Cada una de las historias es el resultado de diferentes diálogos o entrevistas entre la alemana y sus interlocutores. Lo que no se quemó en Nochebuena se apagó y se mantuvo separado del resto de leña para no quemarlo.
Cuando venían las tormen- tas de verano y los graniza-
La gente de la casa sacó los dulces que habían hecho y el vino y todos se lo pasaron genial, bailando y cantando. Por eso los de Almazarán no querían que los de La Longuera tiraran cohetes y viceversa.
EL BURRO
Además de este verde, los burros utilizaban la punta del maíz, que se quitaba para que maduraran mejor las mazorcas, y. Entre la uña y la línea del cabello, la piel se inflama hasta que estalla y libera pus.
LA HORNERA
El horno público de Los Lirios en 1990. Colocó el plato en la cabeza, sobre un camino, y así lo llevó al horno. Y de las latas de patatas, que estaban muy asadas, sin aceite, sólo con sal, en el suelo del horno, no nos dieron nada.
EL BARQUERO DEL ALMAZARÁN
El barco estaba atado a una cuerda; La tenía atada a un gran pino que estaba al lado de la caseta. No tenía barandilla y a mí me pusieron en medio para que no me cayera.
LA CASA DE REMEDIOS EN LAS CASAS
Aquí no había agua del grifo; Hace sólo doce o quince años que pusieron agua. Cuando tenía niños pequeños, bebés de pecho, la madre colgaba una cesta del techo, ponía trapos debajo para acostar al niño, y mientras tejía lo mecía con otra cuerda atada a la cesta para que extender. él cuando estaba llorando. Cuando la madre estaba a punto de dar a luz, se colocaba una estera estrecha al lado del telar y los niños debían subir a la cámara hasta que naciera el niño.
Cuando mi madre estaba a punto de dar a luz, le pusie-
Una de nuestras vecinas, que tuvo un parto complicado, murió tres días después con el niño en su vientre. Ese trabajo valió muchos años, sin que se le echara estiércol ni estiércol; en el secano nunca se esparció ni regó estiércol; con la lluvia del cielo fue resucitado. Todas las chicas de por aquí de mi edad, como todas eran pobres, tenían que trabajar también como yo.
La leña
Sirviendo en La Alberquilla
Hace 25 o 25 años no había iglesia en La Dehesa, íbamos a misa en Letur para las grandes celebraciones. En la penumbra vi que todo el suelo estaba lleno de cabezas estiradas, y los hombres yacían allí sin moverse ni poder hablar de los golpes que habían recibido. Estuvo cinco meses en la cárcel de Letur y teníamos que traer comida de La Dehesa o se morirían de hambre.
En la penumbra vi que esta- ba todo el suelo lleno de ca-
Todas las mujeres que acudían cada mediodía a traer comida hicieron fila frente al penal y una a una pudieron entregar la olla al guardia, quien se la entregó al preso y le devolvió los platos vacíos. Tardamos casi dos horas en llegar a pie desde La Dehese a Letur, cuatro de vuelta. En Yesto podíamos cocinar en casa de algunos conocidos o amigos y llevárselo al carcelero para dárselo a nuestros hombres.
Mi padre, tendido boca aba- jo, ni siquiera podía vernos
En el castillo les dieron un vale para que los guardias les compraran algo de comer, pero. Algunos días le llevábamos un resfriado para que se curara, un día le cocinamos algo caliente para comer. Se lo dimos, pero no los vimos, no hablaron, no se pasaron cartas.
Al salir se lo conté a mi ma- dre, y no digo más
Así que me quedé allí en la calle debajo de la torre esperando a ver si podía verlo. La segunda vez fuimos al Embalse de la Fuensanta para llevar el paquete al vagón de línea para que se lo llevaran. Había un pequeño huerto que habíamos cultivado parcialmente para la maestra Tía Picón de La Alberquilla.
EL HORNO DE PAN
Mi madre tenía ese talento para organizar, mandar y trabajar más que nadie en la casa. Tuvimos que sacar dos sillas idénticas de la casa y colocarlas junto a la puerta del horno. Que crezcas y no seas quemado, y que seas librado de la boca de los invitados."
LOS PINEROS
Dormimos en el cortijo de La Longuera en el pajar; Cruzando el río a pie, el agua llega hasta media pierna, fría como granizo. Tan pronto como se prepara el saque, el tronco comienza a rodar hacia el río. En el curso del río hay puntos donde la madera puede atascarse, sobre todo si el río tiene poca agua.
Una vez que ya está el saque preparado, se empieza a
Entonces lo primero que se hizo fue un fuerte en la “toma” que es el final del viaje donde se sacan los cuarenta del río para cargarlos en los camiones. En la misma orilla se cortaron dos o tres de los pinos más gruesos, para dejarlos enteramente inconclusos, y se arrojaron al agua, donde formaron, todos unidos entre sí, el fuerte, es decir, una barrera que impedía el paso. escapar del árbol. Por eso, hay personas que "esturreando" empujan la madera y la manejan para que el agua se la lleve hasta el momento de retirarla.
Recuerdos de los pineros en Los Pradillos
RELATOS AL CALOR DE LA LUMBRE
Allí éramos un puñado de fa- milias pasando hambre, las
¡Me castigaba cuando las cosas no me salían, por las rabietas que hacía cuando no sabía las cosas!
El carbón
Se prende fuego a un extremo del quemador de carbón y, a medida que avanza el fuego, los copos avanzan. Cuando se acabó el carbón, los burros debían llevarlo al muelle de carga del camión para el camino, en unas cestas fabricadas en la época, que se colocaban una a cada lado del animal. Y luego vino el carbón de las minas que destruyeron la leña, y pronto llegó el petróleo y el gas.
La siega
El amo estaba hasta aquí en La Cruz Blanca, y la mula andaba por ahí. Entonces el maestro tuvo que llevarme a Albacete en su moto al hospital y estaba sangrando. Y luego me iría a la Sierra y probablemente pasaría quince o veinte días yendo de un lugar a otro.
Una vez un compañero por descuido me cortó el tendón
Por cierto, el amo insistió en que durmiéramos en la granja, y los cabezudos no lo hicimos. Otras noches dormíamos en la finca y el propio amo arrojaba los animales al establo. Una vez mi padre –en aquella época yo estaba de servicio en Albacete– perdió sus burros y cuatro días después los encontró emparejados.
GITANOS
Un día en una panadería de Elche de la Sierra, veo a aquella gitana y le digo: "¿No te llamas Ludi?". y ella dice: "No, ese no es mi nombre". Pero yo, como le parecía tanto y tenía ese aspecto de la familia de la cueva que no me borraba, insistí en preguntar. Luego me preguntó: "¿Y tú quién eres?". Y yo: "Soy Aurora, la hija de Aurora que ayudó a nacer a tu hijo". Luego saltó sobre mi cuello y dijo: "Tengo que besarte, porque quería mucho a tus padres".
Gitanos y guardias civiles
Cambiaban sus cestas en los cortijos por pan, aceite, patatas y verduras por comida. Los gitanos venían en grupos familiares, nunca se supo cuándo ni de dónde venían. Para desafiar el mal tiempo invernal, se dirigieron a los galpones donde no habían ganado en estas temporadas y allí hicieron sus canastas.
Mi padre, cuando estuvo de acuerdo con ellos, les dijo: "Prefieres engañarme con dinero que con una bestia". Fue Sebastián quien vivía con su familia en La Era del Rosal, donde ahora hay un taller de carpintería, como otros vecinos del pueblo. Al día siguiente, Sebastián vino a nuestra casa y preguntó por mi papá y al verlo le dio una chutara: "La vi en el piso y pensé que era tuya porque fuiste la última persona que conocí ayer".
VIDA EN UN CORTIJO A MEDIAS
Mi marido tenía una hermana en La Dehesa que nos dijo que había un cortijo libre en La Al-. Se usaban para iluminar, pero no era una lámpara, porque la lámpara parece una sartén y la sartén parece una jarra. La lámpara se dejaba colgada en la cocina o en el cuarto, mientras que uno podía ir con la paba al lugar que quisiera, y no se apagaba tan fácilmente.
Ahora el tema del agua
No es para distraerse ni ver gente, yo tengo esa religión de rezar, el cura no te da malos consejos. Aunque vivimos en Las Casas, seguimos cuidando los campos de La Alberquilla, Julio el ganado y el hijo los campos.
EL MAESTRO ITINERANTE
Empecé el 1 de enero de 1948 en estos cortijos de La Fuente de la Sabina y. Me daban quince pesetas al mes por cada alumno, y para comer en casa y dormir en casa de mi abuela. Estas antorchas siempre se guardaban junto a la chimenea, aparte de la leña para el fuego.
Así lo hacían todas las que se “juntaban” con su novio
Pero en ese momento, cuando había poca luz, la madre no se dio cuenta de que las niñas se cruzaban y bailaban cada una con las suyas. En esos momentos del baile, María me entregó la carta que tenía escondida en su pecho, porque casi sólo por letras nos entendíamos. Pero él me dijo: "Muéstrame esta carta que estás escribiendo", y le dije que no era posible preguntar qué era.
No sabía nada sobre nuestra versión del compromiso y no era necesario. También era costumbre que un familiar de la familia acompañara al novio, para que así fuera. También puse mi foto que ella me había pedido y le dirigí esta carta al padre de Juana Antonia para que se la entregara.
LA MADALENA
Siempre iba vestida como las mayores, con falda y blusa o
LOS CÁRABOS
CÓMO PERDÍ MI INOCENCIA
Y me tuve que quedar callada y pensé: "aunque compres la caja entera, no sirve, porque te estamos engañando". Lo vi mal, pero entendí que así debe ser, para que no salga la reparación dañada.
PERSONAS QUE HAN COLABORADO CON SUS VIVENCIAS