Y ARTICULACIÓN TERRITORIAL
3.3 CLIMA Y VEGETACIÓN
3.3.5. Vegetación
La vegetación que cubre el sustrato del espacio comprendido dentro del ámbito de estudio es fruto de las fuerzas na- turales: la biogeografía y la bioclimatología, las cuales dictan qué especies son las apropiadas según las condiciones biogeográficas y bioclimatológicas para prosperar en un lugar. También, constituye el resultado de la interacción de las fuerzas “no naturales”, entre las que se encuentran las producidas por el ser humano.
La historia de la vegetación está emparentada con la del territorio, de modo que desde los primeros asentamientos importantes en el ámbito de estudio durante el Paleolítico Superior hace 18.000-16.000 años, ésta ha evolucionado
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3 CARACTERIZACIÓN DEL MEDIO Y ARTICULACIÓN TERRITORIAL
Subsector Hispalense Sector Marianico-Monchiquense
Sector Gaditano-Onubense litoral
Sector Rondeño
°
0 5 10 15Km
Red hidrográfica
Núcleos urbanos Unidades biogeográficas principales
Unidades biogeográficas principales.
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desde una primera etapa climácica, en equilibrio con las condiciones climáticas, edáficas y biológicas, hacia otros estadios nuevos en función de la evolución natural del ámbito y su alteración antrópica.
La transformación que el ser humano ha ejercido sobre su entorno es tan fuerte que poco queda de la vegetación natural autóctona que habitaba el lugar. Las comunidades vegetales originales han sido desplazadas o destruidas en favor de otras más productivas. Como resultado, la realidad vegetal se halla muy transformada, con pequeños reductos dispersos por el territorio.
Dado que la transformación geológica de los sustratos cuaternarios (terrazas aluviales y terrenos fluvio-mareales del río Guadalquivir) ha sido mucho más intensa que la de los terrenos miocénicos y pliocénicos (escarpes del Aljarafe y los Alcores, glacis, relieves tabulares, etc.), la vegetación ha evolucionado respondiendo a la distinta capacidad de cambio del ser humano lo largo de este periodo. De esta forma, la presión fue más temprana en los sustratos elevados (miocénicos y pliocénicos) que en los cuaternarios.La desecación de las marismas en la primera mitad del siglo XX marca un importante punto de inflexión al favorecer la aparición de nuevos espacios para el cultivo.
a. Paleovegetación y vegetación potencial
- Sustratos miocénicos y pliocénicos (Aljarafe y los Alcores):
Teniendo en cuenta los matices climáticos derivados de la continentalización del ámbito de estudio, así como las oscilaciones térmicas menores (posteriores del nivel del mar +/-2 m.) acaecidas tras la última glaciación de Würm, el clima y el sustrato correspondientes a los relieves emergidos por los plegamientos y reactivaciones tectónicas de las Subbéticas no debía distar mucho del actual en términos absolutos. Por ello, la composición de la vegetación potencial resulta similar a la actual, quizás con una mayor presencia de especies propias de climas subhúmedos o subtropicales que se han ido perdiendo por la progresiva continentalización del clima y el impacto antrópico (RODRÍGUEZ ARIZA; ESQUIVEL GUERRERO, 2004).
De este modo, se han documentado especies que pueden encontrarse dentro de las series de vegetación po- tencial asociadas a los terrenos miocénicos del área de estudio y, que según la Memoria del mapa de series de vegetación de España son las siguientes (RIVAS MARTÍNEZ,1987): encinares basófilos secos-subhúmedos, encinares silicícolas secos-subhúmedos y alcornocales silicícolas subhúmedos.
Rebaño de ovejas cruzando la dehesa de Tablada, espacio ganadero histórico sobre los suelos de la vega sevillana.
Autora: Beatriz González Sancho.
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Así pues, la vegetación potencial de las campiñas y bordes costeros secos en torno al Lago Ligustinus y Gol- fo Tartésico se podría corresponder con bosques de quercíneas perennes (principalmente, de alcornoques y encinas) repartidas en función del grado de humedad y acidez del sustrato. Éstas tendrían como sotobosque una comunidad de especies arbustivas muy similares a las actuales, con la inclusión de algunas propias de clima subhúmedo como el madroño y la vid. Las especies de este tipo más abundantes en este ambiente son las mismas que existen actualmente: lentiscos, leguminosas, brezos, madroños y jaras. El estrato arbóreo se completaría con algún Quercus caducifolio (probablemente quejigo), acebuches y almendros, favorecidos cul- turalmente por sus frutos nutritivos.
- Sustratos cuaternarios (Vega y Marismas):
La comunidad vegetal potencial de estos sustratos ha ido adaptándose a la formación del relieve erosivo y sedi- mentario formado en los últimos 4.500 años. La colmatación del primitivo estuario del Golfo Tartésico, en favor de un delta interior, evoluciona siguiendo los estadios de albufera y marisma, y continúa su proceso junto a los brazos fluviales y ríos que la alimentan.
Esta dinámica geomorfológica desarrolla diferentes biotopos en función de los siguientes parámetros básicos:
• La influencia del mar y la potencia de los sedimentos influyen en la salinidad del agua y su periodo de inundación.
• El régimen hidráulico lento o rápido (léntico o lótico) de la masa de agua que afecta a parámetros como la concentración de oxígeno o la velocidad del agua.
Dado el dinamismo geomorfológico de este tipo de relieve, las comunidades potenciales se suceden en un mismo lugar en función de la variación geomorfológica experimentada. Según el Modelo de Restauración Forestal de la Junta de Andalucía (COSTA PÉREZ, 2004), la vegetación de las comunidades ligadas a los cursos de agua del territorio estudiado se organiza en tres bandas paralelas a la línea de agua, ordenadas por especies y necesidades hídricas. Así, la sauceda (Saliceto neotrichae S. en su faciación termófila his- palense) se establece en primer término; las choperas (termofilas de Nerio-populeto albae S.) en segundo, al necesitar menos humedad edáfica; y, finalmente, las olmedas (Aro italici-Ulmeto minoris S.) en la tercera y última banda riparia.
- Comunidades de sustitución:
Si la humedad edáfica no es constante, la serie del sauce puede ser suplantada por las comunidades de espada- ñas. Su constitución en espadañal o carrizal depende de la proporción de arenas del suelo y la humedad edáfica.
La alameda puede ser sustituida por tarajales (serie Tamaricetumgallicae). La eutrofización favorece la coe- xistencia del olmo junto al tarajal. La olmeda puede ser sustituida por la serie del zarzal y, en las zonas más encharcadas, por el cañaveral.
b. Vegetación actual
Según el análisis del medio físico del área metropolitana de Sevilla, el área objeto de estudio se caracteriza por haber sufrido un cambio profundo como resultado de una expansión urbana que no ha respetado las pautas tradicionales de edificación y urbanización aparejadas al crecimiento de las infraestructuras, en detrimento del espacio rural. Cuantitativamente, el aumento de población se ha traducido en la transformación de amplias zonas (antes agrícolas o silvo−pastorales) ocupadas por nuevas urbanizaciones de primera y, más tarde, de segunda residencia e infraestructuras.
Cualitativamente, el desarrollo tecnológico (agrícola e industrial) continúa afectando cada vez más intensa- mente a la explotación del suelo (máximo aprovechamiento de las parcelas, impactos de química, regadío, monocultivos, etc.) y de las aguas (vertidos de las industrias, urbanizaciones, agricultura y regadío). En consecuencia, no solo han desaparecido casi en su totalidad los espacios naturales y seminaturales (las dehesas, acebuchales, plantaciones de pinos piñoneros y otros), sino las hileras de árboles y arbustos en caminos y lindes de fincas.
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Estratos de vegetación de los espacios ligados a la hidrología del área de estudio.
R ío Guadalquivir
Canal de Alfonso XII
Río Guadaira Arroy
o del Río pudio
Arroyo Ranilla Rivera de Huelva
Arroyo Molinos
Arroyo de Doña María
Ar royo del C i ervo
Cañada Fría
Arroyo de Barbolí
Arroyo d el Tam
arguillo Arroyo del Polvillo
Arroy o la C
asa Arro
yo del Bodegón Arroyo de Garn
acha
Arroyo del Cascajo
Arroyo de las Culebras Arroyo del Judío
Arroyo del León
Arroyo de Gabino Arroyo de G
alapa gar
Arroyo de Miraflores Arroyo de los Espartales Arroyo Cerrado
Arro yo d
e Guadairilla Arroyo del Pájaro Blanco
Arroyo de Cortejuelos
Arroyo de los Prados
Arroyo de la Torrecilla
0 1 2 3 4Km
°
Red viaria Ámbito de estudio Núcleos urbanos Red hidrográfica
Estrato herbáceo Estrato arbusivo Estrato arbóreo-arbusivo Estrato arbóreo
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Las transformaciones sufridas por espacio agrícola, uno de los principales elementos que caracterizan el paisaje, sigue produciendo importantísimos efectos: ha desaparecido la fuerte dominancia del olivar de secano en el área y el antiguo olivar de marco irregular ha sido sustituido por cultivos anuales (sobre todo, en las campiñas y en las terrazas) o por olivares en regadío (vegas), proyectando una imagen distin- ta. Por otro lado, ha aumentado mucho el porcentaje de los cítricos: fincas antes destinadas a pastos son ocupadas por naranjales y limoneros. Dicha transformación ha supuesto un empobrecimiento ambiental y paisajístico, ya que las zonas agrícolas dedicadas al cultivo intensivo carecen hoy en su mayoría de un mínimo valor ecológico.
Las unidades de vegetación actual que destacan en el área objeto de estudio se pueden reducir a los sistemas de cultivos, dada la predominancia casi exclusiva de este uso agrícola en la zona, a excepción de la vegetación asociada a los cursos ribereños y de pequeños reductos forestales.
- Unidad A. Cultivos:
Dentro del espacio de aplicación de esta guía, es muy extensa la superficie de suelo que bajo la figura de Espacio Agrario de Interés es protegida por el Plan de Ordenación del territorio de la aglomeración urbana de Sevilla (2009). La importante ocupación de este tipo de vegetación, asociada a los suelos inundables del aluvial del Guadalquivir y de las elevaciones colindantes, caracteriza y singulariza el es- pacio y su paisaje.
Las elevaciones miocénicas (Aljarafe y los Alcores) están ocupadas fundamentalmente por cultivos herbáceos de secano, frutales y olivares. También, aparecen pequeñas manchas de cultivos análogos en regadío y huertas e intensivos. El olivar está situado en la cornisa del Aljarafe y otros cultivos de secano se alternan destacando el cereal, algodón, maíz-sorgo, soja, patata o alfalfa. No obstante, los campos no siempre están cultivados, pues también hay zonas de barbecho.
- Unidad B. Vegetación de ribera y formaciones de especies freatófilas:
Estas formaciones, muy degradas y castigadas por la acción humana, quedan relegadas a algunos tramos del río Guadalquivir y arroyos presentes en el área objeto de estudio. En aquellos que discurren siguiendo las cotas mínimas se encuentran ejemplares de caña, carrizos, fresnos, higueras, zarzas y lentiscos.
Las formaciones de especies freatófilas corresponden en su mayoría a reductos muy localizados en el escarpe, integrados por zarzas y cañas que aprovechan la humedad edáfica de los puntos de rezume de las aguas sub- terráneas y escorrentías superficiales de carácter temporal. Se reconocen algunos segmentos de ribera en los que las mismas especies se acompañan de algunos ejemplares arbóreos como álamos, eucaliptos y fresnos de hoja estrecha. Las especies exóticas y ornamentales también son comunes: caña, acacia de tres espinas, ailanto, gandul, ricino, banderita española, etc.
- Unidad C. Manchas forestales
Repartidas por el territorio, se encuentran algunas manchas “forestales” diferenciadas en cuatro grupos fundamentales:
• Formaciones arboladas de repoblación como el Pinar de Oromana (Alcalá del Río), los pinares de pino piño- nero y eucaliptales de Puebla y Aznalcázar, el pinar del Parque de la Corchuela y otras manchas como las de pino carrasco en Simón Verde (Mairena del Aljarafe) o los eucaliptos del Cerro de Santa Brígida.
• Formaciones de matorrales y herbazales de sustitución. Están constituidas por especies de porte redu- cido y baja cobertura que se presentan de forma escasa y fragmentaria. Se reconocen en lindes y terre- nos de mayor pendiente (Talud del Aljarafe, en los t.m. de Gelves y Palomares del Río, y arroyos de Pie de Palo y de la Pastora), generalmente antiguas tierras de labor abandonadas con graves procesos de alteración, ya sea por fuego o por pastoreo. Estos recursos vegetales presentan una diversidad y nivel evolutivo muy bajos y un precario estado de conservación. Su principal función, además de contribuir en la diversificación de los paisajes, estriba en constituir pequeñas islas donde encuentran cobijo la avifauna característica de entornos urbanos.
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• Dehesas y formaciones naturales de tarajales y acebuches, como el acebuchar de la Atalaya (Coria del Río) con acebuches, lentiscos y pinar de repoblación; las dehesas de Mateo Paulo y Nueva (Alcalá de Guadaira), la de Almensilla con encinas, pinos piñoneros y acebuches; el Tarajal del canal Sevilla- Bonanza y del nuevo emplazamiento del Guadaira; los Cerros del Toruño (Alcalá de Guadaira) con acebuches, pastizal y matorral; y el Cerrado de Bucaré (Alcalá de Guadaira) con encinas asociadas a pastizal y matorrales.
• Espacios lagunares como la Lagunilla de Miraflores, surgida sobre el arroyo de Miraflores a partir de la acción extractiva de áridos conformada por una zona húmeda donde la vegetación palustre creció de forma espontánea: tarajes, carrizos, eneas, cañas, juncos, etc., con una notable comunidad faunís- tica asociada, y la Laguna Fuente del Rey (Dos Hermanas) rodeada de la vegetación propia de estos ecosistemas: tarajes, acebuches, álamos blancos, eneas, carrizos y lentiscos crecen en su periferia alojando una fauna importante. Se trata de un espacio singular localizado junto a áreas urbanizadas (barrio de Fuente del Rey).