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Tratamiento

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A. INTRODUCCIÓN

4. SARCOPENIA

4.5 Tratamiento

Se han desarrollado numerosos tipos de tratamiento para revertir o retrasar el declive en masa y calidad muscular, que podemos agrupar en tratamientos hormonales, suplementos nutricionales y ejercicio físico [109].

4.5.1 Tratamiento hormonal

Distintos estudios demuestran como el tratamiento con testosterona puede producir un significativo incremento de masa y fuerza muscular, síntesis de proteínas musculares y densidad ósea en hombres ancianos, además de un aumento de la fuerza en mujeres ancianas. Estos cambios son acompañados con la elevación de la expresión del IGF-1. Sin embargo, la testosterona no es recomendable para el tratamiento de sarcopenia, debido al riesgo de efectos secundarios [143] como problemas en el hígado, atrofia testicular, incrementa el antígeno específico de la próstata, hematocrito, riesgo cardiovascular e hiperlipidemia [113,145]. En la mujer, la terapia con estrógenos orales puede producir una caída en la testosterona disponible para el mecanismo de la síntesis proteica y esta terapia es vinculada con acelerar la pérdida de masa muscular [106].

Estudios han señalado que la administración de GH o IGF-1 en mujeres ancianas produce un aumento del 50% en la síntesis de proteínas musculares. A su vez, este efecto es beneficioso para mejorar la percepción de bienestar, composición corporal, perfil lipídico y densidad ósea [100]. No obstante, aunque la citada terapia hormonal incrementa la masa muscular de personas ancianas, no consigue mejorar su fuerza ni su función muscular [143,167]. Estos cambios deben ser considerados con precaución debido a que la GH exógena incrementa la retención de agua, que puede ser malinterpretada como un incremento de masa magra [106]. Los eventos adversos a la utilización de esta terapia en los ancianos incluyen síntomas del

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túnel carpiano, ginecomastia, edemas, artralgia, diabetes e intolerancia a la glucosa. Por consiguiente, el alto costo de la terapia con GH en combinación con sus efectos secundarios es una limitación para su utilidad terapéutica [109].

La suplementación oral con DHEA en las personas ancianas restaura los niveles circulantes de esta hormona a niveles similares a los de personas jóvenes, e incrementa los niveles del IGF-1 en hombres y mujeres, los de testosterona en los hombres y los de estrógenos en la mujer. Sin embargo, no cambia la masa magra y disminuye el nivel del colesterol HDL (lipoproteína de alta densidad). Las terapias con hormonas de reemplazo de DHEA tampoco han mostrado efectos en el tamaño y función muscular [106].

Además, producen un pequeño incremento en los niveles séricos de testosterona y estradiol, particularmente en la mujer [109]. En resumen, los cambios conseguidos con tratamientos hormonales hasta ahora no son realmente beneficiosos y se asocian con frecuentes efectos secundarios, donde sus resultados han sido como mucho similares a los conseguidos solo con actividad física.

4.5.2 Suplementación nutricional

Estudios longitudinales han mostrado que ancianos con un elevado consumo de proteínas pierden menos masa muscular o ganan masa muscular a lo largo del tiempo, sugiriendo que la ingesta de proteínas puede ser un factor de riesgo modificable en la sarcopenia [168]. El consumo de proteínas en personas ancianas, es más efectivo si consiste en proteínas de alta calidad biológica y de digestión rápida [166,169] para favorecer la disponibilidad extracelular de aminoácidos y la síntesis proteica muscular. Han de consumirse preferentemente aminoácidos esenciales con alto porcentaje de leucina, y sin asociarse con hidratos de carbono, con el fin de que su efecto

55 anabólico sea más beneficioso en los ancianos (pues la resistencia a la insulina perjudica la síntesis proteica) [170,171]. Sin embargo, los aminoácidos esenciales son caros y no muy apetecibles al gusto [172].

Por otra parte, se ha visto que la suplementación nutricional con vitamina D no mejora la capacidad física ni la función muscular de los ancianos [173]. En cambio, la suplementación con vitamina E ha mostrado inducir una modesta mejora en el daño oxidativo que produce el ejercicio [111]. De todos modos, aún son necesarios más estudios para poder valorar la eficacia real y el cociente coste/ efectividad de esta suplementación [171]. Pese a todo, todavía no está claro si los suplementos nutricionales pueden aumentar la masa y fuerza en las personas ancianas cuando éstas no realizan a la vez un programa de entrenamiento de fuerza con carga progresiva [167].

4.5.3 Citoquinas anti inflamatorias

Las citoquinas pro-inflamatorias contribuyen de manera importante a la sarcopenia muscular en las enfermedades crónicas. De hecho, actualmente algunos investigadores están estudiando los efectos de las citoquinas anti- inflamatorias como anticuerpos y posible tratamiento contra la sarcopenia.

Por ejemplo, una droga llamada Talidomida es capaz de inhibir el ARNm del TNF α, atenuando la pérdida de masa muscular y se mejorando la función muscular en pacientes con cáncer [100]. Las técnicas de genómica y proteinómica nos permitirán conocer mejor la fisiopatología de la sarcopenia y por ende posibles enfoques terapéuticos [145].

4.5.4 Ejercicio

Parece evidente que, además de ser seguro, un entrenamiento de fuerza con carga progresiva puede incrementar la fuerza y masa muscular en personas ancianas, incluso si presentan enfermedades crónicas [90]. El ejercicio de fuerza podría ser una de las terapias más importantes para la prevención o

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tratamiento de la sarcopenia durante el envejecimiento [145]. En efecto, el entrenamiento de fuerza incrementa el tamaño muscular y contenido de proteínas contráctiles, mejorando la fuerza muscular con programas de entrenamiento en torno al 60-100% de una repetición máxima (RM) y que son acompañados con mejoras en la velocidad, capacidad de marcha, potencia y movilidad funcional [111].

El entrenamiento de fuerza incrementa el tamaño de las fibras tipo I y tipo II, la síntesis proteica de la MHC [145], eleva el número de mionucleos por fibra, además de incrementar la densidad capilar. El ejercicio de fuerza es efectivo para contrarrestar la atrofia muscular, favorece la expresión de enzimas anti-oxidantes, disminuye el daño oxidativo, e incrementa la actividad enzimática mitocondrial [174]. Este tipo de trabajo también permite incrementar la expresión de las MLC3, aumentando la velocidad de acortamiento de los sarcómeros [136].

Con el entrenamiento de fuerza el perfil de los genes expresados es altamente enriquecido, y mejora la transcripción de las proteínas mitocondriales [175]. La actividad física juega un papel importante en limitar la producción de radicales libres, además de reducir la necesidad extra de ingesta proteica, y de mejorar la eficiencia en la absorción de proteínas [100].

Estudios recientes han indicado que la sobrecarga muscular estimula una isoforma específica de IGF – 1 (MGF, mega factor de crecimiento) localizada en el tejido muscular. Esta isoforma específica estimula la proliferación de células satélites como respuesta a una lesión o sobrecarga muscular en los ancianos, aunque en menor medida que en los jóvenes [115]. Esta estimulación a través del ejercicio de fuerza en las células satélites incrementa el núcleo celular y ayuda a mantener el equilibrio con el citoplasma celular, además de reducir el ADNm mutante [176].

57 El ejercicio aeróbico también puede contribuir a una importante adaptación a nivel neuromuscular, especialmente en individuos sedentarios y sarcopénicos [106]. Todo esto contribuye a mejorar la función y rendimiento físico en las personas ancianas [100]. Los resultados de rendimiento físico y mediciones de fuerza muscular tienden a jugar un papel más importante en las investigaciones sobre sarcopenia. A día de hoy, las investigaciones sobre sarcopenia en ancianos, progresivamente se centran más en el componente funcional de la sarcopenia (pérdida de fuerza) otorgando así mayor relevancia a las mediciones de rendimiento físico [177]. En efecto, las mediciones de fuerza muscular pueden ser consideradas marcadores de bienestar y calidad muscular [100]. Las personas que mantienen altos niveles de actividad física a lo largo de su vida, mantienen una elevada funcionalidad física y es uno de los pocos tratamientos que está al alcance de casi todos y no requiere necesariamente suplementación farmacológica [113].

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