4. Siglo XIX. Primera mitad
4.3. Robustiano Hernández, Violín y Maestro
colección privada en Tobarra
92. En el Archivo de las Claras de Hellín hay otra obra de este compositor
93. Poco antes de su fallecimiento apare- ce como candidato a Director de la Banda Municipal de Albacete, cargo que no llegó a desempeñar
94.
Tuvo que ser muy conocido, ya que cincuenta años después aún se le recordaba como Maestro de Capilla –aunque no hemos podido constatarlo documentalmente–, y no como simple violinista, lo que nos da pie a pensar que habría más composiciones suyas en el archivo y se interpretarían habitualmente, hasta el punto que eran un reclamo para la asistencia a los oficios religiosos
95.
Por otro lado, esta atribución de maestro a un violinista de la Ca- pilla, quizá se debiera a que, en efecto, se hiciera cargo de tal dirección en la última época de Mateo Tomás, sobre la cual hay informaciones no estrictamente compatibles. De ser así estaríamos ante el último maestro legitimo, con nombramiento diocesano y sueldo regular, que recae en el maestro Tomás, y Robustiano Hernández sería el primer maestro sin reconocimiento administrativo, es decir sin prebendas habituales, sino solo encargado de dirigir la música en ocasiones puntuales y que aban- donará este inestable cargo para trasladarse a Murcia, haciéndose cargo de las clases en el colegio de San Leandro. Esta circunstancia de ines- tabilidad y en consecuencia del desempeño del magisterio musical por laicos, con otra ocupación, se repetirá con los sucesivos maestros.
dirigió el autor del presente trabajo.
92 Fue propiedad de los descendientes del maestro de la Banda Municipal de Tobarra, Pedro Gil Lerín, hasta que éstos lo cedieron al guitarrista albaceteño Pedro Jesús Gómez Lorente. Hay un “Wals”, “Marcha”, y “Vals del mismo”, obras publicadas recientemente por el actual propietario del manuscrito: GÓMEZ, Pedro Jesús. D. Robustiano Hernández y el fondo de música para guitarra de Tobarra. I.E.A., Albacete, 2009.
En la revista “El Anfión Matritense”, donde publicó Hernández alguna de sus obras, aparece como suscrip- tor Manuel Baeza, de Hellín, (nº 12, de 26–3–1843) que bien podría tratarse del primogénito del sacristán Manuel y hermano del organista Francisco: Manuel Diego Baeza Guirado, nacido en Hellín el 12–11–1766.
A.P.H. Libro de bautismos 16 (16), f. 14 v. (Véase la nota 58).
93 En realidad son dos obras con la misma música pero diferente texto: “Gozos a San Laurencio Justinia- no” o “Gozos a San Antonio Abad”, sign. MR 6, ambas para dos tiples y órgano, fechadas en 1843, época en la que servía en la Capilla Parroquial. Son estas partituras las que nos han ayudado a identificar a su autor, ya que en una aparece como “Ernz”, y en otra con su nombre completo.
94 “Algunos de los aspirantes al cargo fueron José Serradell y Córcoles, de Madrid, y el albaceteño Robus- tiano Hernández”. A.H.P.A., Sección Municipios, Legajo 313, 4–3–1861; y Actas de Acuerdos Municipales, Sesiones del 13–2 y 13–4–1861”. SÁNCHEZ HUEDO, Olga. La Banda Municipal de música de Albacete:
desde sus orígenes hasta la primera década del siglo XX. Salamanca, 2008, pág. 142.
95 “A las 9 solemne Kalenda a toda orquesta, en la que se tocará el gran villancico de D. R[obustiano]
Hernández, maestro de Capilla que fue de esta Parroquia”. Eco de Hellín, 23–12–1895.
Primera página del “Miserere” de Robustiano Hernández.
(A.M.H, fondo Emiliano Martínez nº 5)
En la visita que el 10 de junio de 1845 efectuó Baltasar Saldoni a Hellín
96, conoció a varios músicos hellinenses, entre ellos a José Joa- quín Salazar y Justiniano
97(1788–1859), alumno de Mateo Tomás y del Real Seminario de Nobles de Madrid y a Sor Vicenta del Buen Pastor Fernández Montesinos
98(1817–1876), organista del Convento de Santa Clara de Hellín.
Son estos testimonios laudatorios dignos de tenerse en cuenta, por ser Baltasar Saldoni un compositor de grandes éxitos, profesor fun- dador del Conservatorio de Madrid, y activo musicógrafo y recopilador de datos sobre música y músicos españoles, quién escribe: “la capilla
96 “Para sobreponerse a la fuerza de la misantropía por el cercano fallecimiento de su esposa y durante su corta permanencia en Hellín, ensayó la misa de gloria a cuatro voces, que algunos meses antes había compuesto expresamente para las monjas de Santa Clara de aquella población”. SALDONI, op. cit. vol. I, pp. 61 y 62.
97 “Célebre aficionado violinista, [el cual] concluidos sus estudios, regresó a su pueblo, donde, en unión de su digno profesor, se dedicó a los adelantos de la capilla arcedianal, llegando ésta a una altura increíble en un pueblo de provincia. No se limitó su celo a la música sagrada, pues logró organizar una compañía de aficionados de canto que llegaron a poner en escena varias óperas españolas con el mejor éxito”. SALDONI, op. cit., vol. I, p. 310.
No sabemos si Salazar compuso obra alguna, al menos no las conocemos, sólamente tenemos la referencia de una composición de la que es dedicatario: “Salve, a tres voces e instrumentos” para 2 violines, viola, flauta, dos clarinetes, 2 trompas y bajo, compuesta en 1823 por el Maestro de Capilla de Cehegín, Mariano Lleó, presbítero. El original se encuentra en el archivo privado de Luis Sánchez López, en Hellín.
98 “Cuando en 1844 estuvo por primera vez el autor de esta obra en Hellín y conoció personalmente el gran talento musical de la monja Sor Vicenta, les enseñó una solemne Misa con orquesta de su composición, que fue desempeñada, así por las monjas cantantes, que las había de excelentes voces, como por la orquesta [de la Capilla], de un modo admirable; pues todos los que pudieron penetrar en el santo templo salieron sorprendidos y admirados de la solemnidad y perfección con que fue desempeñada nuestra pobre composi- ción”. SALDONI, op. cit., vol. II, p. 313.
arcedianal [de Hellín], llegando ésta a una altura increíble en un pueblo de provincia”, nos puede dar una idea de lo cualificada y numerosa que era la Capilla Musical, que va a comenzar su decadencia por falta de apoyos económicos en forma de repartimientos. Igualmente se constata el apoyo de elementos aficionados, como el caso de José Joaquín Sala- zar, que sirvieron de mucha ayuda para conseguir estas excelencias.
En 1850, Mateo Tomás contaba 76 años, e iba a morir al año siguiente. No sabemos si hasta este momento desempeñó su plaza de maestro, al menos nominalmente, o cesó en 1838, como escribe en sus notas Emiliano Martínez, dejando la dirección al violinista Hernández, como suponemos. En ese mismo año de 1850 figura, en la relación de nuestro cronista, varias veces citada, la plaza de Maestro de Capilla des- empeñada por Matías Aliaga, del cual no sabemos si fue alguno de los músicos que estaban en activo en ese momento en Madrid y Cartagena
99, fue alguien próximo a un mecenas de origen murciano
100, se trata de un músico que llegó a Albacete años después
101o incluso el autor de una obra interpretada años más tarde en la Iglesia de la Asunción
102.
Entre los años 1845 y 50, el político Pascual Madoz, informa en su monumental diccionario: “sirven el culto en la actualidad, un cura párroco, teniente de vicario, cuya plaza es de térm. y de provisión real y ordinaria, dos tenientes de cura, un diácono y 19 presbíteros, de los cua-
99 “ALIAGA LÓPEZ, D. Matías: entre otras obras que ha publicado, una de ellas fue el método que dio a luz en Madrid en 1860, intitulado: ‘El resumen musical en diez lecciones’”. SALDONI, op. cit, vol. IV, pág. 42.
En el número de la revista El Orfeón Español, del 11 de septiembre de 1864, se recoge la noticia de que D.
Matías Aliaga López “fundador y director de La Infantil de Madrid”, crea un orfeón de niños de ambos sexos en el colegio de San Leandro de Cartagena. BAGÜES, Jon. “El coralismo en España en el siglo XIX”. Actas del Congreso Internacional “España en la Música de Ocidente”, Ministerio de Cultura. Madrid, 1987. 2º vol., p. 190.
100 “Memoria relativa a la enseñanza de música y piano de doña Concepción Martínez, sordomuda: edu- cada en casa del Excmo. Sr. Vizconde de Huertas, Senador del Reino, Brigadier de los ejércitos nacio- nales, Alcalde corregidor, natural de la ciudad de Murcia, por su maestro el profesor don Matías Aliaga López. Madrid, imprenta de Alejandro Gómez Fuentenebro, 1852”. Biblioteca Nacional de España, sign M FOLL/126/14.
101 A finales de septiembre de 1869, llegó a Albacete Matías Aliaga, como director de compañías de teatro y canto infantiles, consiguiendo muy buenos resultados en la capital manchega, dentro de las actividades del Liceo, realizando algunas representaciones con buenas críticas. Poco después marchó. SÁNCHEZ HUEDO, Olga. La actividad artístico–musical de Albacete en la segunda mitad del siglo XIX. I.E.A., Albacete, 2004, pp. 151–153.
102 Con motivo de los funerales del militar hellinense Manuel Cassola: “En la nave central del templo, y en lugar inmediato al presbiterio se había levantado un suntuoso catafalco, adornado con trofeos militares.
En uno de los frentes, se hallaba dispuesto un altar, en el que aparecían colocados el ros, la espada, el bastón y el fajín del difunto general, los mismos que se pusieron sobre su ataúd para la conducción de sus restos al cementerio donde fue inhumado. Presidieron el acto el alcalde y la comisión nombrada por el partido cassolista, para la organización de la fúnebre ceremonia, en la que se cantó la hermosa cuanto notable misa de requiem del maestro Aliaga (...)”. El Amigo del Pueblo, 24–5–1890.