DESARROLLO DE ACTIVIDADES COMUNICATIVAS
2. LA MOTIVACIÓN
Siguiendo a Bernaus (cfr. 2001:79-113), la motivación forma parte de los factores in- ternos que afectan al proceso de aprendizaje de una lengua extranjera, y junto con la actitud, constituyen lo que este autor considera factores afectivos.
No hay una única definición de motivación, sino que varía según se atienda a unos princi- pios u otros (cfr. Brown: 2000, 160-161). De esta manera, para los conductistas la motivación reside en la inclinación del individuo para recibir una recompensa por su trabajo. Desde este punto de vista, la persona depende de fuerzas externas. Cuántas veces llevamos al aula esta perspectiva de la motivación, cuando a los alumnos les animamos a conseguir algún premio por su tarea, como puede ser ganar puntos positivos por su buena actuación. En términos cognitivos, la motivación surge para dar respuesta a las necesidades internas, tales como la manipulación, la exploración, la actividad, la estimulación, el conocimiento. Dicha perspectiva también está presente en el aula cuando incentivamos en los alumnos la búsqueda de información o de datos necesarios para dar respuesta a sus inquietudes o preguntas. Por último, para los constructivistas, es el contexto social el que hace que un individuo se sienta motivado o no a realizar una acción, aunque sólo sea por el hecho de que está bien o mal visto socialmente. En este punto, son muchas las oportunidades que aprovechamos en el aula para potenciar la motivación bajo el prisma cons- tructivista, tales como, la realización de tareas en grupo, en las que cada componente del mismo ha de ser responsable del trabajo encomendado, del cual depende el buen resultado del grupo.
Es cierto que las descripciones del concepto de motivación presentadas en el párrafo ante- rior, no se ajustan únicamente al aprendizaje de una lengua extranjera, sino que son posibilidades existentes en todo el proceso docente. Sin embargo, hay varios autores que han investigado el tema de la motivación en el contexto del aprendizaje de una lengua extranjera. Así destacan:
Masgoret y Gardner (2003), Gardner y Lambert (1972) o Dörnyei (2001). Todos ellos reconocen que es preciso distinguir dos aspectos esenciales: las necesidades comunicativas del alumno y la actitud hacia la comunidad hablante de esa lengua. Así lo recogen Lightbown y Spada (2006:63):
“if learners need to speak the second language in a wide range of social situations or to fulfil professional ambitions, they will perceive the communicative value of the se- cond language and will therefore be motivated to acquire proficiency in it. Likewise, if learners have favourable attitudes towards the speakers of the language, they will desire more contact with them.”
En las orientaciones metodológicas que se ofrecen al profesorado en el Currículo de la ESO se explicita la necesidad de motivar al alumnado para que el proceso de enseñanza y aprendizaje lleve buen rumbo:
“la motivación del alumnado hacia el aprendizaje aumenta cuando conoce el sentido de lo que hace; tiene posibilidad de implicarse en la tarea desde la definición de los objetivos hasta la evaluación, pasando por la posibilidad de elección de las activida- des; puede aplicar lo aprendido en otras situaciones y se le da la posibilidad de com- partir socialmente el aprendizaje” (Decreto 69/2007)1
De acuerdo con esta orientación pedagógica del currículo se encuentra la aportación de Little y Perclová (2003), quienes recogen la falta de motivación de los alumnos como el pro- blema que con más frecuencia mencionan los profesores de idiomas, al exponer las dificulta- des con las que se enfrentan en su labor diaria de aula. Para solucionar dicho problema, Little y Perclová (2003) proponen invitar a los alumnos a que expresen lo que encuentran interesante en la clase y hacerles compartir la responsabilidad de asegurar que lo que sucede en el aula ha de ser interesante y útil para ellos. Este enfoque centrado en el alumno lo integra en su propio proceso de enseñanza y aprendizaje de una LE, haciéndoles responsable de elecciones que, tradicionalmente, eran tomadas por el profesor, favoreciendo una actitud positiva hacia el aprendizaje.
La actitud es también determinante para el buen resultado del aprendizaje de una lengua.
Actitud que puede manifestarse hacia la cultura de la lengua extranjera o los hablantes de la misma; sin embargo, en un contexto de aula la actitud suele referirse hacia todo lo que envuel- ve el proceso de enseñanza y aprendizaje: el aula, el profesor, los compañeros, los materiales didácticos, las actividades, etc. Aunque Cesteros (2006:123) señala que “motivación y actitud no tienen porqué ir unidas siempre”, fueron Gardner y Lambert (1985) los que distinguieron una clasificación de la motivación estrechamente relacionada con la actitud. Se trata de dife- renciar entre la motivación integrativa y la motivación instrumental (en (Bernaus, 2001: 99).
La motivación integrativa se refiere a la actitud hacia la comunidad de hablantes de la lengua meta, del interés por el aprendizaje de L2 en general, del deseo de aprender y seguir apren- diendo una lengua y por el uso que hace de la lengua el alumno fuera del aula. La motivación instrumental expresaría el interés y el esfuerzo dedicado por el alumno para alcanzar objetivos
1 Decreto 69/2007, de 29-05-2007, por el que se establece y ordena el currículo de la Educación secunda- ria Obligatoria en la Comunidad Autónoma de Castilla la Mancha. Anexo IV. Orientaciones para el desarrollo de los procesos de enseñanza y aprendizaje. sección 2.3. Punto 4º.
muy concretos, tales como la consecución de un trabajo, la promoción a otro curso o aprobar un examen.
En las orientaciones metodológicas que el Currículo de la ESO propone para esta etapa educativa se encuentra la consideración del aula como “un espacio compartido y heterogéneo pues en él conviven personas con diferentes capacidades, ritmos y estilos de aprendizaje, mo- tivaciones e intereses, situaciones sociales, culturales, lingüísticas y, en su caso, de salud, con profesoras y profesores que también tienen diferencias” (Decreto 69/2007).2
En este sentido, cobra importancia la aportación de Lightbown y Spada (2006:64), quie- nes apuestan por favorecer las condiciones del aula para potenciar la motivación del alumno y así facilitar el aprendizaje:
“Teachers can make a positive contribution to student’s motivation to learn if classro- oms are places that students enjoy coming to because the content is interesting and relevant to their age and level of ability, the learning goal are challenging yet mana- geable and clear, and the atmosphere is supportive”.
Cuando un profesor se encuentra en un aula con alumnos determinados conviene que éstos sean el recurso para su práctica docente. En muchas ocasiones se tiende a poner ejem- plos usando nombres ficticios en la lengua extranjera; los alumnos no se sienten involucrados por considerarlos fuera de su ámbito familiar y personal. Todo cambia cuando ellos son los protagonistas de nuestros ejemplos o cuando se les pide que nos cuenten, usando la L2, si ha faltado algún compañero a la clase, si tienen mucha tarea de otras asignaturas, sus planes para el fin de semana o si se han enterado de la última noticia relacionada con su equipo favorito de fútbol o el equipo local de balonmano. En definitiva, acercarles temas de conversación de los que hablan en su lengua materna con los compañeros o incluso con el profesor cuando entran al aula. Todo ello favorecerá el diálogo natural entre profesores y alumnos.
El aula de lenguas extranjeras se convierte en un contexto social, como apunta Littlewo- od (2003:44). En este sentido, cobra importancia la consideración del alumno o usuario de la lengua como un “agente social”, acepción expresada en el MCER (2002: 9). Será por tanto en el contexto social del aula donde tengan lugar los actos comunicativos necesarios para que los alumnos adquieran la competencia precisa para desenvolverse en situaciones variadas de habla. Sacar provecho de esa realidad comunicativa del aula posibilita que el alumno reci- ba información significativa en L2 y pueda interactuar tanto con el profesor como con sus compañeros haciendo uso de la lengua extranjera. En este aspecto, ha de tenerse en cuenta la investigación de Crookes y Schmidt (1991) quienes señalan cómo el profesor ha de motivar a los alumnos en el desarrollo de las clases, variando el tipo de actividades y materiales, así como programando objetivos basados en la cooperación de los alumnos, antes que en la com- petitividad entre ellos. Estos principios se insertan en las características de la enseñanza co-
2 Decreto 69/2007, de 29-05-2007, por el que se establece y ordena el currículo de la Educación secunda- ria Obligatoria en la Comunidad Autónoma de Castilla la Mancha. Anexo IV. Orientaciones para el desarrollo de los procesos de enseñanza y aprendizaje. sección 2.3. Punto 9º.
municativa de la lengua; por tanto, resulta imprescindible echar una mirada a las actividades comunicativas con las que se quiere favorecer la motivación de los alumnos, así como facilitar su aprendizaje.