Del ensamblaje colonial al ensamblaje moderno
III. c 2 En búsqueda de la profilaxis del abandono: La oficina de Recepción
Defensores, médicos, filántropos, clérigos, damas de caridad construyeron una red argumental de codificación de los conflictos con los que se enfrentaban en el ejercicio cotidiano de sus tareas. Lo que se evidenciaba cada vez con mayor intensidad era el incremento de los niños y niñas entregados en las instituciones de alojamiento, que se traducía en las dificultades económicas para sostener los establecimientos con las pautas de higiene que los especialistas prescribían. Al mismo tiempo, las preocupaciones se centraron en la dispersión de los infantes que eran devueltos sin poder comprobar con exactitud si se trataba efectivamente de sus progenitores o familiares.
Las discusiones que se suscitaron a partir de los pedidos de restitución de los menores de edad por parte de sus familiares alentaron las demandas de la Sociedad de Beneficencia hacia las esferas gubernamentales para definir los límites del ejercicio de la patria potestad de quienes abandonabana sus hijos. Esta concreción se tornaba necesaria al manifestarse las dificultades en la colocación de los infantes por el temor de los guardadores a que fuesen luego reclamados por sus padres o madres biológicos, lo que sucedía en forma reiterada.
A su vez, los defensores eran protagonistas de los reclamos entre los progenitores y las personas que alojaban a los niños y niñas en sus casas. Estos últimos argumentaban el incumplimiento de un acuerdo previo entre las partes, denunciando a los padres de abandono en las defensorías. A su vez, los defensores recibían pedidos para habilitar el alojamiento de los infantes con los argumentos
patria potestad. Es importante remarcar que la patria potestad era ejercida por el padre únicamente salvo en caso de fallecimiento, cuando quedaba en poder de la madre. En el caso de los hijos e hijas naturales era ejercida por quien lo hubiera reconocido. Cuando los niños y niñas eran abandonados o expuestos sin conocimiento de los progenitores, la patria potestad se perdía.
de carencias materiales y la necesidad de trabajar que imposibilitaba la crianza por parte de los progenitores y eran testigos de las limitaciones que sufrían al querer recuperar a sus hijos e hijas (Villalta, 2010a, Aversa, 2010).Nuevas racionalidades políticas fueron alimentadas por los discursos que bregaban por las obligaciones parentales y la necesidad de la educación moral de las madres, causa primordial del abandono.50A su vez la inmoralidadse ponía de manifiesto cuando los padres retiraban a los niños y niñas en la edad en que podían trabajar, habiendo adquirido calificación a través de la educación industrial de los establecimientos. Se consideró también un abuso y especulación la comprobación de que los lactantes expuestos eran luego cuidados por sus mismas progenitoras, que se empleaban en la casa como amas de leche.
El abandono se constituyó en una categoría que diversificó la antigua clasificación, como plantea un médico practicante de la Casa de Expósitos, “Las leyes modernas comprenden bajo el precioso título de protección a la infancia tres categorías de niños: los expósitos, los abandonados y los huérfanos” (Padilla, 1892: 11).
Entre los elementos que aportaron a la nueva lectura de los problemas infantiles constó la modificación de la recepción de niños y niñas en las casas de expósitos. La discusión sobre la suspensión del torno51 se llevó adelante a partir de las resistencias que se evidenciaron entre los médicos y Defensores con la Sociedad de Beneficencia por el funcionamiento de los establecimientos. Los conflictos planteados en la discusión de los actores señalados dan cuenta de los cambios en el ensamblaje que se desplaza de la mirada de los internos, a los que había que preservar y educar, hacia la de los adultos, quienes tenían el deber natural de hacerse cargo de la crianza de los niños y niñas. La designación de una
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Estudiando la mortalidad infantil, el Dr. Canevari planteaba la necesidad de educar a las madres que no sabían amamantar a sus hijos y proponía a su vez la implementación de “una ley que como la Ley Roussel francesa que obliga a que cada madre críe a su hijo, castiga con penas severas a aquellas que no lo hacen para entrar como amas, no pudiéndolo ser, sino en el caso de que su hijo hubiese muerto o tenga pruebas de que está lactándose al seno de otra ama o haya cumplido siete meses” (Canevari, 1904: 79-80).
51 Como planteaba Padilla en su tesis para adquirir el grado de doctor: “El torno invita pues a abandonar: rompe los vínculos de familia. El torno mismo puede ser un elemento que favorezca la impunidad del infanticidio, pues no son raros los casos en los que se han arrojado por él niños inertes sin que sea permitido averiguar cuál es la mano que los lleva. Decíamos que bajo el punto de vista moral, higiénico y humanitario, era necesaria la suspensión de ese aparato indigno de una sociedad inculta” (Padilla, 1892:24)
comisión de notables52con el objeto de estudiar las “causas del abandono” dio pie para la reelaboración de la admisión de los niños y niñas. A partir de la creación de la Oficina de Recepción “bajo la garantía del más absoluto secreto” solo se admitía a los niños entregados por sus padres, o con autorización de los mismos, quienes debían demostrar la necesidad de orden material o moral por la cual hacían la entrega.
La Oficina debía proceder a realizar las investigaciones pertinentes con el fin de comprobar si el infante se encontraba en condiciones de admisión. Se estableció la renovación cada seis meses de la autorización de permanencia en la institución, siempre y cuando los depositantes demostraran que las causales que habían motivado la admisión subsistían. Esta nueva tecnología posibilitó el registro de lo que se consideró las causas morales o materialesde las entregas de los infantes. El contacto en el umbral53 habilitó un conocimiento nuevo que
alimentó conceptualmente la ley de Patronato de Menores de la Argentina (10.903) de 1919.
En el intercambio de agentes profesionales, judiciales y filantrópicos con las familias pobres, muchas de ellas inmigrantes, se configuró un campo de prácticas discursivas de fuerzas morales e intereses contrapuestos aunque, en ocasiones, recíprocos. Las dificultades materiales eran reconocidas como causa del ingreso de niños y niñas ya que en oportunidades se evidenciaba por parte de las autoridades y se esgrimía por parte de madres y padres, quienes argumentaban su condición de naturales, viudos, insolventes, o pobres de solemnidad como justificaciones para acceder a los servicios brindados por las instituciones
52La comisión investigadora estuvo a cargo de Luis Belúastegui, Lorenzo Anadón, José A. Terry, Bernardino Bilbao, Nicanor Gonzalez del Solar, Angel M. Centeno, Carlos Ruiz Huidobro, monseñor Gregorio Romero, Francisco L. García, Francisco Ayerza y Juan J. Díaz. El informe del estudio remitido al presidente Roca en 1900 da cuenta de que el hospicio es “un centro de abusos y hasta de especulación mercantil”. El 80% de los niños entregados eran llevados por personas extrañas, sin parentesco. Las pocas madres que entregaban a sus hijos argumentan como única razón las dificultades para encontrar trabajo teniendo que amamantar al niño. También muestra el informe lo que se consideraba un negocio de las parteras, las que entregaba a los niños con una señal que permitía reconocerlos para que fueran recuperados por sus madres, con el objeto de cobrar el sueldo correspondiente por su cuidado como amas de leche. Se expresaba, asimismo, la práctica de mujeres de posición social que acompañaban en sus carruajes a las madres para que abandonaran a sus hijos en la Casa de Expósitos y emplearlas así como amas de leche en sus casas. Queda también establecido que el 82% de los niños y niñas alojados eran extranjeros y que aunque el art. 307 del Código Civil establecía que los padres que exponían a sus hijos/as en instituciones perdían su patria potestad, esto no se cumplía ya que los niños y niñas eran devueltos “con menos formalidades que las que se requieren para entregar el último animal de la República” (Irigoyen, 1913:289).
(Lionetti, Miguez, 2010). Al mismo tiempo los primeros intentaron incidir e imponer un deber ser de la maternidad y las responsabilidades parentales argumentando los lazos de sangre y la naturalidad afectiva que los envolvía. Sin embargo, en el intento de regularización de las relaciones familiares, esa trama cotidiana mostraba la distancia que se producía entre las aspiraciones de los agentes públicos y caritativos y los comportamientos de los asistidos.
III. c. 3. La mortalidad infantil. Un desbloqueo epistemológico de la