de los tiempos modernos. Con ellos no me siento cómodo", expresó el sena- dor Sebastián Pinera en una entrevista16.

Tensiones similares surgieron en los partidos del centro y de izquierda.

Esta innovadora coalición de centro-izquierda, al tratar de preservar los logros económicos, impuso un "estilo político elitista" (Petras y Leiva, 1994,121). Durante estos primeros años, los partidos no habían desarrollado aún canales de comunicación con las bases sociales y no habían alcanzado solidez suficiente como para desafiar al bien consolidado equipo de gobier- no. En general, se reconocía que para asegurar una transición fluida, las autoridades de gobierno requerían flexibilidad estratégica y que algunas demandas no podían expresarse. Paradógicamente, la reconstrucción de la democracia obligó a los activistas de los partidos a jugar un papel relativa- mente secundario.

La autonomía del gobierno y de los tecnócratas en los partidos, aunque tolerada, creó resentimiento. Mientras los economistas defendían la austeridad fiscal, la pobreza seguía afectando a millones y las demandas sociales seguían insatisfechas. Además las organizaciones laborales eran cooptadas para parti-

cipar en pactos que limitaban los salarios. Todo esto parecía traicionar las tra- diciones redistributivas y combativas del pasado. El énfasis en la moderación, el pragmatismo y el consenso y las negociaciones directas entre el ejecutivo y el Congreso parecían esfuerzos deliberados para reducir la participación de los partidos en la toma de decisiones. Desde que el presidente Frei entró en fun- ciones en 1994, la difícil relación entre el gobierno y los partidos ha empeora- do. En varias ocasiones se ha advertido que la estabilidad de la coalición de partidos podría estar en peligro y que la transición está "congelada".

En 1995, los sondeos de opinión pública señalaban una creciente desafec- ción hacia la política y los políticos. Los partidos de la Concertación iniciaron una serie de reuniones para debatir asuntos relacionados con su funcionamien- to interno. Los conflictos respecto al futuro de los partidos como organizacio- nes políticas son cada vez más abiertos. Tanto entre los socialistas como entre los demócrata cristianos, los líderes más tradicionales, cuyas bases de poder se

16 A los tres meses de inscribirse en Renovación Nacional, Pinera, que es doctor en economía por la Universidad de Harvard, pasó a ser miembro de la Comisión Política del partido. Al referirse a las ten- siones dentro del partido, en la misma entrevista señaló: "El partido ha entrado en un período de madu- rez, El congreso del partido ya no pertenece a alguien determinado, pertenece a la reflexión, a la razón y a la inteligencia". Hoy na. 785, agosto 3-9,1992,19.

redujeron durante el régimen militar, están compitiendo con líderes más prag- máticos y más tecnocráticos, muchos de los cuales son economistas.

Con respecto a estos conflictos, un ex-Ministro de Economía en el gobierno de Aylwin expresó: "Los economistas transmiten las nuevas ten- dencias internacionales a los partidos. Su grado de convergencia es tan ele- vado que es difícil decir a qué partido pertenecen. Sin embargo, a medida que los políticos tradicionales recuperan influencia, muchos economistas dejan la militancia de partido. Para ellos, una cruzada contra aquellos líderes no resulta atractiva"17.

Algunos de los economistas en altos cargos en los partidos experimentaron una conversión más total en su nuevo papel político. Sus carreras políticas eran distintas a las carreras seguidas por los dirigentes de la vieja guardia de los partidos. Sus conocimientos especializados les daban ventaja sobre los

"chuchoqueros" (los políticos más habladores, pero menos analíticos). "Los demagogos están desacreditados ahora que los líderes deben estar preparados para operar políticamente en campos más complejos... y ahora que el merca- do se ha extendido en áreas que antes no imaginábamos", expresó el senador Sergio Bitar, un economista de izquierda18. El diputado demócrata cristiano Gutemberg Martínez coincidió en que el valor del mercado, la eficiencia y \a iniciativa privada están ahora más incorporados completamente integrados y que los elementos técnicos son cada vez más reconocidos. Según él, el "prin- cipio de eficiencia como valor político ha sido aceptado"I9.

Para hacer frente a los desafíos del mercado y de los nuevos temas en las políticas públicas (salud, divorcio, aborto, discriminación de sexo, medio ambiente), las facciones renovadas de los partidos de la Concertación propo- nen hacer reformas organizacionales, modificar las rutinas de los partidos y los sistemas de decisiones. Algunos incluso han sugerido cambiar los símbo- los del partido20. Según ellos, los partidos son entidades atrasadas, con lega-

17 Entrevista COT Jorge MarsMI, actual Víceprestóerte del Banco Cenfrgí, junio 19,1995. Esta y otras enimvistas citadas en este trabajo se efectuaron telefónicamente.

is Entrevista, junio 13,1995.

13 Entrevista, junio 21,1995. Asimismo, las transformaciones internas se interpretan como maneras, de acomodar ia organización del partido a la nueva estructura administrativa del Estado. Por ejemplo, en 1995, el partido Demócrata Cristiano cambió sus estatutos para mejorar su presencia a nivel municipal.

20 En lo que aparece como la más atrevida propuesta para una reestructuración estratégica del sis- tema de partidos, Carlos Altamirano, antiguo líder del ala izquierda del partido socialista que giró hacia una pedición más moderada durante sus años de exilio, propuso la necesidad de "repensar todas nues- tras categorías" y se declaró a favor de la Mura fusión estratégica deí PPD y los partidos socialista y demócrata cristiano, los fres principales socios de la Concertación {El Mercurio, May 21, 1995: D2-4).

dos culturales e institucionales que les impiden adaptarse a los nuevos tiem- pos. Considérese esta cita tomada de un reciente discurso del senador socia- lista Carlos Ominami, doctor en economía:

Los partidos políticos, no importa cuan larga y heroica sea su trayec- toria, sólo se justifican en tanto instrumentos de causas que los trascien- den ... Pienso que nuestro partido no está a la altura de las circunstancias ... los partidos... requieren desplegar también una gran capacidad de transformación de sí mismos ...la actividad del partido ha declinado ...La empresa, el mercado, la mtemacionalización o globalizacióñ son concep- tos que entran con gran dificultad en nuestro esquemas tradicionales de pensamiento ... con una regulación apropiada y una equitativa distribu- ción del ingreso, el mercado es más democrático y menos arbitrario que los sistemas de planificación centralizada. En consecuencia, debemos encontrar en el desarrollo hacia afuera, la globalizacióñ y una economía privada, las fuerzas que nos otorgen un nuevo impulso. Requerimos de una

sustamial redefiniáón ideológica ... de una readecuación orgánica y de una actualización simbólica ...el énfasis debe estar puesto en la sociedad civil, en la capacidad de la propia gente para asumir sus problemas11.

Transformar la inercia de los partidos, los términos del debate intelectual y el dicurso partidario ha sido una tarea difícil debido a que los partidos en tanto organizaciones tienden a ser conservadores22. Las coaliciones forma- das por pragmáticos t innovadores se han enfrentado a aquellos que defien- den intereses electorales, aquellos que quieren mantener principios tradicio- nales y resisten la "penetración tecnocrática".

El senador Ricardo Hormazábal, líder del ala más izquierdista del partido Demócrata Cristiano que perdió la presidencia del partido frente a Alejandro Foxley en 1994, se quejó de que la naturaleza de la vida política ha pasado del debate ideológico a la administración del poder Según él, este cambio debilita los grandes proyectos históricos, conduce a una pérdida de valores y aumenta el riesgo de corrupción23. También se quejó de que su partido per-

21 Carlos Ominami, "Un socialismo renovado. Para reconstruir una gran fuerza de Izquierda", Ver- sión preliminar, junio, láñS,

& Para un análisis teórico del cambio crganizacional en los partidos políticos, véase Panebíanco, 1988,243-250.

23 La relación entre la "pragmatización" de la política y la corrupción fue mencionada en muchas de mis entrevistas. El diputado Ignacio Salbontín explicó que para "prevenir el surgimiento de la corrup- ción", el partido Demócrata Cristiano na hecho cambios para estar más abierto y con una comunicación más fluida con la sociedad (entrevista, junio 13, 1995). El problema de la corrupción se debatió en un seminario organizado en Santiago por la Fundación Eduardo Frei en 1993. Las presentaciones se publi- caron con el título La democracia combate la corrupción.

dio votos en las elecciones de 1993. El partido dijo, está requiriendo menos compromiso de parte de los militantes y no está suficientemente preocupado de la socialización doctrinal de sus miembros,24

Quienes critican que los líderes de la Concertación usan "conceptos neo- liberales" advierten el peligro de definir la modernidad como la búsqueda de eficiencia. La aceptación del economicismo, dicen, lleva al abandono de los principios y las ideologías. Además, grupos no representativos pueden fácil- mente apropiarse del partido. En su opinión, algunos de los economistas- políticos tienden a comportarse como "free-riders", manejando sus campa- ñas políticas no en torno a ios recursos del partido sino coa personas no

afiliadas, como si fuesen empresas25. Un demócrata cristiano indicó: "existe poca participación dentro del partido. Se invita sólo a aquellos que tienen conocimiento en áreas específicas". Un sociólogo en el partido demócrta cristiano añadió: "Los economistas han tenido éxito en imponer el principio de equilibrio macroeconómico como si fuese una norma de sobrevivencia.

Pero este consenso no fue sujeto a discusión, y muchos no estuvieron clara- mente en contra porque no querían ser acusados de populistas"26.

Otros entrevistados mencionaron la brecha de comunicación entre los tec- nócratas del partido, que tratan de explicar el éxito económico del país, y las bases sociales, que siguen siendo pobres y esperan de sus líderes un estilo más asistencialista. Un dirigente parafraseó lo que la gente en la base del partido expresa: "Estamos en el poder, dicen que lo estamos haciendo bien, pero no nos han dado nada". Los partidos están contratando a personas no-militantes para que realicen tareas burocráticas, porque "la lealtad al partido ya no se premia con empleos". Quizá este es un signo de la creciente profesionaliza- ción en la organización partidaria, lo que de acuerdo con Panebianco, es una tendencia general en los partidos políticos contemporáneos (1988,230).

Conclusión

Durante las últimas cuatro décadas, cada uno de los proyectos tecnocráti- cos en Chile ha sido justificado en nombre de la modernización. Desde los

24 Entrevista, junio 19,1995.

25 En mayo de 1995, el Vicepresidente del partido Demócrata Cristiano causó controversia pública al criticar que Alejandro Fwtey, tí presidente del partido, estaba tomando decistoftfes con un equipo que era paralelo al liderazgo del partido (El Mercurio, mayo 25,199S, C6).

26 Entrevistas con miembros de los partidos socialista y demócrata cristiano, junio 8 y junio 20,1995.

años 60, gobiernos con diferentes ideologías y programas de reforma, han promovido el ascenso gradual de los economistas a altas posiciones en el aparato de gobierno. Los economistas lograron especial prominencia bajo el régimen militar, cuando las políticas de mercado de los Chicago Boys con- solidaron la influencia de los expertos en nuevas áreas de políticas públicas y cambiaron la trayectoria de desarrollo del país. En la fase de transición democrática, el tema de la modernización quizá se ha utilizado con más fre- cuencia que nunca, puesto que los economistas, convertidos en políticos, fueron actores centrales en la moderación de conflictos y en la búsqueda de la gobernabilidad.

¿Continuará el modo tecnocrático influyendo el tono y contenido de la política chilena?. Los desafíos del mercado y la preservación de un desem- peño macroeconómico impresionante están presionando para que se abando- ne la lucha política convencional referida a las clases sociales. Los logros económicos del modelo chileno, que continúa siendo mundialmente alaba- do, constituyen una fuente poderosa de legitimidad para aquellos que defien- den los cambios en el discurso político y la renovación de las organizaciones partidarias.

Sin embargo, debido a que muchos asuntos permanecen sin resolver, parece haber una creciente urgencia por clarificar el significado de la moder- nización y de la democracia. Casi un tercio de la población todavía vive en la pobreza, cientos de casos de abusos de derechos humanos aún tienen que ser sancionados y la Constitución actual permite que permanezcan los

"enclaves autoritarios"27. Como se ha indicado en este trabajo, muchos

—incluso los "tecnopols"— parecen ávidos por rescatar la política de la tor- peza del pragmatismo, pero la construcción de instituciones políticas alter- nativas más democráticas sólo parecen estar en sus fase inicial.

27 El último se manifestó claramente en la crisis de 1995 en que los militares desafiaron una orden judicial condenando a un general del Ejército en retiro acusado de violaciones de los derechos huma- nos. En una entrevista en un periódico, el diputado socialista José Antonio Viera-Gallo expresó desola- ción, al analizar la manera en que este incidente ponía de manifiesto las limitaciones del gobierno y la autonomía relativa de las fuerzas armadas: "Muchas contradicciones que permanecían latentes han surgido ahora", señaló, "las élites chilenas ... sólo querían ver los aspectos positivos ... y de pronto, apa- rece el verdadero Chile, con todos sus agobios, sus injusticias y sus contradicciones ... no sé si hemos efectuado la transición de manera correcta" El Mercurio, Edición Internacional, junio 15-21,6.

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