Del ensamblaje colonial al ensamblaje moderno
III. c 1 Las familias en el ensamblaje moderno
Comenzado el siglo XX los peligros de la vida cotidiana se convirtieron en el correlato de la libertad individual. El miedo a la enfermedad, la degeneración de la raza, la de-natalidad, el infanticidio promovieron encendidos discursos sobre la necesidad de que las autoridades tomaran cartas en el asunto. En ese momento el proceso de laicización que la generación del 80 había impulsado configuró un andamiaje institucional público complejo y heterogéneo. El Estado llevaba el registro de los nacimientos, casamientos, defunciones. Tenía a su cargo la enseñanza pública y obligatoria luego de que se disputaran los puntos de vista
sobre la enseñanza religiosa, mixta y el control gubernamental.45 Había centralizado el funcionamiento de los establecimientos hospitalarios a través de la creación del Departamento Nacional de Higiene (1880). La creación de la Asistencia Pública de la Capital (1883), cuando ésta se federalizó, tuvo influencia en la ciudad de Buenos Aires y en algunas ciudades del país. La misma se dividió en la Administración Sanitaria (a cargo de la higiene y profilaxis) y la Asistencia Pública (a cargo de la asistencia hospitalaria y a domicilio)46.
La emergencia de nuevos objetos y saberes abonaron las bases del orden moderno en la Argentina. Lo que podemos apreciar es la desterritorialización de los dispositivos del ensamblaje anterior hacia una proliferación heterogénea, una trama disciplinaria que comenzó a recubrir la sociedad en su conjunto donde se entrecruzaron saberes y técnicas de gobierno de la infancia. Los mapas conceptuales de la medicina, la psiquiatría y el positivismo jurídico dieron las coordenadas a nuevos discursos que comenzaron a problematizar la necesidad de que el Estado extendiera su potestad para limitar los derechos de ciertospadres.
Así, tanto la instrucción, el cuidado del cuerpo, la protección y la reforma se tornaron objetivos científicos y políticos. La heterogeneidad de los dispositivos disciplinarios (escuela, hospital, colonia, hogar) fueron acoplándose con otros tipos de racionalidades y tecnologías dando lugar a los dispositivos de seguridad.47
45Ley nacional 1420. De Enseñanza Común. Art. 1. “La escuela primaria tiene por único objeto favorecer y dirigir simultáneamente el desarrollo moral, intelectual y físico de todo niño de seis a catorce años de edad”. Art. 2 “La instrucción primaria debe ser obligatoria, gratuita, gradual y dada conforme a los preceptos de la higiene”.
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Para un análisis exhaustivo de este tema ver Campana (2012).
47 Los dispositivos de seguridad surgen a partir del desbloqueo epistemológico que provocó la racionalización del azar y las probabilidades en la construcción de datos estadísticos. Pueden reconocerse a partir de la práctica médica de inoculación como técnica de prevención de las enfermedades endémicas y epidémicas. A su vez se pueden rastrear con el problema de la escasez de alimentos y los mecanismos que regulan la circulación de los granos. A partir de la imposición de la libertad de circulación y comercio de granos como forma de evitar la escasez y la carestía. Así el concepto que surge es el de población,con sus porcentajes, sus modulaciones, sus índices. La población manifiesta la naturalidad de determinados fenómenos al constatarse la regularidad de los mismos. Los dispositivos de seguridad se proponen “aprehender” la realidad de las cosas donde se producen alejándose del punto de vista de su prohibición o de su obligatoriedad, y afianzándose desde el plano de la realidad efectiva. Este saber permite hacer visible la evidencia de que la población se modifica a partir de la intervención de determinados mecanismos. Tal es así que el objetivo final de los dispositivos de seguridad es dirigir la población y los individuos, las series de individuos son “el instrumento, relevo o condición para obtener algo en el plano de la población” (Foucault, 2009: 63). Para el desarrollo de los dispositivos de seguridad ver Foucault (2009).
A diferencia de la disciplina que se ejercita sobre el cuerpo de los individuos, la seguridad se ejerce sobre el conjunto de la población. Ambas tramitan multiplicidades: la primera organiza el espacio, establece las jerarquías de las relaciones de poder y los efectos funcionales específicos de esa distribución; la segunda gestiona las multiplicidades que refieren a una serie de acontecimientos aleatorios posibles a través de un cálculo de probabilidades (Foucault, 2009). El espacio de intervención de la seguridad es el medioen donde se despliegan las causas y efectos del fenómeno en cuestión.
Mientras que los primeros se desarrollaron en contacto directo con el cuerpo de los niños y niñas, los segundos tendieron a modificar el medioa través del cual los infantes crecían: las familias.
La familia relacional colonial fue dando paso a la familia nuclear alrededor de la cual se articularon los imperativos sociales. Contemplada como la cédula básica de la sociedad, la soberanía del padre se fortaleció, siempre y cuando pudiera cumplir con el objetivo de dirigir a su esposa y su descendencia. La soberanía de la madre se delineó en los límites de la domesticidad: ama de la casa, cuidadora atenta del cuerpo de los infantes. Esta nueva configuración familiar emergió de un proceso múltiple en el que se articularon discursos y prácticas de los espacios gubernamentales, religiosos y filantrópicos. En este pasaje, la familia dejó de ser un modelo para pasar a ser un instrumento, un centro de apoyo fundamental. Por un lado, como garante del funcionamiento de los aparatos disciplinarios; por otro, como blanco de intervenciones que tuvieron como finalidad alterar, conducir, modelar la población infantil. En el primer caso, la función primordial fue fijar los niños y niñas a los aparatos disciplinarios, lo que implicó contar con la soberanía materna para complementar y garantizar el normal desempeño de los mismos. Tanto la escuela como el hospital, por nombrar los sistemas disciplinarios clásicos alrededor de los cuales se fueron formando los sujetos infantiles48, no podrían funcionar sin que la familia cumpliera con requisitos indispensables tales como horarios, tratamientos, tareas, rutinas, autorizaciones, acompañamiento de los acontecimientos institucionales. A su vez,
48 Para ver la influencia del discurso pedagógico en la delimitación del sujeto alumno ver Carli (2001). Incorporando una distinción a la tradición que lee la minoridad en contraposición a la niñez, Zapiola explora la configuración de una tríada (niños, hijos, alumnos); (niños, hijos alumnos, trabajadores) y menores (Zapiola, 2009: 69-81). En la interconexión del discurso médico y el pedagógico ver Leonetti (2011: 31-52).
otra característica del ensamblaje moderno fue que la familia se convirtió en el “punto cero donde los diferentes sistemas disciplinarios se enganchan entre sí. Es el intercambiador, la confluencia que asegura el paso de un sistema disciplinario a otro” (Foucault, 2007: 106). Así, cuando un infante era rechazado por algún sistema disciplinario por “indócil”, por “anormal”, se convocaba a la familia para su devolucióny esta debía buscar otro sistema de disciplina, tomarlo a su cargo y derivarlo adonde se tratara la patología, en definitiva hacer pasar niños y niñas de un lugar a otro.
Por consiguiente, si durante la etapa anterior se buscaba reforzar la autoridad del padre, interlocutor de pleno derecho, vemos surgir en esta etapa el afianzamiento de los discursos sobre las obligaciones parentales y muy especialmente el supuesto de la naturalidad de los lazos de crianza por parte de las madres. La revigorización de la familia se comprendió a raíz de su labor como “nexo de terminaciones nerviosas de aparatos exteriores a ella” (Donzelot, 2008:90) que aseguraba, así fuera como horizonte, la utilidad social de los miembros que gestaba en su seno.
Sin embargo, cuando los objetivos no lograban plasmarse o se resentían a causa de la falta de autonomía económica de los grupos familiares, las necesidades y pedidos de asistencia se tradujeron en “índices de inmoralidad” que acarreaban consecuencias negativas en la vida de los más chicos. Sumado a ello, la ilegitimidad de los nacimientos; como plantea Cosse, si en el pasado no habían experimentado el peso de las prescripciones, comenzaron a ser un criterio para evaluar la respetabilidad y la decencia de las personas (2006).
En estos casos, la autonomía familiar se cuestionaba y el accionar de padres y madres se convertía en el foco de atención y el argumento legitimador que llegaba a bregar por la suspensión de la patria potestad ejercida por los progenitores para desplazarla hacia la tutelaestatal.49
49El Código Civil de 1871 delimitó y reguló legalmente las responsabilidades y los derechos de padres y madres respecto de sus hijos; al mismo tiempo determinó la legitimidad e ilegitimidad de los hijos en función de las condiciones del origen del nacimiento. En la primera versión existían cinco categorías de hijos: legítimos, naturales, incestuosos, adulterinos y sacrílegos. Los legítimos eran los concebidos dentro de la institución matrimonial; los naturales provenían de una pareja no casada legalmente y podían ser reconocidos, salvo que la madre se hubiera casado con quien no era el padre biológico. Los incestuosos provenían de progenitores con impedimentos de parentesco; los adulterinos eran concebidos por fuera del matrimonio. Los sacrílegos eran los nacidos de clérigos o personas con voto de castidad; esta figura quedó sin efecto con la Ley de Matrimonio Civil en 1888. Los tres últimos no tenían derecho a conocer la paternidad ni la maternidad de la que provenían, no tenían derecho a herencia y sus padres no podían ejercer la
Vemos surgir en este momento el ámbito de lo social, un género híbrido que se articuló alrededor de los discursos que examinaron los acontecimientos que ponían en peligro a los más chicos y a aquellos que los volvían peligrosos (Villalta, 2010a; Torrado, 2004; Beloff, 2004). La reconfiguración de una cuestión infantil se entrelazó con sensibilidades diversas, argumentaciones encontradas y nuevas tecnologías de gobierno que alentaron la necesidad de constitución de un sujeto capaz de autocontrol y previsibilidad (Elias, 1998).
III. c. 2. En búsqueda de la profilaxis del abandono: La oficina de