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a 1 Las familias en la sociedad tardo colonial

Del ensamblaje colonial al ensamblaje moderno

III. a 1 Las familias en la sociedad tardo colonial

Es en el marco general antes desarrollado que debemos ubicar la proliferación de prácticas que en relación a la soberanía tuvieron como objeto la distribución de lo viviente en un dominio de valor y de utilidad (Foucault, 1977). La estructuración del Estado indiano constituyó un proceso de reajustes continuos tanto por la extensión del territorio conquistado como por la conflictividad que implicaron las fluctuantes ofensivas y resistencias entre los colonizadores y los diferentes pueblos indígenas por el control y el desplazamiento de los territorios de frontera.

El Cabildo13 constituía la principal unidad de convivencia social y política a través del cual se regía la cotidianeidad de las incipientes ciudades. El regimiento y las alcaldías constituían los cargos principales que podían ser ejercidos por los “vecinos”, padres de familias, censados en el padrón municipal, quienes residían en la ciudad y poseían bienes (Tau Anzoátegui, 2004). Tanto los regidores como los alcaldes eran ejecutores y responsables del acatamiento por parte del pueblo de la voluntad soberana del monarca. Los primeros se ocupaban

13 La estructura gubernamental colonial se conformaba a nivel central por el Consejo Real y Supremo de las Indias (1524), máxima autoridad administrativa y tribunal superior de justicia en todas las causas civiles y penales relacionadas con el territorio indiano. Sus jurisdicciones fueron gubernativas, legislativas, fiscales y eclesiásticas. De ella se desprendieron los órganos colegiados de las Audiencias y Tribunales superiores que fiscalizaban la labor de gobierno de los virreyes. El virreinato a cargo del virrey, cuyo cargo se corresponde con atribuciones de gobernación, capitanía y presidente de la audiencia, sostenían el “buen orden” que se ejecutaba a través del Cabildo.

de las actividades políticas y económicas de gobierno de las ciudades y los segundos se orientaban a impartir justicia, sostener el orden público y proteger a naturales y menores de edad.

En una sociedad estamental en los márgenes de una colonia española como el Virreinato del Río de la Plata, la familia constituía un dispositivo de alianzas, una unidad compleja de articulación social. Por un lado, permitía el afianzamiento del poder soberano a partir de las alianzas matrimoniales de las familias descendientes de los conquistadores. Por otro, permitía la expansión y control de los territorios, a partir del intercambio de cargos públicos y de encomiendas14.

Por derecho natural o mandato divino la patria potestad era la atribución que se otorgaba a los padres de familia para el gobierno de la casa grande, la que comprendía bienes y personas. En un sistema de relación piramidal se constituyó un tipo de familia relacional en la cual convergían conyugues, hijo e hijas, familiares, sirvientes, criados y agregados.

La autoridad paterna era sostenida y legitimada por la Iglesia y también por el Estado, desde donde se imponía el modelo de matrimonio cristiano, y esa influencia tuvo un efecto colonizador de los diferentes estamentos en la sociedad. Como señala Moreno, “[el matrimonio] formó parte de la política evangelizadora emprendida por los españoles, política que pretendió borrar toda huella de sistemas poligámicos (poliginia o poliandria), y aun monogámicos que no estuvieron regidos por los preceptos religiosos” (Moreno, 2004:35).

Sin embargo, los trabajos sobre la familia en el Río de la Plata (Moreno, 2004; Cicerchia, 2000; Kluger, 1999, 2005, 2006; Porro, 1977; Seoane, 1977) muestran que la domesticidad colonial estaba muy lejos de constituir una unidad simple y armónica. Por el contrario, convivían resabios de las sociedades americanas pre-coloniales cuyos modelos de organización familiar se distanciaban de la monogamia y el tipo de familia europea. Al mismo tiempo, era frecuente que las mujeres ejercieran la autoridad de la casa15 cuando los varones se ausentaban para realizar actividades comerciales o de frontera.

14 Se llamaba encomiendas al conjunto de pobladores indígenas entregados a un particular (encomendero), quien debía ocuparse de la formación, el abrigo y la subsistencia de los indios a cambio del fruto de su trabajo. Las encomiendas eran de por vida y podían heredarse.

15En referencia a la jefatura de hogar femenina durante este período puede consultarse el trabajo de Viglioni Arrastia (2008: 92-109).

No obstante, el poder soberano del padre sobre los demás miembros de la familia tuvo sus resistencias, líneas de fuga y re-codificaciones. El dispositivo de alianzas, imprescindible para articular el dominio de la corona, tuvo sus derivaciones en tecnologías de gobierno que intentaron reforzar, amparar, ocultar los conflictos propios de la convivencia y la constitución del modelo familiar cristiano. Asimismo, fueron arreglos operativos que intentaron ocultar el conflicto social de una sociedad diversa y con riesgosde sobrevivencia por dificultades en el acceso a alimentos y enfermedades endémicas.

Así, vemos surgir una serie de discursos que hicieron foco en la necesidad de incentivar el “arreglo de las familias”,por lo tanto niños y niñas fueron objeto de intervenciones que se desplegaron a través de dos tipos de tecnologías: los bandos de buen gobiernoy el depósito de menores. La primera tuvo como blanco interceptar la línea de fuga de los indóciles convertidos en vagabundos o fugitivos. Así pueden reconocerse como forma incipiente del conjunto de intervenciones que pueden hacer variar los procesos de circulación de los cuerpos, es decir, los controles reguladores de una bio-políticade la población. La segunda centra su interés en la dirección de las conductas, el desarrollo de las aptitudes y la conservación y proliferación de la vida, anatomopolítica del cuerpo humano. Cuando los niños y niñas quedaban sin autoridad paterna existían dos instituciones que habilitaban a otra persona a suplirla, la tutela y la curatela16. También existió una práctica extendida y heterogénea que posibilitó la expansión de un conjunto de intercambios, la constitución de determinados discursos sobre la protección infantil y muy especialmente la delimitación de diferentes problemas y el desplazamiento hacia nuevos espacios. Así, el depósitoconsistía en la entrega transitoria o definitiva de un menor de edad a un adulto que cumpliera la función de orientar, educar, defender, guiar la conducta de los depositados. Dentro de este grupo encontramos a los niños y niñas que eran expuestos en la vía pública, los que quedaban huérfanos sin familiares que pudieran criarlos y aquellos que eran entregados por sus propias familias o las autoridades con el propósito de que terceros los educaran. De este modo, acompañando estos intercambios, vemos

16Cuando la patria potestad no podía ejercerse por ausencia del padre, existían dos figuras legales, la tutela y la curatela: la tutela que se otorgaba al huérfano libre menor de 14 años y a la huérfana menor de 12 años con el objeto de “guardarlos” en sus personas y sus bienes. Luego de que la tutela culminaba al cumplirse la edad establecida podía designarse un curador que tenía como función administrar los bienes de los huérfanos hasta los veinticinco años, momento en que se alcanzaba la mayoría de edad (Seoane, 1977).

surgir las instituciones de Recogimiento de Huérfanos y Casas de Expósitos, escenarios donde se ejerció fructuosamente el poder disciplinario.

Como lo plantea Foucault, disciplinas y regulaciones de la población son los dos polos alrededor de los cuales se desarrolló la organización del poder sobre la vida (Foucault, 1977). No obstante, no podemos analizarlos separadamente ya que contaron con vasos comunicantes que afianzaron su retroalimentación.

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