6. Bilbao en la II República y la Guerra Civil (1931-1937)
6.3. La gran conflictividad del Bilbao republicano
vizcaíno destacaron el viejo dirigente histórico socialista Facundo Perezagua, Leandro Carro y Dolores Ibárruri (Pasionaria). Ambas organizaciones de extrema izquierda no publicaron periódicos en Bilbao durante la República, pero sí en la Guerra Civil: CNTdel Norte y la revista Horizontes, los anarquistas; Euzkadi Roja, los comunistas.
no. Desde 1934, coincidiendo con una cierta mejoría de la situación económica, la conflictividad laboral disminuyó y los sindicatos ten- dieron a colaborar y a aproximarse entre ellos, como prueba la pro- liferación de las Alianzas Obreras en Vizcaya en 1935.
La conflictividad por motivos religiosos fue muy importante en el País Vasco. No en vano la cuestión religiosa fue una de las claves de la II República, uno de los cleavages de su sistema de partidos y la causa principal de la escasa integración de Euskadi en el régimen republicano al restarle legitimidad y al ser un factor de inestabili- dad. Sus manifestaciones más graves se dieron en el bienio azañista, como reacción a la política anticlerical del Gobierno y de las Cortes Constituyentes, al afectar mucho a los católicos vascos la quema de conventos, la expulsión del obispo de Vitoria Mateo Múgica y la de- tención de su vicario en 1931, el polémico artículo 26 de la Consti- tución republicana, la disolución de la Compañía de Jesús en 1932, la Ley de Congregaciones Religiosas de 1933, etc. La virulenta pro- testa de la prensa católica y nacionalista vasca dio lugar a su suspen- sión por el Gobierno de Alcalá-Zamora en el verano de 1931, dejan- do de salir uno o dos meses los diarios bilbaínos Euzkadi, La Tarde y La Gaceta del Norte.
El PNVy las derechas bilbaínas rechazaron la propuesta de Prie- to y el Ayuntamiento de Bilbao para crear la Universidad pública vasca en la sede de la Universidad de Deusto, incautada a los jesui- tas en 1932. Al año siguiente, el divorcio entre la mayoría munici- pal de izquierdas y los católicos bilbaínos estalló al aprobar la de- molición del monumento al Sagrado Corazón de Jesús los concejales republicanos y socialistas, con la oposición frontal de los regidores nacionalistas y monárquicos, provocando manifesta- ciones de católicos y disturbios populares ante el enorme monu- mento de la Gran Vía, erigido durante la Dictadura de Primo de Rivera.
El tema religioso era, sin duda, el que más acercaba al PNVa las derechas, como sucedió en 1931 con la coalición de Estella, y el que más le alejaba de las izquierdas. Pero desde el segundo semestre de 1933, al término del bienio azañista, dejó de ser conflictivo y los ca- tólicos vascos, nacionalistas y españolistas, pasaron a enfrentarse en las elecciones, desapareciendo así su unidad de los comienzos de la República. Al final de ésta, el factor religioso perdió gran parte de
su incidencia política en Euskadi, lo cual coadyuvó a la mejora de las relaciones entre el nacionalismo confesional y las izquierdas laicas, que mitigaron su anticlericalismo.
La conflictividad política fue la más acusada en Bilbao por la gran rivalidad existente entre los partidos, especialmente entre el
PNVy el PSOEdesde su fundación en el Bilbao finisecular. Téngase en cuenta que ninguno era hegemónico, pues había equilibrio de fuer- zas entre las derechas y las izquierdas. La lucha política adquirió con frecuencia un carácter violento, con un reguero de muertos y heri- dos en la capital vizcaína y los pueblos de su hinterland, debido a que los partidos disponían de grupos juveniles de choque: los requetés carlistas, los mendigoxales nacionalistas, las milicias socialistas y comu- nistas...
La confrontación ideológica y la violencia política fueron muy intensas entre el PNV y el Bloque republicano-socialista durante el primer bienio, culminando con los graves sucesos de mayo de 1933 acaecidos en Bilbao, con ocasión de la visita del presidente Alcalá- Zamora y la huelga general declarada por STV, así como en Baracal- do, Sestao y Galdácano, sucesos que fueron objeto de debate parla- mentario en las Cortes.
La cuestión autonómica, la columna vertebral de la política vas- ca en la República, tenía mucho que ver con esta exacerbación de la contienda política. En 1931, la defensa o el ataque al Estatuto de Estella dividió en dos bloques antagónicos a derechas (PNVinclui- do) e izquierdas. El Ayuntamiento de Bilbao lo rechazó y no acudió a la Asamblea de Estella, donde lo aprobaron tres cuartas partes de los municipios vasco-navarros.
En 1932-1933, los nacionalistas y los republicano-socialistas apo- yaban el Estatuto de las Comisiones Gestoras provinciales, pero su falta de entendimiento político hizo que el proceso autonómico marchase lentamente. Esto contribuyó a la radicalización indepen- dentista de un sector del PNV, sobre todo sus juventudes en Bilbao y el semanario Jagi-Jagi, muy perseguido por el Gobernador Civil de Vizcaya.
Al mismo tiempo, las izquierdas perdían interés por la autono- mía porque la mayoría del País Vasco no era republicana y porque sería rentabilizada por el PNV; de ahí que propugnasen republicani- zar Euskadi antes de aprobar el Estatuto. En cambio, ANVy algunos
republicanos vasquistas opinaban lo contrario: que el retraso auto- nómico era una de las causas de la violencia política desatada.
La violencia disminuyó desde el verano de 1933 y el Estatuto fue plebiscitado con éxito el 5 de noviembre, a pesar de que en el últi- mo momento las izquierdas bilbaínas, a través de El Liberal y La Lu- cha de Clases, se desmarcaron de él y propugnaron la abstención en el referéndum por celebrarse dos semanas antes de las elecciones le- gislativas y por falta de garantías democráticas al no permitir el Go- bierno de Martínez Barrio la presencia de interventores de los par- tidos. Aun así, el Estatuto alcanzó una votación abrumadora en Bilbao (el 94% de su electorado votó afirmativamente), incluso en los distritos obreros, feudos del socialismo, de Estación (91%) y Bil- bao la Vieja (89%), votación superior a la de Vizcaya (88%) y a la de Euskadi (84%), lo cual corrobora la existencia de numerosos frau- des en el plebiscito autonómico vasco.
En el bienio radical-cedista o contrarreformador, la confronta- ción política cambió en Bilbao. En 1934 la conflictividad entre el
PNVy el PSOEtendió a desaparecer, mientras aumentaba el enfrenta- miento entre las derechas y las izquierdas (éstas llevaron a cabo dos huelgas generales de carácter político a principios de dicho año en Bilbao), así como entre el PNVy las derechas al bloquear éstas el Es- tatuto en las Cortes.
En el tenso verano de 1934, nacionalistas y republicano-socialis- tas se aproximaron entre sí y se enfrentaron al Gobierno de Samper (Partido Radical), apoyado por la CEDA, en defensa del Concierto económico, que consideraban amenazado por el denominado esta- tuto del vino. El Ayuntamiento de Bilbao se situó a la cabeza de la re- belión de los municipios vascos, por lo que el gobernador civil de Vizcaya destituyó a su alcalde, el republicano Ernesto Ercoreca, y a cinco tenientes de alcalde. El resto de la corporación dimitió, sien- do sustituida por una comisión gestora derechista. La mayoría de los concejales socialistas, republicanos y nacionalistas fueron deteni- dos, encarcelados y juzgados (seis fueron inhabilitados). Tras el triunfo electoral del Frente Popular, todos ellos fueron amnistiados y repuestos en sus cargos del consistorio bilbaíno.
La culminación de la gran conflictividad política en la República fue la revolución de octubre de 1934, organizada en Bilbao por va- rios regidores socialistas. A pesar de disponer de hombres y arma-
mento en abundancia, y a diferencia de otras localidades vascas (Eibar, Mondragón, los pueblos de la margen izquierda del Ner- vión...), en Bilbao no hubo revolución propiamente dicha ni insu- rrección. Pero la huelga general, que duró la semana del 5 al 12, fue sangrienta en la capital vizcaína, pues los tiroteos entre los piquetes y las fuerzas de orden público causaron 16 de los 42 muertos que hubo en el País Vasco. El fracaso de la revolución de octubre en Bil- bao se debió a la pasividad de la dirección socialista, que fue deteni- da en seguida, y a la enérgica actuación del gobernador civil, que conocía de antemano los preparativos revolucionarios.
La represión gubernativa, que contó con la colaboración de las derechas, fue muy dura y hubo numerosos detenidos en la cárcel de Larrínaga y en un barco-prisión fondeado en la Ría. Se centró sobre todo en los partidos y sindicatos obreros (PSOE, PCE, UGT); pero al- canzó también a STVy al PNV, cuyos centros bilbaínos fueron clausu- rados y los miembros del BBB, encarcelados dos meses. La persecu- ción al nacionalismo fue injustificada, pues el PNV no había participado en la revolución, sino que se había mantenido neutral, y contribuyó a profundizar el abismo que le separaba de las dere- chas monárquicas y católicas, quienes le acusaron de haber sido cómplice de la revolución socialista.