ENRIQUE CANTERA MONTENEGRO*
4. El trasfondo ciudadano del antijudaísmo violento. Las persecuciones de 1391
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el historiador israelí, pese al posicionamiento abiertamente antijudío mantenido a título personal por algunos destacados eclesiásticos, desde un punto de vista institucional la Iglesia castellana se mantuvo alineada en la cuestión judía con la monarquía y la nobleza, y distante de la toma de postura más radical de las ciudades y de los sectores populares. Así, solo sería desde fines del siglo xiv, en un momento en el que cambiaron de forma drástica los condicionamientos socioeconómicos del reino, cuando la Iglesia castellana se posicionó abiertamente frente a los judíos.
Los cuadernos de algunas sesiones de Cortes celebradas en los años ochenta del siglo xiv muestran la persistencia de las cuestiones tratadas. En las Cortes celebradas en Soria en 1380 se adoptó una medida de especial significado, como fue la supresión de la potestad de que hasta entonces disfrutaban los tribunales rabínicos de justicia para ejercer la jurisdicción criminal, probablemente como consecuencia de la muerte poco clara de don Yuçaf Pichón, contador mayor real, quien fue condenado a muerte por un tribunal rabínico de Burgos bajo la acusación de malsín. Y unos años después, las Cortes de Valladolid de 1385 prohibieron a los judíos la residencia entre cristianos, que ejercieran el oficio de tesorero real y que dispusieran de sirvientes cristianos.
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Es también especialmente relevante a este respecto el Concilio nacional de Pa- lencia de 1388, que contó con la presidencia del cardenal Pedro de Luna como legado apostólico del papa de Aviñón Clemente VII; dos de sus siete cánones están dedicados a judíos y mudéjares, insistiéndose en ellos en la necesidad de que se cumplieran estrictamente las medidas de segregación social respecto a ambos colectivos.
b) Y una toma de postura más radical, impulsada por algunos predicadores exaltados, en su mayor parte frailes mendicantes40 o pertenecientes al sector más bajo del clero secular urbano, si bien su protagonista más destacado fue el arcediano de Écija Ferrán Martínez, una dignidad destacada de la diócesis sevillana, quien llegaba a proponer la resolución del «problema judío» poniéndoles en el dilema de elegir entre la conversión al cristianismo o el exilio. El explosivo discurso antijudío de Ferrán Martínez motivó su condena a divinis por el obispo de Sevilla Pedro Gómez Barroso, bajo la acusación de rebeldía y de sospecha de herejía.
Pero la muerte accidental del rey Juan I en octubre de 1390 provocó un vacío de poder en el reino de Castilla, debido a que su hijo y sucesor, Enrique III, era un niño de tan solo trece años de edad, lo que abría un período de regencia, siempre peligroso para las comunidades judías41. Además, la crisis política tenía lugar en un momento especialmente delicado para los judíos castellanos, porque a lo largo de los últimos decenios el clima antijudío había crecido de forma muy significativa. Las circunstan- cias se agravaron aún más por la muerte en julio de 1390 del obispo de Sevilla, quien había hecho una defensa firme de la población hebrea frente a los ataques de Ferrán Martínez. Pero aún fue más grave que, vacante la diócesis sevillana, su administración recayera provisionalmente, hasta la designación de un nuevo obispo, en el arcediano de Écija quien, sin nadie que lo frenara, prosiguió con sus encendidos discursos antijudíos, que fueron la causa inmediata de una violenta explosión popular contra la judería de
40. Desde los primeros decenios del siglo xiii, las órdenes mendicantes constituyeron la punta de lanza de la predicación cristiana hacia los judíos, propugnando su más rápida conversión al cristianismo. Véase el estudio de Jeremy cohen, The Friars and the Jews. The Evolution of Medieval Anti-Judaism. Cornel University Press, Londres, 1982.
Franciscanos y dominicos se esforzaron por profundizar en el conocimiento de la teología judía y de la lengua hebrea, con el fin de garantizar un mayor éxito de su tarea proselitista. Son especialmente interesantes sobre este particular los trabajos de Ron barkai, «Les trois cultures ibériques entre dialogue et polémique», Chrétiens, musulmans et juifs dans l’Espagne médiévale. De la convergence à l’expulsion. Ron barkai (ed.), Éditions du Cerf, París, 1994, p.
227-251, y Ángel cortabarría beitia, «Los Studia Linguarum de los dominicos en los siglos xiii y xiv», La controversia judeocristiana en España. (Desde los orígenes hasta el siglo xiii). Homenaje a Domingo Muñoz León, Carlos deL vaLLe
rodrígueS, ed., Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Madrid, 1998, p. 253-276.
41. Es muy expresiva del peligro que para los judíos suponían los períodos de minoría regia la carta que el 25 de diciembre de 1406 dirigió el infante Fernando de Trastámara al concejo de la ciudad de Murcia, en la que comunicaba la muerte del rey Enrique III y la proclamación de Juan II. En ella advertía de que, aprovechando la muerte del rey, algunos individuos tramaban un levantamiento contra los judíos, como ya había sucedido con ocasión de la muerte accidental del rey Juan I, y anunciaba penas severas contra quienes osaran atentar contra los judíos, lo que ordenaba que fuera pregonado públicamente por plazas y mercados: AMM, Cart. 1391-1412, f. 7r-v. Luis rubio
garcía, Los judíos de Murcia..., p. 281.
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Sevilla, que en los meses siguientes se extendió de forma imparable por buena parte de la Península Ibérica.42 Tras un primer conato de asalto a la judería sevillana el 15 de marzo de 1391, la explosión se produjo, finalmente, el 6 de junio;43 desde Sevilla, la ola antijudía se extendió rápidamente por todo el valle del Guadalquivir —Córdoba,44 Montoro, Andújar, Jaén, Úbeda, Baeza—, donde estuvo teñida de un acusado matiz antinobiliario, y por la Meseta sur castellana -Ciudad Real, Toledo, Madrid,45 Cuenca, Huete-, siendo mucho más limitados los efectos al norte del Sistema Central. La res- puesta de las autoridades públicas frente a estos levantamientos populares no fue todo lo eficaz que habría sido deseable y, además, fue tardía, ya que las noticias de lo que estaba sucediendo llegaron tarde a los regentes, que por entonces se encontraban en la ciudad de Segovia. Los levantamientos antijudíos de 1391 dieron lugar al asalto y pillaje en las juderías, lo que movió al canciller Pero López de Ayala a afirmar en su Crónica del rey Enrique III que todo esto fue cobdicia de robar, segund paresció, más que devoción;46 el pillaje afectó también a algunas morerías y a algunos barrios habitados por comerciantes extranjeros, como el barrio de los genoveses en Sevilla, como expresión más patente del fuerte componente socioeconómico de estos hechos.
Estos sucesos eran el resultado de un odio contra los judíos acumulado a lo largo de mucho tiempo y que en este momento estalló con una inusitada carga de violencia en función de las circunstancias que por entonces se vivían. Su incidencia en la evolución del «problema judío» en la España bajomedieval fue absolutamente determinante, y los principales especialistas en la materia presentan las persecuciones de 1391 como un precedente a medio plazo del decreto de expulsión general de 1492.
La explosión antijudía de 1391 tuvo un componente eminentemente urbano, de tal modo que los episodios más violentos contra las juderías hispanas tuvieron por escenario las ciudades más importantes del reino de Castilla y de los territorios de la Corona de Aragón, lo que constituye una manifestación más de que el antijudaísmo bajomedieval se conformó y se desarrolló principalmente en el mundo de las ciudades.
Las persecuciones de 1391 dieron lugar a una importante alteración en la distribu- ción territorial de la población judía castellana. Es particularmente significativo el gran declive que desde este momento conoció el judaísmo andaluz, como consecuencia del
42. El estudio más completo acerca de las persecuciones contra los judíos castellanos en 1391 es el de Emilio mitre Fernández, Los judíos de Castilla en tiempo de Enrique III. El pogrom de 1391, Universidad de Valladolid, Valladolid, 1994.
43. Un excelente análisis de la explosión antijudía en Sevilla puede encontrarse en el trabajo de Isabel monteS
romero-camacho, «Antisemitismo sevillano en la Baja Edad Media: el pogrom de 1391 y sus consecuencias», Actas del III Coloquio de Historia Medieval Andaluza. La sociedad medieval andaluza: grupos no privilegiados, Diputación Provincial de Jaén, Jaén, 1984, p. 57-75.
44. Para el caso cordobés sigue siendo especialmente útil el estudio, ya clásico, de Rafael ramírezde areLLano,
«Matanza de judíos en Córdoba, 1391», Boletín de la Real Academia de la Historia, 38 (Madrid, 1901), p. 294-311.
45. El levantamiento antijudío en Madrid fue estudiado por Fidel Fita coLomé, «La judería de Madrid en 1391», Boletín de la Real Academia de la Historia, 8 (Madrid, 1886), p. 439-466.
46. Pero Lópezde ayaLa, «Crónica del Rey don Enrique, Tercero de Castilla e de León», ed. Cayetano roSeLL, Crónicas de los Reyes de Castilla [Biblioteca de Autores Españoles, 68], Atlas, Madrid, 1953, vol . 2, p. 177 (capítulo 68).
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elevadísimo número de conversiones y del traslado de algunos grupos de judíos hacia el reino nazarí de Granada y hacia otras comarcas de la Corona de Castilla, principalmente hacia la actual Extremadura; la mayor comunidad hebrea siguió siendo la de Sevilla, si bien ya muy mermada demográficamente con relación al siglo xiv. Asimismo, es muy significativo el abandono por parte de buen número de judíos de los grandes centros urbanos de jurisdicción realenga, donde hasta entonces habían residido de forma abso- lutamente mayoritaria, y su traslado hacia otras localidades más pequeñas, en muchos casos de jurisdicción señorial, donde esperaban obtener una mayor seguridad para sus personas y haciendas. De este modo, ciudades que a lo largo del siglo xiv habían conocido la presencia de importantes comunidades judías —Sevilla, Toledo, Burgos, Cuenca— en el siglo xv vieron muy reducida su población judía, en tanto que otras como Villalón de Campos, Medina del Campo, Almazán, Maqueda, Talavera, Ocaña, Alcalá de Henares, Huete o Hita, se convirtieron en importantes centros del judaísmo castellano. Siguen siendo comunidades judías propiamente urbanas, pero asentadas en núcleos de pobla- ción de menor entidad en el conjunto del reino. En la segunda mitad del siglo xv la población judía castellana se distribuía entre más de cuatrocientos núcleos de población, que acogían en su mayor parte a comunidades pequeñas o medianas, integradas por tan solo dos o tres decenas de familias; la Meseta norte, y más en concreto la Tierra de Campos y la Rioja, aparecen como zonas de fuerte concentración de comunidades judías.
La explosión antijudía de 1391 fue simultánea a movimientos y alteraciones sociales en otras diversas áreas de la Europa occidental —revuelta de los Ciompi de Florencia en 1378, revuelta campesina inglesa de 1381, agitaciones urbanas en distintas localidades francesas—, como señal más evidente de sus connotaciones socio-económicas.47 No cabe duda, por tanto, de que la grave crisis socio-económica que padeció todo el Occidente europeo a lo largo de la segunda mitad del siglo xiv, a la que vino a sumarse en Castilla una situación política particularmente complicada, incidieron en buena medida —junto a otros factores, principalmente religiosos, que no deben tampoco ser olvidados— en la gestación del levantamiento antijudío de 1391. Asimismo, el antijudaísmo era a fines del siglo xiv un fenómeno común a la mayor parte de las regiones europeas, que tuvo su manifestación violenta, por ejemplo, en los asaltos que en 1380-1382 sufrieron nu- merosas juderías francesas y en 1389 la judería de Praga. Del mismo modo, en 1394
47. Entre los diversos autores que hacen especial hincapié en las connotaciones sociales y económicas de las persecuciones antijudías de 1391 cabe destacar a Philippe WoLFF, «Réflexions sur les troubles sociaux dans les pays de la Couronne d’Aragon au xive siècle», Actas del VIII Congreso de Historia de la Corona de Aragón. La Corona de Aragón en el siglo XIV, Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Valencia, Valencia, 1969, vol. 2.1, p. 95-103, y "The 1391 Pogrom in Spain. Social crisis or not?", Past and Present, 50 (Oxford, 1971), p. 4-18; Angus mackay, "Popular Movements and Pogroms in Fifteenth Century Castille", Past and Present, 55 (Oxford, 1972), p. 33-67; Julio vaLdeón baruque, «Conflictos sociales y antijudaísmo en el reino de Castilla en el siglo xiv», Proceedings of the Seventh World Congress of Jewish Studies. World Union of Jewish Studies, Jerusalén, 1981, p. 101-113, «Sociedad y antijudaísmo en la Castilla del siglo xiv», Carlos barroS (ed.), Xudeus e Conversos na Historia, La Editorial de la Historia, Santiago de Compostela, 1994, vol. 2, p. 27-46, y «Motivaciones socioeconómicas de las fricciones entre viejocristianos, judíos y conversos», Judíos. Sefarditas. Conversos. La expulsión de 1492 y sus consecuencias, Ángel aLcaLá gaLve (coord..), Ámbito, Valladolid, 1995, p. 69-88; y José María monSaLvoantón, Teoría y evolución de un conflicto social..., p. 256-258.
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fueron expulsados los judíos que residían en los territorios sujetos directamente a la jurisdicción del rey de Francia.