El Ensamblaje pos-social
V. a El neoliberalismo como nuevo arte de gobierno
Como señalan Roses y O’Malley (2012), la emergencia de la gubernamentalidad post-social implicó la coalescencia de un conjunto heterogéneo de críticas hacia el Estado interventor. Por un lado, el despliegue del neoliberalismo82 apuntaba a modificar las visiones y tensiones del liberalismo clásico, impulsaba la detracción radical de las intervenciones gubernamentales sobre la libertad de mercado y atribuía a los beneficios de la seguridad social y los derechos laborales la desmotivación y desresponsabilidad individual. Por otro lado, las críticas de la izquierda política preocupada por la dominación tecnocrática del saber, la ampliación de una sociedad de encierro y normalización a la que eran sometidas especialmente las poblaciones consideradas peligrosas. Desde estas perspectivas, como refiere Donzelot (2007)83, la recuperación de lo históricamente reprimido por los ideales civilizatorios del progreso daba visibilidad a la estigmatización provocada por las propias intervenciones estatales. Las resistencias políticas y sociales que implicaron esta última crítica quedaron subsumidas a las grandes transformaciones en juego que se produjeron a
82La corriente de pensamiento neoliberal surge como crítica al liberalismo y muy especialmente y se profundiza a mediados del siglo XX en oposición a las ideas de la regulación económica de la teoría keynesiana. Se pueden rastrear en Alemania en contraposición al nazismo como muestra de la ampliación de la burocracia estatal y la reconstrucción de la posguerra. Y en Estados Unidos contra el intervencionismo federal y los programas asistenciales de las administraciones demócratas. Sus principales teóricos se registran en la escuela del neo-marginalismo austríaco, Ludwing Von Mises (1881-1973) y su discípulo Friedrich Hayek (1899-1992). En America Latina se introdujo este pensamiento a través de la Universidad de Chicago, cuyo referente fue Milton Friedman (1912-2006), quien sostuvo una estrecha vinculación con la Escuela de Negocios de Valparaíso, Chile.
83Según Donzelot (2007) la insurrección de mayo del 68 en Francia fue una muestra de las críticas a la racionalidad moderna que construyó la metáfora del progreso como forma de atemperar las demandas de soberanía a la República francesa basadas en la igualdad de los derechos. La decantación de la insurrección izquierdista se fue bifurcando en dos tendencias. Por un lado los que alentaban la necesidad de cambiar la vidaya que la sociedad de consumo había relegado al ciudadano imponiéndole falsas necesidades y el Estado había sometido y negado la palabra, en nombre del progreso, a los que se encontraban encerrados en calabozos y hospitales. Así el impacto político de los trabajos de Michel Foucault y Erving Goffman evidenciaban la microfísica de un poder bajo el ropaje del humanismo y el estigma al que eran sometidos quienes se encontraban internados. Por otro lado, los que proponían cambiar la sociedadya que la opulencia del consumo engendraba un individualismo excesivo que atentaba contra el lazo social provocando la apatía de los ciudadanos. Desde una posición más reformista se criticaba la centralidad planificadora del Estado que no llegaba a comprender lo que sucedía en las colectividades locales y sofocaba toda iniciativa asociativa de las sociedades.
escala mundial. Como sintetiza De Marinis (1999), la flexibilidad del mercado trasnacional reemplazó a la planificación estatal y una economía rígida que afianzaba el mercado interno de los países, las responsabilidades sociales de los Estados de bienestar o sociales conquistados y objetivados en los derechos sociales se trastocaron y re-codificaron en formas mercantilizadas, crecientemente de-socializadas, de previsión individual y familiar y finalmente se inyectó en los sujetos una conducta empresarial para reemplazar lo que se consideraba pasividad o dependencia a causa de la socialización de las responsabilidades y la reducción de las incertidumbres existenciales.
Así esta reestructuración del capitalismo en el ámbito global y local reforzó la autonomía organizacional de los grupos monopólicos cuya alianza estratégica impuso un cambio en la regulación de los Estados que mutaron su rol84 y se transformaron en facilitadores de los flujos internacionales de capitales (Murillo, 2008). De igual forma se extendieron y hegemonizaron los sistemas democráticos ya que fue a través de la ley que se abrieron las puertas de las modificaciones necesarias para que el mercado lograra su presencia omnipotente en la economía mundial.
Estos cambios trajeron consigo una reestructuración de los lazos que articulaban el espacio de lo social configurando una nueva razón gubernamental donde se pueden observar, con la instauración de un paradigma de la inseguridad (Pegoraro, 1997) o una articulación pos-social (De Marinis, 2005), la consumación de un liberalismo avanzado (Rose, 2012) o un Estado neoclásico (Soldano, Andrenacci, 2005).
Para Foucault, el neoliberalismo no se puede analizar como una retrospección al liberalismo de principios del siglo XX, ya que pueden constatarse
84Según Cavarozzi es el momento del agotamiento de la Matriz Estadocéntrica que operó como regulación de los países latinoamericanos. Ella se basó en dos pares de procesos o mecanismos complementarios que le permitieron alcanzar un cierto grado de equilibrio. Por un lado, la relación Estado y Mercado, en donde los mercados de bienes y de trabajo estuvieron sujetos a inducciones y límites, designados y controlados por el Estado. La producción para el mercado interno se trasformó en el núcleo dinámico de la economía alcanzando tasas de crecimiento elevadas en donde regulación política de la economía fue funcional para el crecimiento. Y por el otro, la relación Estado y Sociedad Civil se basó en la expansión de la sociedad civil que incluyó fenómenos sociales y políticos culturales más difusos a través de la modernización y secularización de espacios privados –como los de la familia, la escuela y el lugar de trabajo- donde las relaciones parentales y de género devinieron menos autoritarias. Estos últimos procesos se desarrollaron bajo el ojo vigilante del Estado, por lo tanto, si bien la participación de la mayoría de los sectores sociales se trasformó en un proceso legítimo, la participación fue balanceada, y a menudo contrarrestada, por la imposición de diferentes tipos de control político y cultural (Cavarozzi, 1991: 95, 96).
una serie de desplazamientos y transformaciones que, como decíamos, inauguran una nueva articulación entre mercado y Estado. El primer desplazamiento consta del pasaje de una economía de intercambioa una donde el principio de regulación es la competencia. Para el liberalismo el intercambio era la condición de existencia del mercado, por lo tanto la intervención del Estado solo debía asegurar la libertad de quienes se dedicaban a él, lo que se sintetiza en el principio del laissez-faire. A diferencia del liberalismo, para el neoliberalismo la competencia es una lógica económica que no se produce por la acción de los agentes económicos en forma espontánea sino que es el resultado de condiciones artificialmente establecidas, producidas por una gubernamentalidad activa. En este sentido el eje rector del neoliberalismo es “cómo se puede ajustar el ejercicio global del poder político a los principios de una economía de mercado” (Foucault, 2008: 157).
Si el liberalismo se caracterizó por la limitación de la práctica gubernamental a partir del cálculo de la utilidad pública, es decir, el reconocimiento y la delimitación de ámbitos de actuación en donde se evaluaba convenía intervenir, a diferencia de aquellos que no era oportuna su injerencia, el neoliberalismo pone el acento en el conocimiento que debe tenerse para poder actuar y jerarquiza el modo, la manera, el cómo de la intervención. Esa intervención se caracterizará por dos tipos de acciones, las reguladoras y las ordenadoras. Las acciones reguladoras tienen por finalidad la estabilidad de los precios a través del control de la inflación ya no mediante el mantenimiento del poder adquisitivo, el mantenimiento del pleno empleo o el equilibrio de la balanza de pagos, sino a través de la política crediticia del mercado exterior y la disminución fiscal de las empresas. Las acciones ordenadoras se orientan a generar el marco de las inversiones económicas a través de una intensa acción gubernamental que tiene como objetivo generar y modificar datos técnicos, científicos, jurídicos, demográficos que serán cada vez más objeto de su intervención para formar las condiciones necesarias de crear nichos de mercado o ganar inversiones económicas.
El tercer desplazamiento se da en materia de la política social. Si en el Estado social la política social tuvo como objetivo una redistribución relativa del acceso de cada uno a los bienes consumibles y la socialización de los riesgos de la vida activa para alcanzar el bienestar social de todos los ciudadanos o
trabajadores, para el neoliberalismo la única política social que no interfiere en las condiciones de generación de la competencia es el crecimiento económico, por lo tanto se propone que cada individuo tenga ingresos suficientes para contratar el seguro individual y/o mutual para hacer frente a las inseguridades o afirmar sus ingresos a través de la propiedad privada. Es un proceso de individualización de la política social que tiene efectos fragmentadores en donde el objetivo se centra en la constitución de una trama social que multiplique la forma de la empresa en los diferentes órdenes de la vida. Así se disemina el modelo económico, es decir, el cálculo de costo-beneficio, de la oferta y la demanda, de las inversiones a futuro como un modelo de la existencia misma que sirve de soporte a la restructuración de toda una serie de valores morales y culturales.
Si la protección social tuvo como referencia mecanismos de compensación colectiva frente a las inseguridades de la vida activa, cuya base fue la solidaridad social, para el discurso neoliberal el individuo está exhortado a ser empresario de sí mismo donde “la vida misma del individuo –incluida la relación, por ejemplo, con su propiedad privada, su familia, su pareja, la relación con sus seguros, su jubilación– lo convierta en una suerte de empresa permanente y múltiple” (Foucault, 2008:277). Esta mutación propuesta por el neoliberalismo trajo aparejada entonces una grilla de inteligibilidad económica para ámbitos que históricamente no estuvieron regidos por mapas conceptuales economicistas.85Tal es el caso de las acciones de gobierno que comienzan a ser evaluadas desde el punto de vista del costo económico que implica la intervención y no sólo desde el político o jurídico.
Este desplazamiento pone un nuevo énfasis en las responsabilidades personales y familiares para dar pasos activos en las resoluciones de sus conflictos. El espacio donde se despliega la codificación de las problemáticas individuales y familiares adquiere una nueva superficie en la que las relaciones
85Dentro de los ámbitos analizados por Foucault son de relevancia los aportes del Capital Humano en función de la crianza de los hijos. Para esta teoría la calidad de los cuidados, la educación que se brinda, el afecto y la vigilancia que se le prodiga a los niños y niñas representan una inversión
que se convertirá en capital humano que ha de dar frutos y generar una transmisión intergeneracional de ese capital tan valioso como la herencia tradicional. El ámbito del matrimonio también se comprende en la lógica del intercambio a través del contrato nupcial. También el ámbito del sistema penal donde las intervenciones ya no se orientan a analizar las distinciones entre los criminales natos, ocasionales, perversos, no perversos, reincidentes sino a introducir una serie de intervenciones ambientales que condicionan el mercado del crimen, alimentan cierto tipo de beneficios que orientan los comportamientos para obtener un grado de conformidad a la regla de comportamiento prescripto que la sociedad cree que puede procurarse (Foucault, 2008).
son conceptualizadas; nos referimos al plano de la comunidad. Las comunidades se reconfiguran como nuevos objetos de gobierno (De Marinis, 1999; Rose, 2007; Murillo 2009), donde por un lado se convoca a la participación, al activismo a través de intervenciones estatales territorializadas en articulación con la llamada sociedad civil, y por el otro las comunidades “se activan” al conformar perfiles identitarios a partir de cosmovisiones comunes, objetivos similares, etc. Reconocemos estas activaciones en las organizaciones y asociaciones de la sociedad civil en torno a temas y objetivos específicos que proliferaron durante este tiempo, cuyas acciones en muchos casos se reconocen como apolíticas; tal es así que es posible articular objetivos gubernamentales junto a estas organizaciones para abordar problemáticas que ya no interfieren en la regulación de las leyes económicas del mercado.
Como bien señala Foucault, el proceso de individualización de la política social e individualización por la política social fue condición de posibilidad del modelo competitivo del mercado. Ya no interfiere en el patrón de distribución de bienes y servicios para influir en la disminución de una pobreza relativa, por el contrario la política social se orienta a asistir una pobreza absolutay reducir los riesgos de las probabilidades de las conductas indeseables (Foucault, 2008:245- 247).
Esa población flotante, “vulnerable” o en “riesgo social” se convirtió en el blanco de proyectos y programas, en su mayoría financiados por organismos externos.
Los trabajos que dan cuenta de este proceso en Argentina muestran que las reformas introducidas por la Convertibilidad (tasa de cambio fija y convertible) implicaron que tanto la apertura financiera y comercial, la sobrevaluación cambiaria como el endeudamiento externo y la extranjerización de la producción y el comercio86 llevaron al límite la tradicional vulnerabilidad de la economía argentina. Las nuevas pautas productivas generaron un mercado heterogéneo de mano de obra afianzando las prestaciones de servicios en detrimento de la
86Para dar cuenta de esa magnitud según Lozano, en el 2005 en la Argentina el 68% del rubro empresas, el 76.3% del rubro ventas, como el 83.9% del rubro utilidades eran de capital extranjero (Lozano, 2005).
industria; como consecuencia de esto aumentaron los índices de desocupación y empobrecimiento como nunca antes se había registrado87.
Consecuentemente, los programas asistenciales88 a la pobreza absoluta
fueron acrecentándose, dispersándose y superponiéndose, lo que produjo una fragmentación del sujeto que fue profundizándose a la vez que se iban constriñendo el mercado laboral y las coberturas sociales a la población asalariada (Grassi, 2003). Esa fragmentación también se vio reflejada en un proceso de segregación territorial producto de las restricciones y privaciones padecidas por una población que se encontraba imposibilitada para movilizarse en búsqueda de trabajo. Así, la asistencia focalizada indujo un efecto de insularización de los barrios bajo planes(Cravino et al., 2002).
Estas mutaciones de las relaciones sociales contemporáneas han venido modulándose y acompasando un proceso de cambio heterogéneo y en muchos momentos contradictorio de lo que denominamos el ensamblaje moderno en el capítulo anterior, para modelar un nuevo ensamblaje que articula nuevas y viejas moralidades y tecnologías que propician el resurgimiento de conflictos antiguos y la resolución incierta de los mismos.