• No se han encontrado resultados

Nuevos espacios para una nueva sociedad en el centro histórico

In document de sevilla - Activos Digitales IAPH (página 157-161)

Recursos asociados

4.3 INDUSTRIALIZACIÓN Y CAMBIO SOCIAL

4.3.1. Nuevos espacios para una nueva sociedad en el centro histórico

155

4 LA CIUDAD EN EL TIEMPO

GUÍA DEL PAISAJE HISTÓRICO URBANODE SEVILLA Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico

156

Este proceso de transformación del legado edificatorio cristalizó en una dinámica de demoliciones y creación de nuevos espacios como los de las plazas de Santa Cruz, la Magdalena o la Encarnación, mientras que durante el reinado de Fernando VII se incorporó el ajardinamiento de Las Delicias, Cristina o El Duque y fueron mejorados muchos aspectos urbanísticos. Posteriormente, desde la primera desamortización y, sobre todo, desde el triunfo de la Revolución de 1868, se generalizó el derribo de inmuebles históricos –conventos de Mínimas, Regina, San Felipe, las Dueñas, la Concepción, la Iglesia de San Miguel, etc.– fraguándose definitivamente el nuevo paisaje del centro histórico. El número de órdenes religiosas suprimidas y de inmuebles afectados en una u otra medi- da –algunos derribados totalmente, otros solo en parte– fue considerable y muy decisivo en la reinterpretación espacial de la ciudad, como han demostrado estudios en los que se ha analizado el cierre, la reconversión o la desaparición de muchos de estos edificios y, desde luego, la pérdida de gran parte de su patrimonio artístico (FERNÁNDEZ ROJAS, 2008; FRAGA IRIBARNE, 1993).

b. El impulso de los espacios públicos

En la materialización de la nueva idea de ciudad jugó un papel fundamental, junto al cambio de propiedad y la alteración de gran parte del legado monumental, el programa de transformaciones estructurales que, básica- mente, hizo aparecer en su fisonomía nuevas plazas y salones ajardinados, y nuevos ensanches o reformas del viario.

Estos cambios supusieron la liberación de la Sevilla angosta y la dotación de lugares que la nueva sociedad burguesa necesitaba para establecer vínculos sociales y económicos en un ambiente urbano, su ciudad. Esta nueva forma de relación, muy diferente a las costumbres del estamento nobiliario cuya sociabilidad estuvo más restringida a una dinámica de clase hermética y menos participativa en los lugares de libre acceso, propició la reorganización de espacios tanto en planta como en alzado. La proyección de las nuevas alineaciones de edifi- cios o el diseño de flancos de fachadas urbanas equilibrados gracias a una mejor compensación de volúmenes, encadenaron la nueva concepción del espacio ordenado en función de criterios como la centralidad, el ornato, la integración de la jardinería, la compensación entre los referentes visuales más destacados o la participación de nuevos elementos urbanos como el alumbrado, con la incorporación de la farola fernandina en 1832 (ARENI- LLAS TORREJÓN; MARTÍNEZ MONTIEL, 2011: 33-34), los quioscos, la vegetación, las pérgolas, etc., en una idea de ciudad gobernada y planteada para el disfrute de actividades anteriormente no practicadas (OLLERO LOBATO, 2006: 81). Surgen así, aunque en distintos momentos del siglo XIX, plazas como las comentadas de Santa Cruz y del Duque de la Victoria, de Doña Elvira o las del Cristo de Burgos, del Museo o la gran Plaza Nueva, todas de planta cuadrangular con un elemento destacado de carácter ornamental o conmemorativo.

Museo de Bellas Artes de Sevilla. Autor: Javier Romero García.

157

4 LA CIUDAD EN EL TIEMPO

A diferencia de las plazas conformadas en la estructura funcional de la ciudad del pasado –como los espacios de planta trapezoidal coincidentes con las entradas de la muralla o los relacionados con el cambio de dirección y los espacios sobrantes en el replanteamiento de los templos cristianos sobre los solares de las mezquitas–, el nuevo concepto de plaza decimonónica, trazada regularmente y ordenada en su interior con la importante incorporación de la vegetación, es una de las grandes aportaciones al paisaje urbano en el siglo XIX. En ellas, pueden establecerse nuevas relaciones visuales siendo también idóneas para, desde el gusto por el historicis- mo y el gran protagonismo del academicismo, incorporar al marco urbano la práctica de la historicidad teniendo a menudo como finalidad la asociación de un lugar a un recuerdo, un personaje o un acontecimiento histórico y materializándose en la construcción de un monumento conmemorativo.

También, en algunos de estos espacios abiertos a la nueva sociedad aparecieron ejemplos destacados de una arquitectura propagandística perteneciente tanto a una aristocracia menos relevante que la de las grandes ca- sas asentadas históricamente en la ciudad como a una burguesía reciente, pero muy enriquecida. Es el caso de casas notables como la de Las Sirenas en la Alameda de Hércules, la del Conde de Aguiar o el Marqués de Yanduri en la Puerta de Jerez y La Casa Rosa en Eritaña, principalmente. Otras obras de nueva planta como el Monasterio de las Salesas en el centro del barrio de San Bartolomé suponen también un nuevo aporte al pai- saje sevillano, en el que se manifiestan estilos tan diversos como las primeras aportaciones del regionalismo, la importación del palacete francés clasicista o la fusión de estilos históricos medievales.

Las escasas plazas existentes en la ciudad hasta este momento habían mantenido generalmente hitos de refe- rencia públicos como las fuentes de abastecimiento o los signos de la religiosidad (cruces, retablos o triunfos, entre otros), con excepciones muy contadas en casos como las columnas levantadas en la Alameda de Hércules o algunas fuentes ornamentales en las que asomó la temática mitológica. Sin embargo, desde el s. XIX en los espacios significados de la ciudad el monumento presentó un carácter de gran porte, muy frecuentemente alzado sobre un pedestal elevado y dotado de estatuaria, en solitario o en conjunto de figuras, construido con materiales nobles y dejando inscrita la justificación del motivo de su erección, su relación con la sociedad, la identidad de sus promotores y su voluntad de permanencia. En este momento, se ensalzaron valores considerados incuestionables en el ideario colectivo de la época como los grandes temas religiosos, los artistas más reconocidos, los militares de alto mérito, políticos de gran renombre, etc. componiendo en el paisaje urbano de la historicidad la vertiente más institucional. Bajo esta forma de “gran monumento”, Sevilla ensalza temas religiosos como la Inmaculada Concep- ción, uno de los más difundidos desde su escuela barroca de pintura, homenajea a sus pintores más universales como Murillo, Velázquez o Zurbarán, o conmemora a personajes históricos como Fernando III, el rey conquistador de la ciudad, y el general Luis Daoíz, significado en la lucha contra la invasión napoleónica, en una tendencia que ya venía dando algunos resultados desde 1794 y 1795 cuando en la Alameda de Hércules se construyeron seis fuentes y se levantaron las dos nuevas columnas del extremo más cercano al río potenciando la función de paseo con la incorporación del arbolado, el arreglo de los asientos y la regularización de su trazado (TEJEDOR CABRE- RA; ZAVALETA DE SAUTU; LINARES GÓMEZ DEL PULGAR, 2010: 26).

La apertura de estos espacios urbanos contribuye de manera fundamental, como ya se ha apuntado, a la incorporación del monumento conmemorativo y del jardín para uso y disfrute de la colectividad puesto de manifiesto en los estudios de detalle realizados sobre ambas temáticas (ARENILLAS TORREJÓN; MARTÍNEZ MONTIEL, 2011; TEJEDOR CABRE- RA; ZAVALETA DE SAUTU; LINARES GÓMEZ DEL PULGAR, 2010). Ambos elementos experimentarán, no obstante, una mayor expansión urbana ya entrado el siglo XX con algunos cambios de concepto en su formulación y diseño.

c. La proliferación de los espacios vinculados a la producción

El alcance de la incipiente economía propiciada por la industria transformó también los enclaves urbanos donde se instalaban los nuevos lugares productivos en el centro histórico. Del mismo modo, el surgimiento de sistemas especulativos sobre el suelo urbano condujo a parte de la población a vivir en espacios con escasas posibilida- des de mejora como los corrales, o posteriormente las llamadas “casas baratas”, mientras la ciudad veía surgir sus más representativos lugares para el esparcimiento y el desarrollo del nuevo modo de sociabilidad burgués en los elegantes jardines y salones de las plazas públicas.

GUÍA DEL PAISAJE HISTÓRICO URBANODE SEVILLA Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico

158

Hasta el último tercio del siglo XIX, la producción de manufacturas, artesanías y productos industrializados tuvo un importante efecto en el paisaje urbano de Sevilla. Los espacios de las artesanías gremiales se ubicaron en los sectores de la Macarena-Feria-Alameda-San Luis-San Julián, originalmente dedicados a la producción textil y actualmente reorientados hacia las artes suntuarias. Aunque inicialmente se localizaban en talleres integrados en casas o corrales, más recientemente se sitúan también en pasajes-taller entre los que cabe señalar los co- rrales de la Plaza del Pelícano, de la calle Castellar y del Pasaje Mallol (SOBRINO SIMAL, 2011: 62-63).

Ha de tenerse también en cuenta que cuando se produce en el siglo XVIII la primera industrialización en el pai- saje histórico urbano también se mantienen algunas de las tipologías de los sistemas productivos tradicionales que Julián Sobrino identifica como “tipologías relictas”, asociadas a aquellos métodos de producción que venían respondiendo con una larga trayectoria histórica a las necesidades de la ciudad, cuyos “modelos tipológicos los encontramos formalizados como hornos, almacenes, atarazanas, aljibes, caballerizas, panaderías, gallineros, bodegas, almonas, molinos o en infraestructuras de viario (calzadas, cañadas, caminos) o de abastecimiento de aguas como los acueductos” (SOBRINO SIMAL, 2011: 66).

Además, la reutilización de edificios religiosos para fines industriales o de almacenaje contribuyó a cambiar la imagen de la ciudad en un proceso de adaptación a las nuevas funciones en el que se produjeron grandes transformaciones cuyos principales problemas consistieron en su adaptación funcional a las nuevas lógicas industriales, a los nuevos programas, es decir a la resolución de las necesidades para la instalación energética, la movilidad interior de mercancías, la distribución de las materias primas, la circulación de los trabajadores y la posibilidad de crecimiento, en suma, como resolver la flexibilidad de la industria, principal objetivo de las arquitecturas del trabajo (SOBRINO SIMAL, 2011: 67). Algunos ejemplos de estas operaciones citados por J.

Sobrino son la adaptación del Monasterio de Santa María de las Cuevas en fábrica de loza en 1841, confiriendo al inmueble un aspecto resultante de la simbiosis formal religioso-industrial que aún conserva; el Monasterio de San Jerónimo (fábrica de cristales), los conventos de Santo Tomás (fábrica de fusiles), de Santa Regina y Nuestra Señora de Gracia (fábricas de tejidos y lana), de San Pedro de Alcántara (fábrica de tejidos de estam- bre y de cerveza), de San Antonio (fundición y maquinaria), de San Agustín (espartería), de Pasión (fábrica de Litografía), de las Santas Justa y Rufina (carpintería), y de La soledad, El Valle y San Benito en almacenes, al igual que el Colegio de los Chiquititos y el Beaterio de San Antonio (SOBRINO SIMAL, 2011: 67-68).

Esta tendencia a residenciar la industria en el recinto intramuros cambió desde el inicio de la segunda etapa de industrialización, cuando se promueve la salida de los centros productivos hacia espacios en el exterior de la ciudad, concentrándose mayoritariamente al norte y al este de su ronda histórica, donde como también se produjo en los casos mantenidos en el interior, se construye un gran número de nuevos inmuebles en estilo regionalista. En Sevilla, se han contabilizado un total de ciento nueve almacenes, tiendas y comercios, treinta y siete fábricas y catorce talleres y garajes adscritos a este estilo artístico (SOBRINO SIMAL, 2011: 77).

Fábrica de Tejidos en Torneo. Autora: Silvia Fernández Cacho

159

4 LA CIUDAD EN EL TIEMPO

In document de sevilla - Activos Digitales IAPH (página 157-161)