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Necesidades de la educación en el futuro 33

In document 2000. T E S I S (página 47-51)

ABSTRACT

II. MARCO TEÓRICO Y CONTEXTUAL

2.1. Coyuntura social y económica de México

2.2.3. Necesidades de la educación en el futuro 33

importancia de la educación, por lo que las instituciones están obligadas a elevar la calidad y pertinencia de la formación que ofrecen, mejorar el potencial de investigación que permita hacer progresar el saber, y a la vez atender las necesidades de la demanda, adaptando sus programas a los requerimientos del empleo y la sociedad.

el conocimiento de un dato necesita ser integrado en su contexto para ser verdaderamente pertinente, esto es, necesitamos aprender a no separar el conocimiento del sujeto de conocimiento y del objeto de conocimiento; y en caso de que sea eso lo que hacemos, entonces tenemos que aprender a unirlos.

El tercer saber es el significado de ser humano. Morin plantea que este es un gran vacío porque sorprendentemente no se enseña de manera fundamental en ninguna parte. Y se trata, explica, de aprovechar la contribución de todas las ciencias para satisfacer la necesidad de entender integralmente la condición humana.

El propio Morin señala que se requiere unir los conocimientos dispersos en las diferentes ciencias de la naturaleza, en las ciencias humanas, la literatura y la filosofía y mostrar la unión indisoluble entre la unidad y la diversidad de todo lo que es humano, a fin de situar no sólo el planeta sino situar al ser humano en el planeta como especie, como individuos, como seres sociales, como personas en la historia humana.

El cuarto saber está ligado al anterior y tiene que ver con nuestra identidad como ciudadanos de la tierra. En la etapa actual de globalización o de mundialización, como fase de la era planetaria, se pone de manifiesto la interdependencia e interconexión de unos con otros y la unión en un destino común y por lo tanto la confrontación de problemas vitales comunes que amenazan la paz del planeta.

Entre ellos, los problemas que se derivan del manejo de la energía y las armas nucleares y conducen a la posibilidad de la muerte nuclear; los relativos a la degradación de la biosfera, que perfilan la latente amenaza de la muerte ecológica; los problemas derivados de la presencia de virus como el del SIDA, y también aquellos debidos a la existencia del narcotráfico y de las mafias multinacionales.

Morin recalca que dichos problemas son problemas fundamentales de vida y muerte, por lo que es esencial y de gran importancia entender nuestra identidad como habitantes de la tierra, para luchar por una paz duradera en nuestro planeta.

Así que en lo sucesivo la educación no puede seguir ignorando la realidad fundamental del destino planetario del género humano.

El quinto es el saber afrontar las incertidumbres. Hay incertidumbre en el área del conocimiento de todas las ciencias y aún en los aspectos de la vida personal, por lo que es necesario enseñar y aprender principios y estrategias para enfrentar los riesgos y modificar lo inesperado, lo incierto, a medida que se encuentran nuevas informaciones. El estar concientes de que el acto cognitivo tiene un carácter incierto, constituye ya una oportunidad para llegar al conocimiento pertinente. El autor dice textualmente que “el conocimiento es navegar en un océano de incertidumbres a través de archipiélagos de certezas”.

El sexto es la comprensión. Es necesario enseñar a establecer un diálogo entre las diferentes culturas, pero también en el nivel de las relaciones de amistad, de trabajo, de parejas, de familias y de individuos. Considera que el problema de la comprensión se ha vuelto crucial para los humanos, por lo que la misión de la educación es enseñar la comprensión entre las personas como condición y garantía de solidaridad intelectual y moral de la humanidad.

Señala Morin que se necesita estudiar la incomprensión desde sus raíces, sus modalidades y sus efectos. Dicho estudio requiere centrarse no sólo en los síntomas, sino en las causas de los racismos, las xenofobias y los desprecios, de manera que pueda constituirse en una de las bases más seguras para la educación por la paz.

El séptimo saber fundamental va dirigido a reemplazar las vacías lecciones de moral, se trata de la ética, la antropo-ética o la ética del género humano. Una ética que esté basada en los valores fundamentales como el honor, el honor de sí mismo, la figura de sí mismo por sí mismo, la solidaridad y responsabilidad ciudadana. Esta ética debe considerar la compleja tríada individuo-sociedad- especie, en medio de la cual surge la conciencia propiamente humana.

La educación debe entonces de contribuir a una toma de conciencia de dos grandes finalidades ético-políticas en el futuro: la necesidad de una relación de control mutuo entre la sociedad y los individuos por medio de la democracia y la concepción de la Humanidad como comunidad planetaria.

Tras plantear estos siete saberes, se cuestiona sobre si es necesaria una reforma de la educación y señala que más bien hace falta una reforma del pensamiento complejo, a fin de poder llegar a realizar una reforma de las estructuras institucionales que actualmente están departamentalizadas, compartimentadas, especializadas. No se trata, dice el autor, de suprimir disciplinas sino de hacerlas más útiles, coordinándolas e integrándolas, ya que si bien los desarrollos disciplinarios de las ciencias han aportado ventajas como la división del trabajo, también han aportado los inconvenientes de la superespecialización, la separación y la parcelación del saber (p. 60/63).

Se trata pues de aprender a unir las disciplinas, lo cual implica una educación mental y una estructura de pensamiento capaz de afrontar la complejidad; es más, afirma que la complejidad misma pudiera ser objeto de una enseñanza.

Señala que la propuesta de estos saberes retoma viejas nociones que han sido desintegradas en las ciencias humanas durante el transcurso de los años 80, pero el autor las trae a primer plano en esta época coyuntural en la que el conocimiento se ha convertido en valor clave de la sociedad y de la economía, pues considera que se requiere hoy un modo de pensar que no sea homogeneizado ni estandarizado ni que tienda a destruir las diferencias culturales, sino que persiga conservar el sentido de la calidad de vida de las relaciones humanas y de las riquezas tradicionales.

Como se aprecia, Morin no expone un tratado sobre el conjunto de materias que deben enseñarse, sino que plantea problemas centrales o fundamentales que han sido ignorados u olvidados y que son necesarios enseñar.

La UNESCO reconoce que la educación a desarrollar en cualquier sociedad y en cualquier cultura, deberá de tratar con esos siete saberes «fundamentales» y se ha abocado a difundir esta propuesta.

In document 2000. T E S I S (página 47-51)