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Polémica sobre la escasa afiliación sindical en los sectores estudiados

In document ¡no quieren ser menos! (página 104-108)

PARA ENTENDER LA DISCRIMINACIÓN LABORAL DE LOS INMIGRANTES

6. PAPEL DE LOS SINDICATOS

6.1. Polémica sobre la escasa afiliación sindical en los sectores estudiados

están defendiendo otra cosa, yo creo. Es decir, están defendiendo que si el salario mínimo, las horas de trabajo... ¡si todo eso es mentira!, si la gente está trabajando a destajo y está trabajando por metros cuadrados” (1GD,29-30).

En opinión de los empresarios, los sindicatos sólo intervienen en las empresas grandes, mientras en las pequeñas “se pasa de los sindicatos”, en especial los trabajadores más jóvenes.

Desde el sector de la construcción esta falta de afiliación sindical se explicaría porque los sindicatos “están fuera de la realidad”: la mayoría de los trabajos en el subsector de la vivienda se hacen a destajo, mediante subcontratas en las que un encargado (o “pistolero”) determina individualmente las condiciones de trabajo con sus subordinados; por su parte, en el subsector de reformas, lo mismo que en bares y pequeños restaurantes, prevalece la picaresca (sobresueldos, ampliación de la jornada laboral por encima de lo pactado, empleo irregular, etc.) y, como en el caso anterior, una relación directa entre el pequeño empresario y el trabajador.

En estas condiciones, la militancia sindical (lo mismo que una inspección de trabajo que hiciera cumplir las normativas) tendría el mismo efecto que un elefante entrando en una cacharrería. De ahí que los pequeños empresarios de los sectores estudiados vean con malos ojos el papel de los sindicatos y prefieran que sus empleados no se afilien:

“-Los sindicatos están presentes en las empresas grandes (de hostelería), en pequeñas no.

-En los sitios pequeños la gente no quiere sindicarse.

-¡La gente joven pasa!. (...).

-Yo pienso que la hostelería presta un gran servicio al ciudadano y debería estar más protegida: los contratos, la Seguridad Social, los impuestos, los finiquitos...

¡hay muchas cosas que tratar en esto! (...) ¡Dejan al empresario indefenso!

-Aunque tengas a la familia, ¡tienes que tener a todos asegurados!

-Bueno, eso...

-No, tiene que ser así porque te las buscas.

-La Inspección Laboral les afecta a algunos, a otros no.

-Afecta muchísimo.

-Por lo general sí.

-Yo conozco restaurantes que tienen diez o doce camareros sin asegurar, hay gente que no les importa.

-Sí importa, yo en un año tuve tres inspecciones.

-¿Por alguna denuncia?

-Esa es otra, !los empleados pueden demandarte!

-Como tengas un problema con un empleado, ¡ya van a saco a por tí!

-Las normativas ahora son muy exigentes con los bares de hostelería (...) -En hostelería una cosa es lo que se dice y otra lo que se paga por debajo (...) -Es lo más correcto para evitar problemas. Vamos, ¡eso lo hacemos todos!

-Normalmente en hostelería el trabajador tiene que estar a gusto en la empresa y, si no, no debe estar. Y el empresario también tiene que estar a gusto con él porque, si no, tampoco le debe tener.

-¡Porque te puede hundir el negocio!” (2GD,10 y 22-23).

Asalariados no sindicados: entre el individualismo y el miedo a las represalias

Para los asalariados en general (inmigrantes y autóctonos), las principales causas de que

no haya presencia sindical en las pequeñas empresas son dos: el miedo a represalias por parte de los empleadores y la actitud conformista o individualista de muchos trabajadores:

Miedo a represalias: las precarias condiciones de los contratos de trabajo (casi siempre

“por obra” en la construcción y de duración temporal en la hostelería, y a veces simplemente sin contrato) apenas dejan a los asalariados poder de negociación pues están siempre expuestos al despido. Además, el miedo a las represalias influye también en no secundar las movilizaciones del sector (huelgas, recogida de firmas, etc.):

“-¿Cuántos de nosotros estamos en un sindicato?. Yo no estoy.

-Yo no he estado en mi vida.

-¿Quién está en un sindicato?. ¡Nadie!, ¡ninguno!.

-O sea, que nos quejamos pero somos nosotros los primeros que estamos ahí tragando... (...)

-Cuando las huelgas de hostelería, todo el mundo curraba. Y al que no curraba le quitaban una barbaridad, porque encima te quitan partes proporcionales de las pagas extras... y encima cuando vayas a renovar el contrato seguramente no lo renueves” (8GD,29).

“-El otro día vino al trabajo una persona buscando firmas, buscando un delegado del sector, y nadie había... ¡todos tenían miedo!. O sea, aquí ¿quién habla en contra de la empresa?. A ver ¡caray!, como que hay miedo a la hora de reclamar los derechos ¿no? (...)

-A la hora de hablar con el encargado, dice: ‘bueno, estas son las condiciones.

Si no te gusta, te vas!’. Y esto te echa mucho para atrás” (4GD14).

Conformismo e individualismo: mientras la relación que establecen algunos asalariados con sus empleadores es sumisa y conformista -por lo que no precisan de la mediación sindical- otros, más frecuentemente, adoptan actitudes individualistas y autocentradas.

Esta última posición es la más frecuente en la actual situación española y lleva a muchos trabajadores a competir incluso con los propios compañeros (“cada uno a lo suyo”), lo que es vivido por algunos con sensación de culpabilidad (“vendemos al compañero y colaboramos a darle la patada en el culo”):

“-Yo se lo he dicho mil veces al encargado: ojo, digo, a mí con los demás puedes hacer lo que quieras, que den la cara por ellos, pero a mí mi dinero, ¡dámelo!”

(7GD,27).

“-Cuando se plantea un problema laboral porque a lo mejor un compañero discute con el encargado y tal e intenta provocar una situación de denuncia colectiva hacia la situación que estamos padeciendo...

-¡Nadie se rebaja!.

-¡Nadie!, ¡nadie!, ¡nadie!. Al final le vendemos todos y colaboramos a dar la patada en el culo” (8GD,28).

En el caso de los inmigrantes son más frecuentes las actitudes sumisas y conformistas, sobre todo en la primera etapa de inserción laboral, tal como hemos visto en el capítulo 4. Sin embargo, en la mayoría de los casos la sumisión de los inmigrantes es sólo coyuntural, hasta que logren la estabilidad jurídica suficiente para reclamar igualdad de derechos con los autóctonos.

Asimismo, consideran que otra causa de la baja sindicación es su falta de información y de

conexión con los sindicatos existentes (volveremos sobre este asunto más adelante).

Afiliados sindicales: ¿tienen credibilidad los sindicatos?

Los sindicalistas autóctonos comparten los puntos de vista del apartado anterior, pero añaden un motivo más para explicar la creciente desafiliación: la pérdida de credibilidad de los sindicatos. El asunto es objeto de debate, si bien parece existir consenso en que las reformas laborales “pactadas” en los últimos quince años han debilitado el “poder” de los sindicatos y han quebrado la confianza de muchos trabajadores que no saben “de qué lado está el sindicato”:

“-En los años setenta y primeros ochenta los sindicatos tenían cierto poder de convocatoria entre los trabajadores para hacer presión. Hoy día, con las leyes que se han pactado, se ha ido perdiendo ese poder. Entonces los trabajadores nos damos cuenta de que no conectamos...

-Claro, esa es la problemática. Pero, cuando tú hablas de poder, ¿a qué te refieres?.

-Una credibilidad, no solamente es poder, has perdido credibilidad en el trabajador porque a veces has metido la pata de una manera que a lo mejor está mal que lo diga, pero es la verdad, tanto Comisiones como UGT, pero unas meteduras de pata que la gente dice: ‘bueno, ¿para qué me voy a afiliar si realmente luego yo no sé de qué lado está el sindicato?. Entonces es lógico y yo entiendo a la gente que no se afilia, sinceramente lo digo, pues si están hasta las narices, les han engañado aquí, les han engañado allí, si te da patadas una empresa y encima te da patadas el sindicato...

-Es a lo que voy, que por eso he dicho yo que lo de ahora no tiene nada que ver con los días de Nicolás Redondo y Marcelino Camacho.

-Es que no tienen nada que ver.

-Son dos épocas diferentes” (5GD,20-21).

Según este análisis de los afiliados, una parte de los trabajadores no sabría “de qué parte está el sindicato”, si de los asalariados o de los empresarios, pues al apoyar -por activa o por pasiva- las sucesivas reformas laborales, han beneficiado más a los empresarios que a los trabajadores, sobre todo a los ubicados en empleos más precarios (y por tanto, también, donde hay más inmigrantes). En defensa de los sindicatos se arguye que los principales responsables de las reformas laborales han sido gobiernos democráticos y que los sindicatos se han pegado por cambiar ciertas leyes (como las ETT). Además, si los sindicatos no se han movilizado más es porque no han sido secundados por los trabajadores afectados (se convoca una manifestación contra el paro y los parados “se quedan en casa viendo el fútbol”):

“-Fijaros lo que es la historia. Nosotros nos encontramos de repente como sindicatos una ley que decía: las ETT a partir de este momento existen. Pero lo que a lo mejor mucha gente desconoce es que al finalizar este año (1999) los trabajadores de ETT, gracias a nosotros, van a cobrar lo mismo o mínimamente lo que tú tienes en convenio. Eso no lo ha sacado nadie, lo han sacado los sindicatos pegándose. (...) Es decir, estamos hablando de movernos dentro del juego democrático y dentro del juego democrático tienes una norma y tienes que pegarte contra esa norma. Pero entonces hay algo que también socialmente nos echan muchas veces en cara, y eso lo conocéis todos, que es el exceso de movilización, es curioso. Cuando un sindicato de repente decide: ‘¡joder!, contra esta ley, por ejemplo de las ETT, hay que movilizarse, una huelga general’.

-O manifestaciones, no es necesariamente una huelga.

-O manifestaciones, y te encuentras con un colectivo social que: ‘¡joder!, ya estamos otra vez en huelga, que tal y que cual’. Y es el mismo colectivo que al cabo de dos días va a tener a su hijo trabajando en una ETT y te va a pedir responsabilidades.

-Pero no solamente eso, la última manifestación en defensa de los parados... hay cuatrocientos mil parados en Madrid y los trabajadores que estábamos allí decíamos: ‘no hay ningún parado’.

-Los que estábamos allí nos conocemos, somos los de siempre.

-Yo estoy allí hasta las nueve de la noche, pateando las calles desde Cibeles hasta el otro extremo, y los parados están viendo el fútbol en su casa. Entonces la gente se desilusiona, porque haces una manifestación para los parados y éstos no van”

(5GD,46-47).

La acción sindical, por tanto, debe enfrentarse a las leyes injustas, como la que salió regulando las ETT, pero a la vez debe desarrollar un trabajo “de verdad problemático” que consiste “abrir las mentes” de los ciudadanos conformistas:

“-Como dice el viejo refrán: esto es legal pero no es justo. Entonces yo creo que la ley a veces va por un lado y la justicia por otro...

-Los sindicatos seguimos marcando ciertas pautas y vamos a seguir marcándolas siempre. Otra cosa es que la sociedad esté más o menos receptiva. Y una responsabilidad nuestra, que eso es lo complicado, es ver cómo abrimos las mentes de esa sociedad, eso para mí sí que es de verdad problemático.

-Y además difícil” (5GD,47).

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