G. DISCUSIÓN
2. MEDICIONES
Fuerza muscular
Las principales mejoras de nuestro estudio se produjeron en la fuerza muscular de los miembros inferiores, con un aumento del 19% en sólo ocho semanas, y según nuestra revisión bibliográfica el nuestro es el primer estudio de entrenamiento de fuerza muscular que incluye sólo a ancianos nonagenarios (todos nuestros participantes tenían 90 años o más).
El número de estudios aleatorios de fuerza con carga progresiva publicados en ancianos de más de 80 años de edad es limitado, como también lo es el de estudios en ancianos que miden la fuerza muscular en prensa de piernas. Sólo encontramos un estudio, en el que se consiguió un aumento del 17% (~14 kg) en la fuerza muscular en ancianos de 83 años de edad media [342], con una ganancia similar a la observada en nuestro estudio.
En la mayoría de las investigaciones con entrenamiento de fuerza con carga progresiva en ancianos mayores, miden la fuerza en extensión de rodillas (en lugar de la fuerza en prensa de piernas) y encuentran ganancias superiores a las señaladas aquí (174% [90], 24% [339], 34% [331], 134% [334], 28% [343], 41% [316] y 26% [317]). No obstante, la ganancia relativa en fuerza muscular (%) depende de diversos factores que varían considerablemente de un estudio a otro (como la fuerza inicial de los participantes [316], el protocolo utilizado, la intensidad del entrenamiento y características de los participantes [317]), entonces dificulta el poder establecer comparaciones.
La ganancia de fuerza observada en la mayoría de los estudios en ancianos con más de 80 años de edad es atribuida a la mejora neural que ocurre durante las dos primeras semanas de entrenamiento [90]. Por tanto, el aumento en fuerza es, más atribuible a una adaptación neuromuscular que a un incremento en la
139 masa muscular [339]. En un estudio reciente se señalaba que la hipertrofia muscular no podría ocurrir después de los 80 años de edad [317], lo cual refuerza la importancia de encontrar mejoras en fuerza en personas nonagenarias.
También pensamos que un aspecto importante de nuestro estudio fue el haber realizado un período de familiarización con los aparatos de ejercicios. Por otro lado, al igual que ocurre en los jóvenes, la fuerza muscular no se mantiene en los ancianos mayores cuando se interrumpe el entrenamiento [90].
Consecuentemente, la evidencia científica indica que un corto período de desentrenamiento causa una gran pérdida de fuerza muscular y rendimiento respecto al período de entrenamiento [328]. En nuestro estudio, durante el período de desentrenamiento los participantes del grupo Intervención manifestaron una disminución de la fuerza muscular de tan sólo el 3% al comparar los valores post-entrenamiento con los valores obtenidos al final del período de desentrenamiento. En cambio, Fiatarone y colaboradores (1990) [90] tuvieron una pérdida del 32% de fuerza muscular durante cuatro semanas de desentrenamiento, mientras que Kalapotharakos y colaboradores (2010) [328] obtuvieron una disminución de la fuerza muscular del 60 al 87% tras seis semanas de desentrenamiento. En ambos estudios la duración del entrenamiento fue la misma que en nuestra investigación, pero el período de familiarización fue más corto. En nuestro estudio el grupo Intervención incluso mantuvo una ganancia del 9% de fuerza muscular respecto a su fuerza inicial (pre-intervención) tras el período de desentrenamiento. Este resultado indica que un entrenamiento de fuerza de intensidad baja-moderada puede aminorar la pérdida de fuerza muscular en ancianos mayores institucionalizados.
Además, la significativa correlación que existe entre los cambios en fuerza muscular y rendimiento físico post-intervención con este tipo de poblaciones,
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confirmaría la importancia del fortalecimiento muscular en los ancianos, dado que la capacidad funcional de esta población está muy condicionada y limitada por la fuerza muscular [289].
Rendimiento funcional o Velocidad de marcha
Si bien el cambio en la velocidad de marcha tras el entrenamiento en el grupo Intervención no llegó al nivel de significación estadística fijada e incluso se mantuvo por debajo de los parámetros mínimos considerados para una marcha normal, la tendencia fue positiva (17% de mejora). Así, es posible que sean necesarios programas más prolongados para visualizar mejoras. La literatura indica que la velocidad de marcha disminuye a partir de la séptima década alrededor de un 20%, existiendo una posible relación lineal entre la velocidad de marcha y la fuerza en los miembros inferiores [339]. Al parecer, los participantes con un nivel de fuerza por debajo de un determinado umbral son los que más se podrían beneficiar de un programa de entrenamiento de fuerza muscular [238]. No obstante, las mejoras en la velocidad de marcha se han visto en ancianos sometidos a estudios de mayor duración [312]. Un estudio de doce semanas señaló mejoras en la velocidad de marcha en un 4%
(1.43 a 1.49 m/s; p= 0.05), en aquellos participantes que caminaron inicialmente más lento [329]. En nuestro estudio, el aumento en la velocidad de marcha de 0.38 a 0.42 m/s en el grupo Intervención no fue significativo, y concordando con estos resultados tampoco se obtuvieron mejoras en el test de Tinetti (que valora la capacidad de marcha y equilibrio).
La capacidad de marcha normal depende de diversos factores, como son el control del músculo esquelético, la coordinación (patrón espinal y cerebro neuronas), el grado de preservación de la función cognitiva o el estado anímico [359]. Dentro de nuestra muestra, tres participantes del grupo Intervención
141 con FAC 0-3 no fueron capaces de realizar el test de velocidad de marcha pre- intervención, uno de ellos logró marchar post-intervención, pero durante el período de desentrenamiento volvió a su punto de partida. Mientras que, en el grupo Control con FAC 0-3, existieron dos 2 participantes sin capacidad de marcha pre-intervención y ambos mejoraron durante el estudio. Sin embargo, esto no quiere decir que fueron capaces de caminar por si solos o que caminaron más independientes.
Por lo tanto, los resultados en la velocidad de marcha en una población con un alto nivel de dependencia y mala capacidad de marcha deben ser analizados con cautela para no causar confusión.
La ausencia de mejoras significativas en las otras mediciones de rendimiento funcional (prensión de mano, levantarse y caminar y subir escaleras), como se ha visto en otros estudios en ancianos mayores [289,328,336,339], puede ser debida a la debilidad muscular y limitación inicial de nuestros participantes.
Por otra parte, estos test también pueden estar interferidos por el nivel cognitivo.
o Resistencia aeróbica
Nuestros resultados en el test de resistencia aeróbica (cantidad de pasos en dos minutos) tanto en los participantes del grupo Intervención como en los del grupo Control están por debajo del rango aceptable para esta edad, situado entre 44 a 72 pasos para las mujeres, y 52 a 86 pasos para los hombres [294].
El grupo Intervención no manifestó modificaciones tras el entrenamiento como era de esperar, dado que no se trabajó esta cualidad. La posible justificación al aumento en la resistencia aeróbica en el grupo Control puede ser atribuida al trabajo de rehabilitación de la marcha que los terapeutas realizaban diariamente y al cual ellos estaban más expuestos (cinco días a la semana), donde una mínima intensidad puede causar grandes mejoras en
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personas muy desentrenadas, sin que ello implique mejoras en su capacidad funcional.
Además, estudios previos han mostrado que existe una asociación entre la capacidad funcional y la resistencia aeróbica en los ancianos considerando el estado cognitivo [289].
Capacidad funcional o Índice de Barthel
Nuestros resultados en el Índice de Barthel post-intervención coinciden con los hallazgos de estudios anteriores [229,339,340,360]. A pesar de no manifestar una mejora significativa, en el grupo Intervención, pensamos que la ganancia ya descrita en la fuerza muscular de las extremidades inferiores contribuyó a que los participantes del grupo Intervención no empeorasen su nivel de discapacidad en las AVD durante el período de desentrenamiento. En efecto, el empeoramiento ocurrió en el grupo Control tanto en el Índice de Barthel total como en los tres ítems de movilidad durante el período de desentrenamiento.
La literatura indica que en las personas con demencia empeora más rápidamente la capacidad de realizar AVD debido, principalmente, a la inactividad física que a su enfermedad en sí, indicando la necesidad de soporte social y de realizar actividad física con regularidad [229]. El 35% de los participantes en nuestro estudio presentaban demencia, y el grupo Intervención no declinó en el Índice de Barthel durante todo el estudio. Esto deja de manifiesto el potencial de nuestro protocolo de entrenamiento para el mantenimiento de la capacidad para realizar AVD de movilidad en ancianos limitados funcionalmente. Esto enriquece aún más la evidencia a favor del ejercicio como una herramienta que puede contribuir a posponer la discapacidad y mantener la capacidad funcional [326], incluso en ancianos nonagenarios. El incremento en la fuerza muscular hace que las AVD como
143 caminar y levantarse de una silla sean más llevaderas, requieran menos esfuerzo y agotamiento en los ancianos [320]. No obstante pocos estudios han logrado demostrar que las mejoras en fuerza y potencia muscular se pueden transferir en mejoras en la capacidad de realizar AVD [336]. Un estudio mostró los beneficios a nivel funcional en ancianos incontinentes [361] y otro demostró mejoras en la independencia de los ancianos para trasladarse en silla de ruedas [362]. Para mejorar la capacidad funcional, posiblemente el entrenamiento deba incluir un mayor número de ejercicios centrados específicamente en la mejora de la capacidad para realizar AVD [333].
Calidad de vida
Si bien no existió una mejora global en el test de calidad de vida, si se manifestó una mejora en la dimensión de la función física en el grupo Intervención. La ganancia en fuerza muscular, el mantenimiento de la velocidad de marcha y de la capacidad de realizar AVD en el grupo Intervención tras el entrenamiento, posiblemente sean factores importantes que influyan en la satisfacción con la vida en los ancianos [229]. Además, nuestros participantes recibieron constantemente un refuerzo positivo para aguantar y superar la carga de trabajo, vinculado a potenciar su autonomía y capacidades físicas, como se ha hecho también en estudios anteriores con ancianos [363]. En un estudio, la ganancia de fuerza tras 8 semanas se reflejó en una mayor calidad de vida, con una disminución en la incidencia de depresión y ansiedad [332]. Sin embargo, Miller y colaboradores (2006) [341], en un estudio con ancianos mayores, no encontraron un cambio en la calidad de vida tras 12 semanas de entrenamiento. Al parecer un tiempo más prolongado en los programas de entrenamiento puede reportar mejoras significativas en la calidad de vida de los ancianos mayores, además de otras
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medidas, como por ejemplo el control en el dolor y las actividades sociales y de ocio [363].
Caídas
Otro aspecto clínicamente relevante en nuestro estudio fue la disminución de las caídas en el grupo Intervención. Nuestros participantes presentaban un alto riesgo de caer [343], y fueron capaces de mejorar la capacidad para prevenir las caídas tras el período de entrenamiento. A lo largo del estudio sólo el 15%
de los participantes del grupo Intervención reportaron una o más caídas mientras que en el grupo Control el porcentaje fue del 40%. En los ancianos de más de 80 años de edad, el miedo a caer debido a la artritis y la dificultad para transferirse desde sentado a una posición de pie, por debilidad muscular, son restricciones para la movilidad [312]. Estas restricciones pueden ser abordadas con un entrenamiento de fuerza muscular en los miembros inferiores, y adaptado a este tipo de población. La capacidad para realizar las AVD es compleja y multifactorial, e incluye no sólo al equilibrio si no otros factores como la fuerza, la propiocepción, la integridad del sistema neuromuscular, el dolor, la visión y en algunos casos el temor a caer [364]. Esto limita la velocidad de movimiento de los ancianos, no así la capacidad de realizar AVD de manera independiente. Una cualidad donde una progresión muy sutil muchas veces queda fuera de los registros de valoración del rendimiento funcional.