• No se han encontrado resultados

Mitos en torno al embarazo y maternidad adolescente

E L EMBARAZO ADOLESCENTE

1.9. Mitos en torno al embarazo y maternidad adolescente

En el mundo se presentan diferentes percepciones sobre el embarazo adolescente y la forma de prevenirlo, muchas de las cuales se basan en mitos, tradiciones, valores, creencias culturales, etc.

1.9.1. La maternidad idealizada

En Latinoamérica y el Caribe, el embarazo y la maternidad adolescente se encuentran mediados por construcciones sociales y representaciones culturales que refuerzan la maternidad y la idealizan. Como lo indican Salinas et al. (2014) “en algunos sectores sociales la maternidad se constituye simbólicamente en el paso hacia la adultez y mejoramiento de estatus dentro de la comunidad. Constituirse en madre es una manera de inspirar respeto” (p.16).

Por otro lado, en sectores pobres, en donde existe una fuerte estructura tradicional que refuerza e idealiza la maternidad, muchas adolescentes conciben sus proyectos de vida dentro del matrimonio, por tanto, un embarazo más que un problema es un hecho feliz. También, el embarazo se puede experimentar como una solución a la pobreza o un escape de la violencia intrafamiliar (Salinas et al., 2014).

Por otra parte, De la Torre et al. (2015) señalan la situación de especial vulnerabilidad que viven las madres adolescentes que han sido víctimas de violación,

quienes tienen que dejar los juegos y los estudios para aprender a ser madres “ya que las sociedades en las que habitan están marcadas por el adultocentrismo y patriarcado, patrones que ‘naturalizan’ la realidad violenta de estas adolescentes y enfocan su atención institucional en ‘enseñarles a ser madres’ o maternalizarlas”(pp. 18-19).

1.9.2. La paradoja hispana

Con respecto a los nacimientos de ENI, Aiken y Trusell (2017, p. 2) indican que las mujeres latinas son comúnmente vistas como “felices” a pesar de que sus embarazos y partos no han sido voluntarios. A esto lo llaman Hispanix paradox - paradoja hispana-. Sin embargo, en su estudio identificaron -a través de entrevistas en profundidad- sentimientos negativos como la presión que sienten por cumplir con las normas socioculturales relacionadas con la maternidad.

1.9.3. La sexualidad como un tabú

La población adulta en general y el personal de salud en particular, no suelen reconocer la sexualidad de las y los adolescentes, por tanto, la vivencia de la sexualidad es deslegitimizada, generando vergüenza y miedo para buscar información en los servicios de salud (ENIPLA, 2011). Así, también se incrementa la creencia de que es inmoral una vida sexual placentera en los adolescentes.

1.9.4. Valores inculcados por la religión

La religión católica -dominante en Ecuador- aboga por el compromiso fiel de la esposa con el marido, la abstinencia y la monogamia; también se opone al uso de condones y sostiene que el sexo está destinado a la procreación, no al placer (Cianelli

& Villegas, 2016). Además, durante años, las políticas públicas para reducir el ENI en el país han evocado a los valores que imparte la religión católica como son la defensa de la familia y la condena a la sexualidad no reproductiva, lo que ha impedido una discusión abierta sobre sexualidad (Burneo et al., 2015).

1.9.5. La cultura del silencio

De hecho, en la cultura del silencio las normas sociales y los tabúes dan origen a que las adolescentes no pidan información sobre SS y SR (Svanemyr, Amin, Robles,

& Greene, 2015, p. S9). Esto se traspasa también a la familia ya que la falta de confianza en los padres forma una barrera de comunicación, pues los adolescentes temen ser juzgados y criticados si hablan de sexualidad (Nelson, Edmonds, Ballesteros, Encalada Soto, & Rodríguez, 2014).

En consecuencia, a lo anterior expuesto, los adolescentes obtienen información en otras fuentes, amigos o internet, la cual puede resultar riesgosa, equivocada y parcializada.

1.9.6. Desinformación, mitos o creencias erróneas

Entre los adolescentes circula información distorsionada sobre SS y SR, por ejemplo, es común escuchar frases como “tú solo puedes quedarte embarazada si tienes un orgasmo o cuando eres mayor, o cuando tú no estás menstruando, o cuando no ha habido una penetración completa” (Reina & Castelo-Branco, 2014, p. 176). Por tanto, los ENI pueden ser una consecuencia de la información errónea o falsa.

A través de la encuesta ENSANUT realizada en Ecuador, se preguntó a las mujeres que tuvieron un embarazo -cuando pensaban que no podían quedar embarazadas- ¿cuáles fueron los motivos para no pensarlo?, estos son los resultados:

Era su primera relación sexual (29.1 %), No tenía relaciones sexuales frecuentes (25.9 %), Creía que no estaba en su período fértil (16.3 %) y Usó anticonceptivos (11 %). En menor proporción, Creía que todavía no tenía la edad (5.7

%) y Su pareja le dijo que no quedaría embarazada (3.9 %) (Freire et al., 2015, p. 280).

Además, en cuanto al uso del condón se han encontrado muchos mitos que han perjudicado su uso “Que se disfruta menos, que no es tan rico, que no gusta” (Plan V, 2015).

1.9.7. “El amor es para toda la vida”

Las adolescentes que están enamoradas creen que su pareja estará siempre con ellas. Sin embargo, en muchos de los casos, los adolescentes al conocer que van a ser padres las abandonan (De la Torre et al., 2015). En el Ecuador, según datos del 2010, muchas mujeres crían solas a sus hijos, si bien “el 15.7% de mujeres viven su maternidad dentro del matrimonio y el 55.8% lo vive en pareja, el 20.2% lleva la maternidad sin pareja” (Burneo et al., 2015, p. 23). Por tanto, el concepto de familia tradicional “un padre y una madre unidos en matrimonio” ya no es el perfil real de la familia ecuatoriana.

1.9.8. Inicio temprano de la vida sexual

El iniciar relaciones sexuales a edades tempranas es uno de los factores que conlleva a un ENI, más aún, si se tienen relaciones sexuales frecuentemente (Panova et al., 2016). Estudios han demostrado que la iniciación sexual temprana es un predictor significativo de un ENI, de un aborto inducido y de ETS (Delva, Horner, &

Sánchez, 2014; Ma et al., 2009).

Cabe considerar en este punto que la actividad sexual de los adolescentes varía notablemente según la cultura, el género y la región; en el África subsahariana, Asia y Asia central, las niñas son más sexualmente activas que los niños, mientras que en América Latina y el Caribe, hay más niños sexualmente activos que niñas (Chandra- Mouli, McCarraher, Phillips, Williamson, & Hainsworth, 2014).

En Ecuador, la media de edad del inicio de las relaciones sexuales es de 15 años tanto para varones como para mujeres -según datos del 2013- (Quizhpe et al., 2014).

Pero este inicio temprano no es el mayor problema, realmente el inconveniente es la falta de prevención y control en el primer encuentro sexual (Cherry & Dillon, 2014).

De hecho, las adolescentes suelen pensar que no se pueden quedar embarazadas en su primera vez -según datos presentados por ENSANUT 2015- se

evidencia que dos de cada tres mujeres (15 a 24 años) no utilizó ningún método anticonceptivo en su primera relación sexual. Entre los motivos de no usar ningún método de prevención indicaron que no esperaban tener relaciones sexuales y que no conocían los métodos anticonceptivos (Freire et al., 2015).

Por otra parte, las evidencias muestran que el matrimonio infantil y la unión conyugal temprana aumentan las probabilidades de tener un ENI. Lo más preocupante es que en América Latina y el Caribe, el matrimonio infantil y las uniones tempranas constituyen una práctica tolerada socialmente, además “su prevalencia no ha bajado en las últimas tres décadas” (Agencias del Sistema de Naciones Unidas, 2017, p. 10).

En Ecuador, hasta hace poco, era permitido contraer matrimonio legalmente a muy temprana edad “12 años para las mujeres y 14 para los hombres” (Velasco et al., 2014, p. 136). Sin embargo, en el año 2015 se sustituyó el artículo 83 por la normativa de que no podrán contraer matrimonio las personas menores de 18 años (Asamblea Nacional del Ecuador, 2015).

1.9.9. La transferencia intergeneracional de la maternidad

Quizhpe et al. (2014) apuntan que muchas de las madres adolescentes son hijas de madres que también lo fueron, además, el riesgo de normalizar la situación aumenta si un hermano o hermana también lo es. Por tanto, el carácter inter- generacional de la maternidad adolescente conlleva a que se repita el patrón reproductivo a temprana edad, así las madres jóvenes se convierten en abuelas jóvenes y el ciclo continúa (Ministerio de Salud Pública et al., 2017).

Por otro lado, el estudio realizado por De Genna, Larkby y Cornelius (2011) demostró que la pubertad precoz puede ser un predictor del sexo temprano para las hijas de madres adolescentes. Esto, a su vez, se asocia con el ENI y puede ser “una vía para la transferencia intergeneracional del riesgo de embarazo adolescente entre las hijas de madres adolescentes” (p. 1315).

Dado que el patrón de comportamiento se puede repetir, resulta importante indagar cómo pueden influir los aportes positivos de la experiencia de las madres en la educación preventiva. Por tanto, tal como lo sugiere la OMS, la investigación debe explorar el papel de los padres “especialmente de las madres” en la incidencia del comportamientos sexual de las adolescentes y así reducir el problema (World Health Organization, 2011, p. 45).

1.9.10. El machismo y el marianismo

El machismo y el marianismo son dos problemas socioculturales que influyen directamente en cómo los adolescentes se relacionan social y sexualmente (Goicolea et al., 2012). El marianismo es considerado el complemento del machismo ya que representa en cómo la mujer -sumisa, casta y abnegada- acepta el comportamiento de su pareja y adopta sus decisiones en cuanto al sexo. Por ejemplo, el uso del condón, el tener relaciones sexuales, cuándo y cómo. Mientras que el machismo representa al hombre que tiene varias parejas y comportamientos de riesgo como si fuera un hecho normal (Cianelli & Villegas, 2016).

Las sociedades que tienen un alto índice de machismo estigmatizan a las adolescentes que tienen relaciones sexuales, pero no lo hace con los varones. El hecho de que un hombre tenga más de una pareja sexual es una característica de ser “macho”

(Cianelli & Villegas, 2016, p. 6; Quizhpe et al., 2014). Igualmente, el uso del condón está asociado con la búsqueda del placer en mujeres que no tienen “buena reputación”, mientras que “las niñas de casa tienen que someterse al voto de confianza de sus parejas y no usan condón” (Salinas et al., 2014, p. 45).

Asimismo, la paternidad suele asociarse directamente con el machismo, por lo tanto, un hombre obtiene respeto dominando a las mujeres y procreando (Picavet, van Berlo, & Tonnon, 2014). Mientras que las mujeres adoptan el rol de género que la sociedad les ha asignado “cumplir su rol de madre y ser obediente con su pareja”, el

hombre puede oponerse al uso de los métodos de planificación familiar ya que “las mujeres deben darles hijos” (ENIPLA, 2011; Salinas et al., 2014, p. 46).

Ciertamente se debe puntualizar que el machismo y el marianismo se imparte desde la casa, en el colegio y en la sociedad en general. Kågesten et al. (2016) en una revisión sistemática de ochenta y dos estudios obtuvieron que los adolescentes en distintos contextos culturales respaldan normas que perpetúan la desigualdad de género, además, los padres y los pares tienen un papel importante en la formación de tales actitudes. Por lo tanto, los programas para promover conductas equitativas de género deben enfocarse en los entornos sociales más amplios.

En resumidas cuentas, las normas sociales inequitativas de género toleran la violencia contra las mujeres y propagan la creencia de que los hombres deben dominarlas. Por tanto, el machismo puede desencadenar en abusos y violencia sexual, mientras que el marianismo oprimirá el deseo de la mujer a revelarse, oponerse y denunciar. (De la Torre et al., 2015; Eaton & Matamala, 2014; Quizhpe et al., 2014;

World Health Organization, 2018).

1.9.11. Uso de alcohol u otras substancias

Las drogas y el consumo de alcohol alteran el juicio, causando comportamientos sexuales impulsivos e inseguros. Por ejemplo, la falta de uso del condón que aumenta el riesgo a un ENI y a ETS (Cianelli & Villegas, 2016).

Ritchwood, Ford, De Coster, Lochman y Sutton (2015) revelaron a través de un meta-análisis la relación entre el uso de sustancias y el comportamiento sexual de riesgo en las mujeres. De manera similar, Hendrick, Cance y Maslowsky (2016) encontraron que el uso de sustancias en la adolescencia temprana y el consumo percibido de sustancias entre pares, mediaban las relaciones entre el tiempo de pubertad de las niñas, el debut sexual y la maternidad adolescente.

Por otro lado, el consumo de alcohol en el Ecuador está relacionado directamente con la violencia de género, sobre todo en la población indígena -que presenta las tasas más altas de violencia contra las mujeres- y en la población afroecuatoriana (Larrea & Camacho, 2013).

Como se ha mencionada anteriormente, la violencia de género se relaciona con la violencia sexual y con los ENI. Por cuanto, las víctimas de mayor riesgo son las niñas y adolescentes de bajos recursos, de zonas rurales, de etnia indígena y afroecuatoriana; quienes también son las menos formadas en SS y SR (Freire et al., 2015).

Quizhpe et al. (2014) en las conclusiones y recomendaciones del Proyecto CERCA4 mencionan la asociación entre el inicio de las relaciones sexuales y el consumo de alcohol. Por tanto, recomiendan a los programas de SS y SR orientar cómo prevenir conductas de riesgo que no se les ha vinculado anteriormente con la sexualidad, como son la violencia y el abuso del alcohol y drogas.